¡Preparados, listos,… ya! Antología de la literatura de deportes desde la Antigüedad hasta el siglo XX (3)

¡Preparados, listos,… ya! Antología de la literatura de deportes desde la Antigüedad hasta el siglo XX (3)

Dossier elaborado por Christine Sétrin, con la colaboración de Ángel Pozo.

Con ¡Preparados, listos,… ya!, Tesoros Digitales les invita a un ambicioso programa de puesta en forma deportivo-literaria. Desde los tiempos más antiguos hasta las primeras décadas del siglo XX, repasaremos la historia de la literatura deportiva a través de ensayos, poesías y, sobre todo, cuentos y novelas sobre las disciplinas más variadas, como, por ejemplo, el atletismo, el patinaje, la natación, el boxeo o, por supuesto, el ciclismo.

Como siempre en Tesoros Digitales, les ofreceremos una amplia selección de obras que podrán descargar libre, legal y gratuitamente o leer en línea.

Índice:

Césped, ring, agua, hielo, aire: deportes de extremo

Para consolarnos de la cancelación de los grandes eventos deportivos del verano, en este trágico episodio de alarma sanitaria, nos proponemos finalizar nuestro gran recorrido deportivo-literario con un último capítulo que constará de tres partes. Evocaremos dos disciplinas que han acompañado a la Humanidad desde sus primeros balbuceos y se han ido diversificando en deportes muy técnicos: los juegos de pelota y los juegos de lucha. Terminaremos por una evocación – siempre desde el punto de vista literario – de los deportes en los que los campeones no solo compiten entre ellos, sino que deben además medir sus fuerzas con la Naturaleza: el agua, el hielo y la nieve, y como no, el aire. Natación, competición náutica, patinaje, esquí y alpinismo, aeronáutica en sus inicios, tantos deportes de extremo que dejaron sus huellas en la literatura…

Gustave Courbet – Femme sur un podoscaphe (1865)

Gustave Courbet – Femme sur un podoscaphe (1865)

Ilustración: WikiArt.

De una forma de ocio primitivo al tecnicismo de los deportes modernos: la evolución de los juegos de pelota
Weiditz_Trachtenbuch_010-011

Christoph Weiditz – Trachtenbuch (1528), Jugadores aztecas de ullamaliztli

El origen de los juegos de pelota se remonta a los albores de la humanidad y encontramos testimonios tanto iconográficos como textuales sobre estos juegos en numerosas civilizaciones. Sea con fines rituales o como simple entretenimiento, sabemos gracias a autores como Suetonio, Julio Pólux, Marcial o Ateneo de Naúcratis, que los griegos y los romanos de la Edad Antigua tenían sus propias modalidades. Pero también nos han llegado documentos que dan fe de que los pueblos precolombinos de Mesoamérica o las sociedades de Extremo Oriente jugaban con pelotas.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Harpastum_romain

Jugadores romanos de harpastrum

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Futbol_antiguo_(Grecia)_-_Επίσκυρος_Episkyros_-_Ancient_Greek_Football_Player_375-400_a._C.

Jugador griego de pelota

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Early_Egyptian_juggling_art

Egipcias haciendo malabares

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Dakyu_(ball_game),_16th_century,_Tokyo_National_Museum

Jugadores japoneses de dakyu (S. XVI)

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

«Ni el trinquete, ni el balón, ni la pelota rústica te preparan para el baño caliente, ni los golpes faltos de penetración de una simple espada de madera, ni abres estevados tus brazos llenos de un ungüento viscoso, ni yendo de una parte a otra robas balones llenos de polvo, sino que solamente corres en las cercanías de las aguas de la Virgen o bien donde el toro arde en el amor sidonio. Jugar a los más variados juegos, para los que sirve cualquier espacio libre, pudiendo correr, es un género de pereza.» (Marcial, Epigramas VII, 32 (S. I))

«Los jugadores de pelota se preocupaban de la armonía de sus movimientos. Damóxeno, por ejemplo, dice:
«Jugaba a la pelota cierto joven de unos (dieciséis) o diecisiete años, natural de Cos. Esa isla parece que produce dioses. Cada vez que éste miraba a los espectadores, al coger o lanzar la pelota, al unísono gritábamos todos: «¡qué armonía de movimientos, qué carácter, qué disposición!», En todo lo que hacía o decía se mostraba como un prodigio de belleza, señores. No he oído anteriormente ni he visto gracia tal. Me habría dado algo grave si me hubiera quedado más tiempo. Y aún ahora me parece que no estoy sano.»
Jugaba así mismo a la pelota, y no sin gusto, Ctesibio de Calcis, el filósofo. Y muchos de los amigos del rey Antígomo se desnudaban para jugar a la pelota con él. Escribió un tratado sobre el juego de pelota Timócrates de Laconia.» (Ateneo de Naúcratis, Banquete de los eruditos, S. III)

Adriaen_van_de_Venne_(Dutch_-_A_Jeu_de_Paume_Before_a_Country_Palace_-_Google_Art_Project

Adriaen van de Venne – Un partido de juego de palma delante de un castillo en el campo (ca. 1614)

No es nuestro propósito evocar aquí las distintas modalidades del juego de pelota y su evolución a lo largo de la historia, pero con el fin de organizar este capítulo en función de las principales disciplinas, vamos a dividir los juegos de pelota en dos grupos:

  • los que se practican individualmente o en parejas y suelen jugarse con las manos o utensilios manuales (raquetas, mazos, palos): el histórico juego de palma, los juegos de pelota vasca o valenciana, el tenis, el croquet, el golf…
  • los que se practican de manera colectiva y admiten diversos modos de golpear la pelota (los pies, las manos, con bates…): el antiguo calcio florentino, la soule medieval del Norte de Francia, y todos los deportes colectivos de pelota que se practican hoy en día (fútbol, rugby, baloncesto, balonmano, pero también base ball o críquet).

Ilustración: Wikimedia Commons.

Juegos individuales o en parejas
trattato-del-giuoco-della-palla

Antonio Scaino – Trattato del giuoco della palla (1555)

Los juegos de pelota fueron, a finales de la Edad Media y en el Renacimiento, suficientemente populares como para no ser solo objeto de manuales (Trattato del giuoco della palla di messer Antonio Scaino da Salò, diuiso in tre parti (Tratado del juego de pelota, 1555), de Antonio Scaino (1524-1612) ; Divertissemens innocens contenant les règles du jeu des échets, du billard, de la paume, du palle-mail et du trictrac (Entretenimientos inocentes conteniendo las reglas del juego del ajedrez, el billar, la palma, el mallo y los dados, 1696) ; Arte real de jugar a las bolas con perfeccion (17?) ; Traité sur la conoissance du royal jeu de paume…etc. (Tratado sobre el conocimiento del real juego de palma, 1783), de Louis-Claude Bruyset de Manevieux (1738-1793)), sino que además varios autores evocarán estos deportes en sus escritos.

Ilustración: Internet Archive.

Le_Jeu_de_paume_son_[...]Fournier_Édouard_btv1b86266587

Jeu de paume (S. XVIII)

El registro del impuesto de la talla en Francia revela que, en 1292, París contaba con trece artesanos especializados en la confección de pelotas para el «jeu de paume» (juego de palma), lo cual nos da una idea de la importancia de este juego a partir del siglo XIII. (¡El mismo registro indica que en París había entonces siete maestros de esgrima!) El caso es que el juego de palma, antepasado de los juegos de pelota vasca y valenciana así como del tenis y de los juegos de raqueta, suscitó una auténtica locura, obligando en 1397 a las autoridades a prohibir su ejercicio los días entre semana, porque los aficionados abandonaban sus oficios y familias para dedicarse a su vicio.

Ilustración: Gallica.

petrarca-juego-de-palma

Francesco Petrarca – Du jeu de la paulme (1523)

En sus diálogos educativos y morales reunidos bajo el título De remediis utriusque fortunae (De los remedios contra prospera (e) aduersa fortuna, 1360-1366), Francesco Petrarca (1304-1374) no duda en dedicar un capítulo para condenar el entusiasmo suscitado por los juegos de pelota:

«- Alégrame el juego de la pelota
– He aquí otra vanidad para bozear y saltar
– De buena voluntad juego muchas veces a la pelota
– Según parece, aborrecido tenéis el reposo, de todas partes procuráis trabajos para vosotros mismos, y pluguiesse a Dios que fuessen honestos. Si buscas este juego por ejercicio, ruégote que me digas cual lo sería más honesto: ¿aquel loco arrojaros por acá y por allá, donde ninguna cosa se puede obrar con el ánimo; o un passear sosegado, donde el movimiento corporal es provechoso y el del ingenio es honesto? Y esta costumbre de passear tanto la apropiaron así algunos filósofos que de ella tomó nombre la famosísima secta de los peripatéticos; ¿Quieres tú por ventura seguir más a Dionisios Siracusano que a Aristóteles Estagírico? Que este como filósofo leemos que se deleitaba de aquel estudio y reposado passear; y el otro, como tirano, de ese tu revoltoso juego. Verdad es que este deleite algunas vezes ha prendido honestos y templados ingenios. Quinto Muscio Escévola, aquel sacerdote de los augures, muy amaestradamente jugó a este juego, y el divino Augusto, después de acabadas las Guerras Civiles, de los ejercicios del campo se pasó a la pelota. Y Marco Aurelio Antonio, según de él se escribe, también la jugó muy bien. Pero ni por aquel que era tan gran letrado de los derechos divinos y humanos, ni por estos otros que fueron tan doctos y singulares príncipes, no me agrada ese juego pressuroso y bozinglero, porque está cierto que todo arrebatado movimiento, especialmente si se le añade ruydo de bozes, no conviene a ningún ingenio honesto»

Ilustración: Gallica.

El juego de palma está asociado al nombre de una de las primeras deportistas en dejar huella escrita de su existencia: nacida hacia 1397, la jugadora Margot la Hennuyère es evocada por el autor desconocido del Journal d’un bourgeois de Paris (Diario de un burgués de París), escrito entre 1405 y 1449, valioso testimonio de la vida cotidiana en París durante la Guerra de los Cien Años y la ocupación inglesa de parte del reino de Francia. En el año 1427, el autor del diario escribe:
«En este año 1427, vino a París una mujer llamada Margot, bastante joven, como de 28 o 30 años, que era del país de Hainaut, la cual jugaba a la palma como nunca se había visto, y jugaba con mucha potencia, mucha malicia, mucha habilidad, como hubiera hecho un hombre, y pocos eran los hombres que le ganaban partidos, a no ser que fueran los más potentes jugadores.»

Casi dos siglos después de Petrarca, otro humanista, el valenciano Juan Luis Vives (1492-1540), escribió sobre los juegos de pelota. Pero a diferencia del florentino, Vives no condena el juego. El diálogo Las Leyes del juego: diálogo vario de la ciudad de Valencia (1538) pone en escena a tres valencianos, uno de los cuales, recientemente regresado de París, da cuenta a sus amigos de las costumbres galas en materia de juegos. Comparando el juego de pelota valenciano con el parisino, los tres hombres nos aportan valiosos detalles sobre los accesorios y las reglas del juego en los dos países.

Gentilhomme_jouant_à_la_paume_[...]_btv1b100518335

Gentilhombre del siglo XVI jugando al juego de palma

«Borja.- ¿Juegan allí del mismo modo que aquí?
Centellas.- Sin alguna diferencia ; sino que el maestro del juego da allí zapatos y gorras para jugar.
Borja.- ¿De qué modo son?
Centellas.- Los zapatos son de fieltro.
Borja.- No serían buenos para aquí.
Cabanillas.- Por estar la calle llena de piedras ; mas en Francia y en Flandes juegan sobre el pavimento ladrillado, llano e igual.
Centellas.- Las gorras en el verano son más ligeras ; pero en el invierno gordas, hondas, con una trabilla bajo la barba, para que no se caigan de la cabeza, o sobre los ojos con el movimiento.
Borja.- Aquí no usamos de trabilla sino cuando al viento es más fuerte: ¿pero con qué pelotas juegan?
Centellas.- De viento casi con ningunas, como aquí: sino más pequeñas que las vuestras y mucho más duras, de cuero blanco: la borra no es como en las vuestras, de la raedura del paño, sino de ordinario de pelos de perro: y por eso raras veces juegan con la palma de la mano.
Borja.- ¿Pues cómo juegan, con el puño como en las de viento?
Centellas.- No por cierto, sino con raqueta.
Borja.- ¿Hecha de hilo?
Centellas.- De cuerdas más gordas, como son de ordinario las sextas en la vihuela: tienen una cuerda tendida, y todo lo demás como aquí en los juegos de casa: es falta o yerro echar la pelota por bajo la cuerda: las señales, o si te parece llamarlas términos, son dos: los número cuatro, quince, treinta, cuarenta y cinco, ventajas, estas a dos, tres, etc. la victoria, que es de dos modos, como cuando decimos ganamos la raya y el juego. Mas la pelota se retorna de boléo, o del primer bote: porque del rebote el golpe ya no tiene fuerza, y se hace una raya allí en donde se hirió la pelota.»

Ilustración: Gallica.

Cortesano, viajero, traductor, maestro, el inglés Robert Dallington (1561-1637) viajó a Francia en 1598 y publicó en 1604 el libro The View of France (Visión de Francia) en el que da cuenta de su visión – muy crítica – de las costumbres galas. Mientras en Inglaterra el deporte se consideraba como una pura pérdida de tiempo, la locura francesa por el juego de palma fue percibida por Darllington como una tara social, llegando a escribir que «los franceses nacen con una raqueta en la mano» o que en Francia hay más salas de juego de palma que iglesias y más jugadores que bebedores de cerveza en Inglaterra!

shakespeare-enrique v

William Shakespeare – Henry V, ilustración de Gordon Browne (1888)

Juego popular, entretenimiento juvenil, es esta imagen del juego de pelota que explota William Shakespeare (1564-1616) en el drama histórico Henry V (Enrique V, audiolibro en inglés, 1599) cuando, en la primera escena, el rey Enrique V recibe un curioso obsequio por parte del delfín de Francia a cambio de que Francia no sea atacada por Inglaterra: mofándose de la juventud turbulenta y libertina del rey, los franceses le regalan… ¡una cesta de pelotas!

Ilustración: Internet Archive.

«El Embajador.- A modo de indemnidad, le envía, un obsequio más conforme a sus inclinaciones, y que se encuentra en esta cesta ; y le solicita que, en reconocimiento de este regalo, renuncie a los ducados que desea y no oigan hablar más de usted. Esto es lo que dice el delfín.
El Rey, al duque de Exeter.- ¿Qué tesoro es esto, querido tío?
Exeter.- ¡Pelotas, mi soberano!
El Rey.- Estamos encantados de ver que el delfín es tan amable con nosotros, y se lo agradecemos. Una vez hayamos ajustado nuestras raquetas a estas pelotas, esperamos, con la ayuda de Dios, poder jugar en Francia un juego en el que se golpea la corona del rey, su padre, y mandarla en la reja. Dígale que acaba de lanzar un partido con un adversario que lanzará sus pelotas en toda Francia. Entendemos bien que alude a las locuras de nuestra juventud, sin examinar el uso que de ellas hemos hecho. […] Dígale al delfín que sabré conservar mi dignidad, que actuaré como un rey y que desplegaré toda mi grandeza cuando despierte sobre mi trono de Francia.»

La literatura del Siglo de Oro español contiene numerosas referencias al juego de pelota, referencias reveladoras de lo popular que era esta forma de ocio. ¿Es necesario recordar el viaje a los infiernos de Altisidora en el capítulo LXX de tomo segundo del Quijote (1615), episodio en el que asiste a un épico partido de pelota protagonizado por demonios con palas de fuego y libros en vez de pelotas?

cervantes-quijote

Miguel de Cervantes – Don Quijote, ilustración de Gustave Doré (1869)

«- La verdad que os diga -respondió Altisidora-, yo no debí de morir del todo, pues no entré en el infierno; que, si allá entrara, una por una no pudiera salir dél, aunque quisiera. La verdad es que llegué a la puerta, adonde estaban jugando hasta una docena de diablos a la pelota, todos en calzas y en jubón, con valonas guarnecidas con puntas de randas flamencas, y con unas vueltas de lo mismo, que les servían de puños, con cuatro dedos de brazo de fuera, porque pareciesen las manos más largas, en las cuales tenían unas palas de fuego; y lo que más me admiró fue que les servían, en lugar de pelotas, libros, al parecer, llenos de viento y de borra, cosa maravillosa y nueva; pero esto no me admiró tanto como el ver que, siendo natural de los jugadores el alegrarse los gananciosos y entristecerse los que pierden, allí en aquel juego todos gruñían, todos regañaban y todos se maldecían.
– Eso no es maravilla – respondió Sancho -, porque los diablos, jueguen o no jueguen, nunca pueden estar contentos, ganen o no ganen.
– Así debe de ser – respondió Altisidora – ; mas hay otra cosa que también me admira, quiero decir me admiró entonces, y fue que al primer voleo no quedaba pelota en pie, ni de provecho para servir otra vez; y así, menudeaban libros nuevos y viejos, que era una maravilla. A uno dellos, nuevo, flamante y bien encuadernado, le dieron un papirotazo que le sacaron las tripas y le esparcieron las hojas. Dijo un diablo a otro: «Mirad qué libro es ése». Y el diablo le respondió: «Ésta es la Segunda parte de la historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de Tordesillas». «Quitádmele de ahí – respondió el otro diablo -, y metedle en los abismos del infierno: no le vean más mis ojos». «¿Tan malo es?», respondió el otro. «Tan malo – replicó el primero -, que si de propósito yo mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara». Prosiguieron su juego, peloteando otros libros, y yo, por haber oído nombrar a don Quijote, a quien tanto adamo y quiero, procuré que se me quedase en la memoria esta visión.»

Ilustración: Gallica.

En el teatro de Félix Lope de Vega y Carpio (1562-1635), la afición al juego de pelota se manifiesta directamente en el escenario, y en obras como El Príncipe perfecto (Segunda Parte, 1623) o El Marqués de Mantua (1619), podemos ver cómo los protagonistas salen con la pala en la mano, a punto o volviendo de jugar un partido…

«Don Alfonso: Para hoy concerté ayer
un partido de pelota.
Adiós.
[…]
(El Príncipe , con una pala de pelota, Don Nuño , Silva y Ataide así mismo.)
Don Alfonso: No juego más.
Don Nuño: Vuestra Alteza
saca valerosamente
pero mucho el perder siente.
Don Alfonso: ¿A quién no causa tristeza?
¡Este es partido robado!
Pero ayúdeme, Ataide.
Don Nuño: Para serlo, lo que pide
Vuestra Alteza.
Don Alfonso: Estoy cansado.
Don Nuño: Ayúdeme Silva a mí.
Don Alfonso: Tomad esa pala allá.
(Salen el Rey y un Paje.)
[…]
Rey de Portugal: Alfonso, ¿qué hacéis aquí?
Don Alfonso: Señor, un poco he jugado.
Rey de Portugal: ¿Es buen entretenimiento?
¿Cómo va del pensamiento
de aquel caballero honrado
que os escribió de Castilla?
Don Alfonso: Señor, jugar y cazar
le han divertido de amar.»

El Príncipe perfecto
«Oliveros: Carloto.
Carloto: Amigo Oliveros,
¿de qué el mundo se alborota?
Oliveros: De jugar a la pelota
yo y aquestos caballeros.
Carloto: ¿A la pelota?
Oliveros: Pues ¿no?,
a hacer venimos partido.
Carloto: Pues todo aquese ruido
¿en qué paró?
Oliveros: ¿Qué sé yo?
Si es negocio contra ti,
todos nos reímos dél.
Carloto: ¡Oh, amigo sabio y fiel,
consolado me has ansí!
De miedo estaba perdido
sin tener de sangre gota.
Oliveros: ¿Quieres jugar la pelota?
Haremos nuevo partido.
[…]
Carloto: ¡Por Dios que estoy por jugar,
que esto es negocio de risa!
Montesinos: Ponte, Príncipe, en camisa,
que nadie te ha de agraviar.
Carloto: ¿Qué partido jugaremos?
Durandarte: Yo y Carloto, a Montesinos
y a Oliveros.
Montesinos: ¿Qué padrinos
para ayudar tomaremos?
Durandarte: Basta agora dos a dos.
Oliveros: Traigan pelotas y palas,
y retumben esas salas
con los golpes.
Carloto: ¡Bien por Dios!
¡Los brazos te quiero dar!
Oliveros: Desnúdate.
Carloto: Ya comienzo;
Dios sabe lo que me venzo
por poder disimular.»
El Marqués de Mantua
weigel-ballmaster

Christoph Weigel – Der Ballmeister (1698)

Por su parte, Pedro Calderón de la Barca (1600-1681) – que ya evocaba brevemente la afición a la pelota en una escena de El Alcalde de Zalamea (1640) «No sé cómo / decirlo, sin enojarte. / A la pelota he jugado / dos partidos esta tarde, / y entrambos los he perdido.» -, publica en 1668, en el volumen titulado Ociosidad entretenida en varios entremeses, bayles, loas y jacaras escogidos de los mejores ingenios de España, la Loa famosa del juego de pelota en la que el autor propone una visión divinizada del juego :

« Pues es juego de Pelota,
no será fuera de tiempo
el Juego de la pelota
en fiesta de Sacramento.
Vaya, vaya de juego,
del que estando partido,
se queda entero. Vaya, vaya de juego, cuidado, cuidado,
porque va a ganarse, tanto por tanto;
y es el partido,
salir bien, volver mejor,
y jugar limpio.»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Piazza_di_S._Antonio_Abbate,_dove_si_giuoca_al_Pallone_a_Fano

G.B. Theill – Piazza di S. Antonio Abbate, dove si giuoca al Pallone a Fano (1779)

Poeta y dramaturgo, Gabriello Chiabrera (1552-1638) dedicó al pallone – la versión italiana del juego de palma – y sus jugadores varios poemas : Per lo gioco del pallone. Celebrato in Firenze l’estate dell’anno 1618 (Al juego de pelota. Celebrado en Florencia el año 1618), Per li giuocatori del pallone in Firenze l’estate dell’anno 1619 (Por los jugadores de pelota en Florencia el año 1619) y Per Cinzio Venanzio da Cagli, vincitore ne’ giuochi del pallone celebrati in Firenze l’estate dell’anno 1619 (Por Cinzio Venanzio da Cagli, vencedor del juego de pelota celebrado en Florencia el año 1619).

Ilustración: Wikimedia Commons.

'Gioco_della_Racchetta'_(jeu_de_courte_paume_au_XVIIIe_siècle)_par_Gabriele_Bella_en_1725,_à_Venise

Gabriele Bella – Gioco della Racchetta (1725)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Durante su viaje a Italia en 1786 y 1787, Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) tiene la ocasión de asistir a un partido de pelota en la ciudad de Verona. La descripción de aquel «juego público moderno» apareció en el relato de su viaje publicado en 1816-1817 (Tomo 1, Tomo 2, texto en francés).

giocatore-pallone

Il giocatore di pallone (principios de S. XX)

«Hoy, al salir de la Arena, fuíme algunos miles de pasos más allá para ver un juego público moderno. Era un partido de pelota que jugaban cuatro nobles de Verona, contra cuatro de Vicenza. Sostienen el juego todo el año, dos horas antes de anochecer. En la presente ocasión, por ser los adversarios forasteros, acudía muchísima gente ; había de cuatro a cinco mil espectadores ; pero no vi mujeres de ninguna condición. Cuando antes hablé de las necesidades de un público en casos análogos, he descrito naturalmente un Anfiteatro casual, tal y como me lo hizo ver aquí el público. Desde lejos oí el vivo palmoteo que seguía a cada buena jugada. El juego es de la manera siguiente: a la distancia apropiada uno de otro, levantaron dos tablados inclinados. Armada la diestra de ancho disco de madera, el jugador que sale hállase en lo alto de uno de ellos, y cuando alguno de los de su partido le envía la pelota, corre a encontrarla, para imprimir más fuerza al golpe con que se la echa al contrario. Trata éste de volverla con igual energía, y así va, de uno en otro, hasta que cae al suelo. Resultan algunas posturas tan hermosas, que serían dignas de fijarse en mármol. Como todos son jóvenes, altos, bien formados y visten trajes blancos, cortos y ceñidos, los partidos se distinguen por divisas de colores. La postura del que baja corriendo por el tablado con el brazo levantado para botar la pelota, es particularmente bella ; recuerda al luchador de Borghese. Singular me ha parecido que empezasen tal ejercicio en una vieja muralla de la ciudad, son comodidad alguna para los espectadores. ¿Por qué no hacerlo en el Anfiteatro, donde hay espacio tan hermoso?» (Traducción de Fanny Garrido, 1891)

Ilustración: Europeana.

Vue_d'un_jeu_de_paume_[...]Voderf_(17_btv1b69426880

Voderf – Vista de un juego de palma (1757)

Ilustración: Gallica.

Aunque nacidos el mismo año, poca relación parece haber entre el rebosante de fuerza y de salud Carlo Didimi (1798-1877), famoso jugador italiano de pallone col bracciale (juego de pelota en el que las bolas son golpeadas con un cilindro de madera – el bracciale – que se coloca sobre el antebrazo) y el delicado Giacomo Leopardi (1798-1837), poeta y filósofo, principal exponente del romanticismo italiano. No obstante, el poeta asistió, en 1821, a un partido de pallone en el que Didimi desplegó todo su arte y toda su potencia, y quedó tan impactado por el espectáculo que compuso una oda en honor al deportista. A pesar de titularse A un vincitore nel pallone (A un vencedor en el juego de pelota, 1821), la pieza no evoca el juego ni su campeón, sino que es una metáfora para animar a sus contemporáneos a ejercer acciones nobles y a recuperar la grandeza perdida de las civilizaciones antiguas.

