Cuando los elementos se enfadan : un recorrido por las catástrofes naturales de la literatura

Cuando los elementos se enfadan : un recorrido por las catástrofes naturales de la literatura

Diversas creencias sostienen que el 21 de diciembre de este año 2012 llegará el fin del mundo. Se anuncian fenómenos cataclísmicos y otras catástrofes. Para hacernos a la idea hemos preparado esta novena entrega de Tesoros Digitales, dedicada a las catástrofes naturales : Cuando los elementos se enfadan : un recorrido por las catástrofes naturales de la literatura

Agua

Benedito Calixto – Inundación de Várzea do Carmo (1892)

Ilustración : Wikimedia Commons.

La Biblia constituye un auténtico catálogo de catástrofes : plagas, diluvios y otros castigos divinos no paran de sucederse. La más famosa de todas, inmortalizada por una multitud de obras de arte, es sin duda el diluvio. Este mito busca sus orígenes en diversas culturas : se conocen relatos de diluvios en textos antiguos mesopotámicos (poema de Atrahasis), griegos y romanos (Deucalión, Filemón y Baucis ; ambas historias nos han llegado gracias a Ovidio y a su Metamorfosis – Audiolibro en inglés o en francés). Algunos recogen la historia del arca creada para salvarse unos elegidos, pero en todos los casos el diluvio viene provocado por la ira de los dioses…

Virgil Solis – El Diluvio, para « La Metamorfosis » de Ovidio (1581)

« Y no con el cielo suyo se contentó de Júpiter la ira, sino que a él
su azul hermano le ayuda con auxiliares ondas.
Convoca este a los caudales: los cuales, después de que en los techos
de su tirano entraron, « Una arenga larga ahora de usar,
dice » no he. Las fuerzas derramad vuestras :
así menester es. Abrid vuestras casas y, la mole apartada,
a las corrientes vuestras todas soltad las riendas.
Había ordenado; ellos regresan, y de sus fontanas las bocas relajan,
y en desenfrenado ruedan a las superficies curso.
Él mismo con el tridente suyo la tierra golpeó, mas ella
tembló, y con su movimiento vías franqueó de aguas.
Desorbitadas se lanzan por los abiertos campos las corrientes
y, junto con los sembrados, arbustos a la vez y ganados y hombres
y techos, y con sus sacramentos arrebatan sus penetrales.
Si alguna casa quedó y pudo resistir indemne
a tan gran mal, el culmen, sin embargo, más alto de ella,
la onda cubre, y hundidas se esconden bajo el abismo sus torres.
Y ya el mar y la tierra ninguna distinción tenían :
todo ponto era, faltaban incluso playas al ponto. » Ovidio, Metamorfosis, El Diluvio.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Schelte Adamsz – Paisaje con Filemón y Baucis (S. XVII)

« « Dioses somos, y sus merecidos castigos pagará esta vecindad
impía », dijeron. « A vosotros inmunes de este
mal ser se os dará. Sólo vuestros techos abandonad
y nuestros pasos acompañad, y a lo arduo del monte
marchad a la vez. » Obedecen ambos, y con sus bastones aliviados
se afanan por sus plantas poner en la larga cuesta.
Tanto distaban de lo alto cuanto de una vez marchar una saeta
enviada puede : volvieron sus ojos y sumergido en una laguna
todo lo demás contemplan, que sólo sus techos quedan ;
y mientras de ello se admiran, mientras lloran los hados de los suyos,
aquella vieja, para sus dueños dos incluso cabaña pequeña,
se convierte en un templo : las horquillas las sustituyeron columnas,
las pajas se doran, y cubierta de mármol la tierra
y cinceladas las puertas, y de oro cubiertos los techos parecen. » Ovidio, Metamorfosis, Filemón y Baucis.

Ilustración : Wikimedia Commons.

De otras civilizaciones nos han llegado mitos relacionados con el diluvio : el hinduismo, el zoroastrismo, la civilización maya, las mitologías china, escandinava, lituana, todos poseen su propia versión de esta catástrofe.

Tablilla XI del « Poema de Gilgamesh », en la que se cuenta el mito del diluvio

Los estudiosos coinciden en que el mito bíblico del diluvio se basaría en unos textos contenidos en El Poema de Gilgamesh, narración de origen sumerio de la Mesopotamia, que se considera como la narración escrita más antigua de la historia. El diluvio mesopotámico aparece en la historia de Uta-na-pistim, el protagonista encargado por Enlil, la divinidad, de construir un barco, de llevarlo con animales y semillas, porque va a empezar el diluvio y la humanidad, salvo Uta-na-pistim y sus acompañantes, está destinada a perecer… Además de la obvia relación entre los dos mitos, existe una fuerte similitud textual entre el mito mesopotámico del diluvio y el judeocristiano.

« Te revelaré, Gilgamesh, una materia oculta Y un secreto de los dioses te diré: Suruppak – ciudad que tú conoces Y que en las riberas del Éufrates está situada -, Esa ciudad era antigua como lo eran los dioses de su interior, Cuando sus corazones impulsaron a los grandes dioses a suscitar el diluvio. Estaban Anu, su padre, El valiente Enlil, su consejero, Ninurta, su asistente, Ennuge, su irrigador. Ninigiku-Ea también estaba presente con ellos ; Sus palabras repite a la choza de cañas : « ¡ Choza de cañas, choza de cañas ! ¡ Pared, pared ! ¡ Choza de cañas, escucha ! ¡ Pared, vibra ! Hombre de Suruppak, hijo de Ubar-Tutu, ¡ Demuele esta casa, construye una nave ! Renuncia a las posesiones, busca la vida. ¡ Desiste de bienes (mundanales) y mantén el alma viva ! A bordo de la nave lleva la simiente de todas las cosas vivas. El barco que construirás, Sus dimensiones habrá que medir. Igual será su amplitud y su longitud. Como el Apsu lo techarás ». »

Ilustración : Wikimedia Commons.

En la Biblia (audiolibro en inglés o en francés), se pretende presentar a un Dios que únicamente desea castigar la maldad de los hombres, sin destruir el mundo de forma arbitraria : es la razón por la cual salva el protagonista principal, el justo Noé, y los animales.

Construcción del arca de Noé, en « Nuremberg Chronicle » (1493)

« 1. Y sucedió que al séptimo día las aguas del diluvio fueron sobre la tierra.
2. El año seiscientos de la vida de Noé, en el mes segundo á diecisiete días del mes, aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas ;
3. Y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.
4. En este mismo día entró Noé, y Sem, y Châm y Japhet, hijos de Noé, la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos con él en el arca ;
5. Ellos y todos los animales silvestres según sus especies, y todos los animales mansos según sus especies, y todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra según su especie, y toda ave según su especie, todo pájaro, toda especie de volátil.
6. Y vinieron á Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida.
7. Y los que vinieron, macho y hembra de toda carne vinieron, como le había mandado Dios : y Jehová le cerró la puerta.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Julius Schnorr von Carolsfeld – El Diluvio, en « Bibel in Bildern » (1860)

8. Y fué el diluvio cuarenta días sobre la tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la tierra.
9. Y prevalecieron las aguas, y crecieron en gran manera sobre la tierra; y andaba el arca sobre la faz de las aguas.
10. Y las aguas prevalecieron mucho en extremo sobre la tierra; y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.
11. Quince codos en alto prevalecieron las aguas ; y fueron cubiertos los montes.
12. Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganados, y de bestias, y de todo reptil que anda arrastrando sobre la tierra, y todo hombre :
13. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, de todo lo que había en la tierra, murió.
14. Así fué destruída toda sustancia que vivía sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y los reptiles, y las aves del cielo ; y fueron raídos de la tierra; y quedó solamente Noé, y lo que con él estaba en el arca.
15. Y prevalecieron las aguas sobre la tierra ciento y cincuenta días. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Manuscrito medieval (S. X) de la traducción latina por Calcidius del « Timeo » de Platón

Numerosos autores antiguos mencionan en sus textos a la Atlántida. Entre ellos Platón, en su diálogo filosófico El Timeo (audiolibro en inglés), en el que describe la génesis del mundo y del hombre, explica que la isla fue aniquilada y sumergida en una noche y un día por un fabuloso maremoto asociado con terremotos :

« A continuación, grandes terremotos e inundaciones sumergieron, en un solo día y una noche fatal, todos los guerreros vuestros ; la isla atlantida desapareció debajo del mar y desde entonces, el mar se ha vuelto inaccesible y ha dejado de ser navegable por la cantidad de limo que la isla destruida dejó en su sitio. »

« Posterior al tiempo de los seísmos excesivos y de los cataclismos originados en un día y una noche terriblemente penosa, la clase guerrera vuestra, toda a la vez, se ocultó bajo la tierra y la tierra insular de la Atlántida, de forma similar, debajo de la mar desapareció; por ello ahora es intransitable e inescrutable la salida por aquél piélago de fango, de muy poca profundidad, que es un auténtico impedimento que la tierra insular produjo al asentarse… »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Le Mont Saint-Michel, mapa de finales del siglo XVIII o principios del XIX

Varias leyendas medievales relatan que parte de las tierras y los bosques de la Bretaña francesa fueron sumergidos por maremotos, dejando penínsulas donde antes había bosques. Uno de los más conocidos es el maremoto del año 709 que habría recubierto las bahías y los bosques del Mont Saint-Michel y de Saint-Malo. Los científicos no confirman este mito aunque sí que pudo haberse producido una ingresión marina en algún momento. Ciertas o no, estas leyendas han inspirado al poeta romántico François-René de Chateaubriand, en sus Mémoires d’outre-tombe (Memorias de ultratumba, 1849), unas líneas en las que podemos apreciar su genio lírico :

« En el siglo XII, los términos de Fougères, Rennes, Bécherel, Dinan, Saint-Malo y Dol, estaban ocupados por el bosque de Brécheliant […]. Hoy, el país conserva rasgos de su origen : entrecortado de zanjas arboladas, se parece de lejos a un bosque y recuerda a Inglaterra : era la estancia de las hadas, y verán que efectivamente encontré allí mi sílfide. Pequeños valles estrechos están regados por pequeños ríos no navegables. Separan estos valles páramos y arboledas con grupos de acebos. En las costas, se suceden faros, puestos de observación, dólmenes, construcciones romanas, ruinas de castillos medievales, campanarios renacentistas : el mar lo rodea todo. Plinio dice de la Bretaña : península espectadora del Océano. Entre el mar y la tierra se extienden campiñas de fronteras indecisas entre los dos elementos : la alondra de tierra vuela con la de mar, el arado y la barca, a un tiro de piedra el uno de la otra, surcan la tierra y el agua. […] Arenas de diversos colores, bancos variados de conchas, algas, franjas de espuma plateada dibujan el borde rubio o verde del trigo. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Paul Féval – La Fée des grèves, ilustraciones de Éd. Coppin (1856)

