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Renée Dunan – Le Métal, histoire d'il y a vingt mille ans, ilustración de Henry Chapront (1920)

Renée Dunan – Le Métal, histoire d’il y a vingt mille ans, ilustración de Henry Chapront (1920)

Añadimos esta semana un nuevo capítulo a nuestro trabajo sobre la «novela prehistórica»: Rulaman, Vamireh, Odjigh, Poh-Hlaik, Oo-oo: miradas literarias sobre la humanidad (y la fauna!) primitiva. En Los albores de la condición humana, veremos como uno de los aspectos que destaca en el conjunto de novelas prehistóricas, a veces a través de la fantasía y de la aventura, es la voluntad de Emilia Pardo Bazán, Renée Dunan, Jack London, Edmond Haraucourt, entre otros, de sensibilizar e interrogarse sobre temas filosóficos y sociales: la condición humana, el evolucionismo, el ostracismo, el papel de las mujeres en las sociedades primitivas…

«Antiguo hombre, dueño de aquella reliquia ruda y salvaje, tu recuerdo me emociona en lo más hondo de mi ser ; ¡te respeto y te amo, mi antepasado! Recibe, en el insondable pasado en el que yaces, el homenaje de mi reconocimiento, porque sé cuánto te debo. Sé de cuantas miserias tus esfuerzos me han salvado. Es cierto que no pensabas en el futuro, un tenue destello de inteligencia brillaba en tu oscura alma ; no pudiste soñar más que en alimentarte y en esconderte. Eras hombre, no obstante. Un ideal confuso te empujaba hacia lo que es bello y bueno para los hombres. Viviste miserable ; no viviste en vano, y la vida que recibiste tan fea, la transmitiste un poco mejor a tus hijos. Ellos trabajaron a su vez para hacerla mejor. Todos colaboraron a las artes: uno inventó la muela, otro la rueda. Todos se las ingeniaron, y el esfuerzo continuo de tantos espíritus a través de las edades produjo maravillas que ahora embellecen la vida. Y, cada vez que inventaban un arte o fundaban una industria, hacían nacer bellezas morales y creaban virtudes. Dieron velos a la mujer, y los hombres conocieron el precio de la belleza. […] Nuestra tarea no se acaba aquí ; seríamos menos generosos que los hombres de las cavernas si, llegado nuestro turno, no trabajásemos para entregar a nuestros hijos una vida más segura y mejor que la que tenemos nosotros mismos. Hay dos secretos para eso: amar y conocer. Con la ciencia y el amor, hacemos el mundo» (Anatole France – La Dent)

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