Giuseppe Piattoli – Il Pallone (S. XVIII)

Giuseppe Piattoli – Il Pallone (S. XVIII)

«Con gloria en el rostro y voz jocunda,
mancebo bien nacido, aprende
cuan inútil es al ocio femenil
virtud laboriosa. Escucha, escucha,
magnánimo campeón (si en la veloz
plenitud de los años tu valer contrasta
con tu nombre mezquino), escucha y el corazón
mueve hacia anhelo alto. A ti, en la sonora
arena del circo, fervorosa invoca
por tus hechos heroicos el popular favor;
en ti, orgullosa de tu edad juvenil,
hoy la patria querida
los antiguos ejemplos a renovar se prepara.
La bárbara sangre en Maratón
no coloreó tu diestra
igual a los atletas que desnudos el campo heleno
estupefacto vio en la palestra ardua.
Ni de la palma feliz, y la corona
te aguijonea emulación ardiente. En el Alfeo
tal vez las toscas crines polvorientas
de los caballos vencedores se sepultan;
igual que griega insignia y griego acero
guiaron á los ruedos, cansados y fugitivos,
en pálidas turbas, donde sonaran
gritos desgarradores,
al alto seno del Éufrates y la hospitalaria orilla.
¿Vano creeréis al que descubre y trae
á la virtud nativa
la escondida centella que del apagado
espíritu vital en los pechos aviva
el caduco fervor? A n t e el obscuro espacio,
al cual Febo ilumina, ¿qué otra cosa que juego
son las obras de los mortales? ¿Es menos vana
que la mentira la verdad? A nosotros de alegres
engaños y de felices sombras nos provee
Naturaleza misma; y allí donde las insanas
costumbres con errores engaña, nos oculta
que por ocios obscuros é infamantes
han cambiado los hombres los gloriosos estudios.
Tiempo quizás vendrá que las ruinas
de las moles itálicas
insulten los rebaños, y que el arado
serpentee en las siete colinas; pocos soles
quizás alumbren las cosechas y en la ciudad latina
habitará la cauta zorra, y el tenebroso
bosque murmurará tras los altos muros.
Si lo funesto de la patria suerte
las mentes perversas olvidaran,
no borrarán los hechos consumados
que torcer no pueden viles gentes.
El cielo se torna piadoso
al recordar las pasadas empresas.
A la patria infeliz, ¡oh buen mancebo!
sobrevivir te duela.
Claro por tu estado, sentirás ahora
que la guirnalda luces, que ella esté despojada.
Nuestra culpa es fatal. Pasó el tiempo,
nadie de tal madre honrase hoy.
Mas por ti mismo al polo alza la mente:
¿nuestra vida qué vale? Sólo para despreciarla;
feliz aquel que en el peligro envuelto
de sí mismo se olvida y de las podridas y lentas
horas el daño no mide ni la ola escucha.
Feliz quien con su planta
cruza el Leteo, y más alegre torna.» (Traducción de J. Bravo Carbonell, 1911)

Ilustración: Umbria Cultura.

pallone-col-bracciale

Jugador de pallone col bracciale

La obra de Edmondo De Amicis (1846-1908) se puede leer siguiendo el hilo conductor de su interés por el deporte. Por ejemplo, obras como Cuore (Corazón, audiolibro en italiano, 1886) o Il Romanzo d’un maestro (Novela de un maestro, 1890) abordan la educación física en la enseñanza y, como vimos en la primera entrega de este trabajo, Amore e ginnastica (Amor y gimnasia, 1892) evoca, con la excusa de un romance sentimental, el tema de la gimnasia como herramienta para forjar los espíritus de jóvenes patriotas. Espectador asiduo de los sferisteri (las pistas de juego de pallone), Amicis publicó en 1897 Gli Azzurri e i Rossi, conjunto de treinta artículos y ensayos sobre el pallone. Un amore di Nellino (Un amor de Nellino, 1906) es un divertido relato extraído del volumen Pagine Allegre en el que imagina una original situación de adulterio. El matrimonio compuesto por el «avvocato, cavaliere, ufficiale, Nino Noni» y la signora Gigia, sin hijos, ha sido una pareja discretamente libre. Llegados a la madurez, se aficionan al pallone col bracciale. La señora Gigia, a los treinta y siete años, ha renunciado a las aventuras extra-matrimoniales, pero… ¿quién resistiría a los encantos del joven Nellino, de diecinueve años, promesa del pallone? Y si, además, esta aventura le permite predecir los éxitos en el sferisferio de su amante y así, favorecer las apuestas de su marido – el cual no adivinará nunca las razones reales de las «intuiciones» – ¿cómo no dejarse llevar por un último episodio amoroso?

Ilustración: Gallica.

Partie_de_pelote_sous_les_remparts_de_Fontarabie

Gustave Colin – Partido de pelota en Hondarribia (1863)

Ilustración: Wikimedia Commons.

indalecio-sarasqueta

Indalecio Sarasqueta «el Chiquito de Eibar», uno de los campeones evocados por Miguel de Unamuno

A lo largo de su carrera, entre 1893 y 1934, Miguel de Unamuno (1864-1936) publicó más de una veintena de escritos relacionados con el deporte, esencialmente artículos, como por ejemplo Sobre el ajedrez (1912), Recuerdos entre montañas (1915), Deporte y Literatura (1915), Juego limpio (1917), Del deporte activo y del contemplativo (1922)… También dedicó un ensayo titulado El Jiu-jitsu en Bilbao (1908) a la práctica de esta lucha japonesa. Su primer texto sobre deportes, Un partido de pelota (1893) es una magnifica crónica del ambiente en Bilbao un día de partido: la expectación de los seguidores durante las horas previas al evento, el entusiasmo durante el juego, el regreso a sus casas (¡o a las tabernas!) por la noche… Unamuno leyó esta crónica en la sociedad El Sitio de Bilbao, antes de publicarla en 1889 en la revista Euskalherria y de recogerla en su libro El Nervión en 1893.

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

fronton-bilbao

Jugadores en el frontón de Abando (Bilbao) en 1899

«Un edificio extenso y chato, guarnecido de grandes ventanas á todo su largo, y escudos de armas sobre ellas, rematado por una balaustrada. Abajo, tiendas de comestibles y bebidas. A continuación de él, otro elegante edificio de tres cuerpos: la escuela. En la taquilla una avalancha de gente que empujaba y alargaba los brazos, peleándose por coger billete. Por dentro, el juego espacioso, del cual rebasaba el aire pesado y espeso del sudeste, sofocante, aire que vivía y se agitaba á todo lo largo y todo lo ancho. La cancha reluciente, caldeada, emanaba bocanadas de calor, un aliento de piedra que hervía; las paredes, descarnadas, se alzan rectas, planas y desnudas como tapias de presidio. La gradería sube en declive; abajo, filas de sillas; algo todo ello como un circo romano modernizado, con las líneas rectas de un monumento egipcio, y por en­cima de las paredes, las recortadas montañas verdes pegadas al cielo azul. El viento riza las banderolas.
La gente, vomitada de los atestados tranvías, va en­trando. El pueblo empieza á acostarse en la gradería con murmullos de impaciencia. Una masa gris, abigarrada y compacta, palpitante como un montón de gusanos, puntos rojos, azules y marrones aquí y allí; á trechos, manchas negras: grupos de curas que van al espectáculo. Uno con su papelito y su lápiz se prepara á tomar notas. Abajo algunas señoras, con sombrero casi todas. Por entre la gente que ocupa la cancha, se adelanta, abriéndose paso, un mocetón, alto, fornido, blanco y graso, pelo ensortijado, cara de angelón de retablo. La camisa blanca, matizada de variadísimas sombras por pliegues riquísimos, boina azul, cinturón rojo, pantalones blancos y anchos, y alpargatas también blancas. En el brazo derecho la chistera, sacudiéndola para probar si está sujeta. Empiezan á pelotear para entrar en calor, á templar las cuerdas; es como el mosconeo que precede á la ejecución en las orquestas. «¡Ya está aquí Baltasar!» Unos se levantan y otros se sientan, impacientes, ensayando posturas, tosiendo, remangándose los calzones, empujando á los de delante, se moldean al asiento, buscan sitio á los pies; alguno limpia los lentes; todos comentan, hablan y gesticulan, y en todas las caras la movilidad inquieta de quien espera una primera cita. A las cinco menos minutos, empiezan los aplausos de impaciencia, las voces de ¡fuera! ¡á sentarse! el hormigueo de la gente de sillas que se retira; sombrillas que se cierran. ¡Vamos á ver!»

Ilustración: Gallica.

fronton-bilbao-2

Frontón de Abando (Bilbao) en 1899

Ilustración: Gallica.

La_Ilustración_Nacional,_El_Jai-Alai_madrileño,_Méndez_Bringa,_Vela_(cropped)

Narciso Méndez Bringa – El Jai-Alai madrileño (1891)

En la última década del siglo XIX, la pelota vasca se convirtió en un espectáculo de moda, ya no destinado a un público de aficionados, sino que era un sitio donde había que dejarse ver. Síntoma de este entusiasmo mundano fue la aparición de partidos de pelota en diversas obras literarias. Publicada por entregas en 1893 en la revista La Ilustración moderna, la novela La Millonaria del escritor José Feliu y Codina (1845-1897) empieza con un partido de jai-alai en Navarra. Otro curioso ejemplo, la zarzuela ligera Jai Alai : partido cómico lírico en un acto y tres cuadros en prosa, escrita por José de la Cuesta y Ventura de la Vega y con música de José María Alvira, se ambienta en un frontón madrileño y termina – según una crítica de la época – «con un partido jugado por la Comas y la Alverá y dos coristas, muy ligeras de ropa y muy ligeras en el juego, que resultó un verdadero baturrillo, por estar poco ensayado».

Ilustración: Wikimedia Commons.

Tobeen,_1912,_Pelotaris,_oil_on_canvas,_147.5_x_115.5_cm

Tobeen (Felix Elie Tobeen) – Pelotaris (ca. 1912)

Pero esta moda también tuvo sus críticos, por no decir detractores. Emilia Pardo Bazán (1851-1921), en el artículo Gimnasia… con la vista (Los Pelotaris) publicado en 1896 en el volumen Vida contemporánea, no aguanta su desprecio por los aficionados a este espectáculo. Por su parte, Luis Taboada, con su mordacidad habitual, se mofa en La Enfermedad reinante de la locura por el «pelotarismo», causa, en particular, de la dejadez de los funcionarios públicos que, los días de partido, no atienden a los ciudadanos para no llegar tarde al espectáculo…

Ilustración: Wikimedia Commons.

loti-ramuncho-1919

Pierre Loti – Ramuncho (1919)

Quizás Ramuntcho (Ramuncho, adaptación teatral en español, audiolibro en francés, 1897) no sea, con su visión paradisíaca y exótica del País Vasco en el que los jóvenes se pasan el día bailando, jugando a la pelota y se dedican, por las noches, al contrabando, la novela más interesante para descubrir a Pierre Loti (pseudónimo de Louis-Marie-Julien Viaud, 1850-1923) en el siglo XXI. No obstante, esta historia del amor imposible entre Ramuntcho y Gracieuse (si sus orígenes sociales no son un verdadero obstáculo, sí lo es el hecho que el padre de Ramuntcho sea un forastero con el que se fugó su madre antes de ser abandonada por él) cobra toda su dimensión a la luz de la biografía del autor. Destinado por sus obligaciones militares a Hendaya, el teniente de navío Viaud se enamoró de la región y… de una mujer. Juana Josefa Cruz Gainza (1867-1949) se convirtió en la amante de Loti y compartió su vida durante cerca de treinta años, dándole cuatro hijos, a los que el escritor nunca reconoció legalmente. El primer hijo, Raymond – Ramuntcho – nació en 1895 y tenía dos años cuando su padre publicó esta novela en la que abundan las similitudes con la realidad. Más allá de una declaración de amor a un País Vasco idílico, Ramuntcho refleja las inquietudes de Loti por el destino del pequeño Raymond, hijo de madre soltera, amante de un forastero… A pesar de los tópicos folkloristas reprochados a esta novela, las páginas dedicadas al partido de pelota no dejan de ofrecer hermosas descripciones del juego…

Ilustración: Internet Archive.

ramuncho

Pierre Loti – Ramuncho (19?)

«El partido se ha igualado; se oye el grito de «a cincuenta iguales», seguido del de «¡adelante las apuestas, dad algo para que beban jugadores y jueces!» Es esta una costumbre inmemorial que señala un instante de descanso, durante el que se trae vino a la cancha, pagado de los gastos del procomún. Los jugadores se sentaron; Ramuntcho, con el sudor empapándole la camiseta, fue junto a Madalén, que le guardaba la chaqueta y el chaleco. Se sentó también, y pidió a su amiga que le soltara las correas que sujetan su brazo, congestionado por el ejercicio, el grante de madera, de mimbre y de cuero. Y descansó orgullos de su éxito […]. El partido continuó; los pensamientos del joven se difunden y pierden en la embriaguez de la lucha que vuelve a comenzar. A cada instante suena el clac, como un latigazo, de la pelota; su chocar seco contra el guante que la lanza o contra el muro que la recibe, ese unísono unido da idea de la fuerza desplegada en el ejercicio. La pelota, furiosamente movida por brazos jóvenes y poderosos, botará hasta que el crepúsculo se cierre por completo. A veces los jugadores la detienen en una volea formidable, la devuelven, desarrollando una resistencia al atraparla en el aire, capaz de romper músculos que no fueran los de ellos. Con más frecuencia, seguros de su pericia, la dejan tranquilamente tocar en tierra, casi morir sin dar el bote. Diríase que ya no pueden cogerla, pero ¡clac! se oye el ruido del choque del guante, y vuelve a salir despedida, lanzada en el crítico instante, a punto aún, gracias a una maravillosa precisión de vista, y la pelota va a herir la pared, siempre con la velocidad de una bala…»

Ilustración: Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico.

saint-germier-partie-pasaka

Joseph Saint-Germier – Partie de pasaka au trinquet de Saint-Jean-de-Luz (S. XIX)

Ilustración: Joconde.

Joc_de_pilota,_de_Josep_Bru_i_Albinyana

Josep Bru i Albinyana – Joc de pilota (1881)

Premiado en 1904 en los Jocs Florals de Lo Rat Penat, La Partida de Pilota (p.295-296) del valenciano Antoni Palanca i Hueso (1848-1905) es el único texto literario de Dominio Público que hayamos encontrado sobre la pelota valenciana. Como podemos ver, a la lectura de este poema en valenciano publicado en el Almanaque de Las Provincias en 1905, antes de ser recogido en 1914 por José Ribelles Comín, en su volumen Paisatjes, costums, quadros, escenes i tipos del regne de Valencia, la afición al juego se vivía de manera muy similar en tierras valencianas y vascas… Antoni Palanca i Hueso fue un socio muy activo de la sociedad cultural Lo Rat Penat y fue premiado varias veces en sus Jocs Florals.

Ilustración: Wikimedia Commons.

goya-pelota-pala

Francisco de Goya y Lucientes – El Juego de pelota a pala (1779)

Ilustración: Museo del Prado.

Abraham_Ángel_-_Portrait_of_Hugo_Tilghman_(The_Tennis_Player)_-_Google_Art_Project

Abraham Ángel – Retrato de Hugo Tilghman (El Jugador de tenis, 1924)

Ilustración: Wikimedia Commons.

george-goodwin-kilburne-a-game-of-tennis

George Goodwin Kilburne – A Game of tennis (1882)

Descendiente de los juegos de pelota a pala de los siglos anteriores, el tenis nació en Inglaterra a mediados del siglo XIX y su popularidad fue creciendo rápidamente, expandiéndose por Europa y Estados Unidos y convirtiéndose en el juego de predilección de las clases más privilegiadas. Como vimos con el automóvil en el anterior capítulo de Tesoros Digitales, el tenis, como entretenimiento de ricos, suele tener un papel secundario en la narrativa occidental. No son pocos los capítulos en los que los protagonistas, jóvenes de buena familia, se pasan una tarde de domingo jugando a tenis y… ¡flirteando! Así, por dar algunos ejemplos, encontramos escenas dedicadas al tenis en Fort comme la mort (Fuerte como la muerte, audiolibro en francés, 1889) de Guy de Maupassant (1850-1893), Colonel Quaritch, V.C. (audiolibro en inglés, 1889) de Henry Rider Haggard (1856-1925), La Petite Paroisse (La Pequeña Parroquia, audiolibro en francés, 1895), de Alphonse Daudet (1840-1897), Fräulein Else (texto en inglés, La Señorita Else, 1924) de Arthur Schnitzler (1862-1931). Hasta el maestro del vodevil de la Belle Époque, Geordes Feydeau (1862-1921) estrena en 1914 una exitosa comedia titulada Je ne trompe pas mon mari (No engaño a mi marido) cuyo primer acto se desarrolla en la pista de tenis de un hotel de lujo…

Ilustración: The Athenaeum.

Le_Tennis_à_travers_les_[...]Guillaume_Albert_bpt6k1522528b

Albert Guillaume – Le Tennis à travers les âges (1890)

Entre las curiosidades literarias relacionadas con el tenis, encontramos obras tan diversas como un precursor del cómic, Le Tennis à travers les âges (El Tenis a través del tiempo, 1890) – sucesión de láminas humorísticas representando escenas tenísticas en diversas épocas de la historia – del pintor y humorista Albert Guillaume (1873-1942), un libro anónimo de poemas dedicados exclusivamente al… ¡ping pong!, A little book of ping-pong verse (Un pequeño libro de versos de ping pong, 1890) y dos poemas humorísticos. El primero es una de las Sàtires del poeta catalán Guerau de Liost (1878-1933) y se titula Del tennis relatiu, el segundo es una fábula del francés Franc-Nohain (1873-1934): Le Tennis des fées (El Tenis de las hadas, 1933). Ninguno de estos poemas entraría hoy en el canon de lo políticamente correcto en cuestiones de trato a los animales…

Ilustración: Gallica.

Del tennis relatiu

«A Jaume Bofill i Ferro

En un relleix petit de la muntanya
el nostre camp de tennis hem plaçat:
mates d’avellaner li fan costat.
Vent que les mou, la xarxa estireganya.

Com que en el joc no som encara mestres,
les pilots rodolen al pendís.
Després que n’hem perdudes cinc o sis,
per terra, enfellonits, llencem els estres.

Oh car amic, company de melangia !
He descobert, per esvair-la, un truc.
Tindrem al camp, en gabial de bruc,
de conillets porquins tota una cria.

Cada conill faria de pilota,
elàstic, resignat i cabdellat,
amb una rialleta, mig ganyota,
quan endevinaria que és llançat.

I cada volta que, amb jugada forta,
engegaríem la pilota lluny,
descabdellant-se i una mica torta,
per ella sola ens tornaria al puny.»

Guerau de Liost

 

Artus_Scheiner_Tennis

Artuš Scheiner – Tennis (19?)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Le Tennis des fées

Il ne faudrait avoir, et ce serait dommage,
Aucune imagination,
N’avoir jamais prêté la moindre attention
Aux formes des objets, aux diverses images
Dont notre esprit
Se réjouit,
Et que nos songes
Souvent prolongent,
Pour n’être point frappé, ainsi que je le suis
Et comme vous l’êtes, je pense,
Par l’étonnante ressemblance,
Avec les oeufs, des balles de tennis.
Sachez, en effet,
Que les fées,
Par qui fut inventé ce jeu,
D’abord ne trouvaient rien de mieux
Que de lancer, par-dessus un filet
Fait de fils de la Vierge avec soin assemblés,
Lancer les oeufs
Des oiseaux bleus,
Ce qui vous laisse
Supposer
Avec quelle délicatesse
Les oeufs devaient être lancés,
Pour que leur fragile
Coquille
À tout coup ne risquât, hélas ! de se briser,
Mise en miettes
Par la raquette.
Mais quoi, si les règles humaines
Leur étaient un obstacle ou causaient quelque gêne,
Si vraiment elles n’en pouvaient
Avec aisance triompher,
D’être fées
Serait-ce la peine ?
L’une d’elles, pourtant, qui était, je suppose,
Celle qu’on nomme Carabosse,
Sur sa balle, un beau jour, vint à frapper si fort,
-Servant à tort
Et à travers
Elle avait l’air
Très énervée,
Notre fée
A frappé si fort,
Que la balle se fend, et qu’un oiseau en sort.
En poussant un joyeux cui-cui,
Notre oiseau prend son vol, monte comme une flèche,
Plane au-dessus du court, -cui, cui, cui, -et voici
Que, preste et leste,
Il redescend,
Très exactement se plaçant
Au delà du filet et, très précisément,
Où il convient du camp
Adverse.
– Jeu !… s’empresse-t-on de crier
Au camp de Carabosse, en même temps que l’autre
Proteste qu’il y a eu faute,
Que le coup n’est pas régulier…
On en discute encore, et, ma foi, ends-toi compte,
S’il y avait du pour, qu’il y avait du contre.
Le mieux (quand on n’est pas une fée), oui le mieux,
Pour une personne normale,
Est de jouer avec des balles
Qui sont comme des oeufs, mais ne sont pas des oeufs.»

Franc-Nohain
Oppler_Tennis-in-den-Dünen-1909_Savannah_online

Ernst Oppler – Tenis en las dunas (1909)

Ilustración: Wikimedia Commons.

lichtenberger-joies-tennis

André Lichtenberger – Les Joies du tennis (1931)

Autor de una obra muy variada en la que encontramos libros infantiles, una novela precursora del género de la fantasy (ver nuestra entrega de Tesoros Digitales sobre la novela prehistórica), o ensayos históricos sobre el socialismo, André Lichtenberger (1870-1940) fue, en su juventud, un tenista talentoso. Pocos meses antes de estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914, Lichtenberger publicó dos obras en las que el deporte cobra un especial protagonismo. Le Sang nouveau (La Sangre nueva) es una novela social en la que el autor opone tres generaciones de hombres: el abuelo, antiguo profesor, personifica la fe en la ciencia, el laicismo y el ideal democrático ; el padre es el arquetipo del burgués con sus prejuicios provinciales ; mientras que el hijo, deportista, ávido de acción y de realización, protagoniza los ideales del autor de renacimiento nacional por el deporte. Esta novela se publicó por entregas en el diario suizo L’Express, feuille d’avis de Neuchatel entre el 22 de marzo de 1919 y el 17 de mayo de 1919. Es la única versión digitalizada disponible de esta obra. Tampoco se puede encontrar en línea Le Tennis, notes, méditations, souvenirs (El Tenis, notas, meditaciones, recuerdos, 1914), volumen en el que André Lichtenberger reunió diversos escritos sobre su deporte de predilección. Pero la prensa digitalizada de la época nos ofrece la oportunidad de leer varios de sus artículos sobre el tenis: Les Courts d’antan (1913), Tennis et tennisseurs (1920), Les Joies du tennis (1931).

Ilustración: Gallica.

suzanne-lenglen-1

Una jovencísima Suzanne Lenglen al inicio de su carrera, en 1914, en una serie de fotos para un reportaje de la revista Femina

Personalidad mítica del tenis, Suzanne Lenglen (1899-1938) fue una campeona excepcional, la primera gran estrella internacional del tenis femenino. Con un palmarés deslumbrante (81 títulos en individuales, 73 en dobles y 8 en dobles mixtos), hizo evolucionar el tenis, tanto por las mejoras técnicas que aportó, como por su forma de vestir. Abandonó la competición en 1928, después de catorce años en las pistas. Después de colaborar en una casa de alta costura diseñando modelos para el deporte y de rodar algunas películas, abrió en 1936 una escuela de tenis en París, escuela a la que se dedicó de lleno hasta su muerte, provocada por una leucemia fulminante. La vida y la figura de Suzanne Lenglen inspiraron tres obras literarias que, desgraciadamente, no se encuentran en formato digital, a pesar de formar parte del Dominio público.
La primera, publicada en 1925, es una novela sentimental escrita en inglés por la propia Lenglen: The Love Game (El Juego del amor). En este libro autobiográfico y premonitorio, Lenglen cuenta el destino de Marcelle Penrose, tenista anglo-francesa de gran talento pero que, poseída por la tristeza, no logra encontrar el amor… Cuando, en 1926, Suzanne Lenglen decidió abandonar el tenis amateur y convertirse en profesional para jugar en exhibiciones y giras internacionales, fue violentamente criticada y se abrió en Francia una acalorada polémica sobre el deporte-espectáculo. Es en este contexto que Claude Anet (pseudónimo de Jean Schopfer, 1868-1931), escritor, periodista y antiguo campeón de tenis, publica en 1927 la biografía titulada Suzanne Lenglen, para defenderla y presentar el tenis profesional como la solución del futuro. El 1 de abril de 1927, Anet publicó un largo artículo dedicado a Lenglen en la Revue belge, La Carrière d’une championne de tennis : Suzanne Lenglen (La Carrera de una campeona de tenis: Suzanne Lenglen).
Con elementos tomados prestados de la vida de Lenglen, Championne de tennis (Campeona de tenis, 1930) es una novela del novelista y traductor del ruso Charles Torquet (1864-1938). La joven Marie-Thérèse Nervins es la protagonista de esta novela. Iniciada casi por casualidad al tenis, se le descubre un gran talento y se convierte en una gran campeona. Pero la crisis de 1929 arruina a su familia y se ve obligada a competir como profesional en giras por Estados Unidos… Publicada en la colección Jeunes Femmes et Jeunes Filles, esta novela sentimental evoca las dificultades que podía encontrar una mujer de los años 1920 para conciliar su vida amorosa con una vida profesional…
A modo de consolación, podemos hojear el manual de tenis para mujeres que publicó Lenglen en 1920, Lawn tennis for girls (Tenis para chicas) o la columna semanal Les Conseils d’une championne de tennis (Los Consejos de una campeona de tenis) que escribió en la revista Le Miroir des sports entre el 28 de abril y el 3 de julio de 1926.

Ilustración: Gallica.

suzanne-lenglen-2

Suzanne Lenglen en 1920

Ilustración: Internet Archive.