Otro escritor del siglo XIX evoca la desaparición de las tierras bretonas bajo del mar : Paul Féval (1816-1887) sitúa su novela de aventuras La Fée des grèves (El Hada de las playas, 1850) en estos lugares :

« Si bajan de noche la última cuesta de la carretera de Saint-Malo a Dol, entre Saint-Benoît-des-Ondes y Cancale, con que haya un ligero velo de bruma sobre el suelo plano del Pantano, no sabrá en qué lado está la playa, en cual la tierra. A la derecha y a la izquierda, es la misma intensidad triste y muda. Ningún movimiento indica la campaña habitada ; diría que la carretera corre entre dos mares grandes. Es que las cosas pasadas tienen sus espectros como los hombres fallecidos ; es que la noche evoca el fantasma de los mundos transformados tan bien como las sombras humanas. Por donde pasa ahora el camino, el mar desarrolló sus ondas rápidas. Este pantano de Dol, de cosechas opulentas, que se extiende tan lejos como el ojo pueda percibir su horizonte de manzanos rechonchos, era una bahía. […] Y, cosa maravillosa, porque este país está lleno de milagros, antes de ser una bahía, ¡ era un bosque salvaje ! Un bosque que no paraba su borde en la línea de la orilla actual, sino que recorría la playa y plantaba sus robles gigantes más allá de las islas Chaussey. »

Ilustración : Centre d’études Joseph Sablé du 19ème siècle français, Toronto.

Nikolái Alekséyevich Nekrásov – El Abuelo Mazay y las liebres, ilustrado por Boris Kustodiev (1910)

En 1870, el poeta ruso Nikolái Alekséyevich Nekrásov (1821-1877) escribió el cuento Дедушка Мазай и зайцы (El Abuelo Mazay y las liebrestexto en inglés). Este cuento infantil en forma de poema es todavía uno de los textos infantiles más conocidos en Rusia. Pone en escena un anciano que aunque caza las liebres durante el invierno, se dedica a salvarlas del ahogo a la primavera, cuando las aguas del río se desbordan y sumergen los bosques. Se descubre en los últimos versos del poema que lo que parece compasión hacia las criaturas de Dios por parte del abuelo Mazay no es en realidad más que hipocresía :

« No los cazo en primavera o en verano
Ya que entonces su piel es mala, porque está descolorida. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

La plaza del Chairedon en Toulouse, después de la inundación de 1875

En 1875 el río Garona se desbordó y causó impresionantes daños en toda la región de Toulouse. Émile Zola se inspiró en este acontecimiento para su relato publicado en 1882, L’Inondation (La Inundación, audiolibro en francés), en el que cuenta la lucha desesperara de una familia de campesinos para salvar sus pertenencias y cosechas de las aguas del río.

« La gran escorrentía parecía llevarnos. Después, cuando mirábamos el campanario de la iglesia, inmóvil delante de nosotros, el mareo cesaba ; estábamos en el mismo sitio, en medio de las olas. Entonces, el agua inició el asalto. Hasta ahora, la corriente había seguido la calle ; pero los escombros que la cortaban ahora, la hacía refluir. Fue un ataque en toda regla. Cuando un objeto naufragado, una viga, pasaba al alcance de la corriente, lo cogía, lo balanceaba, y luego la tiraba hacia la casa como un ariete. Y no lo soltaba, lo retiraba hacia atrás para volverlo a tirar, pegando las paredes con golpes más fuertes, periódicamente. Pronto, diez, doce vigas nos atacaron a la vez de esta manera, por todos los lados. El agua rugía. Escupiduras de espuma nos mojaban los pies. Oíamos el gemido sordo de la casa llena de agua, sonoro, con sus tabiques que crujían ya. En algunos momentos, durante ciertos ataques más fuertes, cuando las vigas pegaban de frente, pensábamos que se había acabado, que las paredes se abrirían y nos ofrecerían al río por sus brechas gigantes. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Tierra

Earthquakes, tokens of God’s power and wrath (1744)

Ilustración : New York Digital Gallery.

Apocalipsis de Bamberg : el Cordero con el libro de los siete sellos y el primer jinete (S. XI)

Entre el siglo II a.d. Cristo y el I d.C., el Apocalipsis es un género muy en boga en la cultura judía. Se describen varios eventos apocalípticos en el Antiguo Testamento. Sin embargo, sólo el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis de Juan (audiolibro en francés), describe, con una extraordinaria riqueza de símbolos el combate entre las fuerzas del mal contra los fieles de Cristo. El texto está dividido en varias secciones principales, una introducción, cartas a las siete Iglesias de Asia, la demostración de la majestad y de la potencia de la justicia de Dios y de Cristo, el anuncio del juicio final… En la segunda parte, Juan explica la visión grandiosa que ha tenido del trono de Dios, de Dios mismo, rodeado de sus ángeles. Dios lleva un libro sellado, que contiene, a punto de ser revelado, el destino del mundo. A medida que se van abriendo los sellos, todas las calamidades, naturales o provocadas por el hombre, se van describiendo : la Guerra, la Muerte, la Peste, los Terremotos… Más allá de todas estas catástrofes, se deslumbra, como por anticipación, el fin del mundo y el triunfo de los elegidos.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Apocalipsis de Bamberg : el Ángel con las siete plagas (S. XI)

« Y miré cuando él abrió el sexto sello, y he aquí fue hecho un gran terremoto ; y el sol se puso negro como un saco de cilicio, y la luna se puso toda como sangre;
Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera echa sus higos cuando es movida de gran viento.
Y el cielo se apartó como un libro que es envuelto; y todo monte y las islas fueron movidas de sus lugares.
Y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los ricos, y los capitanes, y los fuertes, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes;
Y decían á los montes y á las peñas : Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquél que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero:
Porque el gran día de su ira es venido ; ¿ y quién podrá estar firme ? »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Como desgraciadamente lo pudimos averiguar casi en directo durante la primavera del año 2011, Japón es tierra de terremotos. Esta situación, debida a la peculiar configuración de la isla, no es nueva. En el siglo XII, el poeta y ensayista Kamo no Chomei (1155-1216) describe en la primera parte de Hokuji (Canto la vida desde mi choza) una sucesión de catástrofes naturales que ha vivido y de las que logró salir ileso : el incendio que destruyó Kioto en 1177, un tifón en 1180, una hambruna en 1181 y finalmente, en 1185 un grave terremoto. Miembro de la Oficina Imperial de Poesía, Chomei acaba disgustado y decepcionado por la corte imperial y decide retirarse y llevar una vida de ermitaño en los montes, experiencia que relata en la segunda parte de Hokuji. Este texto es posiblemente el más antiguo texto japonés que habla de catástrofes naturales.

Kamo no Chomei

« Si bien recuerdo, fue más o menos en la misma época cuando ocurrió un terrible seísmo. No fue un temblor común y corriente. Las montañas se vinieron abajo y sepultaron los riachuelos; el mar se volcó y anegó la tierra. El agua brotaba por entre las fisuras de la tierra; rocas enormes se partían y rodaban sobre los valles. Los botes que navegaban cerca de la orilla fueron levantados por las olas; los caballos que iban por los caminos perdieron el paso. Ni un templo budista ni una pagoda quedaron intactos en toda la vecindad de la capital. Unos se resquebrajaron, otros se vinieron al suelo. El polvo se esparció como el humo; la tierra que se sacudía y las casas que se derrumbaban, retumbaban como truenos. Los que permanecieron dentro de sus casas fueron aplastados irremediablemente; los que salieron se encontraron con la tierra que se abría en dos. Si los hombres hubieran sido dragones se habrían subido a las nubes, pero no habrían tenido las alas para encumbrarse a los cielos. Fue entonces cuando tuve conciencia de que los terremotos son la más terrible de las cosas terribles. […] El violento estrujón cesó bastante pronto, aunque las réplicas continuaron por un tiempo. No pasó un solo día sin que hubiera veinte o treinta temblores de una intensidad que de ordinario habría causado consternación. Los intervalos se extendieron hasta diez o veinte días, luego de lo cual continuaron ocurriendo cuatro o cinco tremores diarios, o uno cada dos o tres días. Calculo que debieron transcurrir unos tres meses hasta cuando cesaron los sacudimientos. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Heinrich von Kleist – Das Erdbeden in Chili, ilustrado por Otto Hettner (1914)

En 1807, Heinrich von Kleist, máxima figura del romanticismo alemán, publica Das Erdbeben in Chili (El Terremoto de Chile, texto y audiolibro en francés). Este relato, como en otros muchos de este autor, empieza por el anuncio de una ruptura en una vida monótona y se ambienta en Santiago de Chile, durante el terremoto que asoló esta ciudad en 1647. Al igual que todas las obras de Kleist, el relato evoca el miedo metafísico inspirado por la realidad. La descripción de los acontecimientos es portadora de un sentido adicional : la confusión entre el comienzo y el final de la vida, ilustrado por la imagen de las mujeres que dan a la luz en las calles, en medio de la confusión. La lógica de los seres, el orden del mundo han sido heridos : el hombre ha visto el caos de frente.

« Apenas estuvo fuera, que toda la calle entera, fuertemente afectada, se cayó a la segunda sacudida, en un montón de ruinas. Como no sabía cómo podría escapar de la destrucción general, se alejo rápidamente en medio de los escombros, y, mientras veía la muerte de todos lados, se dirigió hacia la puerta de la ciudad más próxima. Aquí, una casa derrumbándose todavía, tuvo que huir a otra calle para escapar de los escombros que rodaban. Las llamas que subían en el aire le ofrecieron un espectáculo horrible, que le obligó de nuevo a huir ; el río Mapocho, lanzado fuera de sus orillas, mandaba delante de él sus olas devastadoras. Por un lado había un montón de muertos ; allá, voces se hacían oír todavía, debajo de los escombros ; más lejos, unos desgraciados, en medio de las llamas, lanzaban gritos de desesperación ; hombres y animales eran llevados por las olas, mientras valerosos salvadores veían sus esfuerzos vencidos por el cansancio y la cantidad ; la palidez de la muerte reinaba en todas las caras y brazos se elevaban hacia el cielo para implorar socorro. »

Ilustración : Ketterer Kunst.