How I play tennis, by Melle Suzanne Lenglen (1925)

vives-generala

La Señorita Vela, una de las actrices de la zarzuela La Generala (1912)

El tenis también fue fuente de inspiración para varios compositores, y el más conocido es sin duda Erik Satie (1866-1925), cuyo ciclo de veintiuna piezas para piano titulado Sports et Divertissements (Deportes y Entretenimientos, 1914) termina con una pieza dedicada al tenis. También podemos nombrar a Oscar Fetrás (1854-1931), con Lawn Tennis (1899), Jean Sibelius (1865-1957) con Bollspelet vid Trianon (El Tenis en el Trianon, 1899-1900), Georges Auvray (1858-1931), con Lawn-tennis-polka : pour le piano (Lawn-tennis polka: para el piano, 1886) o Jacques-Albert Anschütz (1835-1902) y su Law-tennis : suite de valses pour piano (Lawn-tennis: suite de valses para piano, 1902)… El tenis también tiene protagonismo en el primer acto de la zarzuela La Generala (1912), de Amadeo Vives (1871-1932), con jugadores de tenis y hasta una Canción del tenis!

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

satie-tennis

Erik Satie – Sport et divertissement, ilustración de Charles Martin (1914)

Ilustración: Gallica.

dunkey-tennis-player

John Dunkley – Tennis Player (ca. 1941)

Ilustración: The Athenaeum.

Algunos manuales y textos técnicos…

Ilustración: Internet Archive.

rembrandt-juego-kolf

Rembrandt – El Juego del Kolf (1654)

Ilustración: Gallica.

schaan-jugando-croquet

Paul Schaan – Jugando a croquet (S. XIX)

Descendientes del medieval juego del mallo, el croquet y el golf fueron deportes muy populares en la segunda mitad del siglo XIX y a principios del siglo XX. Como el tenis, estas disciplinas fueron en aquella época actividades de entretenimiento de las clases más ociosas, o sea… más acomodadas! En literatura quedan a menudo relegadas a la condición accesoria de telón de fondo y de indicador social y encontramos una multitud de referencias – pertenecientes a géneros muy variados – a partidos de croquet o de golf. Desde Marcel Proust (1871-1922) y À la recherche du temps perdu (En busca del tiempo perdido, audiolibro en francés, 1913-1927) a León Tolstói (1828-1910) y Анна Каренина (Anna Karénina, 1877), pasando por las innumerables novelas sentimentales de Delly (pseudónimo colectivo de los hermanos Jeanne-Marie Petitjean de La Rosière (1875-1947) y Frédéric Petitjean de La Rosière (1876-1949)), la literatura infantil o la música (croquet, golf), se juega al croquet o al golf para divertirse, cumplir con obligaciones sociales y pasar el tiempo…

Ilustración: The Athenaeum.

Algunos autores, no obstante, otorgaron más protagonismo a estos juegos e integraron en el argumento la descripción del desarrollo de un partido. Por ejemplo:

Ilustración: Internet Archive.

carroll-alicia

Lewis Carroll – Alice’s Adventures in Wonderland, ilustración de Peter Newell (1901)

«Y todos se pusieron a correr en todas direcciones, tropezando unos con otros. Sin embargo, unos minutos después ocupaban sus sitios, y empezó el partido.
Alicia pensó que no había visto un campo de croquet tan raro como aquel en toda su vida. Estaba lleno de montículos y de surcos. Las bolas eran erizos vivos, los mazos eran flamencos vivos, y los soldados tenían que doblarse y ponerse a cuatro patas para formar los aros.
La dificultad más grave con que Alicia se encontró al principio fue manejar a su flamenco. Logró dominar al pajarraco metiéndoselo debajo del brazo, con las patas colgando detrás, pero casi siempre, cuando había logrado enderezarle el largo cuello y estaba a punto de darle un buen golpe al erizo con la cabeza del flamenco, éste torcía el cuello y la miraba derechamente a los ojos con tanta extrañeza, que Alicia no podía contener la risa. Y cuando le había vuelto a bajar la cabeza y estaba dispuesta a empezar de nuevo, era muy irritante descubrir que el erizo se había desenroscado y se alejaba arrastrándose. Por si todo esto no bastara, siempre había un montículo o un surco en la dirección en que ella quería lanzar al erizo, y, como además los soldados doblados en forma de aro no paraban de incorporarse y largarse a otros puntos del campo, Alicia llegó pronto a la conclusión de que se trataba de una partida realmente difícil.
Los jugadores jugaban todos a la vez, sin esperar su turno, discutiendo sin cesar y disputándose los erizos. Y al poco rato la Reina había caído en un paroxismo de furor y andaba de un lado a otro dando patadas en el suelo y gritando a cada momento «¡Que le corten a éste la cabeza!» o «¡Que le corten a ésta la cabeza!».»

Ilustración: Internet Archive.

verne-rayon-vert

Jules Verne – Le Rayon vert, ilustración de Léon Benett y Gédéon (1882)

 

Ilustración: Gallica.

beecher-stowe-my-wife-and-i

Harriet Beecher Stowe – My Wife and I, Or, Harry Henderson’s History (1872)

 

Ilustración: Internet Archive.

joseph-a-dancing-bear

John Barnett – Joseph, a Dancing Bear, ilustración de Leonard Leslie Brooke (1908)

 

Ilustración: Internet Archive.

butler-adventuressuburbanite

Ellis Parker Butler – The Aventures of a suburbanite (1911)

 

Ilustración: Internet Archive.

Louise_Abbéma_-_A_Game_of_Croquet

Louise Abbéma – Juego de croquet (1872)

Ilustración: Wikimedia Commons.

punchfunny-side-of-golf

The funny side of golf (19?)

Prueba, si era necesario demostrarlo, del interés despertado por el croquet y el golf en la literatura anglófona, es la profusión de volúmenes de poesía, de humor, e incluso de poesía humorística que podemos encontrar en las bibliotecas digitales. Si exceptuamos los tomos de viñetas cómicas de la serie Mr. Punch que ya hemos tenido ocasión de hojear en Tesoros Digitales (Mr. Punch’s book of sports : the humour of cricket, football, tennis, polo, croquet, hockey, racing, etc. (1910) ; Mr. Punch’s Golf Stories (19?) ; The funny side of golf : from the pages of «Punch» (19?)), los otros títulos y sus autores no nos resultarán familiares. Pero ésta es la ocasión para descubrir nuevos horizontes de lectura…

Ilustración: Internet Archive.

loomis-bath-in-english-tub

Charles Battell Loomis – «Croky» versus motoring, ilustración de Robert A. Graef (1907)

De Estados Unidos nos llegaron los dos textos humorísticos siguientes. Charles Battell Loomis (1861-1911) fue un escritor estadounidense muy apreciado por su sentido del humor. Tenemos una muestra en « Croky » versus motoring («Croky» versus automovilismo), texto publicado en A Bath in an English Tub (Un baño en una bañera inglesa, 1907) volumen de recuerdos de una estancia en Inglaterra. Intrépido y enérgico americano, Loomis compara la fiebre que le procura la velocidad y el automovilismo con esta costumbre tan estáticamente inglesa que es el croquet…

Ilustración: Internet Archive.

taylor-campi-golfari

Bert Leston Taylor, Payson Sibley Wild – Campi golfarii Romae antiqvae (1911)

En cuanto a Bert Leston Taylor (1866-1921), periodista, poeta y humorista, fue durante veinte años colaborador del Chicago Tribune. En 1911, publica con el latinista Payson Sibley Wild (1869-?) la brochure titulada Campi golfarii Romae antiqvae (Campos de golf en la Roma antigua), en la que pretende demostrar que el golf tiene sus orígenes en la Roma del emperador Augusto ! Con textos de Taylor y falsos fragmentos latinos antiguos de Wild, una simpática mistificación…

Ilustración: Internet Archive.

Pierre_Bonnard_The_Croquet_Game

Pierre Bonnard – El Juego de croquet (1892)

Ilustración: Wikimedia Commons.

fore-call-of-links

Walter Hastings Webling – Fore! : the call of the links (1909)

El golf, por el sentimiento de libertad, de comunión con la naturaleza, de compañerismo, ha suscitado una abundante producción poética y, en numerosas ocasiones, fueron los propios clubs de golf, o sus directivos, los que editaron aquellos volúmenes dedicados a todos los amantes de este deporte. Por ejemplo, Poems on Golf (Poemas sobre el golf, 1867), editado por la escocesa Royal Burgess Golfing Society of Edinburgh, Fore! : the call of the links (1909), de Walter Hastings Webling (1866-1946), secretario del Brantford Golf Club, uno de los clubes más antiguos de Canadá, o la recopilación Lyrics of the links (1921).

Ilustración: Internet Archive.

golfers-rubiyat

Henry Walcott Boynton – The Golfer’s Rubáiyát (1901)

Más curiosa es la obra siguiente… Vimos en el capítulo anterior  como la traducción en inglés en 1859 de los Rubaiyat (literalmente cuartetos), poemas del astrónomo, matemático y filósofo persa Omar Jayam (1048–1131) lanzó la moda, en el mundo anglófono, de los cuartetos paródicos al estilo de Jayam. En 1901, el escritor y periodista Henry Walcott Boynton (1897-1939) ofrece su propia versión y compone un pastiche en torno al golf: The Golfer’s Rubáiyát. Llenas de buen humor y de juegos de palabras, acompañadas de ilustraciones de inspiración persa en referencia a la obra de Jayam, sus estrofas logran un equilibrio perfecto entre un lenguaje coloquial y el tono altamente filosófico del texto original.

Ilustración: Internet Archive.

lavery-Berwick-Golf-Course

John Lavery – Berwick Golf Course (ca. 1920)

Ilustración: The Athenaeum.

France_in_XXI_Century._Water_croquet

Jean Marc Cote – Francia en el siglo XXI, el croquet acuático (ca. 1899)

Desde el punto de vista narrativo, el golf y el croquet sirvieron de argumento central de unos cuantos escritos, novelas y ensayos, muy interesantes, y el título más antiguo es… ¡una novela de ciencia-ficción! Golf in the Year 2000, or, What We Are Coming To (El Golf en el año 200, o A lo que estamos llegando, 1892) es un relato corto de un misterioso autor – y golfista – escocés llamado J. McCullough, aunque publicó la novela bajo el pseudónimo de J.A.C.K. Gibson. El protagonista despierta en el año 2000, después de un largo sueño de 108 años. El propietario de la casa en la que quedó dormido, le presenta los descubrimientos tecnológicos acaecidos a lo largo del último siglo. Ambos apasionados jugadores de golf, visitan un campo donde Gibson descubrirá las últimas novedades: palos que almacenan los puntos ganados por sus propietarios, carros de golf sin conductor… Además de estos avances golfísticos, la sociedad también ha evolucionado y hay trenes de alta velocidad, existe la televisión, es usual viajar en avión y las mujeres han conseguido la igualdad social, política y laboral… Un sorprendente texto visionario…

Ilustración: Wikimedia Commons.

kennard-sorrows-golfer-s-wife

Mrs Edward Kennard – The Sorrows of a Golfer’s Wife (1896)

Mrs Edward Kennard (pseudónimo de Mary Eliza Kennard, 1850-1936) fue una prolífica escritora de la Inglaterra victoriana. Su especialidad narrativa fueron novelas ambientadas en mansiones inglesas en las que los protagonistas se dedican a los placeres del campo: cazar, pescar, montar a caballo… Fue, en 1896, la primera mujer en escribir sobre el golf. The Sorrows of a Golfer’s Wife (Las Penas de una esposa de golfista, 1896) es una divertida novela en la que Mrs Kennard cuenta las desventuras de una mujer intrépida que observa cómo el gusto de su esposo por el golf se convierte en una pasión. Para conservar un buen equilibrio en su vida conyugal, decide acompañar y compartir la pasión de su esposo, eligiendo como asistente al cocinero de la casa y dejando las cenas prepararse solas…

Ilustración: Internet Archive.

flint-golfing-idyll

Violet Flint – A Golfing Idyll, ilustración de A. Islay Bannerman (1897)

A Golfing Idyll; Or, The Skipper’s Round with the Deil On the Links of St. Andrews (Un idilio en el golf, o El Partido del capitán contra el diablo en el campo de St. Andrews, 1892) es un cuento en versos, en la pura tradición de las leyendas de desafío al Diablo. En este caso, el desafío consiste en un partido de golf y el cuento se ambienta en el campo escocés de St. Andrews. El autor, que firma como Violet Flint, es en realidad el coronel J.E. Thomson, del ejército de Bengala, activo miembro del campo de St. Andrews.

Ilustración: Internet Archive.

Caricature_of_Jerome_K._Jerome

Caricatura de Jerome K. Jerome (1905)

Should married men play golf (¿Deberían jugar a golf los hombres casados?) es un artículo perteneciente al volumen Idle Ideas in 1905 (Ideas vacías en 1905, audiolibro en inglés, 1905) de Jerome K. Jerome (1859-1927). Con su humor habitual, el autor de Tres Hombres sobre ruedas (ver entrega anterior de Tesoros Digitales) analiza diversos aspectos de la práctica de los deportes y empieza con la pasión – por no decir la adicción – que suscita el golf y cómo puede estropear la más romántica de las lunas de miel…

Ilustración: Wikimedia Commons.

adamsjohn-henry-smith

Frederick Upham Adams – John Henry Smith, humorous romance of outdoor life, ilustración de A.B. Frost (1905)

Los británicos no tienen el monopolio del humor y, con John Henry Smith, humorous romance of outdoor life (John Henry Smith, romance humorístico de la vida al aire libre, 1905), el inventor, editor y escritor estadounidense Frederick Upham Adams (1859-1921) nos demuestra que en Estados Unidos también se juega al golf y también saben reírse de la pequeñas manías de los golfistas. John Henry Smith es este golfista entusiasta. Acaba de heredar una granja pero, aquejado de ergofobia, prefiere convertir sus hectáreas en un campo de golf en vez de ponerse a labrarlas… Al mismo tiempo, empieza a redactar su diario, el cual nos revela que el Sr. Smith también sufre de misoginia y piensa que las mujeres nada tienen que hacer en un campo de golf. Hasta el día en que el Sr. Harding, magnate del ferrocarril, y su hermosa hija Grace, vienen a jugar en el campo de John Henry Smith…

Ilustración: Internet Archive.

The_Post-Office_annual_Glasgow_directory_(1928)_(14593157820)

The Post-Office annual Glasgow directory (1928)

Ilustración: Wikimedia Commons.

caricatura-henry-leach

Caricatura de Henry Leach y Harry Vardon (1913)

Corresponsal británico para la revista American Golfer, Henry Leach (18?-19?) es el autor de varias obras en las que aborda diversos aspectos de la práctica del golf, desde artículos sobre la psicología de los jugadores (The Spirit of the Links (El Espíritu de los campos, 1907)) hasta relatos de viajes por campos de golf (The Happy Golfer (El Golfista feliz, 1914)).

Ilustración: Internet Archive.

loan-little-poison-ivy

Charles Emmett Van Loan – Little Poison Ivy, ilustración de M.L. Blumenthal (1917)

El periodista estadounidense Charles Emmett Van Loan (1876-1919) fue, en su tiempo, uno de los escritores y humoristas más populares de Estados Unidos, además de trabajar como guionista para el cine. Publicó, tanto en volúmenes como en revistas y periódicos, numerosas historias relacionadas con el deporte. Fore ! (1918) es su contribución a la narrativa del golf, con nueve historias cortas ambientadas en campos de golf…

Ilustración: Internet Archive.

frost-golf

A.B. Frost – Golf (1895)

Ilustración: HathiTrust.

brown-putter-perkins

Kenneth Brown – Putter Perkins, ilustración de E.W. Kemble (1923)

Decididamente, humor y golf hacen buena pareja y con Putter Perkins (1923), tenemos un nuevo ejemplo. Esta novela del periodista y escritor estadounidense Kenneth Brown (1868-19?) tiene como protagonista un entusiasta golfista cuyos resultados no están a la altura de su pasión. Para conjurar su mala suerte y mejorar su juego, decide utilizar la ciencia y empieza a ganar. Hasta el punto de convertirse en el campeón de dos continentes! La novela fue adaptada para el cine en 1927.

Ilustración: Internet Archive.

wells-The-Croquet-Player

Herbert George Wells – The Croquet Player (1936)

Terminamos este recorrido por los descendientes del juego de mallo con una novela poco conocida de Herbert George Wells (1866-1946), The Croquet Player (El Jugador de croquet, 1936). Esta alegoría escrita cuando Wells estaba profundamente afectado por la Guerra Civil en España y el auge de los fascismos en Alemania e Italia, es una meditación sobre el miedo y la naturaleza maligna del hombre. Aficionado al croquet, Georgie conoce en Normandía a un médico inglés que le cuenta su vida. Después de instalarse en un pueblo llamado Cainsmarsh, el médico ha ido descubriendo que el sitio no es tan tranquilo como parecía. Una influencia maléfica perturba la vida de los habitantes. Según el vicario, se trata de los fantasmas de los antiguos hombres de las cavernas, cuyas tumbas han sido profanadas por los arqueólogos. Pero, en lugar del miedo a fantasmas ancestrales, ¿no será más bien un miedo a la influencia de los hombres de las cavernas que duermen en cada uno de nosotros, y ponen en peligro progreso y civilización? La más pesimista de las novelas del autor de La Guerra de los mundos

Ilustración: Project Gutenberg Australia.

Harry_Vardon_1899_GI_

El golfista británico Harry Vardon en 1899 fue uno de los mejores jugadores de principios del siglo XX. Ganó el British Open en 1896, 1898, 1899, 1903, 1911 y 1914, además del US Open de 1900

Algunos manuales y textos técnicos…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Winslow_Homer_croquet-players

Winslow Homer – Escena de croquet (1866)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Juegos colectivos
bini-memorie-del-calcio

Pietro di Lorenzo Bini – Memorie del calcio fiorentino (1688)

Heredero del viril haspatum que practicaban los legionarios romanos, el calcio florentino es considerado, con su casi ausencia de reglas, el juego colectivo más violento del mundo. Aparecido en la Edad Media, esta mezcla de football, rugby y lucha que solía acabar en monumentales peleas se convirtió en el deporte de predilección de los florentinos en el siglo XVI antes de ser abandonado a lo largo del siglo XVIII. En los años 1930 se volvieron a organizar partidos y en la actualidad se organizan competiciones anuales entre los distintos barrios de la capital toscana. Evocado en 1555 por Antonio Scaino (1524-1612), que le dedica un capítulo de su Trattato del giuoco della palla (Tratado del juego de pelota), el calcio florentino ha sido frecuentemente descrito por los escritores y cronistas de la época. Por ejemplo, en el Discorso sopra il giuoco del calcio fiorentino del Puro Accademico Alterato (Discurso sobre el juego del calcio florentino, 1580) de Giovanni de’ Bardi conte di Vernio (1534-1612), en Memorie del calcio fiorentino : tratte da diverse scritture e dedicate all’ Altezze Serenissime di Ferdinando principe di Toscana e Violante Beatrice di Baviera (Memorias del calcio florentino…, 1688), de Pietro di Lorenzo Bini, o en el anónimo Discorso sul calcio fiorentino d’onde si ha l’origine del calcio in generale. S’aggiungono in quest’impressione i capitoli e pianta del calcio di Livorno del presente anno 1766. Dato dall’inclita nazione inglese per la venuta di S.A.R. Serenissima Pietro Leopoldo principe reale d’Ungheria e di Boemia, arciduca d’Austria e Granduca di Toscana e S.A.R Serenissima Maria Luisa, infanta di Spagna, arciduchessa d’Austria e granduchessa di Toscana, Livorno, per Marco Coltellini  (Discurso sobre el calcio florentino donde se da el origne del calcio en general…, 1766).

Ilustración: Internet Archive.

Lo que más curioso nos puede resultar es la cantidad de poemas y odas dedicadas a un deporte tan violento. Giovanni Battista Dell’Ottonaio (1482-1527), en sus Canzoni, o vero mascherate carnascialesche (Canciones, o Verdaderas Máscaras de Carnaval, 1560), ofrece un Canto del calcio :
«Al prato al calcio, su giovni assai,
Horche le palle balzan piu que mai.
Non è giuoco piu ricco, o bel di questo,
Ne che piu piacer dia,
E faccia un giovin piu gagliardo, o desto
çinanzi, in dreto, o in mezzo ch’egli stia ;
Pur che quel posto sia,
Dove egli ha maggior prattica, e destrezza:
Che chi indreto s’avvezza,
Dinanzi non fa bene al calcio mai. […]»

bini-memorie-del-calcio-2

Vista de la plaza de Santa Croce en Florencia, durante el juego del calcio (1688)

Antonio Francesco Grazzini, conocido como «El Lasca» (1503-1584), por su parte, dedica varios poemas al calcio y a los juegos de pelota en su libro titulado Tutti i trionfi, carri, mascheaate ò canti carnascialeschi andati per Firenze, dal te[m]po del Magnifico Lorenzo Vecchio de Medici qua[n]do egli hebbero prima cominciame[n]to, per infino à questo anno presente 1559 (Todos los triunfos, carros, disfraces o cánticos de carnaval celebrados en Florencia…, 1559): Canto del Calcio, Canto de pallai, Canto di giucatori di palla a Maglio.

Ilustración: Internet Archive.

zocchi-calcio

Giuseppe Zocchi – Veduta della Chiesa, e Piazza di S. Croce con La Festa del Calcio fatta L’anno 1738 alla Real presenza de Regnanti Sovranti (1738)

Retirado en la campiña toscana, el poeta barroco Vincenzo da Filicaja (1642-1707) no tenía intención de publicar sus obras, pero varias odas suyas sobre el sitio de Viena por el imperio otomano fueron difundidas y su popularidad se propagó por Europa. El año de su muerte, en 1707, una recopilación de sus poemas fue editada por su hijo bajo el título de Poesie toscane (Poesías toscanas). En este volumen, reeditado en 1772, encontramos dos poemas sobre el calcio: Mascherata del Calcio nel giorno natalizio della Sereniss. Gran Duc.Vittoria (Mascarada del calcio) y Sopra il giuco del Calcio Al Serenifs. Sig. Principe di Toscana (Sobre el juego del calcio).

Ilustración: The Morgan Library & Museum.

Giovanni-Stradano-Gioco-del-calcio-in-piazza-Santa-Maria-Novella-1561-62-1024x721

Giovanni Stradano – Gioco del calcio in piazza Santa Maria Novella (1561)

Ilustración: Wikimedia Commons.

A partir del siglo XIX, los juegos colectivos de pelota que interesan a poetas y novelistas se convierten en cuatro disciplinas: críquet, béisbol, baloncesto y fútbol. Deporte oficial del verano en Inglaterra, considerado como un deporte de gentlemen, por sus características que combinan deportividad, elegancia y complejidad, el críquet ocupa un lugar especial en la literatura anglófona y particularmente en la poesía y narrativa inglesa.

bough-cricket-match

Samuel Bough – Cricket Match at Edenside, Carlisle (ca. 1844)

Wikipedia ofrece un detallado artículo sobre la poesía del críquet, con una amplia selección de poemas, desde odas hasta parodias. Este artículo no menciona los dos volúmenes Cricket Songs (Canciones de críquet, 1894) y More Cricket Songs (Más Canciones de críquet, 1905), del poeta y cuentacuentos Norman Rowland Gale (1862-1942), del que también podemos escuchar varios poemas «deportivos» en Librivox.org. Poco se sabe de la vida de Gale, sino que debió de ser maestro, por la dedicatoria de More Cricket Songs, dirigida a un antiguo alumno, posiblemente del jugador de críquet John Denton (1890-1971). Fue autor de numerosas poesías sobre la naturaleza, y sus canciones de críquet parecen dedicadas a niños.

Ilustración: The Athenaeum.

dickens-posthumous-papers

Charles Dickens – The Posthumous Papers of the Pickwick Club, ilustración de Phiz (1837)

En las novelas de Charles Dickens (1812-1870) el críquet se menciona en diversas ocasiones (Barnaby Rudge, Bleak House, David Copperfield, The Old Curiosity Shop, The Haunted Man and the Ghost’s Bargain, Little Dorrit, Martin Chuzzlewit, Sketches by Boz, The Uncommercial Traveller), prueba de que este juego era un componente ineludible de la vida cotidiana de los ingleses. Pero es en The Posthumous Papers of the Pickwick Club (Los Papeles póstumos del Club Pickwick, audiolibro en inglés, 1836-1837) donde podemos asistir, en compañía de Mr. Pickwick, a un memorable partido que opone el club de Dingley Dell al de Muggleton.

«Los palos 5 estaban ya enhiestos, y había un par de pabellones dispuestos para el descanso y refresco de los bandos contendientes. Aún no había comenzado el juego. Los de Dingley Dell y los muggletonianos entreteníanse jugando majestuosamente con la pelota del cricket, y otros varios caballeros, vestidos en la misma guisa, con sombrero de paja, chaquetas de franela y pantalones blancos, atavío que les asemejaba bastante a albañiles aficionados, paseaban junto a las tiendas, una de las cuales era el punto hacia donde Mr. Wardle conducía a sus amigos. […]
Los muggletonianos tenían la salida; y el interés subió de punto en el momento en que Mr. Dunpkins y Mr. Podder, dos de los más renombrados miembros de aquel distinguido Club, se dirigieron raqueta en mano a las respectivas metas. Mr. Luffey, el más preclaro timbre de Dingley Dell, había de lanzar la pelota contra el temible Dunpkins, y Mr. Struggles era el designado para desempeñar análogo papel cerca del hasta entonces invicto Podder. Algunos jugadores se pusieron a «vigilar» en diversos puntos del campo, y la postura que adoptaban consistía en colocarse las manos apoyadas en las rodillas, encorvando el cuerpo mucho, como disponiéndose a instruir a un aprendiz que se ensayara en el salto de rana. Todo jugador neto hace lo mismo, y, en efecto, según se dice, es imposible vigilar bien en otra posición.
Los árbitros colocáronse detrás de las puertas; los contadores aprestáronse a marcar los tantos; se produjo un silencio profundo.»

Ilustración: Internet Archive.

Captain_of_the_Eleven,_by_Philip_Hermogenes_Calderon,_1882

Philip Hermogenes Calderon – Captain of the Eleven (1882)

Publicado por entregas en 1857 en Household Words, la revista editada por Dickens, The Lazy Tour of Two Idle Apprentices (El Viaje perezoso de dos aprendices ociosos) es el relato a cuatro manos de un viaje que efectuaron Charles Dickens y Wilkie Collins (1824-1889) en el norte de Inglaterra. Disimulando sus identidades bajo los pseudónimos de Francis Goodchild (Dickens) y Thomas Idle (Collins), los dos amigos dan cuenta de manera tiernamente irónica de sus aventuras de viaje y reminiscencias personales. Entre estas últimas, el recuerdo de la desastrosa y sabrosa (¡para el lector!) iniciación al críquet de Thomas Idle (o sea Wilkie Collins)…

Ilustración: Wikimedia Commons.

William_Andrews_Nesfield_-_Australia_vs_Willsher's_Gentlemen_1878

William Andrews Nesfield – First Australian team to visit England to play a single innings cricket match against Willsher’s Gentlemen, Chilham Castle (Kent, August 1878)

La literatura victoriana nos ha legado una sorprendente descripción de un partido de cricket, escrita hacia 1880 pero que se desarrolla en… ¡1980! The Fixed Period (El Periodo fijo, audiolibro en inglés, 1882) es una novela distópica de Anthony Trollope (1815-1882). Transcurre en la República de Britannula, una antigua colonia británica situada cerca de Nueva Zelanda y que obtuvo su independencia a mediados del siglo XX. Una de las leyes más relevantes de este país es una ley de eutanasia, que contempla que cualquier persona que llega a los sesenta y siete años debe ser «depositada» – es decir sacrificada -, para evitarle las degradaciones físicas y mentales del envejecimiento… Gabriel Crasweller apoyó esta ley cuando se aprobó, pero ahora se acerca el momento en el que él, como hombre más mayor de la isla y a pesar de mantenerse en plena forma, va a tener que estrenarla. Su comportamiento empieza a cambiar… Más allá del argumento filosófico de su novela, Trollope introduce artilugios futuristas para ambientarla mejor, en particular, el uso de mecanismos a vapor representa el progreso tecnológico por excelencia: los ciudadanos de Britannula se desplazan en triciclo a vapor y los equipos de cricket tienen lanzadores automáticos a vapor, que, además de hacer un tremendo ruido de olla a presión, representan cierto riesgo para la integridad física de los jugadores…

Ilustración: Wikimedia Commons.

gilbert-bab-ballads

William Schwenck Gilbert – The Bab ballads : with which are included Songs of a Savoyard (1919)

Es una lástima que las tres novelas más antiguas en las que el protagonista principal es un jugador de críquet y el deporte constituye el argumento central no se encuentren digitalizadas. Nos limitaremos a nombrarlas, con la esperanza de que algún día se pueda acceder al texto en línea:

  • The cricket club; or, Warned just in time (1884), de la inglesa Phoebe Allen (pseudónimo de Phoebe Anne Allen, 1858-1933), curiosa historia moral que pretende demostrar la desgracia matrimonial ocasionada por la falta de interés que pueda tener la esposa de un jugador de cricket por el juego…
  • Peter Steele, the cricketer (1895), de Horace Hutchinson (1859-1932), golfista y autor de tratados sobre el golf (ver más arriba). Sobre el destino de un jugador de críquet cuya trayectoria deportiva es más exitosa que su vida personal. Un personaje similar aparecía en una novela anterior de Horace Hutchinson, Creatures of circumstance, a novel (Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, Criaturas de circunstancia, 1891). Este prolífico autor especializado en temas deportivos también editó un tratado con textos de diversos autores sobre la historia y la práctica del críquet: Cricket (1903).
  • Willow the King: the story of a cricket match (1899), de John Collis Snaith (1876-1936), jugador de críquet y novelista. En Willow the King, vemos como la protagonista, una joven intrépida debe, por amor, jugar un partido individual de críquet…

Ilustración: Internet Archive.

Joseph_Mallord_William_Turner_-_Cricket_on_the_Goodwin_Sands_-_Google_Art_Project

Joseph Mallord William Turner – Cricket on the Goodwin Sands (S. XIX)

Ilustración: Wikimedia Commons.

1903-05-22-cricket-authors-v-artists

Partido de cricket Authors vs. Artists, 1903. De pie, el primero a la izquierda, E. W. Hornung, y el sexto es A. Conan Doyle

Ernest William Hornung (1866-1921) y Arthur Conan Doyle (1859-1930), aparte de ser cuñados (Hornung estaba casado con Constance Aimée Monica Doyle (1868–1924), hermana de Sir Arthur), y de haber creado dos de los personajes más famosos de la novela policíaca inglesa, tuvieron otro punto en común: su pasión por el críquet, que se plasmó en diversos escritos, además de su participación activa en diversos clubs (durante un tiempo, Hornung y Doyle pertenecieron al club de los Idlers, en el que también jugaba Jerome K. Jerome).

Ilustración: The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.

hornung-Gentlemen_and_Players_02

Ernest William Hornung – The Amateur Cracksman, ilustración de John H. Bacon (1898)

Protagonista de más de veinte aventuras publicadas por Hornung entre 1899 y 1909, Arthur J. Raffles es un ladrón-gentleman, cumplido jugador de críquet, lo cual le sirve de tapadera y le permite mantener su estatus en la alta sociedad londinense mientras comete espectaculares robos para mantenerse. Su figura está inspirada en George Cecil Ives (1867-1950), poeta, escritor, criminólogo, y, como no, gran aficionado al críquet. Menos conocido en la actualidad que su «primo» el detective Sherlock Holmes, Raffles tuvo mucho éxito en su tiempo y sus aventuras fueron adaptadas un sinfín de veces para el teatro, la radio y el cine. Las aventuras de Raffles, inicialmente publicadas en revistas, están reunidas en cuatro tomos: The Amateur Cracksman (El Perpetrador aficionado, audiolibro en inglés, 1899), The Black Mask (La Máscara negra, audiolibro en inglés, 1901), A Thief in the Night (Un ladrón en la noche, audiolibro en inglés, 1905) y Mr. Justice Raffles (El Sr. Justicia Raffles, audiolibro en inglés, 1909). También podemos descubrir el personaje a través de dos adaptaciones teatrales en español: Raffles (1911), por Antonio Palomero (1869-1914) y La Última Aventura de Raffles (1922), por Carlos Grau Campuzano. Los lectores que prefieran obras en las cuales triunfa la moralidad podrán probar estas otras adaptaciones que enfrentan a Raffles y Sherlock Holmes: Holmes y Raffles : desafío del célebre «detective» y el famoso ladrón : fantasía melodramática en un acto y cinco cuadros, en prosa (1908), de Gonzalo Jover y Emilio G. del Castillo, La Captura de Raffles, o El Triunfo de Sherlok Holmes : melodrama moderno, en un prólogo, cinco actos y once cuadros (1912) y Nadie más fuerte que Sherlock-Holmes : drama en seis actos (1913), ambas de Lluís Millà i Gàcio (1864-1946) y Guillermo X. Roura.

Ilustración: Wikimedia Commons.

hornung-chrystal-century

E.W. Hornung – Chrystal’s Century (1903)

Las aventuras de Raffles no son los únicos relatos en los que Ernest William Hornung evoca el críquet. En realidad, este deporte está omnipresente en su obra y podemos citar, entre los títulos más relevantes: The Camera Fiend (El Demonio de la cámara, audiolibro en inglés, 1911), novela fantástica protagonizada por un joven asmático entusiasta del cricket – ¿alter ego de Hornung? – y un científico loco obsesionado por fotografiar el alma en el momento en el que sale del cuerpo de los moribundos, o Fathers of Men (Los Padres de los hombres, 1912), considerada como la mejor novela de Hornung, en la que combina sus tres pasiones, Australia (donde vivió tan solo dos años pero que le impactó tanto que ambientó muchas novelas en este país), el ambiente de las public schools inglesas y… ¡el críquet!
Publicado de manera póstuma, el volumen Old Offenders and a Few Old Scores (Viejos Delincuentes y algunas viejas puntuaciones, 1923) reúne doce historias cortas de las que tres se ambientan en los campos de críquet: Chrystal’s Century (El Siglo de Chrystal, sobre las ambiciones deportivas de un magnate sudafricano de mediana edad que despreciaba el críquet cuando era estudiante), The Power of the Game (El Poder del juego), A Bowler’s Innings (Las Entradas de un lanzador, conmovedora historia de un hombre, que en sus últimos momentos recuerda los grandes episodios de su carrera deportiva).

Ilustración: Internet Archive.

Harry_Caldecott_-_The_Cricket_Match_(Malay_Quarter)_-_Google_Art_Project

Harry Caldecott – The Cricket Match (Malay Quarter, 1924)

Ilustración: Wikimedia Commons.

1875ca-arthur-conan-doyle-cricket-team

Arthur Conan Doyle (de pie a la derecha), con su equipo de críquet en 1875

Como su cuñado, Arthur Conan Doyle (1859-1930) fue un jugador de críquet asiduo y entusiasta. Participó entre 1899 y 1907 en diez partidos de la más alta categoría profesional (first-class cricket) además de formar parte de equipos amateur, en particular el Authors XI que reunía escritores como A.A. Milne, P.G. Wodehouse, J.M. Barrie y, por supuesto Ernest William Hornung. Cuatro textos plasman la pasión del padre de Sherlock Holmes por este deporte. El primero de ellos está precisamente protagonizado por Holmes y el Dr. Watson pero no pertenece al canon oficial de las sesenta historias de Sherlock Holmes. Escrito en 1896 para la revista The Student de la Universidad de Edinburg, The Field Bazaar (La Feria deportiva, audiolibro en inglés) es considerado por los especialistas como un pastiche de las historias de Sherlock Holmes. Watson está desayunando cuando entra Holmes en el comedor y le anuncia que ha adivinado lo que preocupa a su amigo… Donde se descubrirá que el Dr. Watson, en sus años estudiantiles, jugaba a críquet…

Ilustración: The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.

William_Gilbert_Grace,_by_Archibald_Stuart-Wortley

William Gilbert Grace (1848-1915), uno de los campeones evocados en el cuento, retratado por Archibald Stuart-Wortley

Pasaron más de veinte años sin que Arthur Conan Doyle escribiera sobre el críquet.
Publicado en abril de 1918 en The Strand Magazine, About Cricket (Sobre el críquet, audiolibro en inglés) es un tierno cuento con el que quiso dar cuenta del lenguaje de los niños pequeños. Mandado por su esposa a la habitación de sus hijos para asegurarse de que duermen, un padre se ve engatusado por los pequeños listos que le hacen preguntas sobre su pasión común, el críquet. Y en vez de irse a dormir, Laddie y Dimples siempre tienen una pregunta en reserva para hacer hablar a su padre y así prolongar el rato evocando los grandes nombres de su deporte favorito… En cuanto a A Reminiscence of Cricket (Una reminiscencia del críquet) es un poema escrito después de ganar al legendario William Gilbert Grace (1848-1915), y publicado en 1922 en uno de los tres volúmenes que reunían la poesía de Doyle.

Ilustración: Wikimedia Commons.

doyle-spedegue

Arthur Conan Doyle – The Story of Spedegue’s Dropper, ilustración de J.H. Thorpe (1928)

Basado en su propia experiencia como jugador, The Story of Spedegue’s Dropper (La Historia del voleo de Spedegue, 1929) es un divertido cuento en el que Arthur Conan Doyle evoca más detalladamente el ambiente de los partidos, los jugadores, etc. Tom Spedegue es un maestro de escuela asmático y delicado del corazón que, después de una serie de circunstancias, acaba jugando en el equipo nacional de Inglaterra un partido decisivo contra Australia. Gracias a su técnica particular de voleo, Spedegue logra contrarrestar a los australianos y lleva a su equipo a la victoria…

Ilustración: The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.

A_group_of_Lancashire_cricket_players

Un grupo de jugadores del equipo de Lancashire: Dick Pilling, Alexander Watson, A N Hornby, Dick Barlow (1896)

Forty Seasons of First-Class Cricket (Cuarenta Temporadas de críquet de primera clase, audiolibro en inglés, 1908) son las memorias de Dick Barlow (pseudónimo de Richard Gorton Barlow, 1851-1919), longevo jugador de los equipos de Lancashire e Inglaterra. Es recordado por su asociación con Albert Neilson Hornby, conocido como Monkey Hornby (1847-1925), jugador de críquet y de rugby, uno de los deportistas más famosos del siglo XIX en Inglaterra. Esta pareja de jugadores excepcionales fue inmortalizada por el poema At Lord’s (audiolibro en inglés) de Francis Thompson (1859-1907).

  Ilustración: Wikimedia Commons.

La primera parte de The Hampdenshire Wonder (La Maravilla de Hampdenshire, 1911) podría hacer pensar que se trata de una novela sobre un famoso jugador de críquet llamado Ginger Stott. Pero todo cambia cuando Ginger tiene un hijo, Victor, extraño bebé con una cabeza enorme. Considerado al principio como retrasado, Victor, al contrario, revela unas habilidades mentales extraordinarias porque es un avance evolutivo, lo cual nadie a su alrededor está dispuesto a reconocer… Considerada como la primera novela protagonizada por un «superhombre», The Hampdenshire Wonder es obra de John Davys Beresford (1873-1947) autor inglés recordado por sus historias de ciencia-ficción y sus cuentos de horror.

aumonier-the-match

Stacy Aumonier – The Match: to-day and yesterday, ilustración de J.H. Thorpe (1916)

Prolífico autor de cuentos, el británico Stacy Aumonnier (1877-1928) publicó en julio 1916 el mismo relato bajo dos títulos diferentes en distintas revistas. Cricket (publicado en The Century Magazine) o The Match: to-day and yesterday (en The Strand Magazine) es, en el ecuador de la Primera Guerra Mundial, la evocación nostálgica de los partidos de críquet que se celebraban en el campo antes de la guerra. Soleados y alegres partidos que quizás algunos de los jugadores de antaño nunca volverán a protagonizar…

Ilustración: Internet Archive.

gore-cricket-match

Spencer Gore – The Cricket Match (1909)

England, Their England (Inglaterra, su Inglaterra, 1933) es una novela satírica del periodista y escritor escocés Archibald Gordon Macdonell (1895-1941). Este divertido fresco social de la Inglaterra de los años 1920 tiene como momento culminante el hilarante desarrollo en un pueblo de un partido de cricket protagonizado por el equipo de Mr Hodge, caricatura del escritor y editor Sir John Collings Squire (1884-1958) que fundó el equipo The Invalids, inicialmente compuesto de veteranos lisiados de la Gran Guerra.

Ilustración: The Athenaeum.

A vueltas con el deporte escolar: críquet en Gran Bretaña, béisbol en Estados Unidos

hughes-tom-brown

Thomas Hughes – Tom Brown’s School Days, ilustración de Louis Rhead (1911)

Evocamos en la primera parte de este trabajo cómo el deporte fue abundantemente utilizado como argumento de novelas juveniles que tenían como objetivo el inculcar los valores morales a los jóvenes. Si es cierto que esas school stories inglesas o americanas ofrecieron una gran variedad de ambientes deportivos, el caso es que los primos hermanos críquet y béisbol ocupan la primera plaza en las preferencias de los alumnos ingleses y americanos respectivamente en estas ficciones, empezando por la más antigua de estas novelas, Tom Brown’s School Days (Los Días de escuela de Tom Brown, audiolibro en inglés, 1857) de Thomas Hughes (1822-1896) en la que los alumnos de la escuela de Rugby protagonizan partidos de rugby o de críquet.

Ilustración: Project Gutenberg.

reed-fith-form

Talbot Baines Reed – The Fifth Form at St. Dominic’s (1890)

A diferencia de Thomas Hughes, Talbot Baines Reed (1852-1893), impresor, eminente tipógrafo y novelista, nunca frecuentó los colegios privados ingleses y se puede reprochar a sus school stories cierta falta de realismo. Sus novelas también carecen de lecciones morales cristianas y parecen seguir todas el mismo esquema con sus personajes y ambientes estereotipados. No obstante, su comprensión de la psicología de los adolescentes y su habilidad para crear personajes creíbles contribuyeron a su gran popularidad entre los lectores anglófonos. Paralelamente a las intrigas escolares y demás aventuras, el acontecimiento más relevante en The Fifth Form at St. Dominic’s (Quinto Curso en St. Dominic, 1887), la más famosa de las obras de Reed, es la organización del partido de críquet entre los del quinto curso y los de sexto…

Ilustración: Internet Archive.

drummond-baxter

Baxter’s Second Innings (Diapositiva de la Iglesia Presbiteriana de Australia, 193?)

Con Baxter’s Second Innings: Specially Reported for the School Team (La Segunda Entrada de Baxter, 1891) damos un paso más en el género narrativo moralista. Conversación entre el autor y el joven Baxter, convaleciente de un golpe en la cabeza, este corto texto utiliza el críquet de manera alegórica para tratar de la lucha de los jóvenes contra la tentación de alejarse de los tres pilares morales que son la verdad, el honor y la pureza. El autor de esta obra, el escocés Henry Drummond (1851-1897), profesor de universidad y biólogo, fue sobre todo un activo evangelista cuyo pensamiento tuvo una gran influencia religiosa sobre sus coetáneos, especialmente sobre los jóvenes.

Ilustración: National Library of Australia.

Edward_Frederic_Benson,_age_19

Edward Frederic Benson a los 19 años

Prolífico novelista y cuentista, biógrafo, arqueólogo, Edward Frederic Benson (1867-1940) fue un deportista cumplido (representó a Inglaterra en un campeonato de patinaje artístico) y publicó tratados y manuales sobre distintas disciplinas: ejercicio físico saludable, golf, críquet, deportes de invierno, patinaje artístico… Ambientada en Inglaterra antes de la primera guerra mundial, David Blaize (1916) es su contribución al género escolar. La novela sigue las aventuras de un joven durante sus años de estudiante en los cuales el críquet ocupa un papel preponderante y forma parte de la vida cotidiana de los alumnos. Como en otros de sus trabajos literarios, se adivina en David Blaize cierta sensibilidad homosexual que se explicaría por las supuestas inclinaciones de Edward Frederic Benson, siempre extremadamente discreto sobre su vida privada.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Albert_Chevallier_Tayler_-_Kent_Vs_Lancashire_1906

Albert Chevallier Tayler – Kent vs Lancashire (1906)

Ilustración: Wikimedia Commons.

grey-youngpitcher

Zane Grey – The Young Pitcher (1911)

Como el críquet en Inglaterra, el béisbol fue el deporte estrella de las novelas juveniles de Estados Unidos e incluso algunos autores se especializaron en este deporte al que dedicaron varias novelas. Fue el caso de Zane Grey (1872-1939). Este dentista y escritor americano es sobre todo recordado por sus novelas de aventuras sobre el Far West. Jugador de béisbol en sus años universitarios, compitió en diversas ligas y dedicó tres obras a su deporte predilecto. Inspirándose en elementos autobiográficos, la novela juvenil The Short Stop (audiolibro en inglés, 1909), sobre la lucha de un joven jugador de béisbol para hacer fortuna y sacar a su familia de la miseria, fue un éxito y animó a Grey a lanzarse a una serie de novelas para la juventud, protagonizada por un héroe recurrente llamado Ken Ward. Después de un primer tomo en el que lucha contra la deforestación (The Young Forester, 1910), Ken Ward, ahora estudiante, sueña con formar parte del equipo de béisbol de su universidad. Es el argumento de The Young Pitcher (El Joven Lanzador, 1911). Por la misma época, Zane Grey publicó numerosos cuentos de béisbol en diversas revistas, historias que fueron reunidas en 1920 bajo el título The Redheaded Outfield and other Baseball Stories (1920).

Ilustración: Internet Archive.

mathewson-won-ninth

Christy Mathewson – Won in the Ninth, ilustración de Felix Mahony (1910)

Con diecisiete temporadas (1900-1916) como lanzador de los New York Giants, ganador de 373 partidos, Christy Mathewson (pseudónimo de Christopher Mathewson, 1880-1925) fue un jugador mítico, uno de los cinco primeros incluidos en la inauguración del Salón de la Fama del Béisbol en 1936. Adulado por el público, lanzó en 1910 una colección de novelas juveniles sobre béisbol titulada The Matty Books. Llegó a publicar cuatro títulos: Won in the Ninth (1910), Pitcher Pollock (1914), Catcher Craig (1915) y Second Base Sloan (1917). Su carrera literaria fue interrumpida por su muerte prematura a los 45 de tuberculosis provocada por la exposición accidental a armas químicas durante la Primera Guerra Mundial. Mathewson también publicó, en 1912, Pitching in a Pinch; or, Baseball from the Inside (audiolibro en inglés), en el que recopiló recuerdos y anécdotas de su carrera deportiva.

Ilustración: Project Gutenberg.

mathewson-pitcher-pollock

Christy Mathewson – Pitcher Pollock, ilustración de Charles M. Relyea (1914)

 

Ilustración: Project Gutenberg.

mathewson-catcher-craig

Christy Mathewson – Catcher Craig, ilustración de Charles M. Relyea (1915)

 

Ilustración: Project Gutenberg.

mathewson-second-base-sloan

Christy Mathewson – Second Base Sloan, ilustración de E.C. Caswell (1917)

 

Ilustración: Project Gutenberg.

baseball-abc

Baseball ABC (1885)

Entre las curiosidades editoriales dedicadas al béisbol, destacamos un curioso abecedario americano de 1885 y una historieta infantil, Foxy grandpa playing ball (Abuelo Foxy juega a la pelota, 190?) de Bunny (pseudónimo de Carl E. Schultze, 1866-1939).

Ilustración: Library of Congress.

Out_at_Home_print

Fletcher Charles Ransom – Out at home (1905)

Ilustración: Wikimedia Commons.

brooks-our-baseball-club

Noah Brooks – Our Base Ball Club and How it Won the Championship (1884)

Publicada en 1884, Our Base Ball Club and How it Won the Championship (Nuestro Club de béisbol, y Cómo ganó el campeonato) es la primera novela íntegramente dedicada al béisbol. Se ambienta en una ciudad industrial cerca de Chicago, justo después de la Guerra Civil, y cuenta las andanzas de los dos clubes locales de béisbol, opuestos en su manera de concebir el deporte, unos defendiendo la fuerza pura ; otros, el entrenamiento. El argumento en sí no tiene mucha originalidad, pero esta novela resulta ser un valioso testimonio sobre los años de la postguerra estadounidense, el papel de las mujeres y distintos aspectos culturales en torno al deporte, como las apuestas, la oposición entre deporte amateur y deporte profesional… El autor de esta novela, Noah Brooks (1830-1903), fue un periodista y editor americano. Amigo de Abraham Lincoln, es autor de una de las biografías más importantes del presidente.

Ilustración: Internet Archive.

brooks-our-baseball-club-2

Noah Brooks – Our Base Ball Club and How it Won the Championship (1884)

Ilustración: Internet Archive.

thayer-casey-at-the-bat

Ernest Thayer – Casey at the Bat, ilustración de Dan Sayre Groesbeck (1912)

Uno de los poemas más conocidos de la literatura estadounidense es sin duda Casey at the Bat (Casey al bate, audiolibro en inglés, 1888) de Ernest Thayer (1863-1940) y es un poema de béisbol! Desde su publicación en 1888 en el periódico San Francisco Examiner, este poema lírico-satírico ha sido recitado miles de veces por actores en teatros, además de haber sido el objeto de una infinidad de versiones, parodias, adaptaciones literarias, gráficas, cinematográficas e incluso musicales. El poema narra la última parte de un partido de béisbol entre el equipo de la ciudad ficticia de Mudville y otro equipo. Mudville está perdiendo y se espera la intervención del gran bateador Casey para salvar el partido. Entra Casey en escena y, con toda la prepotencia del campeón soberbio, deja pasar dos bolas buenas sin ni siquiera intentar golpearlas. A la tercera, es eliminado, terminando el partido en desastre para Mudville. Amigo de William Randolph Hearst, Ernest Thayer colaboró para él como humorista en diversos periódicos, entre los cuales el San Francisco Examiner entre 1886 y 1888, pero ninguna otra obra suya alcanzó el éxito de Casey at the Bat.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Casey_at_the_Bat_FilmPoster.jpeg

Cartel de la película Casey at the Bat dirigida por Monte Brice (1927)

Ilustración: Wikimedia Commons.

van-loan-traumatic-neurosis

Charles Emmett Van Loan – Traumatic Neurosis, ilustración de Arthur William Brown (1914)

Como Ernest Thayer, Charles Emmett Van Loan (1876-1919), Damon Runyon (1880-1946), William Frederick Kirk (1877-1927) y Ring Lardner (1885-1933) fueron columnistas deportivos para distintos periódicos o grupos editoriales, y dejaron su huella en la literatura beisbolística.

Aunque escribió sobre otros deportes (el golf por ejemplo, como vimos más arriba), la gran pasión del escritor, periodista deportivo y humorista americano Charles Emmett Van Loan fue el béisbol, al que dedicó varias historias, publicadas primero en revistas, antes de ser reunidas en 1919 en el volumen titulado Score by Innings.