Gaspar de Villarroel – Govierno eclesiastico-pacifico y union de los dos cuchillos Pontificio y Regio

Una descripción contemporánea de este terremoto de Santiago de Chile de 1647, El gran terremoto de Santiago de Chile en 1647, nos ha llegado de la pluma de Gaspar de Villarroel (1587-1665), obispo de esta ciudad que salvó la vida por ser tirado al suelo por una viga. Después del terremoto, se encontró la escultura del Cristo de Mayo de la Iglesia de San Agustín intacta, pero con la corona de espinas en el cuello :

« San Agustín ha sesenta años que está edificando un suntuoso templo, todo él de calicanto; estaba acabado el edificio de la nave principal, porque tenía tres; levantadas dos bóvedas, y para la perfección cabal se comenzaba todo a cubrir. En la nave del Evangelio, que estaba cubierta de obra gruesa, se celebraba. Cayó todo y lo que no ha caído, está en mucho peor andar que lo que cayó, porque por mil partes abierta una tan grande máquina, no le sirve a los religiosos sino de horror y espanto. Tienen estos padres un devotísimo crucifijo fabricado por milagro, porque sin ser ensamblador, le hizo, habrá cuarenta años, un santísimo religioso; estaba en el tabique que cerraba un arco, tan fácil de caer, que no tenía que obrar en él el temblor; y caída la nave toda, quedó fijo en la cruz sin que se lastimase el dosel. Halláronle con la corona de espinas en la garganta como dando a entender que le lastimaba una tan severa sentencia; y nos prometimos para lo que quedaba su grande misericordia. Conmovido el pueblo con su antigua devoción y este reciente milagro, le trajimos en procesión a la plaza, viniendo descalzos el obispo y los religiosos, con grandes clamores, con muchas lágrimas y universales gemidos. Las celdas no quedaron arruinadas todas pero amenazando ruina. Están los religiosos todos en un cañón a toldo hecho de cordellates, que aunque los defiende del agua, en saliendo el sol, les sirve de hoguera. Valdría cien mil ducados lo perdido. »

Ilustración : Google Libros.

Las ruinas de Lisboa en 1755, en « O Terramoto de 1755, Testamunhos Britanicos »

El 1 de noviembre de 1755, a las 9:40, un terrible terremoto asola la ciudad de Lisboa. Las consecuencias son desastrosas, el terremoto es seguido de un maremoto y de incendios, y se cree que hubo entre 50.000 y 100.000 muertos y desaparecidos. Este seísmo fue el primero en ser el objeto de estudios científicos y llevó al nacimiento de la sismología moderna. Este acontecimiento transcurrió en plena época de la Ilustración y provocó grandes debates entre los filósofos ilustrados sobre el optimismo y la cuestión del mal en la Tierra. Ni la teología, ni la filosofía podían explicar una tan violenta manifestación de la ira divina.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Voltaire – Poèmes sur la religion naturelle et sur la destruction de Lisbonne (1756)

Voltaire, presa de una emoción indiscutible delante de este desastre, ve una ocasión de refutar las tesis de los filósofos optimistas (Leibniz, Pope y Wolf), que creen que el mundo creado por Dios está organizado por la Providencia de manera que un Mal necesario será siempre compensado por un Bien más grande. Voltaire escribe en 1756 el Poème sur le désastre de Lisbonne (Poema sobre el desastre de Lisboa, audiolibro en francés), en el que expresa su emoción, cuestiona la organización racional del mundo, y se interroga sobre los diseños de la Providencia. En 1759, Candide (Cándido, audiolibro en francés y en inglés) es otra ocasión para Voltaire de evocar el terremoto de Lisboa y de denunciar ese mejor de los mundos posibles que tanto defiende su personaje, el filósofo Pangloss, y que constituye para Voltaire el peligro del fatalismo y de la inacción.

« ¡ O desgraciados mortales ó tierra deplorable ! ¡ ó terrible conjunto de todas las calamidades ! ¡ sufrimiento eterno de inútiles dolores ! Filósofos engañados, vosotros que gritáis todo está bien, venid, contemplad estas espantosas ruinas, estos escombros y estos fragmentos desgraciados y funestos, ved las mugeres y los niños amontonados unos sobre otros ; los miembros dispersos sobre los mármoles despedazados ; ved en fin á cien mil desgraciados que la tierra devora, y que sangrientos, destrozados y palpitantes aun enterrados bajo sus techos terminan sin socorro, en horrorosos tormentos sus lamentables días. Al oír los tristes gritos de sus moribundas voces, al ver el espectáculo espantoso de sus restos humeantes, decidme si este es el efecto de las eternas leyes que ha debido elegir un Dios justo, bueno y libre. Diréis á vista de esta reunión de víctimas, Dios se vengado, su muerte es el castigo de sus crímenes. ¿ Que crimen, que falta han cometido estos niños inocentes ensangrentados y aplastados contra los pechos maternales ? ¿ Lisboa que ya no existe tuvo más vicios que Londres y Paris que nadan en las delicias ? »

Ilustración : Gallica.

Voltaire – Candide, ilustrado por Jean Michel Moreau (1741-1814)

« Así que se recobraron un poco del susto y el cansancio, se encaminaron á Lisboa. Llevaban algún dinero, con el qual esperaban librarse del hambre, después de haberse zafado de la tormenta. Apenas pusieron los pies en la ciudad, lamentándose de la muerte de su bien-hechor, la mar embatió bramando el puerto, y arrebató quantos navíos se hallaban en él anclados; se cubrieron calles y plazas de torbellinos de llamas y cenizas ; hundíanse las casas, caían los techos sobre los cimientos, y los cimientos se dispersaban, y treinta mil moradores de todas edades y sexos eran sepultados entre ruinas. El marinero tarareando y votando decía : Algo ganaremos con esto. ¿ Qual puede ser la razón suficiente de este fenómeno ? decía Panglós ; y Cándido exclamaba : Este es el día del juicio final. El marinero se metió sin detenerse en medio de las ruinas, arrostrando la muerte por buscar dinero, con el que encontró se fue á emborrachar ; y después de haber dormido la borrachera, compró los favores de la ramera que topó primero, y que se dio á él entre las ruinas de los desplomados edificios, y en mitad de los moribundos y los cadáveres, puesto que Panglós le tiraba de la casaca, diciéndole : Amigo, eso no es bien hecho, que es pecar contra la razón universal, porque ahora no es ocasión de holgarse. Por vida del Padre Eterno, respondió el otro, yo soy marinero, y nacido en Batavia ; cuatro veces he pisado el crucifixo en cuatro viajes que tengo hechos al Japón. Pues no vienes mal ahora con tu razón universal. »

Ilustración : New York Digital Gallery.

Jean-Jacques Rousseau

Al poema de Voltaire respondió otro filósofo, Jean-Jacques Rousseau, en una Lettre à Voltaire sur la Providence (Carta a Voltaire sobre la Providencia, 1756 – audiolibro en francés) en la opone al pesimismo de Voltaire una fe optimista en la Providencia. Si el mal existe en el mundo, es el hombre, y no Dios, el responsable : si no se hubiera edificado Lisboa como una ciudad-hormiguero, no habría habido tantas víctimas. Según Rousseau, « todo lo que sale de las manos del autor de las cosas está bien », aunque « todo degenera entre las manos del hombre ».

« Sin dejar el asunto de Lisboa, convendrá usted, por ejemplo, que la naturaleza no había reunido en este sitio veinte mil casas de seis a siete plantas, & que si los habitantes de esta gran ciudad hubiesen estado mejor repartidos & más ligeramente alojados, el desastre hubiera sido mucho menor & puede que nulo. Todo hubiera huido al primer derrumbamiento, & se les hubiera visto el día siguiente a veinte leguas, igual de alegres que si nada hubiera ocurrido. Pero hay que quedarse, insistir cerca de las casas, exponerse a nuevas sacudidas, porque lo que se deja tiene más valor que lo que e puede llevar. ¿ Cuántos desgraciados han fallecido en este desastre por querer coger, uno su ropa, otro sus papeles, otro su dinero ? »

Ilustración : New York Digital Gallery.

Élie Bertrand – Mémoires historiques et physiques sur les tremblements de terre (1757)

Élie Bertrand (1713-1797) fue un geólogo, naturalista y pastor suizo. Colaboró en la redacción de varios tomos de la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert. En 1757, dos años después del terremoto de Lisboa, publica en los Países Bajos un volumen titulado Mémoires historiques et physiques sur les tremblements de terre (Memorias históricas y físicas sobre los terremotos). Autor bastante prolífico de informe y memorias sobre diversos temas de geología, Bertrand no olvida su oficio de pastor y afirma que Dios es el amo del mundo para explicar el terremoto. Como curiosidad científica, comentaremos que Bertrand era de los que defendían que el terremoto de Lisboa no era más que una continuación del de Lima, ocurrido en 1746 : el seísmo de Lima habría provocado una grieta subterránea de azufre, que se habría propagado entre las dos capitales. O las observaciones de lo ocurrido en Suiza y el sur de Francia mientras transcurría el terremoto en Lisboa : las olas de los lagos suizos se movían de manera inacostumbrada, el agua de varias fuentes se volvía turbia, y hubo temblores en diversas zonas, fuera de Portugal, y otros fenómenos más extraños aún : movimientos descontrolados de imanes, de barómetros, o de termómetros. En todo caso, el texto del pastor suizo es uno de los estudios científicos sobre terremotos más antiguos (si exceptuamos algunos relatos de los acontecimientos acaecidos durante seísmo concretos, uno en el Reino de Nápoles en 1627, y otro en Calabria en 1783 o diversos relatos de terremotos en España).

« El lago Leman tuvo, hacia las diez de la mañana, un movimiento notable. Tres veces sus aguas subieron de repente y bajaron de la misma manera. Una barca, que iba a toda vela, fue hacia atrás de repente. »

Ilustración : Archive.org.

Benito Jerónimo Feijoo

El monje benedictino Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) se dedicó en sus ensayos a defender el pensamiento científico y empírico para combatir la ignorancia y las supersticiones del pueblo. Escribió diversos ensayos y cartas sobre el tema de los terremotos y en 1756 publica El terremoto y su uso : dictamen, en el que da una relación de lo ocurrido durante el terremoto de Lisboa. Una de las teorías propuestas por el padre Feijoo (y otros eruditos europeos) acerca de los seísmos era que existía una relación entre los temblores y la electricidad. Como los fenómenos eléctricos estaban muy de moda en la época, los científicos prestaron gran atención a la explicación eléctrica de los terremotos y esta teoría se difundió rápidamente por toda Europa. Equivocadas o no, las teorías de Feijoo tienen el mérito de proponer explicaciones científicas donde otros quieren ver o hacer ver intervención divina y superstición :

« Lo primero que publicó el miedo, o la ignorancia, fue que había de repetir precisamente a tantas horas. […] Pero es posible que haya quien conozca tan bien este accidente, que adivine la hora, en que ha de repetirse ? […] Dícese que en Lisboa, un ímpetu de la tierra, arrojó tan distante a un Hijo del Conde de Peralada, que le libertó de las ruinas de una casa, que mató al Conde y a todas su familia. Que dicha ! exclaman. Es esto dicen bien. Qué milagro ! Ya en esto dicen mal ; porque sin salir de la naturaleza, he visto mayores maravillas. Mas es juntarse dos montes distantes ; chocar uno con otro, y volver después ambos a su sitio. »

Ilustración : Wikipedia.