Ilustración: Internet Archive.

damon-runyon

Damon Runyon, hacia 1932

Amigo y sucesor de Van Loan como cronista del béisbol y del boxeo para el grupo Hearst, Damon Runyon (1880-1946) cubrió los partidos de los New York Giants durante una década. Su habilidad para detectar los detalles inesperados y su talento en contarlo revolucionaron la forma de narrar los partidos de béisbol y le valieron ser admitido en 1967 en el ala de escritores del Salón de la Fama del Béisbol. Además de sus crónicas deportivas, publicó, en el diario New York American, poemas sobre boxeo y béisbol, y escribió numerosos ensayos y cuentos. Entre sus relatos cortos, Baseball Hattie (ficción radiofónica en inglés) es una historia en la que Runyon desarrolla con ironía el viejo lema según el cual la mujer en el deporte – incluso como aficionada a un equipo – es un peligro. Hattie es una mujer antipática, poco atractiva físicamente, bastante basta en sus modales, y es la esposa de uno de los mejores lanzadores de la zona… El periodismo deportivo no fue la única actividad que mantuvo Runyon a lo largo de su carrera. También siguió la primera guerra mundial, eventos políticos o juicios criminales. Sus crónicas judiciales se reunieron en 1947 en el volumen Trials And Other Tribulations (Juicios y otras tribulaciones). El último texto es una curiosa analogía de Runyon entre crónica judicial y crónica deportiva…

Ilustración: The Gateway of Oklahoma History.

kirk-righ-toff-bat

William Frederick Kirk – Right off the Bat: Baseball Ballads, ilustración de H.B. Martin (1911)

William Frederick Kirk (1877-1927) fue otro de los columnistas del grupo Hearst. Este humorista, poeta y escritor de canciones se encargó de la crónica neoyorquina del béisbol entre 1905 y 1918. Publicó en 1911 un volumen de canciones dedicadas al béisbol titulado Right off the Bat: Baseball Ballads (audiolibro en inglés). Estos poemas constituyen un interesante testimonio sobre el mundo del baseball en aquellos tiempos: jugadores poco y mal pagados, la adicción al alcohol y al tabaco, las apuestas…

Ilustración: Internet Archive.

lardner-busher-letter-home

Ring Lardner – A Busher’s Letters Home, ilustración de Martin Justice (1914)

Encargado de la actualidad del béisbol para diferentes periódicos (Chicago American, Chicago Tribune, Sporting News), Ring Lardner (pseudónimo de Ringgold Wilmer Lardner, 1885-1933) fue también un autor de cuentos famoso por sus historias satíricas sobre los deportes, el matrimonio o el teatro. You know me Al (Ya me conoces, Al, audiolibro en inglés, 1916) es una novela epistolar y fue su primer éxito editorial. A través de las cartas escritas a un amigo por Jack Keefe, jugador profesional de béisbol, personaje orgulloso, perezoso, egoísta e ingenuo, Lardner cuenta historias en las que pone en evidencia algunas figuras del mundo del deporte: el campeón soberbio y crédulo, los entrenadores manipuladores… Los seis relatos que componen You know me Al forman parte en realidad de un conjunto de veintiséis historias protagonizadas por Jack Keefe, que se publicaron en el Saturday Evening Post entre 1914 y 1919. Las historias publicadas en 1918 y 1919 cuentan las hazañas de Keefe en la Primera Guerra Mundial.

Ilustración: Internet Archive.

Ilustración: Internet Archive.

You know me Al fue adaptada en tiras humorísticas para la prensa, con guion del propio Lardner y dibujos de Will B. Johnstone (1881-1944) hasta 1923, tomando el relevo Dick Dorgan (1892-1953) hasta 1926.

lardner-You_know_me_al_comic_strip

Ring Lardner – You Know Me, Al (1922)

Ilustración: Wikimedia Commons.

witwer-there-s-no-base

Harry Charles Witwer – There’s No Base Like Home, ilustración de Arthur William Brown (1920)

Autor de cerca de 400 cuentos y artículos publicados en revistas, muchos de ellos adaptados al cine en la década de 1920, Harry Charles Witwer (1890-1929) es recordado por sus historias sobre béisbol y sobre boxeo. En la línea de las aventuras imaginadas por Ring Lardner, la trilogía del béisbol de Witwer tiene como protagonista a Ed Harmon, lanzador de béisbol, más exitoso que el Keefe de Lardner, y… ¡mejor mentiroso! La trilogía empieza con From Baseball to Boches (Del Béisbol a los Boches, 1918), en la que Harmon vive todo tipo de aventuras en la Gran Guerra, desde derribar un avión alemán, casarse con una francesa, o protagonizar un partido entre el ejército y la marina. En el segundo episodio, A Smile, A Minute (Una sonrisa, un minuto, 1919), las aventuras bélicas de Harmon continúan y terminan con su regreso a Estados Unidos, el nacimiento de su hijo, y la reanudación de su carrera deportiva. There’s No Base Like Home (No hay ninguna base como el propio hogar, 1920) es la última entrega de la trilogía. Para completar sus ingresos, Ed Harmon se dedica a vender artículos deportivos y escribe artículos en un periódico… Esta serie de novelas epistolares y humorísticas, claras imitaciones de las aventuras de Jack Keefe, de Ring Lardner, no tienen – según los críticos – la calidad literaria de su modelo.

Ilustración: Internet Archive.

baseball-hartford

Industrial Baseball League Contest, Hartford (192?)

Conocimos a Gerald Beaumont (1880-1926), prolífico autor de guiones para Hollywood y de cuentos de deportes, en nuestra entrega anterior de Tesoros Digitales, dedicada a los deportes hípicos. Aunque las carreras de caballos y el boxeo fueron sus temas de predilección, Beaumont dedicó al béisbol un volumen titulado Hearts and the diamond (1921). Las historias que componen este libro se articulan en torno a la Pacific Coast Baseball League y se centran en la vida privada de los jugadores: sus esperanzas, alegrías, amores y dificultades.

Ilustración: New York Public Library Digital Archive.

eakins-baseball-players-practicing-1875.jpg!HalfHD

Thomas Eakins – Baseball Players Practising (1875)

Ilustración: WikiArt.

bancroft-jane-allen

Edith Bancroft – Jane Allen, Right Guard, ilustración de R. Emmett Owen (1918)

Inventado en 1891 por James Naismith, un profesor de educación física del Springfield College, el baloncesto, que tantas películas y novelas recientes ha inspirado, se convirtió en tema literario de manera tardía. Una de las primeras novelas sobre este deporte se publicó en 1917 y es el primer episodio de una serie de cinco school stories femeninas. Creada por una misteriosa autora llamada Edith Bancroft, la serie Jane Allen se compone de los siguientes títulos: Jane Allen of the Sub Team (1917), Jane Allen, Right Guard (1918), Jane Allen, Center (1920), Jane Allen, Junior (1921) y Jane Allen, Senior (1922).

Ilustración: Internet Archive.

Henri_Rousseau_-_The_Football_Players

Henri Rousseau – Los Jugadores de fútbol (1908)

Ilustración: Wikimedia Commons.

From the brown crest of Newark its summons extending,
Our signal is waving in smoke and in flame ;
And each forester blithe, from his mountain descending,
Bounds light o’er the heather to join in the game.

Chorus
Then up with the Banner, let forest winds fan her,
She has blazed over Ettrick eight ages and more ;
In sport we’ll attend her, in battle defend her.
With heart and with hand, like our fathers before.

When the Southern invader spread waste and disorder,

At the glance of her crescents he paused and withdrew,
For around them were marshall’d the pride of the Border,
The Flowers of the Forest, the Bands of Buccleuch.
Then up with the Banner, &c.

A Stripling’s weak hand to our revel has borne her,

No mail-glove has grasp’d her, no spearmen surround ;
But ere a bold foeman should scathe or should scorn her,
A thousand true hearts would be cold on the ground.
Then up with the Banner, &c.

We forget each contention of civil dissension,

And hail, like our brethren, Home, Douglas, and Car :
And Elliot and Pringle in pastime shall mingle,
As welcome in peace as their fathers in war.
Then up with the Banner, &c.

 


Then strip, lads, and to it, though sharp be the weather,

And if, by mischance, you should happen to fall.
There are worse things in life than a tumble on heather,
And life is itself but a game at foot-ball.
Then up with the Banner, &c.

And when it is over, we’ll drink a blithe measure
To each Laird and each Lady that witness’d our fun,
And to every blithe heart that took part in our pleasure.
To the lads that have iost and the lads that have won.
Then up with the Banner, &c.

May the Forest still flourish, both Borough and Landward,
From the hall of the Peer to the Herd’s inglenook ;
And huzza! my brave hearts, for Buccleuch and his standard.
For the King and the Country, the Clan and the Duke !

Then up with the Banner, let forest winds fan her,
She has blazed over Ettrick eight ages and more;
In sport well attend her, in battle defend her
With heart and with hand, like our fathers before.

Song on the lifting of the banner of the house of Buccleuch, at a great Foot-ball Match on Carterhaugh (1826)
Walter Scott (1771-1832)

We were challenged by The Dingoes — they’re the pride of Squatter’s Gap—
To a friendly game of football on the flat by Devil’s Trap.
And we went along on horses, sworn to triumph in the game,
For the honour of Gyp’s Diggings, and the glory of the same.

And we took the challenge with us. It was beautiful to see,
With its lovely curly letters, at its pretty filigree.
It was very gently worded, and it made us all feel good,
For it breathed the sweetest sentiments of peace and brotherhood.

We had Chang, and Trucker Hogan, and the man who licked The Plug,
Also Heggarty, and Hoolahan, and Peter Scott, the pug;
And we wore our knuckle-dusters, and we took a keg on tap
To our friendly game of football with The Dingoes at The Gap.

All the fellows came to meet us, and we spoke like brothers dear.
They’d a tip-dray full of tucker, and a waggon load of beer,
And some lint done up in bundles; so we reckoned there’d be fun
Ere our friendly game of football with the Dingo Club was done.

Their umpire was a homely man, a stranger to the push,
With a sweet, deceitful calmness, and a flavour of the bush.
He declared he didn’t know the game, but promised on his oath
To see fair and square between the teams, or paralyse them both.

Then we bounced the ball and started, and for twenty minutes quite
We observed a proper courtesy and a heavenly sense of right,
But Fitzpatrick tipped McDougal in a handy patch of mud,
And the hero rose up, chewing dirt, and famishing for blood.

Simple Simonsen, the umpire, sorted out the happy pair,
And he found a pitch to suit them, and we left them fighting there;
But The Conqueror and Cop-Out met with cries of rage and pain,
And wild horses couldn’t part those ancient enemies again.

So the umpire dragged them from the ruck, and pegged them off a patch,
And then gave his best attention to the slugging and the match.
You could hardly wish to come across a fairer-minded chap
For a friendly game of football than that umpire at The Gp.

In a while young Smith, and Henty, and Blue Ben, and Dick, and Blake,
Chose their partners from The Dingoes, and went pounding for the cake.
Timmy Hogan hit the umpire, and was promptly put to bed
‘Neath the ammunition waggon, with a bolus on his head.

Feeling lonely-like, Magee took on a local star named Bent,
And four others started fighting to avoid an argument:
So Simonsen postponed the game, for fear some slight mishap
Might disturb the pleasant feeling then prevailing at The Gap.

Sixty seconds later twenty lively couples held the floor,
And the air was full of whiskers, and the grass was tinged with gore,
And the umpire kept good order in the interests of peace,
Whilst the people, to oblige him, sat severely on the p’lice.

Well, we fought the friendly game out, but I couldn’t say who won;
We were all stretched out on shutters when the glorious day was done;
Both the constables had vanished; one was carried off to bunk,
And the umpire was exhausted, and the populace was drunk.

But we’ve written out a paper, with good Father Feeley’s aid,
Breathing brotherly affection; and the challenge is conveyed
To the Dingo Club at Squatter’s, and another friendly game
Will eventuate at this end, on the flat below the claim.

We have pressed The Gap to bring their central umpire if they can—
Here we honestly admire him as a fair and decent man—
And we’re building on a pleasant time beside the Phoenix slums,
For The Giant feels he’s got a call to plug him if he comes.

A Friendly Game Of Football (Un partido de fútbol amistoso, audiolibro en inglés, 1896)
Edward Dyson (1865-1931)
If I could paint you, friend, as you stand there,
Guard of the goal, defensive, open-eyed,
Watching the tortured bladder slide and glide
Under the twinkling feet; arms bare, head bare,
The breeze a-tremble through crow-tufts of hair;
Red-brown in face, and ruddier having spied
A wily foeman breaking from the side;
Aware of him, — of all else unaware:
If I could limn you, as you leap and fling
Your weight against his passage, like a wall;
Clutch him, and collar him, and rudely cling
For one brief moment till he falls — you fall:
My sketch would have what Art can never give —
Sinew and breath and body; it would live.

A Football-Player (Un futbolista, audiolibro en inglés, 1897)
Edward Cracroft Lefroy (1855-1891)
zarraga-ramon-novarro

Ángel Zárraga y Argüelles – Retrato de Ramón Novarro (1929)

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

hendereich-college-two-steps

Isidor Heidenreich – The college two step (1901)

Ilustración: Internet Archive.

Herederos de juegos colectivos medievales como la soule francesa o el calcio italiano, codificados y organizados por los británicos, los juegos de balompié modernos – fútbol, rugby… – se popularizaron en la segunda mitad del siglo XIX pero no hicieron su aparición como tema literario hasta la primera década del XX.

greene-harry-galbraith

Louisa Lilias Greene – Harry Galbraith, or, The Pierced Eggs (1891)

El caso es que las primeras narrativas de balompié que encontramos son novelas para niños, historias morales de niños virtuosos, como Harry Galbraith, or, The Pierced Eggs (Harry Galbraith, o Los Huevos perforados, 1891) de la autora irlandesa Louisa Lilias Greene (1833-1891), o That Football Game: and What came of it (Aquel partido de fútbol, y lo que ocurrió, 1897) y The Best Foot Forward and Other Stories (El Mejor Pie adelante, y otras historias, 1899), del jesuita americano Francis James Finn (1859-1928).

Ilustración: University of Florida Digital Collections.

hancock-frank-manleys

Harrie Irving Hancock – Frank Manley’s mad scrimmage, or, The trick that dazed Bradford (1905)

Progresivamente, el género fue evolucionando hacia obras en las que la moral cristiana dejaba sitio al patriotismo y la virilidad. Evocamos en la primera parte de estos Tesoros Digitales y deportivos la figura de Harrie Irving Hancock (1868-1922), prolífico autor estadounidense de series juveniles, especialmente de school stories de deportes. No nombramos entonces la serie de las aventuras de Frank Manley publicadas en la primera década del siglo XX en la colección Good Stories of Young Athletes, y protagonizadas por un polifacético joven atleta. Varios episodios están dedicados al fútbol y el fútbol americano: Frank Manley’s tandem trick, or, How Hal Spofford fooled the enemy, Frank Manley’s mad break through, or, Playing half-back for all it is worth, Frank Manley’s Jap ally, or, How Sato played the gridiron game, Frank Manley’s lion-hearted rush, or, Staking life on the outcome, Frank Manley’s mad scrimmage, or, The trick that dazed Bradford, Frank Manley’s great line-up, or, The Woodstock Eleven on the jump, Frank Manley’s prize tackle, or, The football tactics that win, Frank Manley’s football strategy, or, Beating Tod Owen’s fake kick, Frank Manley’s gridiron grill, or, The try-out for football grit

  Ilustración: Internet Archive.

brooke-story-football-season

George Haydock Brooke – The Story of a Football Season, anuncio publicitario en prensa (1907)

Destinado a la juventud, The Story of a Football Season (La Historia de una temporada de fútbol, 1907) tiene la particularidad de haber sido escrito por un especialista: después de jugar a fútbol (americano) durante su carrera universitaria, George Haydock Brooke (1874-1938) fue entrenador de los equipos de varias escuelas. Cuando publicó su libro, en 1907, entrenaba a los chavales del colegio de Swarthmore en Pensilvania. Bajo el pretexto de una novela sobre un equipo universitario ficticio y su entrenador, Brooke establece de manera didáctica las reglas y la estrategia del juego, ilustrando sus explicaciones con diagramas tácticos. Un libro que le debió de servir para formar a sus jugadores…

Ilustración: Internet Archive.

The Prelude Adventure (El Preludio a la aventura, 1912) de Sir Hugh Walpole (1884-1941) es una obra más lograda que las anteriores desde el punto de vista literario y no es una obra para niños. Ambientada en Cambrigde, es un thriller psicológico sobre la destreza y el sentimiento de culpa de un joven, culpable de un crimen que nunca ha confesado… Walpole, que estudió en Cambridge, describe minuciosamente el microcosmos universitario inglés, con sus figuras más destacadas, desde el estudiante solitario e introvertido hasta los masculinos y exuberantes integrantes del equipo de fútbol…

Thomas_Hemy_Sunderland_v_Aston_Villa_1895_A_Corner_Kick

Thomas Hemy – Sunderland vs Aston Villa (1895)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Milos_Jiranek_19._11._1875-2._11._1911_-_Na_hristi_S._K._Slavie_na_Letne_Fotbal_V.

Miloš Jiránek – En el campo de S. K. Slavia en Letná (ca. 1901-1902)

Las primeras normas de las diferentes modalidades de balompié empezaron a publicarse en la década de 1862 y las ediciones se multiplicaron a partir de la década de 1890. Podemos citar, entre los textos más antiguos:

Ilustración: Wikimedia Commons.

Muy pronto también empezaron a aparecer textos de medicina específica de las lesiones y enfermedades relacionadas con el balompié: Football impetigo : an enquiry into contagious affection of the skin occurring amongst football players a paper read before the Association on 10th December, 1895 (1896), de Henry George Armstrong o Football injuries : being a paper read before the Association in 1903 (1904), de Richard Henry Anglin Whitelocke.

The_Roses_Match

William Barnes Wollen – The Battle of the Roses (1895)

Ilustración: Wikimedia Commons.

robinson-modern-game-football

Bertram Fletcher Robinson – A Modern Game of Rugby Football, ilustración de Max Pemberton (1896)

A pesar de su corta carrera, brutalmente interrumpida a los 36 años por la fiebre tifoidea (aunque circulan rumores acerca de una momia egipcia maldita…), Bertram Fletcher Robinson (1870-1907) fue un prolífico columnista de prensa, dramaturgo y autor de numerosos cuentos, ensayos y poemas. Amigo de Arthur Conan Doyle y de P.G. Wodehouse, Robinson fue, en su juventud, miembro del equipo de rugby universitario. Dedicó a su deporte de predilección una serie de ensayos reunidos en 1896 bajo el título Rugby Football (audiolibro del texto A Modern Game of Rugby Football, en los que aborda temas como los orígenes del rugby, cuestiones prácticas del entrenamiento, el rugby en la escuela…

Ilustración: Internet Archive.

Mr_Dooley_Gordon_Ross_1909

Finley Peter Dunne – Mr. Dooley, ilustración de Gordon Ross (1909)

El siguiente texto nos puede resultar hermético por la mezcla de inglés y de irlandés que utiliza su narrador, Mr. Dooley, inmigrante irlandés, barman de una taberna en un barrio popular de Chicago creado por el escritor, periodista y humorista americano Finley Peter Dunne (1867-1936). Mr Dooley fue, durante más de veinte años entre 1893 y 1915, el protagonista de una columna de prensa y el pretexto para su autor para analizar la actualidad y la sociedad de su tiempo. Publicadas posteriormente en varios volúmenes, las historias de Mr. Dooley fueron muy populares y constituyen un fresco sin precedente en la literatura estadounidense de la sociedad urbana y étnica de aquellos años. Publicada en 1899 o antes (encontramos esta columna en un diario australiano de mayo de 1899) On the game of football (Sobre el juego de fútbol, audiolibro en inglés) es una reminiscencia futbolística de juventud de Mr. Dooley…

Ilustración: Wikimedia Commons.

sapphire-rugby-league

El equipo de rugby de Sapphire, Queensland (1913)

Far Inland Football (Fútbol de interior, audiolibro en inglés, 1905), uno de los primeros cuentos dedicados al balompié, en este caso el rugby, nos ha llegado de Australia y es una divertida historia ambientada en el bush. Aburridos de la vida monótona de su pueblo, los habitantes deciden comprar una pelota y jugar al fútbol. Un poco desconcertados cuando les llega un balón oval, no se desaniman y van inventando sus propias reglas del juego… Nacido en Inglaterra, el autor de este cuento, John Arthur Barry (1850-1911), se fue con veinte años a buscar fortuna en Australia y, después de ejercer diversos oficios, acabó como periodista colaborando en diversas publicaciones. Publicó varios volúmenes de cuentos y dos novelas.

Robert_Delaunay,_1913,_L'Équipe_de_Cardiff,_oil_on_canvas,_326_×_208_cm,_Musée_d'Art_Moderne_de_la_ville_de_Paris

Robert Delauney – El Equipo de Cardiff (1913)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Ilustración: Trove, Biblioteca Nacional de Australia.

bennett-matador-cinco-villas

Arnold Bennett – El «Matador» de las Cinco Villas (1921)

Arnold Bennett (1867-1931) fue un famoso y fecundo escritor, periodista y dramaturgo inglés. Originario del condado de Staffordshire, ambientó varias novelas en las ciudades industriales productoras de porcelana de la zona conocida como The Staffordshire Potteries (Las Alfarerías de Straffordshire). Grandes éxitos en todo el mundo anglófono, las novelas de las Cinco Villas consolidaron el renombre de Bennett y varias fueron adaptadas al cine. The Matador of the Five Towns (El «Matador» de las Cinco Villas, audiolibro en inglés, 1912) es un relato en el que Bennett esboza el retrato de un futbolista al final de su carrera. Fue un jugador muy cotizado en su época de gloria, ahora ya no lo es tanto… Pero sigue atrayendo a las multitudes a cada partido. Con unas descripciones muy divertidas del juego…

Ilustración: Biblioteca Digital de España.

Equipo_Football_Burslem_1894

El equipo de fútbol de Burslem (una de las ciudades alfareras de Staffordshire) en 1894

«Detrás de mí una voz de increíble volumen gritó:
– ¡Ahora, Jos!
Y otra voz siguió más adelante:
– ¡Ahora, Jos!
En la distancia, el aviso formidable irrumpió de la muchedumbre:
– ¡Ahora, Jos!
El más próximo de los muñecos blancos se adelantó al acercarse el rojo. Pude ver una pierna. Y la pelota voló hacia atrás en magnífica curva hacia las nubes ; la perdí de vista, sentí luego un golpe en el cinc de la techumbre de las tribunas, y cayó entre la multitud en ellas apiñada.
Pero apenas comenzó el vuelo de la pelota, un terrible alarido de alivio rodó formidable en torno al campo, y de aquel alarido, como chispazos de entre el humo espeso, brotaban exaltados gritos de admiración:
– ¡Bravo, Jos!
– ¡Anda, chico!
La pierna había sido evidentemente la de Jos. El próximo de los dos muñecos blancos, Jos, era, sin duda, el ídolo de aquellas quince mil personas frenéticas.
– Stirling tocó a su vecino en el codo para llamarle la atención.
– ¿Cómo están los tantos? – le preguntó.
El otro gruñó ceñudo:
– Dos por uno contra nosotros.
Luego refunfuñó:
– Están obligando a salir continuamente a nues­ tras zagueros. Jugamos con uno menos.
– ¿Algún accidente?
– No; el referee, que le ha mandado retirar por juego sucio.
Varios espectadores empezaron a explicar apasionadamente, furiosamente, que semejante acción del referee era contraria al sentido común y la justicia. Las explicaciones fueron acallándose, y todo el mundo, excepto yo, volvió a poner denodada atención en el campo.»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Big_Bill_Edwards

«Big Bill» Edwards

Conocido como «Big Bill» por su imponente estatura, William Hanford Edwards (1877-1943) fue, entre 1896 y 1899, guardia (offensive guard) en el equipo de fútbol americano de la universidad de Princeton, los Princeton Tigers. Después de sus estudios, Edwards trabajó como empleado público antes de entrar en política, pero sin alejarse demasiado de los estadios. Fue árbitro y en 1926 fue el primer presidente de la primera Liga de Fútbol Americano. En 1916 publicó Football Days: Memories of the Game and of the Men behind the Ball (Días de fútbol: memorias del juego y de los hombres detrás de la pelota, audiolibro en inglés), libro de recuerdos de sus años de fútbol universitario, obra nostálgica que no detalla demasiado las técnicas de juego, pero que no deja de ser uno de los testimonios más extensos sobre el fútbol universitario a finales del siglo XIX.

Ilustración: Wikimedia Commons.

tommies-football

Soldados ingleses preparados para un partido de fútbol en 1916

Aunque las primeras federaciones de fútbol nacieron en la primera década del siglo, este deporte permaneció, en Europa continental, como actividad reservada para cierta élite y fue la Primera Guerra Mundial la que democratizó la práctica del fútbol. Para distraerse en las largas esperas de los primeros meses entre un combate y otro, para escapar un momento de la desesperación de las trincheras, los soldados adoptaron las costumbres de los ingleses y se fueron aficionando a la pelota redonda. Todos tenemos en memoria la hermosa película Feliz Navidad (Christian Carion, 2015) en la que soldados franceses, británicos y alemanes celebran un partido de fútbol en el día de Navidad. Si la autenticidad de esta historia es controvertida, otros testimonios nos han llegado sobre la práctica del fútbol durante la Gran Guerra. Así, en 1916, Ramiro de Maeztu (1875-1936) evoca, en Inglaterra en armas : una visita al frente, la anécdota de La Heroica Pelota de football. El crítico y escritor francés Maurice Demaison (1863-1939), por su parte, relata la curiosidad que suscita un grupo de soldados ingleses jugando a fútbol en una plaza de París. El texto se titula Football y fue publicado en Croquis de Paris (Bocetos de París, 1917). La novela bélica popular también nos da testimonio de la afición futbolística de los soldados. Por ejemplo, Robert Lortac, en Un coup de main au nord de Soissons (1918) o Henri d’Orcines en Les Chevaliers de l’espace (1918)…

Ilustración: Gallica.