Johann Wolfgang von Goethe – Dichtung und Wahrheit

Entre 1811 y 1814, Johann Wolfgang von Goethe emprende la redacción de sus memorias, recopilación de recuerdos sobre su vida y sus obras. En este documento, titulado Dichtung und Wahrheit (Poesía y verdad, versión en francés), el autor alemán evoca el terremoto de Lisboa : en 1755 Goethe tenía seis años, pero su descripción del seísmo, de sus consecuencias morales, materiales y sociales, su análisis de la incapacidad de los intelectuales de dar una explicación convincente son dignos de un gran reportero. Al final, Goethe llega a la conclusión de que está en contradicción total con lo que le enseñaron en el catecismo : Dios no es ni sabio, ni bueno, ni, en ningún caso, un « padre amante »…

« Una catástrofe extraordinaria llenó por primera vez, mi tranquila infancia de una inquietud profunda. El 1 de noviembre de 1755, llegó el terremoto de Lisboa, que provocó un gran espanto en el mundo, acostumbrado ya a la paz y al descanso. La más terrible calamidad golpeó de repente una gran y magnífica capital, al mismo tiempo que ciudad comerciante y marítima. La tierra tiembla, el mar hierve, los barcos se dan golpes, las casas se derrumban, y sobre ellas, las iglesias y las torres ; el palacio real se ve medio sumergido por el mar ; la tierra entreabierta parece vomitar llamas, porque el humo y el incendio se anuncian por todos lados entre las ruinas. […] Las llamas continúan sus estragos y, con ellas, ejerce su furor una tropa de villanos, escondidos anteriormente, o que el evento ha puesto en libertad. Los desgraciados supervivientes se ven abandonados al saqueo, al asesinato, a todo tipo de malos tratos, y la naturaleza hace reinar en todo su tiranía sin freno. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Una calle de San Francisco después del terremoto y el incendio de 1906

William James (1842-1910), además de ser el hermano del escritor Henry James, fue un filósofo y psicólogo estadounidense. Se le considera el padre de la psicología americana. En 1906 queda muy impactado por los efectos del terremoto que destruyó la ciudad de San Francisco. James daba clases en la Universidad de Stanford, a cincuenta kilómetros de la ciudad devastada donde se trasladó para estudiar los efectos de la catástrofe. Quedó muy impresionado por la actitud positiva de los supervivientes y por la manera en la que se improvisaban rápidamente los servicios y las ayudas a los siniestrados. Plasmó sus conclusiones en el capítulo On some Mental Effects of the Earthquake (Sobre los efectos mentales del terremoto) de su libro Memories and Studies (Memorias y estudios).

Ilustración : New York Digital Gallery.

Los edificios City Hall y el Hall of Records de San Francisco destruidos por el terremoto y el incendio de 1906

« Retrospectivamente, dos cosas me impactaron especialmente, y son las que más destacan de todas mis impresiones. Las dos resultan tranquilizantes sobre la naturaleza humana. La primera de ella es la rapidez de la improvisación para poner orden en el caos. Está claro que, de la misma manera que de mil seres humanos habrá estadísticamente unos cuantos artistas, unos cuantos atletas, otros tantos pensadores y algunos buenos soldados potenciales, habrá organizadores potenciales en tiempos de emergencia. […] La segunda cosa que me impresionó fue la ecuanimidad universal. Recibimos pronto cartas del Este, ansiosas y patéticas, pero sé ahora lo que siempre he creído : que son las personas que viven lejos de una región desolada por un grande desastre, las que siente piedad y pena, más que las víctimas inmediatas. No oí una sola palabra de queja o de pena en California. »

Ilustración : New York Digital Gallery.

Aire

Charles Forrest – A View From The Six Gun Battery At The Entrance Into Carenage Bay In The Island Of St Lucia (1786)

Ilustración : Europeana.

La literatura abunda en tormentas de todo tipo y nunca acabaríamos de censarlas. Evocaremos por lo tanto únicamente las más violentas, las más devastadoras de ellas : los ciclones tropicales, los tornados, los tifones y los huracanes.

Aristóteles – Meteorológicas (1556)

La gran influencia de la obra de Aristóteles se explica en gran parte por su carácter enciclopédico : se considera que fue uno de los primeros en intentar plasmar el saber y la cultura filosóficos y científicos griegos. Estudió diversas ramas de la física, entre las cuales la meteorología, en su tratado Μετεϖρολογικϖν (Meteorológicas). El segundo libro de este documento aborda el tema de los vientos. Para él, el principio motor de los vientos se encuentra en las partes altas del cielo y su materia viene de la exhalación seca que sale de la tierra. La violencia de los vientos y sus propiedades dependen mucho de los lugares en los que soplan.

« El torbellino no se produce antes que el Aquilón, ni que la nevosa Ecnefia, por lo que todo esto produce un viento seco y cálido. Además, cuando se produce, el aire y el frío, envalentonándose, extinguen inmediatamente aquella primera sensación, y su victoria, por supuesto, es evidente. Al contrario que el Aquilón, la nieve sí cae húmeda, y todo ello trae consigo el triunfo definitivo del frío. Y es entonces cuando se levanta el tifón. Si tiene lugar con la Ecnefia, no se podrá desligar de la nube. Es más, ante la batalla de remolinos, cuando la refriega es lanzada a tierra llevándose consigo a la nube, ya no podrá librarse de ella. Ésta agita la parte del viento que se expande en línea recta y en cuanto cae sobre algo, lo retuerce con fuerza en su violenta órbita y lo levanta por los aires. De esta forma, todo lo que es arrancado se quema (también ocurre si el viento es tenue) y se produce el πζηςης, esto es, el incendio; si se prende el aire todo a una teñido del color del fuego, a esto se le llama σωεκπίμπζησι. »

Ilustración : Google Libros.

Frontisipicio de la edición de 1709 de « The Tempest »

The Tempest (La Tempestad, 1611 – audiolibro en inglés) de William Shakespeare es uno de los textos más antiguos en los que un ciclón tropical tiene un papel relevante. Esta tragicomedia en cinco actos se basaría en el relato titulado A True Reportory of the Wreck and Redemption of Sir Thomas Gates, Knight, upon and from the Islands of the Bermudas, escrito por William Strachey (1572-1621) del naufragio, en 1609, del barco Sea Venture, en el archipiélago de las Bermudas. Numerosos manuscritos de este relato, impreso por primera vez en 1925, circularon en su tiempo y Shakespeare podría haberse inspirado en esta historia. El protagonista, el mago Próspero, duque de Milán, ha pasado 12 años en una isla, desterrado por Antonio, su hermano usurpador. Al descubrir que Antonio va a pasar cerca de la isla, Próspero provoca una tempestad para hacer naufragar a su hermano y vengarse…

« Miranda :
Si es usted, mi querido padre, el que por su arte
Hace rugir de esta manera las aguas furiosas, apacígüelas.
Parece que el cielo vertería pez ardiente,
Si el mar, subiendo a la mejilla del firmamento,
No barriera la llama. ¡ Oh ! ¡ Cuanto he sufrido,
Con los que he visto sufrir ! ¡ Un valiente navío
Que sin duda llevaba nobles criaturas,
Roto en mil piezas ! ¡ Oh ! Su grito golpeaba
Hasta mi corazón. ¡ Pobres seres ! Han fallecido.
Si hubiera sido un dios poderoso, hubiera sepultado el Océano bajo tierra antes
De que hubiera sumergido este buen barco y
Su cargamento de almas. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Curiosamente, el huracán ha sido utilizado por ciertos autores para definir tormentas extremadamente violentas, pero sin tener en cuenta las características físicas y científicas que una tormenta debe ostentar para tener el rango de huracán. Por ejemplo, los autores Henry Wadsworth Longfellow y Edgar Allan Poe, ponen en escena huracanes en zonas geográficas en las que es poco probable que se produzcan…

Henry Wadsworth Longfellow – The Wreck of the Hesperus

Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) fue un poeta y educador americano ; fue el primer americano en traducir La Divina Comedia de Dante Alighieri. En 1839 publica su poema narrativo The Wreck of Hesperus (El Naufragio del Hesperus, audiolibro en inglés), en el que pone en escena un orgulloso capitán que desprecia el aviso de huracán que le da un viejo marineo experimentado. Cuando llega la tormenta, el capitán ata a su hija en el mástil para que el mar no se la lleve. El barco naufragará y todos morirán… Aunque el viejo marinero tema un huracán, es más probable que se trate de un nor’easter, esas tormentas violentas que se propagan en la costa este de Norte América, tormentas a veces muy parecidas a huracanes, pero de origen físico totalmente distinto. En efecto, Longfellow se inspiró en el Grand Blizzard de 1839 que devastó la costa noreste de Estados Unidos y provocó el naufragio de veinte barcos.

« Más frío y más fuerte soplaba el viento,
Un viento del nordeste del país,
La nieve cayó silbando en la salmuera,
Y las olas hacían espumas como la levadura.

Vino la tormenta, e hirió
El barco con toda su fuerza ;
Él se estremeció y se detuvo, como un caballo asustado,
Luego dio un salto de la longitud de su cabo. »

Ilustración : Project Gutenberg.

Paul Gauguin – Suite Volpini : Une Descente dans le Maelstrom (1889)

El cuento A Descent into the Maelström (Un descenso al Maelström, 1841 – audiolibro en inglés) de Edgar Allan Poe describe como el más terrible huracán empuja un barco y a sus pasajeros hacia un gigantesco remolino, un maelström. La aventura se sitúa en la costa de Noruega. Sin embargo, la descripción de la tormenta coincide más con la de las tormentas tropicales, que son poco probables en Noruega…

« Al mismo tiempo cayó la brisa que nos había cogido y quedamos en calma chicha, impelidos por la corriente en todas direcciones. Este estado de cosas no duró, sin embargo, lo suficiente para dejamos tiempo de meditar. En menos de un minuto la borrasca estaba sobre nuestras cabezas ; en menos de dos, el cielo se encapotó completamente ; y con esto, y la espuma que volaba, volviose súbitamente tan obscuro que no podíamos vernos unos a otros en el barco. Sería locura intentar describir huracán tal como el que se desencadenó aquel día. Los más viejos marinos de Noruega jamás habían presenciado cosa parecida. Habíamos dejado diestramente correr las velas antes de que pudiera cogerlas la borrasca ; pero a la primera ráfaga del vendaval, ambos mástiles cayeron por la borda como cortados de un golpe, llevándose consigo el palo mayor al más joven de mis hermanos que se había hecho atar por seguridad. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Puerto de la isla de Santo Tomás, hacia 1860

En 1867, la isla de Santo Tomás (una de las Islas Vírgenes) es asolada por un devastador huracán, al que seguirá un terremoto y un tsunami. El acontecimiento inspira un poema el escritor y poeta norteamericano Bret Hate (1836-1902), principalmente conocido por sus escritos realistas sobre la vida de los pioneros de California. El poema se llama St. Thomas (A Geographical Survey) (Santo Tomás (Un estudio geográfico)), fue escrito en 1871 y narra cómo el huracán, la montaña y el mar conspiran para sumergir la isla.

« Muy linda y llena de promesas
Yace la isla de St. Thomas :
Océano encima de sus arrecifes y barreras
Escondió sus cicatrices elementales ;
Arboledas de coco y guayaba
Crecieron por encima de sus campos de lava. »

Ilustración : New York Digital Gallery.

Jules Verne – Le Pays des fourrures (1873)

Jules Verne ha descrito numerosas tormentas en sus novelas. Como en el caso de los volcanes evocado más arriba, las tormentas añaden un toque de suspense y de miedo a la intriga. Muchas de esas tormentas ocurren en el mar, poniendo en peligro algún barco. En Le Pays des fourrures (El País de las pieles, 1873 – audiolibro en francés), el huracán se produce en el agua también, pero en circunstancias muy extrañas : en el círculo polar, una placa de hielo en la que se ha construido por error una fortaleza militar se desprende de la tierra al deshielo y empieza a derivar, al mismo tiempo que el hielo se va derritiendo, poniendo en peligro la embarcación…

« En ciertos momentos, se hacía una gran calma en el aire, y sólo se oían los ruidos desgarradores de las olas enfadadas. Luego, la tormenta atmosférica volvía con un furor desmesurado, y el teniente Hobson notaba que el promontorio temblaba en su base. En otros momentos, la lluvia estaba inyectada tan violentamente, que sus rayas, casi horizontales, formaban miles de chorros de agua que el viento aceleraba como metralla. Sin duda, eso era un huracán, y su fuente estaba situada en la peor parte del cielo. Este viento de noreste podía durar mucho tiempo y durante mucho tiempo alterar la atmósfera. Pero Jasper Hobson no se quejaba. El que, en otra circunstancia, hubiera deplorado los efectos desastrosos de una tormenta como esa, la aplaudía entonces. Si la isla resistía – y eso se podía esperar -, estaría inevitablemente empujada hacia el suroeste gracias a la fuerza de este viento, superior a las corrientes del mar ; y allá, en el suroeste, se encontraba el continente, allá, la salvación ! »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Patrick Lafcadio Hearn y su esposa

Patrick Lafcadio Hearn es un escritor muy poco común. Nació en 1850 en Lefkada, una isla griega, hijo de padre irlandés y madre griega. Cuando Patrick tiene dos años, la familia se traslada a Irlanda, y más tarde, a los 19 años, emigra a Estados Unidos. Vivirá durante diez años en Nueva Orleans, donde trabaja para varios periódicos y que será la fuente de inspiración de varios trabajos suyos : diccionarios de proverbios criollos, libros de cocina o novelas. En 1890, le envían a Japón como corresponsal del diario para el que trabaja. Y es en Japón donde encuentra su hogar y su fuente definitiva de inspiración : no solo decide quedarse a trabajar de docente en escuelas japonesas, sino que se casa con una japonesa, se cambia la nacionalidad y cambia el nombre por el de Koizumi Yakumo. Publicará numerosas obras sobre Japón que contribuyeron a familiarizar el público occidental con la cultura de este país ; sin embargo, es sobre una novela que publicó en su época de Nueva Orleans que nos interesamos aquí. Chita : A memory of Last Island (Chita : una memoria de Last Island, 1889) es una corta novela que relata las aventuras de una joven cajun que sobrevive al huracán que en 1856 devastó las instalaciones de Last Island. La novela fue muy popular cuando se publicó y contribuyó a crear o perpetuar varios mitos acerca de la tragedia.

« Entonces se levantó un grito espantoso, el grito ronco, horrible, indescriptible, de miedo sin esperanza, el grito animal del hombre desesperado que se encuentra de pronto cara a cara con la nada, sin preparación, sin consuelo, sin posibilidad de respiro … Sauve qui peut ! Algunos arrancaron las puertas, y algunos se aferraban a las grandes mesas de banquete, a los sofás, a las mesas de billar : durante un instante terrible, ignorando heroísmos inútiles y generosidades, se dio paso toda la locura del egoísmo, todas las brutalidades de pánico. […] … Así el huracán pasó, arrancando las cabezas de las olas prodigiosas, para lanzarlas a un centenar de metros en el aire, echando el océano contra la tierra, sumergiendo el bosque. Bahías y puertos se convirtieron en abismos ; los ríos desbordaron, las marismas marinas se transformaron en vertidos de agua furiosa. Antes de Nueva Orleáns, el río Misisipi, de una milla de ancho, alcanzó la cota de seis pies por encima de la marca de agua más alta. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

El HMS Calliope escapando del ciclón, portada del « Illustrated London News » (1889)

En 1897, el poeta australiano A.B. Banjo Paterson (1864-1941) escribe The Ballad of the Calliope (La Balada del Calliope, 1897), en homenaje a un barco que, enfrascado en una batalla con buques alemanes y americanos, sobrevivió a un tifón. Paterson pertenece al grupo de poetas calificados « bush poets », es decir poetas australianos que describían la vida rural en Australia en la época colonial. Uno de sus poemas más conocidos es Waltzing Matilda, poema lírico, tan famoso en Australia que fue propuesto para himno nacional y que fue puesto en música, interpretado o adaptado por varios artistas a lo largo del siglo XX : Tom Waits, The Pogues

« Entonces la nube se acercó a ellos rápidamente,
Y se produjo una explosión súbita,
Y el huracán llegó dando saltos por miles de millas de alta mar !
Como un león sobre su presa,
Saltaba la tormenta demoníaca en la bahía,
Y los buques se sacudieron y se estremecieron cuando sus cables notaron la tensión. »

Ilustración : Wikipedia.

A Son of the Carolinas : A Story of the Hurricane upon the Sea Islands (Un hijo de las Carolinas : una historia del huracán en las Sea Islands) es una novela escrita en 1898 por la escritora norteamericana Elisabeth Carpenter Satterthwait. Relata los efectos sobre la población del huracán que, en 1893, devastó las Sea Islands, situadas frente a las costas de Florida, Georgia, y Carolina del Sur. Destacan de la novela la expresión de la filosofía quaker y la utilización del dialecto local en los diálogos.

Jack London

El 11 de noviembre de 1893, se publicó en el diario San Francisco Morning Call, un relato que acababa de ganar el concurso del mejor artículo descriptivo convocado por el mismo diario, y premiado con 25 dólares. Este artículo fue el primer texto publicado de un joven aspirante a escritor de 17 años : su madre, recordándole que sacaba buenas notas en redacción en la escuela, le animó a presentarse… Este relato, titulado Story of a Typhoon off the Coast of Japan (Historia de un tifón a lo largo de las costas de Japón, audiolibro en inglés), se inspira de la propia experiencia del autor se embarcó en la goleta Sophia Sutherland para cazar focas. Las historias sobre el mar que le contó el capitán del barco le servirán más tarde para sus novelas y relatos marítimos : The Mutiny of the Elsinore (El Motín del Elsinore, 1914), The Cruise of the Snark (El Crucero en el Snark, 1911)… Este joven no es otro que Jack London, que conocemos más por sus novelas Colmillo blanco, La Llamada de la selva

« El rugido del viento a través de los cordajes llegó sordo al oído, como el rumor lejano de un tren que cruza un puente de caballetes o las olas en la playa, mientras que el choque del mar en la proa parecía hender las vigas y los tablones en pedazos. El crujido y el gemido de las maderas, candeleros y mamparas, así como la tensión a la que el buque estaba sometido, ahogaron los gemidos que el moribundo inquieto lanzaba desde su litera. El movimiento del trinquete contra las vigas de la cubierta provocaba una lluvia de polvo escamoso, y emitía otro ruido que se mezclaba con la tormenta tumultuosa. »

Ilustración : Project Gutenberg.

L. Frank Baum – The Wonderful Wizard of Oz, ilustrado por William Wallace Denslow (1900)

Existen pocos ejemplos de tornados cuyos efectos no son desastrosos. Sin embargo, el tornado que pone en escena L. Frank Baum (1856-1919) en su The Wonderful Wizard of Oz (El Maravilloso Mago de Oz, 1900 – audiolibro en inglés) es uno de ellos : en lugar de destrozarlo todo o de provocar incendios o maremotos, el tornado se lleva la casa de la pequeña Dorothy a un maravilloso país llamado Oz en el que vivirá muchas aventuras. Esta novela feérica es un clásico de la literatura infantil anglófona.