«Fue un capitán del regimiento del Este de Surrey el que, á las siete y treinta, la hora del avance, llamó la atención de su compañía alzándose sobro el parapeto con una pelota de «foot-ball» por encima de su cabeza, y gritándoles : Muchachos; el «goal» es la trinchera alemana— y dió una patada á la pelota. Los soldados corrieron en pos del juguete, con el fusil en la mano, y todo el equipo en las espaldas. Y fué un mozo de facciones aniñadas el que dió la última patada, que hizo caer la pelota en la trinchera enemiga. Los heridos la han traído al depósito del regimiento en Inglaterra y hoy figura en un puesto de honor. Cuento, lector, el incidente, porque expresa mejor de lo que pudieran hacerlo las palabras el espíritu del nuevo ejército inglés. No es sólo un suceso; es un símbolo.» (Ramiro de Maeztu)

Jean_Jacoby,_Foussball-101

Jean Jacoby – Fútbol (ca. 1932)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Fernando_Mora_-_Soy_del_racing

Fernando Mora – ¡Soy del Racing! (1923)

Retratista de las clases humildes madrileñas, Fernando Mora (1878-1936) fue redactor de varios periódicos, además de un novelista y cuentista muy popular en su tiempo. Publicó más de cincuenta novelas cortas en colecciones populares. Una de ellas fue ¡Soy del Racing!, aparecida en la colección La Novela de Hoy en octubre de 1923. Esta novela satírica ambientada en Madrid escenifica la lucha de clases a través del entusiasmo por el fútbol: dos partidos políticos contrincantes crean sus clubes de fútbol para captar a los jóvenes y adoctrinarlos. Con profusión de términos técnicos ingleses y la descripción de un partido como si fuera una crónica periodística, una novela en la que finalmente triunfarán el amor y el deporte sobre la política… Republicano, antimilitarista, Fernando Mora fue fusilado en Zaragoza en noviembre de 1936 después de ser sometido a humillantes vejaciones.

Ilustración: Ejemplar personal.

campeonato-futbol-2

Un campeonato de fútbol (S. XX)

« El instante es de gran emoción ; frente a frente Pedro y «el Moreno», por la actuación desgraciada de un amigo puede hacer variar la fisonomía de la lucha. El golpe seco de «el Moreno», dado con toda energía al balón, lo ha hecho ir como una centella sobre el ángulo del marco. Un salto gigantesco de Pedro, arriesgadísimo y de gran vistosidad, ha contenido la pelota, poniéndola en «corner». Tirado éste, el juego va ciegamente al campo del «Servet». Jacinto se multiplica: cubre su puesto y es la ayuda más eficaz del equipo. Faltan pocos minutos y el triunfo aún no ha sido encontrado por ninguno de los bandos. En un alarde de táctica futbolística, Jacinto se va decidido sobre el «goal». A su paso le salen varios contrarios, contrarios que no pueden resistir el empuje del medio centro del «Racing» ; a su derecha camina Fermín, esperando impaciente el momento de lanzarse a «shootar». Difícil espera. Jacinto sortea a medios y defensas contrarias, y, rápido, se encuentra ante el portero, que llega a cortarle el paso. Quiebra su cuerpo para engañar al guardamenta, y en un fuerte «shoot» el balón llega a la red, rozando el palo por su parte inferior. Ha sido un tanto enorme, ganado por el valor, por el arrojo del bravo Jacinto, que ha sugestionado al público y le ha valido una ovación atronadora. »

Ilustración: Biblioteca Digital Hispánica.

Nota: Fortune’s foot-ball, or, The adventures of Mercutio (Tomo 1, Tomo 2) del escritor estadounidense James Butler (1755-1842) no es una historia sobre fútbol, sino una novela picaresca en la que Mercutio, el protagonista, va dando tumbos por la vida, como si fuera una pelota lanzada por el destino…

Arthur_Streeton_-_The_national_game_-_Google_Art_Project

Arthur Streeton – The National Game (1889)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Más lecturas (que no han entrado todavía en el Dominio Público)

  • wodehouse-TheClickingOfCuthbert

    P.G. Wodehouse – The Clicking Of Cuthbert (1922)

     

    Sobre los juegos de pelota españoles

    • Zalacaín el aventurero (1908), de Pío Baroja (1872-1956)
    • Els Jocs de pilota : noticia i regles (1916), de Josep Elias i Juncosa (1880-1944)
  • Sobre el tenis
  • Sobre el golf
    • The Charm of Golf (1919), de A.A. Milne (1882-1956)
    • Damsel in Distress (1919), The Clicking of Cuthbert (1922), The Heart of a Goof (1926), de P.G. Wodehouse (1881-1975)

Ilustración: Wikipedia.

  • Sobre el críquet
    • The Hill (1905), de Horace Annesley Vachell (1861-1955)
    • Pip (1907), de Ian Hay (pseudónimo de John Hay Beith, 1876-1952)
    • A Mother’s Son (1907), de Charles Burgess (1872-1956) y Beatrice Fry (1862-1946)
    • Mike (1909), Psmith in the City (1910), Psmith, Journalist (1915), de P.G. Wodehouse (1881-1975)
    • The Loom of Youth (1917), de Alec Waugh (1898-1981)
    • That Test Match (1921), de Sir Home Gordon (1871-1956)
    • Mr. Evans : a cricketo-detective story, de Cyril Alington (1872-1955)
    • Tell England (1923), de Ernest Raymond (1888-1974)
    • The Cricket Match (1924) y The Game of the Season (1935), de Hugh de Sélincourt (1878-1951)
    • How Jembu Played for Cambridge (1928), de Lord Dunsany (1878-1957)
    • Memoirs of a Fox-Hunting Man (1928), de Siegfried Sassoon (1886-1967)
    • The Unforgotten Prisoner (1933), de Ray Coryton Hutchinson (1907-1975)
    • Murder Must Advertise (1933), de Dorothy Sayers (1893-1957)
    • Prayer for the living (1934), de Bruce Marshall (1899-1987)
    • A Question of Proof (1935), de Nicholas Blake (pseudónimo de Cecil Day-Lewis, 1904-1972)
    • Son of Grief (1936), de Dudley Carew (1903-1981)
    • The Amazing Test Match Crime (1939), de Adrian Alington (1895-1958)
    • Pro: an English Tragedy (1946), de Bruce Hamilton (1900-1974)
    • Murder isn’t cricket (1946), de Edwin (1891-1973) y Mona Augusta Radford
    • Cricket on Saturday (1947), de Graham White
    • The Test Match Murder (1948), de Alfred Tack (1906-19?)
    • A Village Match & After (19?), de Dar Lyon (1898-1964)
  • Futbballet

    M. M. Gabovich y V.V. Kudryavtseva en el ballet El Futbolista (Teatro Bolshoi de Moscú, 1930)

     

    Sobre el béisbol

    • Base-ball Ballads (1910), de Grantland Rice (1880-1954)
    • The Humming Bird (1910), de Owen Johnson (pseudónimo de Owen McMahon Johnson, 1878-1952)
    • You could look it up (1941), de James Thurber (1894-1961)

Ilustración: Cyclowiki.

  • Sobre los juegos de balompié
    • The evolution of the pigskin (fútbol americano, 1912), de Charles William Jefferys (1869-1951)
    • Le Jeune Athlète (fútbol, 1913, republicado en 1928 con el título Le Joueur de balle), de Joseph Jolinon (1885-1971)
    • Les chants du stade (rugby, 1923), de Paul Souchon (1874-1951)
    • Histoire de quinze hommes (rugby, 1924), de Marcel Berger
    • Desroches footballer (fútbol, 1924), de Louis-Henry Destel (1885-1962)
    • Tête de mêlée (rugby, 1924), de Jean Bernier (1894-1975)
    • Le Flambeau dans la nuit (rugby, 1927), de Henri Decoin (1890-1969)
    • La chair est forte (fútbol, 1930), de Henri Chabrol (1897-1981)
    • Футболист (El futbolista, ballet, 1930), de Viktor Aleksandrovich Oranskiy (1899-1953)
    • Pro Football: Its Ups and Downs (fútbol americano, 1934), de Harry Addison March (1875-1940)
    • The Arsenal Stadium Mystery (fútbol, 1939), de Leonard R. Gribble (1908-1985)
Marius_Borgeaud_-_Les_joueurs_de_boules_1918

Marius Borgeaud – Los Jugadores de bolos (1918)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Hércules modernos: luces y sombras del boxeo y de la lucha
Gustave_Courbet_-_The_Wrestlers_-_Google_Art_Project

Gustave Courbet – Los Luchadores (1853)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Cuando evocamos la relación entre literatura y boxeo, lo primero que se nos viene a la mente es el entusiasmo de Ernest Hemingway (1899-1961) por este deporte, que evoca por ejemplo en París era una fiesta (publicado de manera póstuma en 1964). No obstante, antes de Hemingway, numerosos escritores se acercaron a los rings y dejaron por escrito numerosos testimonios – biográficos o narrativos – sobre la práctica de este deporte en sus inicios. Si se encuentran historias de boxeadores desde las últimas décadas del siglo XIX, fue a partir de 1910 que la narrativa del boxeo conoció su pleno auge, coincidiendo con la creciente popularidad de esta disciplina entre las dos guerras mundiales. Pero, empecemos por el principio: antes del boxeo, hubo la lucha cuerpo a cuerpo, una práctica tan antigua como la Humanidad que dejo importantes huellas en la literatura universal.

Quoique leurs chapeaux soient bien laids,
God dam ! moi j’aime les Anglais :
Ils ont un si bon caractère !
Comme ils sont polis ! et surtout
Que leurs plaisirs sont de bon goût !
Non, chez nous, point,
Point de ces coups de poing
Qui font tant d’honneur à l’Angleterre.

Voilà des boxeurs à Paris :
Courons vite ouvrir des paris,
Et même par-devant notaire.
Ils doivent se battre un contre un ;
Pour des Anglais c’est peu commun.
Non, chez nous, point,
Point de ces coups de poing
Qui font tant d’honneur à l’Angleterre.

En scène, d’abord admirons
La grâce de ces deux lurons,
Grâce qui jamais ne s’altère.
De la halle on dirait deux forts :
Peut-être ce sont des milords.
Non, chez nous, point,
Point de ces coups de poing
Qui font tant d’honneur à l’Angleterre.

Çà, mesdames, qu’en pensez-vous ?
C’est à vous de juger les coups.
Quoi ! ce spectacle vous atterre ?
Le sang jaillit… battez des mains.
Dieux ! que les Anglais sont humains !
Non, chez nous, point,
Point de ces coups de poing
Qui font tant d’honneur à l’Angleterre.

Anglais ! il faut vous suivre en tout,
Pour les lois, la mode, et le goût,
Même aussi pour l’art militaire.
Vos diplomates, vos chevaux,
N’ont pas épuisé nos bravos.
Non, chez nous, point,
Point de ces coups de poing
Qui font tant d’honneur à l’Angleterre.

Pierre-Jean de Béranger (1780-1857) – Les Boxeurs, ou L’Anglomane (1814)
À Hyacinthe Guadet-Azaïs.
Devant la loterie éclatante, où les lots
Sont un sucre de pomme ou quelque étrange vase,
L’illustre Arpin, devant un public en extase,
Manipule des poids de cinquante kilos.

Colossal, aux lueurs sanglantes des falots,
Il beugle un boniment et montre avec emphase
Sa nièce, forte fille aux courts jupons de gaze,
Qui doit à bras tendus soulever deux tringlots.

À qui pourra tomber, à la lutte à main plate,
Son frère, au caleçon d’argent et d’écarlate,
Qui sur un bout de pain achève un cervelas,

Il promet cinq cents francs, chimérique utopie !
— O les athlètes nus sous l’azur clair d’Hellas !
O palme néméenne ! ô laurier d’Olympie !

François Coppée (1842-1908) – Lutteurs forains (1892)

 

gericault-boxeurs

Théodore Géricault – Boxeurs (1818)

Ilustración: Gallica.

Sea para jugar o competir, sea para sobrevivir, los hombres practican la lucha desde los albores de los tiempos, con modalidades diferentes según las épocas y las regiones. Los testimonios más antiguos nos han llegado en clave gráfica, de la Prehistoria, de China, Egipto, Grecia o Roma…

Fresco con luchadores (Tumba de Beni Hassan, Egipto, S. XX a.C.)

Fresco con luchadores (Tumba de Beni Hassan, Egipto, S. XX a.C.)

 

Ilustración: Wikimedia Commons

Bajo relieve funerario con luchadores (Grecia, S. VI a.C.)

Bajo relieve funerario con luchadores (Grecia, S. VI a.C.)

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Hebilla de cinturón (bronce, China, S. II a.C.)

Hebilla de cinturón (bronce, China, S. II a.C.)

 

Ilustración: Wikimedia Commons

Luchadores (Terracota, India, S. V)

Luchadores (Terracota, India, S. V)

 

Ilustración: Wikimedia Commons

Heracles luchando con Alcioneo

Heracles luchando con Alcioneo

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Utagawa Kunisada – Luchadores de sumo (184?)

Utagawa Kunisada – Luchadores de sumo (184?)

 

Ilustración: Wikimedia Commons

Utagawa Kuniyoshi - Oniwakamaru luchando contra la carpa gigante, folklore japonés del S. XII (1835)

Utagawa Kuniyoshi – Oniwakamaru luchando contra la carpa gigante, folklore japonés del S. XII (1835)

Ilustración: Internet Archive

Por otra parte, varios relatos mitológicos, parte del imaginario universal, escenifican combates cuerpo a cuerpo. Por ejemplo, el que protagonizan Gilgamesh y el toro Enkidu que marcará el inicio de su amistad (ver la primera entrega de estos Tesoros Digitales y deportivos). Siguiendo con la mitología oriental, tenemos otro ejemplo en el segundo libro del Mahabhárata (texto en inglés, S. III a.C.) en el que Bhima mata al rey Jarasandha:

La lucha entre Bhima y Jarasandha (Manuscrito del siglo XVI)

La lucha entre Bhima y Jarasandha (Manuscrito del siglo XVI)

«Al oír esto, Bhima rogó a su padre que le diera fuerza y continuó luchando con renovado vigor. Lanzó por los aires a Jarasandha y cogiendo con cada brazo una de sus piernas mientras caía, le desgarró en dos pedazos. Sintió que por fin ya lo había logrado. Se volvió hacia Krishna y Arjuna y al ver sus rostros atónitos se giró y observó lo que ellos estaban viendo.  Las dos mitades del cuerpo del rey se aproximaban la una a la otra y poco después el rey se levantaba íntegro del suelo como si nada hubiera ocurrido. Aquella escena sembró el terror en los corazones de Bhima y Arjuna, pues Jarasandha, después de aquello, parecía ya invencible. El combate se reanudó. Krishna miró a Bhima sonriéndole y en un momento propicio atrajo su mirada. Krishna tenía una pequeña hoja de una planta en su mano y la partió en dos pedazos, luego le dio la vuelta a uno de los trozos y tiró uno a cada lado. Bhima captó lo que Krishna intentaba decirle.  De nuevo arrojó a Jarasandha por los aires y cogiendo al rey por las piernas según caía lo desgarró en dos pedazos y arrojó las dos partes a diferentes extremos del salón, de tal forma que una pierna se correspondía con media cabeza. De este modo las dos mitades ya no podían volver a unirse. Jarasandha el favorito de Sankara, estaba ahora muerto.» (Traducción de Emilio Faro)

Ilustración: Wikimedia Commons.

homero-iliada

Homero – La Ilíada, ilustración de A. Titeux y A de Lemud (1843)

Por su parte, Homero, en la Iliada (texto griego), nos ofrece el relato de la lucha entre Ulises y Áyax el Grande, durante los juegos funerarios en honor a Patroclo: «El Pelida sacó después otros premios para el tercer juego, la penosa lucha, y se los mostró á los dánaos: para el vencedor un gran trípode, apto para ponerlo al fuego, que los aqueos apreciaban en doce bueyes ; para el vencido, una mujer diestra en muchas labores y valorada en cuatro bueyes. Y estando en pie, dijo á los argivos: «Levantaos, los que hayáis de entrar en esta lucha.» Así habló. Alzóse en seguida el gran Ayax Telamonio y luego el ingenioso Ulises, fecundo en ardides. Puesto el ceñidor, fueron á encontrarse en medio del circo y se cogieron con los robustos brazos como se enlazan las vigas que un ilustre artífice une, al construir alto palacio, para que resistan el embate de los vientos. Sus espaldas crujían, estrechadas fuertemente por los vigorosos brazos ; copioso sudor les brotaba de todo el cuerpo; muchos cruentos cardenales iban apareciendo en los costados y en las espaldas; y ambos contendientes anhelaban siempre alcanzar la victoria y con ella el bien construído trípode. Pero ni Ulises lograba hacer caer y derribar por el suelo á Ayax, ni éste á aquél porque la gran fuerza de Ulises se lo impedía. Y cuando los aqueos de hermosas grebas ya empezaban á cansarse de la lucha, dijo el gran Ayax Telamonio: «¡Laertíada, descendiente de Júpiter, Ulises fecundo en recursos! Levántame, ó te levantaré yo ; y Jove se cuidará del resto.» Dichas estas palabras, le hizo perder tierra; mas Ulises no se olvidó de sus ardides, pues dándole por detrás un golpe en la corva, dejóle sin vigor los miembros, le hizo venir al suelo, de espaldas, y cayó sobre su pecho: la muchedumbre quedó admirada y atónita al contemplarlo. Luego, el divino y paciente Ulises alzó un poco á Ayax, pero no consiguió sostenerlo en vilo ; porque se le doblaron las rodillas y ambos cayeron al suelo, el uno cerca del otro, y se mancharon de polvo. Levantáronse, y hubieran luchado por tercera vez, si Aquiles, poniéndose en pie, no los hubiese detenido: «No luchéis ya, ni os hagáis más daño. La victoria quedó por ambos. Recibid igual premio y retiraos para que entren en los juegos otros aquivos.» Así habló. Ellos le escucharon y obedecieron ; pues en seguida, después de haberse limpiado el polvo, vistieron la túnica.»

Ilustración: Internet Archive.

Odilon Redon - Jacob luchando con el Ángel (ca. 1900-1915)

Odilon Redon – Jacob luchando con el Ángel (ca. 1900-1915)

Tema artístico ineludible, la lucha de Jacob con el Ángel es un episodio bíblico de la Génesis: de camino para regresar a Canaan, Jacob lucha durante toda una noche contra un misterioso adversario… «Y quedóse Jacob solo, y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y como vió que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y descoyuntóse el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, que raya el alba. Y él dijo: No te dejaré, si no me bendices. Y él le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y él dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel: porque has peleado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre? Y bendíjolo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel: porque vi á Dios cara á cara, y fué librada mi alma. Y salióle el sol pasado que hubo á Peniel ; y cojeaba de su anca. Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo: porque tocó á Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Robert Engels - Lucha entre Elli y Thor (1919)

Robert Engels – Lucha entre Elli y Thor (1919)

Personificación de la vejez a la que nadie puede vencer, según la mitología nórdica, Elli es uno de los adversarios a los que Thor, dios del Trueno y de la Fuerza, debe medirse en una serie de desafíos organizados por el gigante Útgarða-Loki. Thor saldrá derrotado y humillado de todos estos juegos, antes de descubrir que todos habían sido trucados… Este episodio nos ha llegado gracias a la pluma del escritor islandés Snorri Sturluson (ca. 1178-1241) en Snorra Edda (Edda prosaica, ca. 1220). «Entonces dijo Thor: Pequeño me has llamado, deja que alguien venga y luche conmigo ; ahora estoy enfadado. Entonces Útgarda-Loki respondió, mirando sobre él en los bancos, y habló: No veo un hombre aquí que no considere una deshonra luchar contigo ; y aún más, dijo: Déjanos ver ; deja que la vieja mujer que me crio sea llamada aquí, Elli, y dejemos que Thor luche con ella si desea. Ella ha derribado a hombres que me parecían no menos fuertes que Thor. Directamente llegó al salón una vieja mujer asolada por los años. Luego Útgarda-Loki le dijo que debía forcejear con Ása-Thor. No hay necesidad de extenderse en ello: esa lucha sucedió de tal manera que el fuerte Thor cuanto más forcejeaba aún, más fuerte ella se erguía ; luego la vieja mujer probó a sujetarlo, y entonces Thor estuvo a punto de perder el equilibrio, y sus forcejeos fueron más fuertes. Aun así no demoró mucho en que Thor cayera en una rodilla, en un pie. Entonces Útgarda-Loki acudió oportunamente, diciendo que Thor no necesitaba desafiar a más hombres de su guardia en lucha.» (Traducción libre para Wikipedia)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Auerswald_8

Fabian von Auerswald – Ringer kunst: funf und Achtzig Stücke, ilustración de Lucas Cranach el Viejo (1539)

Más allá de estos relatos fantásticos, la práctica de esta disciplina nos viene descrita de modo mucho más realista gracias a tratados compuestos por maestros de lucha y artes marciales, por ejemplo Fior di Battaglia (ca. 1404), de Fiore Furlano de’i Liberi de Cividale d’Austria (ca. 1350-1420), Fechtlehre (ca. 1440), de Sigmund Schining ein Ringeck (S. XV), Alte Armatur und Ringkunst (1459) de Hans Talhoffer (ca. 1420-1490), Exercitiorum Atque Artis Militaris Collectanea (1509), de Pietro del Monte (1457-1509), Ringer kunst: funf und Achtzig Stücke (1539), de Fabian von Auerswald (1462-después de 1537), Vollständiges Ring-Buch (1663), de Johann Georg Pascha (1628-1678), Klare onderrichtinge der voortreffelijcke worstel-konst (edición en francés, 1674), de Nicolaes Petter

Ilustración: Wiktenauer.

Auerswald_31

Fabian von Auerswald – Ringer kunst: funf und Achtzig Stücke, ilustración de Lucas Cranach el Viejo (1539)

Ilustración: Wiktenauer

Ms.Thott.290.2º_059v

Hans Talhoffer – Alte Armatur und Ringkunst (1459)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Johann Georg Pascha - Vollständiges Ring-Buch (1663)

Johann Georg Pascha – Vollständiges Ring-Buch (1663)

Ilustración: Universidad de Göttingen.

klareonderrichti00pett_0057

Nicolaes Petter – Klare onderrichtinge der voortreffelijcke worstel-konst, ilustración de Romeyn de Hooge (1674)

Ilustración: Internet Archive.

Píndaro (ca. 518-438 a.C.) fecundo poeta lírico griego del que nos han llegado apenas quinientos versos dispersos de una obra monumental estimada en veinticuatro mil versos. Se han conservado de Píndaro cuatro libros de epinicios – odas triunfales en honor a los vencedores de los Juegos que se celebraban por toda Grecia -, que Aristóteles agrupó según los Juegos a los que se refería: las Odas Olímpicas, las Píticas, las Nemeas y las Ístmicas. Entre las Odas Olímpicas, encontramos A Efarmosto de Opunte, luchador :

A Efarmosto de Opunte, luchador

Bastante ha resonado
De Arquíloco la triple melodía,
Cuando al Cronio collado
A Efarmosto la pompa conducía, Repitiendo constante
Siempre la misma aclamación triunfante.

Mil flechas, de la aljaba
Saca de tus hermanas, y su punta
Primero en Jove clava;
Al promontorio de Elis luego apunta,
(Dote de Hipodamía
Que Pélope ganara) ¡oh Musa mía!

A Pitona certero
Otro dardo raudísimo dispara.
Con cántico rastrero
No has de alabar á Opunte la preclara,
Hoy que á mi dulce lira
Del hijo y de la madre el nombre inspira.

¡Temis! En ella imperas
Con Eunomia, tu prole salvadora.
Con flores las riberas
Del Alfeo, y Castalia bullidora
Ciñen la sien corteses
De la madre feraz de los Locreses.

De la ciudad querida
Anunciarán doquiera mis cantares
La fama esclarecida.
Más que velera nave por los mares,
Más que corcel de guerra
Volarán presurosos por la tierra,

Si con divino acierto
Las seductoras Gracias me conceden
Labar su dulce huerto.
En delicias bañar, sólo ellas pueden;
Y valor y prudencia
De los Númenes da la omnipotencia.

¿Sin ellos, cómo pudo
Hércules, del Tridente, con la clava
Vencer el golpe rudo
Cuando Neptuno en Pilos lo asaltaba?
¿Ni cómo pudo él solo
Al arco de oro resistir de Apolo?

¿Ni cómo, de otra suerte
La vara de Plutón dejó su presa
Arrancar á la muerte?
El tema es peligroso; ¡oh lengua! cesa,
Que ni se jacta el sabio,
Ni hace á los Dioses, murmurando, agravio.

¿Por qué, Musa, no callas?
No mezcles á los Númenes supremos
En guerras y batallas.
De Protogenia la ciudad cantemos,
Habitación primera
Que á Pirra y Deucalión Júpiter diera.

Bajaron del Parnaso,
(¡Oh peregrino caso!)
Brotar hicieron pueblos infinitos.
Duro su nombre suena,
Según su origen, en la lengua Helena.

A la raza sagrada
Abre ¡oh Musa! poético camino.
Al paladar agrada
El cáliz en que hierve añejo vino;
Pero líricas flores
Mientras más nuevas son, suenan mejores.

Esta tierra fecunda
(Según narra la historia) de repente
Diluvio atroz inunda;
Mas el arte de Jove omnipotente
Al instante produjo
En las aguas benéfico reflujo.

Famosos desde entonce
Fueron vuestros abuelos, distinguidos
Por su escudo de bronce;
Reyes siempre en su patria, descendidos
De Japeto, y la dama
Que á la progenie de Saturno inflama.

En la Menalia altura,
De Opunte-Deucalión a la hija hermosa
Amor celeste jura
El alto Rey de Olimpo; que á la fosa
No deja su clemencia
Al buen Locro bajar sin descendencia.

De su consorte el hijo
(Divino germen), al marido anciano
Llena de regocijo;
Y de su abuelo el nombre soberano
Lega al joven glorioso,
En valor y belleza prodigioso.

Le cede la corona
De su ciudad y pueblo; y tales nuevas
La fama de él pregona
Que naturales de Argos y de Tebas,
Y Arcades y Písanos
Vienen á ser regidos por sus manos.
Con singular aprecio
Honra entre tanta gente peregrina
El monarca, á Menecio
(Hijo de Actor y de la bella Egina)
Cuyo vástago al llano
Vino, con los Atridas, de Teutrano.