« Entonces ocurrió algo extraño. La casa dio dos o tres vueltas y se levantó lentamente por el aire. Dorothy se sentía como si estuviera subiendo en un globo. Los vientos del norte y del sur se encontraron en el exacto lugar de la casa, la cual se convirtió en el centro exacto del ciclón. En el centro de un ciclón el aire suele permanecer quieto, pero la gran presión del viento en cada lado de la casa la hizo elevarse cada vez más, hasta que llegó a la parte superior del ciclón, y allí se mantuvo y fue llevada millas y millas de distancia tan fácilmente como el aire puede llevar una pluma. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Joseph Conrad – Typhoon (1912)

Casi toda la acción de Typhoon (Tifón, 1903 – audiolibro en inglés), la novela corta de Joseph Conrad transcurre durante un tifón. Está ambientada en el Mar de China y describe cómo un barco de vapor, para ganar tiempo, no intenta evitar un tifón y se encuentra preso en su corazón… No se trata de una aventura marítima más : el tifón es para Conrad un ambiente, un argumento, que le permite estudiar su influencia sobre los protagonistas de la obra : el Capitán deseoso de ganar tiempo, o sea dinero ; la tripulación, que tiene que defender el barco de los elementos y los 200 pasajeros chinos que vivirán el tifón encerrados en el entrepuente con sus pertenencias, con las consecuencias desastrosas que puede suponer…

« Pedazos de madera volaron silbando. « Tableros », pensó con estupor, echando rápidamente la cabeza hacia atrás. Un hombre que yacía, con los ojos abiertos, se deslizó a sus pies, tendiendo sus brazos levantados hacia el vacío ; otro saltó como una piedra se desprende, la cabeza entre las piernas y los puños apretados ; su trenza azotó el aire, intentó agarrar las piernas del contramaestre, soltando de su mano un disco brillante y blanco que rodó hasta los pies del marinero ; con un grito de estupor, reconoció un dólar de plata. El montículo de cuerpos apilados a babor se desprendió de la pared con un ruido de pasos precipitados, un chapoteo de pies desnudos y muchos gritos guturales, se deslizó y fue a parar, inerte y revoltoso, contra la pared de Trivor en un choque mate y brutal. Los gritos pararon. El contramaestre percibió una larga queja entre los ladridos del viento y los silbidos. Vio una inextricable confusión : cabezas, espaldas, pies desnudos pateando en el aire, puños levantados, hombros, piernas, trenzas y caras. »

Ilustración : Archive.org.

Fuego

Representación del Vesubio en « Bilderbuch für Kinder », de Friedrich Johann Justin Bertuch (1790-1930)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Los volcanes siempre han ejercido una gran fascinación sobre el imaginario de los hombres. Su fuerza destructora, por supuesto, pero también su belleza, que estén en erupción o pacíficos, les otorgan un rango privilegiado respecto a las otras montañas. Muchos escritores se sintieron atraídos por la magia de los volcanes y los convirtieron en los protagonistas de sus obras, ya sean relatos de destrucción (auténticos o ficticios), poemas o impresiones de viajes y de ascensiones.

Vista de las ruinas de Pompeya con el Vesubio al fondo, ilustración para « Last Days of Pompeii » (1850)

La erupción del Vesubio del 24 de agosto del año 79 es sin duda una de las erupciones volcánicas más famosas de la historia y de la literatura. La trágica destrucción de Pompeya, tan bien contada por el novelista inglés Edward Bulwer-Lytton en Last Days of Pompeii (Los Últimos Días de Pompeya, 1834 – audiolibro en inglés y francés), novela inmortalizada por varias adaptaciones cinematográficas, permanece en todas las memorias. El descubrimiento en el siglo XVIII de los yacimientos de Pompeya y de Herculano, creó una gran conmoción en el todo el mundo, sobre todo por el magnífico estado de conservación de esas dos ciudades que permitía, mejor que nunca, hacerse una idea del modo de vida de los romanos. Bulwer-Lytton se inspira en la tragedia de Pompeya para recrear el ambiente fastuoso del imperio romano. En realidad la erupción del Vesubio y la destrucción de la ciudad ocupan únicamente los últimos capítulos del libro : toda la primera parte consiste en una intriga de amor, muerte y venganza entre los protagonistas, pertenecientes a las distintas clases de la sociedad. La novela sirve de excusa para proponer al lector largos paseos por las calles de Pompeya y una descripción de los vestigios y del paisaje que muchas guías turísticas deberían envidiar…

Ilustración : The Victorian Web.

Edward Bulwer-Lytton – Last Days of Pompeii, ilustración de C.H. White (1903)

« Hubo un silencio de muerte, un silencio terrorífico, interrumpido de repente por el rugido del león, al que respondió, detrás del anfiteatro, el rugido más agudo y más feroz de su compañero de cautividad. Eran dos siniestros intérpretes de la pesadez de la atmósfera ; el tigre y el león parecían los profetas de la ira del cielo. De repente se oyeron, desde arriba de las gradas, los gritos de las mujeres : los hombres se miraban unos a otros, mudos. En ese momento notaron que la tierra temblaba bajo sus pies. Las paredes del teatro se movieron, y a alguna distancia, los techos de las casas chocaron y se derrumbaron con estruendo ; la nube de la montaña, oscura y rápida como un torrente, pareció caer hacia ellos, y lanzó desde su seno una lluvia de cenizas mezclada con fragmentos de piedras ardiente. Sobre las viñas tumbadas, sobre las calles desoladas, sobre el mismo anfiteatro, a lo lejos y a lo largo, y hasta las aguas del mar que agitó, se extendió esta lluvia tremenda. La asamblea ya no se preocupó por la justicia, tampoco por Arbaces… el único pensamiento de cada uno era su propia seguridad… quisieron huir, empujándose, aplastándose unos a otros, pisando sin piedad el que caía ; en medio de las quejas, de los juramentos, de las oraciones, de los gritos, esta multitud enorme se echó en los numerosos vomitorios del anfiteatro : pero ¿ hacia dónde huir ? Algunos, intuyendo un segundo terremoto, se apresuraban hacia sus casas, para cargarse con sus objetos más valiosos, y buscar su salvación en la huida, mientras aún estaban a tiempo ; otros, temiendo esa lluvia de cenizas que caía a cántaros por las calles, buscaban refugio en las casas más cercanas, en los templos, en todos los lugares que los podían proteger del aire, pero las nubes sucedían a las nubes, y la oscuridad se hacía cada vez más negra. Era una noche repentina, una noche espantosa que invadía el mediodía. »

Ilustración : Archive.org.

Si Los Últimos Días de Pompeya despertó la pasión de muchos lectores modernos por Pompeya y el mundo romano, no hay que olvidar que, muchísimos años antes de que Bulwer-Lytton descubriera las ruinas sepultadas bajo las cenizas, otros escritores escribieron sobre el Vesubio.

Thomas Burke – Plinio el Joven reprendido (S. XVIII)

De hecho, el escrito más antiguo sobre la famosa erupción es casi contemporáneo al desastre. Plinio el Joven tenía 17 años en el año 79 ; vivía con su tío materno, Plinio el Viejo, escritor y naturalista, autor de Naturalis Historia. Cuando se declaró la catástrofe, los dos se encontraban en Miseno, un pueblo cerca de Nápoles. Plinio el Viejo quiso observar el fenómeno más de cerca y prestar asistencia a unos amigos que se encontraban en dificultad en las playas de la bahía de Nápoles. Cruzó la bahía con sus galeras, hasta el pueblo de Stabies, donde murió, probablemente ahogado por el polvo. Su sobrino observó el desastre desde Miseno y, casi treinta años más tarde, redactó dos cartas (audiolibro en inglés y francés) a su amigo Tácito, para dar cuenta de los acontecimientos del Vesubio y de la muerte de su tío. Las descripciones hechas por Plinio el Joven de la erupción del Vesubio resultaron tan detalladas y precisas que todavía hoy se da a este tipo de erupción el calificativo de « pliniana ».

Ilustración : Wikimedia Commons.

La muerte de Plinio el Viejo, Le Monde illustré (1888)

« Sacó unas barcas con cuatro filas de remos y embarcó dispuesto a ayudar no sólo a Rectina, sino también a muchos (pues lo agradable de la costa la había llenado de bañistas). Se apresura a dirigirse a la parte de donde los demás huyen y mantiene el rumbo fijo y el timón hacia el peligro, estando sólo él libre de temor, de forma que fue dictando a su secretario y tomando notas de todas las características de aquel acontecimiento y todas sus formas según las había visto por sus propios ojos. Ya caía ceniza en las naves, cuanto más se acercaban, más caliente y más densa; ya hasta piedras pómez y negras, quemadas y rotas por el fuego; ya un repentino bajo fondo y la playa inaccesible por el desplome del monte. Habiendo vacilado un poco sobre si debía girar hacia atrás, luego al piloto, que advertía que se hiciera así, le dice : « La fortuna ayuda a los valerosos : dirígete a casa de Pomponiani. » »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Vero disegno dell’incendio nella montagna di Soma […

A lo largo de la historia, el Vesubio se ha mantenido activo (la última erupción tuvo lugar en 1944), alternando erupciones y evacuaciones de nubes de cenizas. El 16 de diciembre 1631 volvió a entrar en erupción, echando sobre los pueblos vecinos, durante más de un mes, torrentes de lava, nubes de cenizas y hasta trombas de agua hirviendo, debidas a las lluvias persistentes que se calentaban en las proximidades del volcán. Varios pueblos fueron destruidos y se calcula que murieron entre 3000 y 4000 personas, sin contar el ganado que apacentaba en las laderas del monte. Esta nueva erupción y sus trágicas consecuencias movilizaron a los científicos y artistas.

Ilustración : Gallica.

El médico, filósofo y poeta vallisoletano Fernando Cardoso (1615-1680) publica en 1632 el tratado titulado Discurso sobre el monte Vesubio, insigne por sus ruinas, famoso por la muerte de Plinio. Del prodigioso incendio del año pasado de 1631, y de sus causas naturales, y el origen verdadero de los terremotos, vientos y tempestades, en el que, basándose en la narración de hechos reales, critica la teoría aristotélica.

Anónimo – Vista del Vesubio en erupción (S. XVIII)

El abate y doctor en leyes italiano Giulio Cesare Braccini propone el mismo año su tratado Dell’incendio fattosi nel Vesuvio a XVI di Decembre MDCXXXI e delle sue cause ed effetti con la narrazione di quanto è seguito in esso per tutto Marzo 1632 e con la storia di tutti gli altri incendi nel medesimo Monte avvenuti discorrendosi in fine delle acque, le quali in questa occasione hanno danneggiato le campagne e di molte altre cose curiose, stampato presso lo stesso Roncagliolo nel 1632, documento que ocupa un importante lugar en la lista de obras relacionadas con el Vesubio por la fiabilidad y la meticulosidad de sus observaciones.

En 1633, el poeta baroco alemán Martin Opitz von Boberfeld publica Vesuvius (El Vesubiotexto en francés), largo poema alegórico sobre la guerra, inspisrado en la tragedia de 1631.

Por su parte, el físico español Juan de Quiñones (1600-1650?) en su El Monte Vesuvio aora la montaña de Soma. Dedicado á Don Felipe Qvarto el Grande nuestro Señor, Rey Catòlico de las Españas, Monarca Soberano de las Indias Orientales, y Occidentales, publicado también en 1632, además de proponer un estudio bastante detallado sobre erupciones volcánicas y otras catástrofes naturales históricas, describe la erupción de 1631, recoge sus efectos sobre la región y en particular sobre la ciudad de Nápoles y termina con una colección de poemas dedicados al volcán napolitano, entre los cuales encontramos un poema de Lope de Vega y otro de Quevedo.

Ilustración : Joconde, portal de las colecciones de los museos de Francia.

Erupción del Vesubio en 1779, por Jean-Baptiste Chapuy (1779)

« Este Del fuego Elementar perene
Ardiente emulación q en los prodigios
De la Naturaleza Rey se nombra ;
Este que el centro en el Abismo tiene
Vomitando flamígeros vestigios
Con que la tierra el mar y el cielo asombra ;
Este que yaze en la esmaltada alfombra
De Nola y de Campania en que reclina
Tan alta pesadumbre,
Que a la celeste cumbre
Pirámide Gigante se avezina ;
У por la tierra en circulo florido
De pámpanos ceñido,
Solo se precia de oponerte al cielo
De sus estrellas inmortal desvelo ;
Desde el tiempo de Tito Durmio por su pacifico distrito,
Pero viendo llegar tu Monarquía
(Felipe soberano,
Mayor que la del Griego, y del Romano) » Lope Félix de Vega.

Ilustración : New York Digital Gallery.

Jacques Raymond Brascassat – Vista del Vesubio desde Sorrente (S. XIX)

« Al Vesubio que interpoladamente es jardín y Bolcán

Salamandra Frondosa y bien poblada
Te viola ambigüedad coluna ardiente
O Vesuvio gigante el mas valiente
Que el cielo amenaçò con diestra osada!

Despues de varias flores esmaltada
(Jardin Piramidal) fuiste luziente
Mariposa en tus llamas inclemente
En quien toda Pomona fue abrasada

Ya Fenix cultivada te renuevas
En eternos incendios repetidos
Y noche al Sol y al cielo estrellas llevas

O Monte! emulación de mis gemidos
Pues yo en el coraçon y tu en las cuevas
Callamos los Bolcanes florecidos. » Francisco de Quevedo Villegas

Ilustración : Joconde.

Giacomo Leopardi

La silueta del Vesubio no podía dejar indiferentes a los poetas del Romanticismo y artistas como Victor Hugo o Giacomo Leopardi le dedicaron poemas. Leopardi (1798-1837) fue un poeta y filósofo italiano. Su largo poema La ginestra, o Il Fiore del deserto (La Retama, o La Flor del desierto, 1837) es su testamento poético, un canto a la fraternidad solidaria de los hombres, frente a la opresión de la naturaleza.

« Aquí, en la árida espalda
Del terrible monte,
El Vesubio exterminador,
Donde ningún otro árbol o flor alegra,
Tus matas solitarias se expanden alrededor,
Odorante retama,
Acomodándote de los desiertos. En el pasado, vi
Tus tallos embellecer las regiones salvajes
Que rodean la ciudad. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Tristan Corbière

El poeta polifacético francés Tristan Corbière (1845-1875) dedica en su poemario Les Amours jaunes (Los Amores amarillos, 1873) varios poemas relacionados con Italia, entre los cuales encontramos Vesubios y Cía, unas estrofas en tono humorístico dedicadas al volcán napolitano, y otro poema, más bien trágico, dedicado al Etna.

« Vesubios y Cía
Pompeïa-station – Vesubio, ¿ eres tú todavía ?
Tú que hiciste mi felicidad, de pequeño, en Bretaña,
– de la época en la que la fe transportaba la montaña –
En una bonita pantalla, en casa de una tía mía :

Estabas resaltado, en negro sobre un fondo transparente,
Y la lámpara quemada los fuegos de tu cráter.
Era el confesor, decían, de mi abuela
Que te había traído de Roma, todo flamante… »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Félix Ziem – Efecto de crepúsculo desde Castellamare (S. XIX)

En cuanto a Victor Hugo, su descripción poética de la violencia devastadora del volcán en erupción en la primera parte de sus Chants du crépuscule (Cantos del crepúsculo, 1835) es particularmente evocadora, y termina con esta nota de sosiego :

« Aunque quema las ciudades,
Aunque llena los valles, aunque borra las islas,
Aunque se lleva las torres en su torrente iracundo,
Aunque altera las aguas y la tierra,
Siempre Vesubio salva, en su propio cráter,
La humilde ermita, donde reza un viejo cura arrodillado. »

Hugo volverá a escribir sobre volcanes, treinta años más tarde, en La Légende des siècles (La Leyenda de los siglos, 1859-1883), su obra poética monumental destinada a contar la historia y la evolución de la humanidad. Les Raisons du Momotombo (Las Razones del Momotombo), en el capítulo dedicado a la Inquisición, son las razones que invoca un viejo volcán que se niega a ser bautizado…

Ilustración : Joconde.

Lord Byron

En abril de 1815, el volcán indonesio Tambora entra en erupción. Se trata sin duda de la erupción volcánica más mortífera de la historia. De una potencia estimada a 8 veces la de una erupción del Vesubio, provocó el derrumbe de la montaña sobre si misma, maremotos devastadores, a los que sucedieron hambrunas y epidemias. En total se estima que de las consecuencias de la erupción del Tambora en 1815, murieron cerca de 70.000 personas. La emisión de cenizas en el ambiente fue tal que provocó el fenómeno meteorológico que llaman un invierno volcánico : el sol queda oculto y las temperaturas bajan notablemente. Debido a este fenómeno, los habitantes de América del Norte y Europa conocen un « año sin verano », causando hambruna en varios países, profecías de fin del mundo y actitudes pesimistas. Fue durante una lluviosa tarde de este triste verano de 1816 que se hizo la famosa apuesta literaria de la que nacería el monstruo más famoso de todos los tiempos, Frankenstein de Mary Shelley y que el poeta británico Lord Byron escribiría Darkness (Oscuridad, audiolibro en inglés) : poema apocalíptico en el que relata la historia del último hombre en la tierra.

« Tuve un sueño, que no era todo un sueño.
El sol brillante estaba extinguido, y las estrellas
Permanecían oscuras en el espacio eterno,
Sin luz, e inexploradas, y la Tierra helada
Oscilaba ciega y ennegrecida en el aire sin luna. »

Ilustración : New York Digital Gallery.

Josiah Wood Whymper – El Monte Etna visto desde el teatro de Taormina en 1878

Giovanni Verga (1840-1922) nació y murió en Catane, un pueblo situado al pie del volcán Etna. Representante de la novela naturalista italiana, es autor de Los Malavoglia y Maestro Don Gesualdo. También escribió numerosos cuentos y relatos, ambientados a la sombra del Etna. Dos de ellos recrean más específicamente el ambiente de una erupción volcánica : Un‘altra inondazione (Otra inundación, 1880) y L’Agonia di un villaggio (La Agonía de un pueblo, 1886 – audiolibro en italiano). Un’altra inondazione se publicó en 1880, en un número especial del Corriere dei Comuni, editado en beneficio de los damnificados de unas inundaciones que devastaron la región de Reggio Calabria. Esta « otra inundación » es una riada de lava que invade un pueblecito de las laderas del Etna. L’Agonia di un villaggio transcurre en un pueblo devastado por la erupción de 1886 y pone en escena dos categorías de protagonistas : los habitantes del pueblo, que ven sus casas, sus cosechas, sus vidas, destruidas por la lava y el fuego ; y un grupo de ricos señores que vienen a observar el fenómeno, gozando del espectáculo, con la mayor indiferencia por la destreza de los habitantes y las víctimas.

« Muy cerca, las retamas en flor se movían todavía en la brisa de la tarde ; mujeres apretaban el brazo de su compañero de viaje, con un estremecimiento delicioso ; otros de dispersaban en las viñas, cerca de la corriente amenazadora, cabalgando muros, saltando zanjas, las mujeres con la falda en la mano, con una ondulación infinita de velos y parasoles, mientras el crepúsculo se moría hacia el oeste, y el mar, al fondo, desaparecía a lo lejos, al mismo tiempo que el inmenso torrente de lava parecía encenderse en el horizonte oscuro. Del pequeño pueblo perdido en la oscuridad llegaban todavía el sonido de las campanas y un cuchicheo confuso y lastimero, un hormigueo de luces que se acercaban, como luciérnagas que estuvieran de viaje. Entonces, de las tinieblas de la calle, surgió una extraña procesión, hombres y mujeres, con los pies desnudos, golpeándose el pecho, salmodiando en voz baja, con una nota insistente y lastimera, que sólo dejaba oír : ¡ Misericordia ! ¡ Misericordia ! »

Ilustración : Wikimedia Commons.

François-René de Chateaubriand

En el siglo XIX, el desarrollo y la popularización de los medios de transporte permiten ir más lejos y más cómodamente. Los escritores aprovechan la ocasión para visitar el mundo y dejar valiosos testimonios de sus experiencias viajeras. Obviamente, los volcanes, objeto de fascinación por excelencia, son destinos predilectos… El Vesubio, claro, recibió ilustres visitantes… François-René de Chateaubriand viajó a Italia en 1803-1804 y plasmó sus recuerdos en un volumen publicado en 1836, titulado Voyage en Italie (Viaje a Italia) : « Aquí estoy, arriba del Vesubio, escribiendo sentado cera de la boca del volcán. El sol se asoma de vez en cuando a través del velo de vapores que rodea toda la montaña. Este accidente, que se me simula como uno de los paisajes más hermosos de la tierra, contribuye a duplicar el horror de este lugar. El Vesubio, separado por las nubes de los países encantados que tiene en su base, parece de esta manera estar colocado en el más profundo de los desiertos, y la especie de terror que inspira no está debilitada por el espectáculo de una ciudad floreciente a sus pies. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Dos textos recogen las impresiones del viaje que efectuó Alexandre Dumas en 1835 a Italia : Le Corricolo (audiolibro en francés) y Le Speronare (audiolibro en francés), publicados respectivamente en 1846 y 1843. En estos dos libros, el autor del Conde de Monte-Cristo relata sus ascensiones al Vesubio (Le Corricolo) y al Etna (Le Speronare). Resulta muy interesante comparar las dos ascensiones : así como, en 1835, el turista que quería subir al Vesubio estaba acosado por los lugareños que le proponían todo tipo de servicio para facilitarle la excursión (alquiler de burros, literas, o bastones, guías…), la ascensión del Etna era una aventura difícil, larga, a través de un paisaje hostil…

Ilustración : Wikimedia Commons.