Él sólo, con Aquiles,
Cuando Telefo derrotó del Griego
A las turbas hostiles,
Sostuvo heroico el enemigo fuego,
En tanto que á las popas
De las naos fugábanse las tropas.

Desde entonces el mundo
Admira de Patroclo la bravura,
Y el hijo rubicundo
De la alma Tetis, á su amigo jura
No salir á batalla
Si su lanza inmortal con él no se halla.

¿Cuándo será que al cielo
Remontarme atrevido yo consiga,
Y con osado vuelo
De las Musas girar en la cuadriga?
¡Oh! ¡Quién diera á mi canto
Nuevos arranques hoy y nuevo encanto!

De la amistad la diestra
Los ricos lauros á ensalzar me guía,
Que la ístmica palestra
Viera resplandecer en solo un día,
De Lamprómaco ardiente
Y del varón que canto, en la alma frente.

A Efarmosto, Corinto
En sus puertas donó doble presea;
Y, en su feraz recinto,
Otras el valle umbroso de Nemeá:
En Argos sus laureles
A adultos quita; en Ática á donceles.

¡Ved cómo lo arrebata
En Maratona prematuro arrojo;
Y las copas de plata,
Burlando agudo del maestro el ojo,
Disputa triunfante
A robusto varón el tierno infante!

Ningún Atleta gira
Como él, sin tropezar, sobre la arena:
La multitud lo mira,
Y aplauso universal súbito suena.
¿A quién la faz no encanta
De tan bello garzón, y hazaña tanta?

Como lucero brilla
En las fiestas de Júpiter Liceo
De la Parrasia villa;
Y de Pelene lleva por trofeo,
Contra la nieve cana,
La rica estola de caliente lana.

Testigo de sus glorias
Se eleva de Yolao el monumento;
Y narra sus victorias
Eléusis, que del mar refresca el viento
Prenda que da Natura
Con resplandores sin igual fulgura.

De la fama á la cumbre
De mortales en vano se encamina
Inmensa muchedumbre,
Con sólo la adquirida disciplina.
Lo que no manda el cielo
Oculta pronto del silencio el velo.

Quién presuroso vuela,
Y quién se arrastra con tardía planta;
Lo que un mortal anhela
A otro tal vez aterrador espanta.
Difícil es la vía
Que á la eminencia y los honores guía.

Con la última proeza,
¡Musa! las glorias del varón proclama.
Fuerza, valor, destreza,
El cielo bienhechor sobre él derrama.
¡Espléndido trofeo
Lleva al altar del vastago de Oileo!
Girolamo Mercuriale – De Arte gymnastica (1587)

Girolamo Mercuriale – De Arte gymnastica (1587)

Ilustración: Wikimedia Commons.

La literatura del Renacimiento nos brinda varias escenas de lucha, como en Los Trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), de Miguel de Cervantes, o en As you like it (Como gustéis, audiolibro en inglés, 1599).

«Luego se acomodaron otros seis a la lucha, donde con mayor gallardía dio de sí muestra el mozo ; descubrió sus dilatadas espaldas, sus anchos y fortísimos pechos, y los nervios y músculos de sus fuertes brazos, con los cuales, y con destreza y maña increíble, hizo que las espaldas de los seis luchadores, a despecho y pesar suyo, quedasen impresas en la tierra.» (Los Trabajos de Persiles y Sigismunda)

Francis_Hayman_-_Como_gusteis

Francis Hayman – La Escena de lucha de «Como gustéis» (174?)

«Rosalinda.- Hacedlo, buen joven ; que no por ello será rebajada vuestra reputación. Solicitaremos del duque que haga suspender la lucha.
Orlando.- Os suplico no me impongáis el castigo de pensar mal de mí, aunque me reconozco culpable de negar cosa alguna á tan bellas y eminentes señoras. Pero acompáñenme en la lucha vuestras hermosas miradas y benévolos deseos ; que si he de ser vencido, no tendrá que avergonzarse sino uno que jamás fué favorecido ; y si recibo la muerte, sólo sucumbirá uno que ya sobrado la desea. Ni causaré pesadumbre á mis amigos, desde que no tengo uno para deplorarme ; ni mal alguno al mundo, en el cual nada poseo; y el lugar que en él ocupo, será ocupado mejor cuando yo lo deje vacío.
Rosalinda.- Quisiera añadir á vuestra fuerza la muy poca que hay en mí.
Celia.- Y yo la mía para aumentar la suya.
Rosalinda.- Adios. Ruego al cielo estar equivocada en cuanto á vos.
Celia.- ¡Ojalá se cumplan vuestros deseos!
Carlos.- ¡Ea! ¿Dónde está ese valeroso joven que tanto afán tiene por yacer en su madre tierra?
Orlando.- Presto, señor ; pero sus deseos son más modestos.
Duque.- Sólo probaréis una suerte.
Carlos.- Aseguro á vuestra alteza que no tendrá ocasión de rogarle para la segunda, después de haber intentado con tanto empeño disuadirle de la primera.
Orlando.- Pensáis burlaros de mí después. No deberíais burlaros antes. Pero probad como gustéis.
Rosalinda.- Que Hércules os asista, ¡oh joven!
Celia.- Quisiera ser invisible para atrapar por una pierna á aquel hombronazo.
(Carlos y Orlando luchan.)
Rosalinda.- ¡Oh extraordinario joven!
Celia.- Si pudiera lanzar de mis ojos un rayo, ya sé quién había de caer.
(Carlos es derribado.- Aclamación.)
Duque.- Basta, basta. Orlando.- Suplico á Vuestra Alteza que nos deje continuar. Aún no estoy bastante alentado.
Duque.- ¿Cómo te encuentras, Carlos?
Le Beau.- Ha quedado sin habla, señor.
Duque.- Llevadlo fuera. (Llevan á Carlos.) – ¿Cómo te llamas, mancebo?
Orlando.- Orlando, señor, el hijo menor de sir Rowland de Bois.» (Como gustéis)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Honoré Daumier – El Hombre fuerte, (ca. 1865)

Honoré Daumier – El Hombre fuerte, (ca. 1865)

Ilustración: Wikimedia Commons.

A lo largo del siglo XIX las figuras de luchadores y boxeadores van cobrando fuerza en la literatura para progresivamente convertirse en los personajes principales de algunas novelas y películas de las primeras décadas del siglo XX. Violentos y alcoholizados, desesperados o oportunistas, luchadores de feria o profesionales del ring, la galería de los luchadores y boxeadores de novela es muy variada y pintoresca…

Samuel William Fores - El Famoso Combate entre Daniel Mendoza y Richard Humphreys (1788)

Samuel William Fores – El Famoso Combate entre Daniel Mendoza y Richard Humphreys (1788)

Samuel Warren (1807-1877), médico, abogado, escritor británico, es considerado como el fundador de un género muy particular, el de los relatos de detectives de lo oculto. Publicadas entre 1830 y 1837 en la revista Blackwood’s Magazine, antes de ser reunidas en tres tomos bajo el título Passages from the Diary of a late Physician, las veintinueve historias protagonizadas por el Doctor *** son relatos de misterio y de ocultismo en los que el protagonista intenta elucidar situaciones extrañas. The Thunder-Struck – The Boxer (El Trueno – El Boxeador, 1832) describe dos sorprendentes casos de personas alcanzadas por un rayo: una joven pura e inocente y un siniestro boxeador, bruto y alcohólico…

Ilustración: Wikimedia Commons.

villarceaux-lutteur

Henri Rolland de Villarceaux – Le Lutteur, ilustración de Gavarni (1841)

Les Français peints par eux-mêmes (Los Franceses pintados por ellos mismos, 1840-1842) es un conjunto de nueve volúmenes que, a través de los retratos de todo tipo de franceses, pretenden ofrecer un gran fresco de la sociedad francesa. Participaron en este ambicioso proyecto plumas famosas como las de Honoré de Balzac, Charles Nodier o Jules Janin, y autores menos conocidos o que han sido olvidados. Es el caso de Henri Rolland de Villarceaux (18?-1848), prometedor cuentista y dramaturgo, muerto de manera prematura. Una de sus contribuciones a Les Français peints par eux-mêmes es Le Lutteur (El Luchador, 1841), sobre la práctica de la lucha en diversas regiones de Francia.

Ilustración: Internet Archive.

The_Wrestlers_by_William_Etty_YORAG_89

William Etty – Los Luchadores (1835)

Ilustración: Wikimedia Commons.

William Carleton – The Dead Boxer, ilustración de Gustave Doré (1855).

William Carleton – The Dead Boxer, ilustración de Gustave Doré (1855).

El novelista irlandés William Carleton (1794-1869) es recordado sobre todo por sus cuentos costumbristas de la vida rural de Irlanda y el relato The Dead Boxer (El Boxeador de la muerte, 1841) tiene que leerse como una historia de amor y honor entre miembros de diferentes clanes. Deshonrado por no haber querido luchar contra el hermano de su amada (a la que había prometido no responder a las provocaciones del hermano), un joven buscará recuperar la estima de los suyos desafiando al Boxeador de la muerte, enigmático luchador itinerante que tiene la particularidad de organizar sus combates cerca de un cementerio. En efecto, suele asestar un golpe tan contundente que sus adversarios nunca salen vivos del ring… Una curiosidad editorial: la traducción francesa de este cuento (Parte 1, Parte 2, Parte 3), publicada en 1855 en tres episodios en un periódico semanal, viene acompañada de magníficos grabados de un joven ilustrador de 23 años que empezaba a tener cierta fama, un tal Gustave Doré (1832-1883).

Ilustración: Gallica.

Théophile Gautier – Le Maître de chausson, ilustración de Pauquet (1842)

Théophile Gautier – Le Maître de chausson, ilustración de Pauquet (1842)

La contribución de Théophile Gautier (1811-1872) a Les Français peints par eux-mêmes consiste en un artículo titulado Le Maître de chausson (El Maestro de boxeo, audiolibro en francés, 1842). En este texto, el famoso escritor, por su parte aficionado al bastón de combate, ofrece un documentado recorrido histórico-social de la práctica de lo que hoy llamaríamos kickboxing o boxeo francés, la « savate » o « chausson », esa modalidad de boxeo en la que los adversarios usan tanto las manos como los pies como armas de combate.

Ilustración: Internet Archive.

Alfred-Henri Darjou (1832-1874) – Messieurs les lutteurs (1856)

Alfred-Henri Darjou (1832-1874) – Messieurs les lutteurs (1856) : El pintor e ilustrador Alfred-Henri Darjou ofrece en la revista humorística «Le Journal amusant» una serie de tiras sobre los espectáculos de lucha.

Ilustración: Internet Archive.

darjou-messieurs-les-lutteurs-2

Alfred-Henri Darjou (1832-1874) – Messieurs les lutteurs (1856)

Ilustración: Internet Archive.

Léon Cladel - Ompdrailles, le Tombeau des lutteurs, ilustración de Rodolphe Julian (1880)

Léon Cladel – Ompdrailles, le Tombeau des lutteurs, ilustración de Rodolphe Julian (1880)

Ompdrailles, le Tombeau des lutteurs (Ompdrailles, la Tumba de los luchadores, 1879) es una sorprendente novela de Léon Cladel (1835-1892). Es la historia trágica del cantero Albe Ompdrailles, cuya fuerza prodigiosa le convierte en un luchador invencible, apodado «La Tumba de los luchadores». Hasta que Albe cae entre las garras de una mujer fatal, que le sustrae toda la fuerza vital que le permite vencer a sus adversarios… Así resumida, la novela parece ser el relato de un amor apasionado y destructor entre un hombre y una mujer. Pero tanto el retrato de Ompdrailles como la figura del tercer protagonista de esta ambigua historia – el luchador Arribial que, por amistad (¿pasión?) a Ompdrailles, intentará arrancarlo de la dominación destructora de la mujer – añaden a esta novela un componente homoerótico que no contradicen las espléndidas ilustraciones que realizó el pintor Rodolphe Julian (1839-1907) para la edición de 1880.

Ilustración: Bibliothèque Gay.

cladel-ompdrailles-2

Léon Cladel – Ompdrailles, le Tombeau des lutteurs, ilustración de Rodolphe Julian (1880)

«Todavía un niño pero viril ya, nada de grasa, un torso de héroe, una sombra de vello estirándose en línea recta entre los pezones y hacia el ombligo, y perdiéndose, más furnida, debajo de los pliegues de un calzoncillo color de fuego ; riñones bien esculpidos, irreprochablemente sentados sobre unas caderas un poco redondas ; esbelto, delgado sin ser flaco ; manos y pies exquisitos ; brazos y piernas calibrados al compás, un cuello flexible y robusto regado de cabellos fluidos de un color rojizo, con mechas sueltas y parecidos a rayos de sol ; aspecto honesto, pupilas azul claro y tan profundas como rincones de cielo, una boca apacible y la nariz en movimiento ; imberbe y la piel de tono cálido, rasgos atrevidos y harmoniosos ; una frente casi cuadrada, la cara serena y espléndida de un arcángel: el Ompdrailles se dejaba observar con amor y sabiduría por los ojos ávidos de la multitud, que no podía saciarse de verlo.»

Ilustración: Bibliothèque Gay.

Emile_Friant_La_Lutte

Émile Friant – La Lucha (1889)

Ilustración: Wikimedia Commons.

El actor y campeón de boxeo James Corbett en 1890

El actor y campeón de boxeo James Corbett en 1890

Antes de convertirse en el famoso dramaturgo comprometido que fue galardonado con el premio Nobel de literatura en 1925, el irlandés George Bernard Shaw (1856-1950) escribió varias novelas que no lograron el éxito. Inspirada en su propia experiencia como boxeador amateur, Cashel Byron’s Profession (La Profesión de Cashel Byron, 1882) cuenta las desventuras de un boxeador para conquistar a la mujer amada. Con la descripción cruda de las escenas de combate, Shaw pretendía alejar al público de este deporte violento. No obstante, el tono ligero de la novela hizo que no tuviera el efecto deseado. De hecho, veinte años más tarde, la novela encontró un éxito inesperado en Estados Unidos y, en 1901, George Bernard Shaw publicó una obra de teatro basada en su novela, con el fin de prorrogar sus derechos de autor en Estados Unidos. Esta obra se titula The Admirable Bashville (El Admirable Bashville, audiolibro en inglés, 1901) y fue estrenada en 1902. El papel de Cashel Byron fue protagonizado por James Corbett (1866-1933), « padre del boxeo moderno» por la evolución técnica que aportó, campeón del mundo de peso pesado en 1892 y que compaginó su carrera deportiva con el teatro.

Ilustración: Wikimedia Commons.

falguiere-lutteurs

Jean-Alexandre-Joseph Falguière – Lutteurs (1875)

« À Hyacinthe Guadet-Azaïs.

Devant la loterie éclatante, où les lots
Sont un sucre de pomme ou quelque étrange vase,
L’illustre Arpin, devant un public en extase,
Manipule des poids de cinquante kilos.

Colossal, aux lueurs sanglantes des falots,
Il beugle un boniment et montre avec emphase
Sa nièce, forte fille aux courts jupons de gaze,
Qui doit à bras tendus soulever deux tringlots.

À qui pourra tomber, à la lutte à main plate,
Son frère, au caleçon d’argent et d’écarlate,
Qui sur un bout de pain achève un cervelas,

Il promet cinq cents francs, chimérique utopie!
– Ô les athlètes nus sous l’azur clair d’Hellas !
Ô palme néméenne, ô laurier d’Olympie ! »

François Coppée – Lutteurs forains (1891)

Ilustración: Images d’Art.

Honoré Daumier – Le Lutteur (ca. 1852)

Honoré Daumier – Le Lutteur (ca. 1852)

Ilustración: Ordrupgaard Museum.

Cartel de un espectáculo de canguro-boxeador en la sala de Folies-Bergères (1895)

Cartel de un espectáculo de canguro-boxeador en la sala de Folies-Bergères (1895)

Con Alphonse Allais (1854-1905), nos podemos esperar cualquier disparate. Y con Trop de Kanguroos (Demasiados canguros, audiolibro en francés, 1893) no saldremos defraudados: intrigado por el aumento de espectáculos de canguros-boxeadores en París, nuestro humorista decide visitar a los dignos marsupiales del Jardín de Aclimatación para saber su opinión sobre el fenómeno. Entrevista a un canguro anciano, que le explica su desprecio por aquellos canguros vagos que prefieren llevar esta vida de farándula en lugar de una vida honrada y austera, así como su indignación por la explotación que sufren por parte de los managers de los teatros… ¿Disparate, de verdad…?

Ilustración: Gallica.

falco-kangourou-boxeur

A. Falcó – El Canguro-Boxeador (1899)

Ilustración: Gallica.

Arthur Conan Doyle boxeando contra el steward a bordo del Hope (1880)

Arthur Conan Doyle boxeando contra el steward a bordo del Hope (1880)

Ya hemos evocado las aptitudes deportivas de Sir Arthur Conan Doyle y no nos extrañará que haya probado esta disciplina tan popular en Inglaterra que fue el boxeo. En una entrevista publicada en 1911, Doyle confesó su adicción a los combates de boxeo, adicción que compartía con el gran público y prestó al más emblemático de sus personajes cierto talento para los deportes de combate: en The Adventure of the Empty House (La Casa deshabitada, audiolibro en inglés, 1903), su primera aventura después de desaparecer trágicamente en las cataratas de Reichenbach, Sherlock Holmes explica que debió su salvación a su conocimiento del «bartitsu», arte marcial de defensa personal nacido en Inglaterra a finales del siglo XIX.

Ilustración: The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.

doyle-rodney-stone

Arthur Conan Doyle – Rodney Stone, ilustración de Sidney Paget (1896)

Con Rodney Stone (1896), mezcla de novela social, de novela histórica y de novela gótica, Arthur Conan Doyle ofrece un documentadísimo fresco de los inicios del boxeo en la Inglaterra pre victoriana, cuando esta disciplina estaba prohibida en muchos condados, y los participantes (boxeadores, organizadores, público) eran perseguidos por la justicia. Cuenta las trayectorias de dos amigos de infancia, Rodney Stone, sobrino de un aristócrata y destinado a las altas esferas de la sociedad, y James Harrison, sobrino de un herrero y ex-campeón de boxeo, que quiere seguir los pasos de su tutor y subirse al ring… Si la parte gótica (una misteriosa historia de hijo secreto…) puede dejar un poco indiferente al lector del siglo XXI, la hábil mezcla de evocaciones de la alta sociedad inglesa o de los bajos fondos con sus trapicheos y su brutalidad cotidiana, y la presencia de personajes históricos como el Príncipe de Gales (el futuro Jorge IV), Lord Nelson o Beau Brummell, hacen de Rodney Stone una lectura apasionante… La novela fue adaptada en 1909 para el teatro bajo el título de The House of Temperley (La Casa de Temperley), obra que fue a su vez llevada al cine en 1913.

Ilustración: Internet Archive.

Un fotograma de la película The House of Temperley (1913)

Un fotograma de la película The House of Temperley (1913)

Ilustración: The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.

doyle-Croxley-master-strand-dec-1899-3

Arthur Conan Doyle – The Croxley Master, ilustración de Sidney Paget (1899)

Publicados en diversas revistas entre 1898 y 1921, los cuatro Tales of the Ring (Cuentos del ring) completan el corpus boxístico de Arthur Conan Doyle: cuatro historias muy distintas entre ellas, sean relato social, de intriga o humor…

  • The Croxley Master (El Campeón de Croxley, 1899): un joven tiene que luchar en el ring para poder pagar sus estudios en la universidad.
  • The Lord of Falconbridge (El Lord de Falconbridge, 1909): una dama contrata a un boxeador para que se entrene con el objetivo de medir sus fuerzas a un misterioso adversario.
  • The Fall of Lord Barrymore (El Descrédito de Lord Barrymore, audiolibro en inglés, 1912): el arrogante Lord Barrymore y su guardaespaldas, un boxeador disfrazado de clérigo, reciben una humillante paliza de parte de unos inesperados adversarios…
  • The Bully of Brocas Court (El Matón de Brocas Court, 1921): durante la preparación de un combate, uno de los protagonistas cuenta una extraña leyenda sobre un boxeador fantasma que aparece en una carretera para luchar contra los transeúntes y darles brutales palizas…

Ilustración: The Arthur Conan Doyle Encyclopedia.

Aunque suelen publicarse junto con los Tales of the Ring, The Crime of the Brigadier (El Crimen del coronel, 1899) y The King of the Foxes (El Rey de los zorros, 1898) no son historias de boxeo, sino de caza al zorro…

Thomas_Eakins_-_Between_Rounds_(1890s)

Thomas Eakins – Between Rounds (189?)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Marcel Boulenger – Couplées, ilustración de B. Boutet de Monvel (1901)

Marcel Boulenger – Couplées, ilustración de B. Boutet de Monvel (1901)

Novelista, periodista, Marcel Boulenger (1873-1932) fue también un sportsman cumplido, siendo la esgrima su disciplina de predilección, en la que ganó una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1900. No obstante, su tercera novela Couplées (Acopladas, 1901) no habla de esgrima sino de boxeo (además de equitación y caza de montería). Esta novela psicológica, que recibió una acogida entusiasta por parte de la crítica de la época, describe las relaciones entre dos mujeres, vinculadas entre sí por un sentimiento ambiguo, mezcla de odio, ternura y dependencia. Sylvie, viuda del barón Levaître, actriz famosa, muy rica, domina a todos por su carácter encantador y su belleza. Vive con Pauline, la hija de su esposo, joven apasionada, decidida a conquistar la felicidad que cree le es debida. Alrededor de las dos mujeres gravitan varios hombres cuyos intereses radican básicamente en encontrarle un marido a Pauline. Dos pretendientes rivalizan para conquistar el corazón de la joven: un marqués que, sin amarla realmente, la considera como su prometida y el boxeador Marc Thierry… Una interesante novela en la que el autor introduce hábilmente la psicología deportiva para analizar los actos y las reacciones de sus protagonistas. «[Un campeón es] un hombre al que desde hace años se le dice: haz esto, vive de tal manera. En tal momento, producirás tu esfuerzo y vencerás. Empújelo de la misma manera en la vida. Sigue obedeciendo. Tiene éxito.»

Ilustración: Internet Archive.

Jack_London_Posing_1904

Jack London en pose de boxeador (1904)

Narrador polifacético y comprometido, Jack London (1876-1916) fue un boxeador aficionado y sobre todo un entusiasta seguidor de combates de boxeo. Además de publicar en prensa crónicas de partidos, London escribió dos cuentos y dos novelas sobre este deporte. En estas historias, el autor de El Talón de hierro reitera su compromiso social denunciando las lamentables condiciones de vida de los boxeadores cuando no llegan a la gloria.

Ilustración: Wikimedia Commons.

london-the-game

Jack London – The Game, ilustración de Henry Hutt y T.C. Lawrence (1905)

La primera de sus novelas dedicadas al boxeo, The Game (El Juego, audiolibro en inglés, 1905) cuenta la historia de Joe Fleming, un joven que, para mantener a su madre y sus hermanas, completa su salario de fabricante de velas para barcos participando en combates de boxeo. Su novia Genevieve considera esta afición por el boxeo como a una rival y le exige que lo deje. La víspera de su boda, Joe le pide a Genevieve que le acompañe a su último combate…

Ilustración: Internet Archive.

A Piece of Steak (Un buen bistec, audiolibro en inglés, 1909) es probablemente la más famosa narración de boxeo escrita por Jack London. La carrera de Tom King como boxeador está en declive, su hora de gloria ya ha pasado y, con ella, la fortuna que ganó y dilapidó. Ahora, no tiene ni para pagarse una pieza de carne y, la víspera de su pelea con Sandel, un joven y prometedor luchador, debe conformarse con un poco de pan y de salsa, obligando a su mujer e hijos a acostarse sin cenar…

london-piece-steak

Jack London – A Piece of Steak, ilustración de George Gibbs (1909)

«Lo opusieron a los boxeadores ya viejos y él los fue liquidando uno tras otro. Y después, cuando los veía llorar en los vestuarios, como había llorado el viejo Stowsher Bill, se reía. Pero ahora el viejo era él, y a su vez tenía que enfrentarse con los jóvenes. Con Sandel, por ejemplo. Había llegado de Nueva Zelanda precedido de un brillante historial. Pero como en Australia aún era un desconocido, se acordó enfrentarlo con el viejo Tom King. Si Sandel hacía un buen combate, se le opondrían mejores púgiles y las bolsas serían más crecidas. Así, pues, era de esperar que luchara como un demonio. Aquel combate era decisivo para él, ya que si ganaba tendría dinero, cobraría nombre y habría dado el primer paso de una brillante carrera. Tom King no era para él más que el muro viejo que le cerraba el paso a la fama y la fortuna. En cambio, a lo único que Tom King podía aspirar era a recibir treinta libras, que le servirían para pagar al dueño de la casa y a los tenderos. Y mientras cavilaba así, Tom King vio alzarse ante sus ojos hinchados el cuadro de la juventud triunfadora, exuberante e invencible, de músculos suaves y piel sedosa, de corazón y pulmones que no sabían lo que era el cansancio y se reían del jadeo de los viejos. Los jóvenes destruían a los viejos sin pensar que, al hacerlo, se destruían a sí mismos, dilatando sus arterias y aplastando sus nudillos, para ser, al fin, aniquilados por una nueva generación de jóvenes. Pues la juventud ha de ser siempre joven.»

Ilustración: Internet Archive.