Ángel de Saavedra, duque de Rivas

Ángel de Saavedra, Duque de Rivas, es uno de los pocos escritores románticos españoles que siguieron la moda venida de Europa del Norte de recorrer… Europa del Sur, y realizó en 1844 un viaje a Italia que le llevó a Nápoles y a ascender el Vesubio. En Viaje al Vesubio, recoge el detalle de la expedición, su logística, su organización, la comida y describe sus impresiones al llegar al borde del cráter : impresiones que, quizás, sólo un español podía interpretar de esta manera…

« ¿ Quién puede describir el grande, el magnífico, el aterrador espectáculo que se presentó a nuestra vista ? Quedamos mudos, inmóviles, extasiados, confundidos… Todas las fatigas, todos los peligros de la subida se nos olvidaron, y los hubiéramos arrostrado cien veces gustosos por vemos allí, por gozar de aquel indescriptible prodigio. Es el cráter del Vesubio una conca circular de más de trescientas varas de diámetro y de unas ciento de profundidad, y hace el efecto de una plaza de toros vista desde el tejado, cuando el, su centro se quema de noche un árbol de pólvora. El fondo de esta conca es una costra que cubre el abismo, formada de lavas ya frías y petrificadas, ya encandecentes y de inmensas masas de azufre. Las paredes, de violento y desigual declive, son peñascos inmensos de lava, escorias, cenizas y materias carbonizadas. En medio de esta conca se alza un montecillo cónico de unas setenta varas de altura, con laderas lisas, negras y muy empinadas, y termina con una boca casi circular de unas veinte varas de diámetro, por la que vomitaba sin cesar una columna de humo espeso y un vivísimo resplandor. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

Ilustración de la edición de 1872 de « Roughing it »

En 1872, en Roughing it (Pasando fatigas, audiolibro en inglés), Mark Twain relata el viaje que efectuó en 1866 en diversos estados de su país, en particular en Hawai, donde visitó los volcanes Kilauea y Mauna Loa.

« Después de una buena cena, nos esperamos hasta que el cielo estuvo completamente oscuro y luego empezamos a caminar hasta el cráter. La primera vista en esa dirección nos reveló una escena de una belleza salvaje. Había una densa niebla sobre el cráter y se iluminaba espléndidamente por el resplandor de los fuegos de abajo. La iluminación tenía tal vez dos millas de ancho y una milla de alto ; y si alguna vez, en una noche oscura y en la distancia, vio la luz de treinta o cuarenta bloques de edificios distantes, en llamas todos a la vez, reflejada con fuerza sobre las nubes, se puede formar una idea clara del aspecto que tenía aquello. »

Ilustración : Project Gutenberg.

La Vie errante (La Vida errante, 1890 – audiolibro en francés) es una recopilación de crónicas de viajes, escritas por el autor francés Guy de Maupassant. Durante su viaje a Sicilia, Maupassant relata su expedición al monte Volcano y las vistas desde el monte sobre otros volcanes míticos : el Etna y el Stromboli.

Jean Baptiste Isabey – Voyage en Italie, Le Vésuve (1822)

A principios de los años 1890, Vicente Blasco Ibáñez recorre Italia en un largo viaje de tres meses. Sus impresiones quedan plasmadas en En el país del arte, una auténtica guía turística de Italia que se publicó por primera vez por entregas en 1896. Durante su estancia en la zona de Nápoles, visita las ruinas de Pompeya y emprende la ascensión del Vesubio. Es curioso observar que, medio siglo después de Dumas, sus impresiones coinciden : ¡ el acoso a los turistas por parte de los vesubianos se ha convertido en una auténtica industria ! A pesar de eso, el novelista valenciano aprecia con mucho lirismo la visita del volcán y las vistas majestuosas del paisaje…

« ¡ Ah, graciosos granujas ! ¡ Y con qué arte sacáis el dinero á todo el que llega, colmándolo de humillantes elogios, comparándolo con el Apolo del Belvedere, aunque sea un inglés panzudo, patizambo y de color de vino ! Recordaba lo que dijo Musset de toda esta gente que vive á la sombra del Vesubio y lo que se lee en los Recuerdos de Italia de Castelar, quien se queja de los bandidos que pululan en torno del volcán ; pero no creía que llegasen á tanto. Aquí hay que venir con la cartera abierta para esparcir liras á todos los vientos ó con una vara de fresno para tener á raya á este tropel de vesubianos, sin otra industria que saquear al viajero. Antes de llegar a la cumbre, se pasa por los infinitos círculos de un nuevo infierno dantesco, donde, como almas en pena, quedan cautivas las liras, por bien que se las guarde. […] No he visto jamás un espectáculo como el que ofrecen las laderas del volcán. Conforme sube el viajero, se ve envuelto en ese profundo silencio de las grandes alturas, que en el Vesubio resulta más sombrío é imponente. Por allí ha pasado la muerte en forma de oleadas de fuego, devorando hasta los invisibles gérmenes que pueblan el aire con vibraciones de vida. Echando atrás la cabeza como si fuera á mirarse el cielo, se ve la remota cumbre con el inquieto penacho de humo que, á la luz del sol, tiene la blanca pureza de un copo de algodón, y desde allí hacia abajo se extiende el oleaje de la lava petrificada, con colores más ó menos obscuros, según la fecha de la erupción ; derrumbamientos de calcáreos torrentes; cascadas rojas congeladas por el tiempo, colinas que son confusos amontonamientos de negros pedernales, como si los cíclopes hubiesen vaciado allí, en espuertas, los férreos residuos de sus gigantescas fraguas. »

Ilustración : Gallica.

Jules Verne – Cinco Semanas en globo, ilustrado por Édouard Riou (1865)

Numerosos volcanes, imaginarios o no, aparecen en las novelas de Jules Verne : la erupción, los temblores, etc. aportan mucha animación y peripecia a la intriga : los viajeros del globo de Cinco semanas en globo (Cinq semaines en ballon, 1863 – audiolibro en francés e inglés) deben sobrevolar un volcán africano, por 24° 15’ de longitud y 4° 42’ de latitud ; la Isla Misteriosa (L’île mystérieuse, 1874 – audiolibro en francés) en la que el Capitán Nemo establece su base de investigación es un volcán en medio del Océano Pacífico ; el profesor Otto Lidenbrock y su sobrino Axel entran en el volcán islandés Sneffels para emprender su Viaje al centro de la Tierra (Voyage au centre de la Terre, 1864 – audiolibro en francés e inglés) y saldrán por el Stromboli ; Los Hijos del Capitán Grant (Les Enfants du Capitaine Grant, 1867 – audiolibro en francés) tendrán que cruzar numerosas zonas volcánicas en busca de su padre : Islas Canarias, Cabo Verde, Nueva Zelanda…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Islandia, absolutamente privada de terreno sedimentario, se compone únicamente de tobas volcánicas, es decir, de un aglomerado de piedras y rocas de contextura porosa. Antes de la existencia de los volcanes, hallábase formada por una masa sólida, lentamente levantada, a modo de escotillón, por encima de las olas por el empuje de las fuerzas centrales. Los fuegos interiores no habían hecho aún su irrupción a través de la corteza terrestre.

Jules Verne – Viaje al centro de la Tierra, ilustrado por Édouard Riou (1867)

Pero más adelante, abrióse diagonalmente una gran fenda, del sudoeste al noroeste de la isla, por la cual se escapó lentamente toda la pasta traquítica. El fenómeno se verifïcó entonces sin violencia; la salida fue enorme, y las materias fundidas, arrojadas de las entrañas del globo, se extendieron tranquilamente, formando vastas sabanas o masas apezonadas. En esta época aparecieron los feldespatos, los sienitos y los pórfidos.
Pero, gracias a este derramamiento, el espesor de la isla aumentó considerablemente y, con él, su fuerza de resistencia. Se concibe la gran cantidad de fluidos elásticos que se almacenó en su seno, al ver que todas las salidas se obstruyeron después del enfriamiento de la costra traquítica. Llegó, pues, un momento en que la potencia mecánica de estos gases fue tal, que levantaron la pesada corteza y se abrieron elevadas chimeneas. De este modo quedó el volcán formado gracias al levantamiento de la corteza, y después abrióse el cráter en la cima de aquél de un modo repentino.
Entonces sucedieron los fenómenos volcánicos a los eruptivos ; por las recién formadas aberturas escapáronse, ante todo, las deyecciones basálticas, de las cuáles ofrecía a nuestras miradas los más maravillosos ejemplares la planicie que a la sazón cruzábamos. Caminábamos sobre aquellas rocas pesadas, de color gris oscuro, que al enfriarse habían adoptado la forma de prismas de bases hexagonales. A lo lejos se veía un gran número de conos aplastados que fueron en otro tiempo otras tantas bocas ignívoras.
Una vez agotada la erupción basáltica, el volcán, cuya fuerza acrecentóse con la de los cráteres apagados, dio paso a las lavas y a aquellas tobas de cenizas y de escorias cuyos amplios derrames contemplaban mis ojos esparcidos, por sus flancos cual cabellera opulenta.
Tal fue la serie de fenómenos que formaron a Islandia. Todos ellos reconocían por origen los fuegos interiores, y suponer que la masa interna no permaneciese aún en un estado perenne de incandescencia líquida, era una verdadera locura. Por lo tanto, el pretender llegar al centro mismo del globo sería una insensatez sin ejemplo. » (Viaje al centro de la Tierra).

Ilustración : Wikimedia Commons.

Conclusión

Erasmus Francisci – Metereologie & Gewitter & Blitz & Donner & Regen (Meteorología & tormentas eléctricas & relámpagos & truenos & lluvia, 1600)

Desgraciadamente los elementos nunca acabarán de enfadarse y el siglo XX y este principio de siglo XXI han estado plagados de catástrofes naturales. Varios autores contemporáneos han sabido describir estos fenómenos. Por ejemplo, el japonés Haruki Murakami, sin describirlo directamente, evoca el impacto que ha tenido el seísmo de Kobe de 1995 sobre los protagonistas de los cuentos de After the quake (Después del terremoto, 2000). El haitiano Dany Laferrière, en Tout bouge autour de moi (Todo se mueve a mi alrededor, 2010), recrea el terremoto que devastó su país en 2010, seísmo que el escritor vivió en directo… Ouragan (Huracán, 2010) de Laurent Gaudé pone en escena unas personas que se quedaron bloqueadas en La Nueva Orleans asolada por el huracán Katrina. La literatura americana sigue muy rica en relatos de ciclones y huracanes : Richard Hughes, Denis Lehane, Clive Cussler… han escrito escenarios de medio poniendo en escena huracanes… Todos estos textos podrán ser objeto de un nuevo Tesoros Digitales, dentro de150 años por lo menos, cuando estas obras hayan pasado a formar parte del dominio público…

Ilustración : Wikimedia Commons.

Referencias

Dossier elaborado por Christine Sétrin, con la colaboración de Ángel Pozo. Biblioteca Municipal de Vila-real. Abril 2012.


Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

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