Jack London – The Mexican, ilustración de H.T. Dunn. (1911)

Jack London – The Mexican, ilustración de H.T. Dunn. (1911)

Escrito durante la Revolución mexicana y publicado en el Saturday Evening Post en agosto de 1911, el relato titulado The Mexican (El Mexicano, adaptación cubana al cómic) está inspirado en un personaje real, Joe Rivers, un revolucionario mexicano que, bajo este pseudónimo, ganó combates de boxeo y sufragó la Junta Revolucionaria Mexicana con sus ganancias. En el cuento de London, el protagonista es Felipe Rivera, un joven revolucionario que, secretamente aficionado al boxeo, se ofrece para luchar contra el campeón estadounidense Danny Ward, con la esperanza de ganar los cinco mil dólares que necesita la Junta para comprar armas y municiones…

Ilustración: Internet Archive.

london-abysmal-brute

Un cartel de la película The Abysmal Brute (1923)

El argumento de The Abysmal Brute (El Pésimo Bruto, audiolibro en inglés, 1911), su segunda novela de boxeo, fue comprado por Jack London a Sinclair Lewis (1885-1931), todavía escritor novel, en una época en la que London, escritor famoso, tenía la impresión de no encontrar ideas originales para sus novelas. Esta novela corta, publicada en 1911 en la revista Popular Magazine antes de ver la luz en 1913 como libro, denuncia la corrupción y las trampas del boxeo profesional. Hijo de un boxeador retirado, criado lejos del mundo en una cabaña en los bosques, Pat Glendon Jr. inicia una prometedora carrera en el ring sin darse cuenta de que sus combates están amañados por su manager. Gracias a la ayuda (¡y el amor!) de Maud Sangster, una joven periodista, Pat tomará conciencia y denunciará la corrupción que reina a su alrededor… La novela fue adaptada al cine en 1923 con el actor aviador y campeón de boxeo amateur de Gran Bretaña Reginald Denny en el papel de Pat Glendon Jr.

Ilustración: IMDB.

William_Howard_Robinson_A_Welsh_Victory_at_the_National_Sporting_Club_1919

William Howard Robinson – A Welsh Victory at the National Sporting Club, 31st. March, 1919 (1921)

Ilustración: Wikimedia Commons.

baraude-lutteur

Henri Baraude – Le Lutteur (1904)

Oficial del ejército, Henri Baraude (pseudónimo de Joseph Tupinier, 1859-1950) fue un escritor militar, autor de novelas, cuentos y ensayos históricos. El cuento corto Le Lutteur (El Luchador, 1904), publicado en la revista Les Romans militaires, es el relato de un desafío entre dos luchadores profesionales: un pobre y ya maduro pugilista de feria y un joven soldado que siempre presume ante sus compañeros de su fuerza y sus éxitos…

Ilustración: Gallica.

dolorosa-die-starken

Dolorosa – Die Starken (1904?)

Nos hubiera gustado poder contarles más detalles sobre Die Starken. Ein Athleten-Roman (Los Fuertes. Una novela de atletas, 1904?). Pero lo único que hemos averiguado es que se trata de una novela sobre espectáculos de lucha, ambientada en los círculos bohemios más miserables. La autora de este libro, Dolorosa (pseudónimo de Maria Eichhorn, 1879-1930), fue una escritora, traductora y artista de cabaret alemana. Bajo el pseudónimo de Dolorosa publicó poemas eróticos y prosa con tendencia sado-masoquista. ¿Algún germanófono que pueda leer la novela y hacernos un resumen?

Ilustración: Project Gutenberg.

His Excellency’s Prize Fight (El Combate de boxeo de Su Excelencia, 1907) es un cuento en el que el combate de boxeo anunciado por el título es en realidad un personaje fantasma del que todo el mundo habla y que provoca un encadenamiento de circunstancias, pero que no llega a tener lugar realmente en la narración. Dos muy jóvenes e ingenuos aspirantes de marina llegan a Portsmouth para, el día siguiente, embarcar para su primera misión. En su última noche en tierra, los dos chavales salen a dar una vuelta por la ciudad y pronto se pierden en los bajos fondos. Mientras tanto, todo el barrio está ansioso de saber dónde y cuándo tendrá lugar un combate de boxeo clandestino… El autor de este cuento es el prolífico escritor británico Sir Arthur Thomas Quiller-Couch (1863-1944), que publicaba sus obras bajo el pseudónimo de «Q».

olapuey-boxeo

J. de Olapuey – Boxeo, ilustración de Villalobos y Friedrich (1909)

Publicado en la revista argentina Caras y Caretas, el cuento Boxeo (1909) es el relato bastante crudo de un combate de boxeo. Con abundancia de detalles que hoy calificaríamos de «gore» e ilustraciones no menos desagradables, podemos pensar que J. de Olapuey, el autor de esta historia, quiso insistir sobre la violencia de esta disciplina y disuadir a posibles aficionados de su práctica.

Ilustración: Hemeroteca Digital.

Victoria es el título de un amargo cuento en el que un boxeador, cegado por los celos al descubrir a su novia en íntima conversación con el hermano de su rival, recupera fuerzas en el descanso y logra una aplastante victoria. Pero su triunfo no alegra su corazón, herido por la traición de la mujer… Este cuento fue publicado en 1910 en la revista Nuevo Mundo por el escritor y periodista gaditano Dorio de Gádex (pseudónimo de Antonio Rey Moliné, 1887-1924), inmortalizado por Valle-Inclán, que le convirtió en uno de los personajes de Luces de Bohemia.

George Bellows - Stag at Sharkey's (1909)

George Bellows – Stag at Sharkey’s (1909)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Tristan Bernard y Alfred Athis – Le Costaud des Épinettes (1910)

Tristan Bernard y Alfred Athis – Le Costaud des Épinettes (1910)

Quien no podía faltar en esta sección es Tristan Bernard, unos de los escritores deportistas más presentes en estos Tesoros Digitales. Seguidor y árbitro de combates de boxeo, aficionado a su práctica, publicó varios artículos, crónicas de partidos, anécdotas… en la prensa de su tiempo. Tableau de la boxe (Cuadro del boxeo, 1922) y Autour du ring (Alrededor del ring, 1925) son dos volúmenes en los que el humorista evoca su pasión por este deporte al que llama el «arte noble». En su narrativa, encontramos varias figuras de luchadores, como en el cuento Sport traditionnel (Deporte tradicional, 1905) en el que narra un patético y trucado combate de luchadores de feria, o en el vodevil co-escrito con Alfred Athis (1873-1932) Le Costaud des Épinettes (El Grandote de las Épinettes, 1910), comedia de enredos en la que un joven de buena familia recurre a los servicios musculados del dueño de un bar de mala fama para recuperar unas cartas comprometedoras.

Ilustración: Gallica.

Tristan Bernard – Nicolas Bergère (1911)

Tristan Bernard – Nicolas Bergère (1911)

Pero Nicolas Bergère (audiolibro en francés, 1911) es sin duda la gran novela del boxeo de Tristan Bernard. Está protagonizada por un joven bretón «subido» a París para buscar fortuna. El caso es que Nicolas Bergère desea hacer fortuna pero es un hombre más bien pasivo. Tentar a la suerte en el hipódromo, robar bicicletas para un traficante, son opciones mucho más a su alcance que ponerse a trabajar… Hasta que una riña en una taberna descubre el poder de sus puños. Empieza para Nicolas una exitosa carrera como boxeador… Con un toque de intriga policíaca y de romance sentimental, sobre todo llena de humor, esta novela no deja de ser un documentado testimonio sobre el mundo del boxeo en la primera década del siglo XX.

Ilustración: Rakuten.

rabier-boxe

Benjamin Rabier – Scènes de la vie privée des animaux : boxe (1909)

Ilustración: Gallica.

Georges Carpentier en 1911

Georges Carpentier en 1911

Espectáculo de brutos según unos, arte noble para otros, el boxeo no ha dejado indiferente a nadie desde principios del siglo XIX, cuando empezó a ser popular en Inglaterra, empezando por el escritor Charles Nodier (1780-1844), uno de los padres del romanticismo francés, que, en 1822 escribía en el periódico La Foudre: «Estos ejercicios, muy asquerosos cuando no son más que juegos mercenarios, ostentan todo el horror de una ejecución cuando el odio de las dos partes los convierten en duelos a muerte.» (Moeurs anglaises : Les Boxeurs). No obstante, a principios del siglo XX y hasta la primera guerra mundial, parece haber unanimidad entre los escritores para defender y elogiar el boxeo y atribuir a esta disciplina virtudes estéticas, deportivas e incluso pacíficas! En marzo de 1912, Maurice Maeterlinck (1862-1949) y Paul Bourget (1852-1935) ofrecen Éloge de la boxe (Elogio del boxeo) y Souvenir d’Amérique (Recuerdo de América), sus respectivas contribuciones al dossier titulado Boxe et Boxeurs (Boxeo y Boxeadores) de la revista Les Annales politiques et littéraires, dossier completado por una descripción de su entrenamiento por el campeón del mundo Georges Carpentier y un extracto de la novela L’Homme qui rit (El Hombre que ríe, audiolibro en francés, 1869 ) en la que Victor Hugo describe un combate de boxeo en Inglaterra. Dos años más tarde, en enero y febrero de 1914, la revista La Vie au grand air recupera la idea y recopila textos en los que escritores famosos como Tristan Bernard, André Lichtenberger o Marcel Boulenger alaban el boxeo: La Boxe, sport de l’élite se publicó en dos partes, el 31 de enero y el 7 de febrero de 1914. Para comprender el entusiasmo por el boxeo en la sociedad francesa antes de la primera guerra mundial, resulta especialmente interesante la lectura de El Culto de la fuerza, uno de los títulos recogidos en el Cuarto Libro de crónicas (1921) de Enrique Gómez Carrillo (1873-1927), cronista de la vida parisina para revistas madrileñas. En este texto, el guatemalteco, además de estudiar este fenómeno social, especialmente la relación entre escritores y boxeo, ofrece un honrado análisis de sus propios sentimientos y gustos. Por su parte, el crítico y escritor Agustín R. Bonnat (1873-1925) y el dramaturgo y humorista José López Rubio (1903-1996) no esconden su desprecio por el boxeo y el entusiasmo del público por tan bárbaro espectáculo: El Deporte del puñetazo (A. R. Bonnat, 1922), Elogio y defensa del boxeo (J. López Rubio, 1922).

Ilustración: Gallica.

Noble arte y séptimo arte: una larga historia

 

Coetáneos, el boxeo y el cine comparten una larga historia artística desde hace más de un siglo. Desde Charlot boxeador hasta Million Dollars Baby (Clint Eastwood, 2004), pasando por Gentleman Jim (Raoul Walsh, 1942) o Raging Bull (Martin Scorsese, 1980), se estima en cerca de quinientas las películas sobre boxeo o ambientadas en este mundo tan particular. Success stories, cine negro, el boxeo ofrece un abanico de cualidades perfectas para el cine: la estética de los cuerpos medio desnudos y los movimientos de los boxeadores, lo trágico y la miseria (ya ampliamente explotados por los novelistas), la corrupción y los trapicheos, ideales argumentos para un film noir… No es nuestro propósito aquí elaborar una historia completa del cine de boxeo, género a parte dentro del cine de deportes. Pero sí queremos nombrar algunas de aquellas primeras películas del ring. Las primeras imágenes animadas de boxeo fueron rodadas en 1891 por el estadounidense William Kennedy Laurie Dickson (1860-1935) y nos muestran a dos hombres en camisa y pantalones de ciudad, intercambiando entre risas algunos movimientos de guantes. En los años siguientes, los estudios de Thomas Edison (1847-1931) filman varios combates, inmortalizando a algunos de los más grandes campeones de la época: Mike Leonard vs. Jack Cushing (1894), James J. Corbett vs. Peter Courtney (1894). También producen algunas películas cómicas: Cómic Boxing : The Glenroy Brothers (1894) o un partido de boxeo entre… ¡gatos!

Thomas Edison Boxing Cats (1894)

Charles Chaplin en The Champion (1915)

Charles Chaplin en The Champion (1915)

Puede que Charles Chaplin no tenga la musculatura de un Robert de Niro, pero su coreografía en el ring en The Champion (Charlot boxeador, 1915) es una auténtica obra de arte y un clásico del cine mudo. En esta película, el simpático vagabundo encuentra una herradura de la suerte delante de un gimnasio y, convencido de su suerte, desafía el campeón Bob Uppercut…

Ilustración: IMDB.

Charles ChaplinThe Champion (1915)

Tarjeta publicitaria de Battling Butler (1926)

Tarjeta publicitaria de Battling Butler (1926)

Otro maestro de la coreografía y del humor es obviamente Buster Keaton. En 1926 dirige y protagoniza Battling Butler, en la que, para seducir a la familia de su amada, unos rústicos montañeros, se hace pasar por un campeón de boxeo. Una serie de enredos le llevará al ring, frente a un temible adversario…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Buster KeatonBattling Butler, 1926

Algunos fotogramas de Battling Butler, publicados en la revista Popular Films (1926)

Algunos fotogramas de Battling Butler, publicados en la revista Popular Films (1926)

Ilustración: Hemeroteca digital, Biblioteca Nacional de España.

Otras películas de boxeo:

  • Wonder_Man_lobby_card

    Georges Carpentier en The Wonder-Man (1920)

     

    Boireau, roi de la boxe (André Deed, 1912). El cómico André Deed es expulsado de un combate de boxeo por pelear con otros dos espectadores. Toma clases de boxeo y vuelve para vengarse…

  • Max, boxeur par amour (Max Linder, 1912).
  • The White Hope (Frank Wilson ,1915), película perdida adaptada de una novela de W.H.R. Trowbridge (William Rutherford Hayes Trowbridge, 1866-1938). Una aristócrata se enamora de un boxeador… Se puede leer aquí un cuento-resumen de la película.
  • The Wonder-Man (John Adolfi, 1920). Protagonizada por el campeón francés Georges Carpentier, narra el destino de un héroe de la aviación en la Primera Guerra Mundial convertido en boxeador de talento.
  • The World Champion (Phil Rosen, 1922) .
  • The Gipsy Cavalier (J. Stuart Blackton, 1922). También con Georges Carpentier, la aventura de un dandy que se hace pasar por un boxeador gitano y salva a una joven de una inundación…

Ilustración: Wikimedia Commons.

  • Cartel soviético de la película alemana Die Boxerbraut (1926)

    Cartel soviético de la película alemana Die Boxerbraut (1926)

     

    Jim Bougne, boxeur (Henri Diamant-Berger, 1923), con el famoso cantante y actor Maurice Chevalier (1888-1972).

  • Fighting Fate (Albert S. Rogell, 1925). Primera de una serie de doce películas sobre un ex-boxeador condenado a trabajar de cocinero para ganarse la vida. Se puede leer la adaptación francesa de la película a novela en la revista Le Film complet (1928).
  • A Fight to the Finish (B. Reeves Eason, 1925). Se puede leer la adaptación francesa de la película a novela en la revista Le Film complet (1931).
  • Die Boxerbraut (La Novia del boxeador, Johannes Guter, 1926). Para seducir a la mujer amada, un joven poco atlético le confiesa que en realidad es el famoso boxeador negro Fighting Bob…
  • The Patent Leather Kid (Alfred Santell, 1927). Un boxeador se burla del boxeo cuando no está en el ring… Se puede leer la adaptación francesa de la película a novela en la revista Le Film complet (1929).
  • The Ring (Alfred Hitchcock, 1927), un triángulo amoroso entre un joven boxeador, su esposa y un campeón, mentor del joven. Se puede leer la adaptación francesa de la película a novela en la revista Le Film complet (1929).
  • Jim Hackett Champion (Gabriel Rosca, 1928). Se puede leer la adaptación francesa de la película a novela en la revista Le Film complet (1932).
  • The Man I Love (William A. Wellman, 1929). Un triángulo amoroso entre un boxeador arrogante, una joven encantadora y una mujer fatal…

Ilustración: Wikipedia.

  • Un soir de rafle (Carmine Gallone, 1931). El final de la carrera de un boxeador…
  • The Kid’s Last Fight (Charles Lamont, 1933). Película de y para niños protagonizada por Shirley Temple: Diaper Dampsey debe defender su título de campeón de «peso pañales» pero unos villanos secuestran a su novia (Shirley) para hacerle perder… Se puede leer la adaptación española de la película a cuento infantil en la revista Biblioteca Film (1935).
The Patent Leather Kid (Alfred Santell, 1927), en la revista Le Film complet

The Patent Leather Kid (Alfred Santell, 1927), en la revista Le Film complet

Ilustración: Gallica.

Los lectores deseosos de profundizar más en este tema podrán referirse al exhaustivo artículo Boxeando en la pantalla.

Jean-José Frappa et Henry Dupuy-Mazuel – Match de boxe, ilustración de Henry Rudaux (1913)

Jean-José Frappa et Henry Dupuy-Mazuel – Match de boxe, ilustración de Henry Rudaux (1913)

Match de boxe, comédie en trois actes (Partido de boxeo, comedia en tres actos, 1912) es una simpática pieza escrita a cuatro manos por los dramaturgos Jean-José Frappa (1882-1939) et Henry Dupuy-Mazuel (1885-1962): dos jóvenes, un americano y un francés, rivalizan para conseguir la mano de la joven Lucie, que no acaba de decidirse entre los dos, por miedo a perder la amistad del que rechazará. Después de una discusión sobre los méritos de sus campeones nacionales de boxeo, los dos pretendientes acuerdan organizar un partido entre el campeón de Francia y el de Estados Unidos. El resultado del combate determinará la elección de Lucie… Unos meses antes de concebir Match de boxe, Frappa ya había dedicado al boxeo una corta obra en un acto, una de las primeras obras teatrales sobre este deporte: Knock Out (1912). Lamentablemente, no hemos podido localizar el texto de esta obra.

Ilustración: Internet Archive.

jim-hall

El boxeador australiano Jim Hall (1868-1913)

Henri Barbusse (1873-1935) es recordado hoy en día por ser el autor de Le Feu (El Fuego, 1916), una de las novelas más impactantes sobre la Primera Guerra Mundial (ver Tesoros Digitales 1914-1918 Una aproximación a la literatura de la Gran Guerra). No obstante, este escritor comprometido, defensor de una literatura proletaria, publicó más de una veintena de novelas y volúmenes de cuentos, además de biografías y ensayos. Los cuentos de juventud reunidos en Nous autres (Nosotros, 1914), inicialmente publicados en el diario Le Matin, son una muestra de la sensibilidad a lo humano de Barbusse. Entre estos relatos, La Force (La Fuerza, 1912), protagonizado por un invencible boxeador, es especialmente conmovedor…

Ilustración: Gallica.

van-loan-taking-count

Charles Emmett van Loan – Taking the count : prize ring stories (1915)

Vimos, en un capítulo anterior de Tesoros Digitales que la obra del escritor australiano Arthur Wright (1870-1932) era muy difícil de encontrar en formato digital y sólo pudimos acceder a unos pocos cuentos suyos sobre carreras hípicas. No tendremos más suerte con In The Last Stride (1914) y The Boy from Bullarah (1925), dos novelas de boxeo…

Escritor, humorista, guionista de cine, columnista deportivo, hemos evocado en los capítulos anteriores sobre golf y béisbol diferentes obras de Charles Emmett van Loan (1876-1919). Los once cuentos de Taking the count : prize ring stories (Contando: historias del ring, 1915) constituyen su contribución narrativa al boxeo.

Ilustración: Internet Archive.

Arthur_Cravan_boxing_02

Arthur Cravan

Arthur Cravan (pseudónimo de Fabian Avenarius Lloyd, 1887-1918) es uno de estos personajes excéntricos que resulta difícil clasificar: sobrino político de Oscar Wilde, gigante de más de dos metros, boxeador y poeta suizo-británico de lengua francesa, es reivindicado como precursor tanto por los dadaístas como por los surrealistas. Desaparecido en 1918 en el Golfo de México en circunstancias que nunca fueron aclaradas, Cravan fue un personaje singular que sembraba el escándalo por donde pasaba. En febrero de 1910, la prensa deportiva nombra a dos boxeadores suizos de categoría mediopesados, los hermanos Fabian y Otho Lloyd, y aprendemos que Fabian es declarado campeón de Francia mediopesado… ¡por abandono de su rival! A los pocos meses, Fabian abandona el boxeo y, entre 1912 y 1915, se convierte, bajo el pseudónimo de Arthur Cravan, en el editor y único redactor de la revista Maintenant, mezcla de críticas literarias, excentricidades y provocaciones de todo tipo. En 1915, Cravan cruza Francia en guerra, con pasaportes falsos y llega a Barcelona donde reanuda los combates de boxeo, siempre rodeado de escándalo (por ejemplo llegando borracho a un torneo…). Nos podemos hacer una idea de lo polémico que podía ser el personaje con esta carta escrita por Cravan en 1916 al diario El Correo español… Invitado por Francis Picabia y Marcel Duchamp a dar una conferencia en Nueva York, embarca en 1917 hacia Estados Unidos, donde se casará con la poeta Mina Loy (1882-1962). Al entrar Estados Unidos en guerra, la pareja busca refugio en México (el último match de Cravan tendrá lugar en la plaza de toros de México en septiembre de 1918). El mismo año 1918, Cravan y Mina Loy parten, por separado, hacia Argentina. Ella, embarazada, viaja a bordo de un buque sanitario japonés. En cuanto a Cravan, sólo se sabe que nunca llegó a Buenos Aires: se habla de naufragio, de unos hombres abatidos por la policía mexicana en la frontera americana, de una posible huida de sus responsabilidades paternas. El caso es que su cuerpo nunca fue encontrado… En el quinto y último número de Maintenant, Cravan publicó un largo «prosopoema» titulado Poète et Boxeur, ou L’Âme au vingtième siècle (Poeta y Boxeador, o El Alma en el siglo veinte, 1915), sorprendente relato «crudo» del viaje del boxeador Arthur Cravan hacia Estados Unidos. No habla demasiado de boxeo, sino más bien de sus fantasías sobre sus compañeros de viaje… Pero lo que sorprende es lo premonitorio que puede resultar este relato en el que se representa abandonando esposa e hijo para marchar a Estados Unidos…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Arthur_Cravan-Jack_Johnson

Cartel del partido entre Arthur Cravan y Jack Johnson (Barcelona, 1916)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Una tarjeta publicitaria de Broken Blossoms (1919)

Una tarjeta publicitaria de Broken Blossoms (1919)

El sádico boxeador que aparece en el cuento The Chink and The Child (El Chino y La Chica, 1916) es más propio de una novela inglesa del siglo XIX que de principios del siglo XX, época en la que los boxeadores empezaban a ser adulados y a tener prestigio. Ambientado en el barrio pobre de Limehouse en Londres, cuenta la historia de amor entre un misionero chino y una joven inglesa. El chino Cheng Huan, encargado por su país de difundir la doctrina de Buda en Inglaterra, ve cómo su misión resulta más difícil de lo previsto y descubre la brutal realidad londinense. En particular se interesa por la joven Lucy, martirizada por un padre racista y sin escrúpulos, boxeador de bajos fondos. Una noche, Lucy, herida, deambula por las calles y es recogida por Cheng Huan… El cuento fue adaptado en dos ocasiones para el cine, ambas con el título de Broken Blossoms (Lirios rotos): en 1919 por D.W. Griffith, y en 1936 por John Brahm. La versión de D.W. Griffith ofreció a Richard Barthelmess (Cheng Huan) y Lillian Gish (Lucy) unos de sus papeles más hermosos. El antipático padre boxeador era interpretado por Donald Crisp. Este cuento fue publicado por el escritor inglés Thomas Burke (1886-1945) junto con otras historias ambientadas en Limehouse y protagonizadas por inmigrantes chinos, historias inspiradas por la juventud del autor que se crio en los barrios populares del este de Londres y tuvo amigos chinos que le descubrieron la existencia de su comunidad.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Jardín – No hay que fiarse de las apariencias (1931)

Jardín – No hay que fiarse de las apariencias (1931)

Les Deux Boxeurs (Los Dos Boxeadores, audiolibro en francés, 1917) es una divertida historia del escritor belga Georges Ista (1874-1939), en la que sólo hay un boxeador: el que aparece en un cartel publicitario. Delante de un cartel, dos parisinas jovencitas se extasían con los músculos de un boxeador, cuando aparece un señor elegante que les cuenta sus propias proezas en el ring. No tarda en llevárselas a una terraza y les invita a un refresco mientras sigue narrando sus éxitos. Las aspiraciones del presuntuoso boxeador parecen a punto de cumplirse con la conquista de una de las chicas pero aparece un cuarto personaje que va a trastornar sus planes…

Ilustración: Hemeroteca digital, Biblioteca Nacional de España.

arnac-isidore-flapi

Marcel Arnac – Exploits sportifs et tordants d’Isidore Flapi, athlète complet (1917)

Seguimos con el humor con una novela alocada titulada Exploits sportifs et tordants d’Isidore Flapi, athlète complet (Hazañas deportivas y divertidísimas de Isidore Flapi, atleta completo, 1917). Las hazañas del entusiasta protagonista deportista consisten básicamente en caídas, bofetadas e incidentes de todo tipo. Boxeo, ciclismo, atletismo, todo vale para este antihéroe creado y dibujado por Marcel Arnac (1886-1931), uno de los precursores de la novela gráfica (ver Tesoros Digitales sobre la prehistoria en el cómic).

Ilustración: BD Nostalgie.

atleta-queda-mal

El atleta queda mal en el match sensacional (1920)

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

sarrasqueta-boxedor

Manuel Redondo – Sarrasqueta, boxeador científico (1921)

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

Las Ventajas del «knock-out» es un cuento humorístico del periodista A. Díez de las Heras, publicado en la revista Buen Humor en marzo de 1922. Después de una terrible derrota, sus asistentes llevan al boxeador Pickson a consultar a «la House of Socorro» más próxima (¡estamos en Nueva Torrelodones del Sur!) y conocen al doctor Toluing, presidente de la Boxing Commission, el cual da un discurso sobre el bienestar que produce el knock-out…

la-vie-au-grand-air-1914

Portada de la revista La Vie au grand air, número especial sobre boxeo (1914)

«Empecemos por no confundir el knock-out con el lock-out y con el sabotaje, que son cosas completamente distintas. El knock-out es el estado en que se encuentra un boxeador al que un adversario más diestro, o simplemente más bruto, ha privado de razón con sólo la fuerza de sus potentes puñadas. ¿Es peligroso el knock-out? De ninguna manera. Mis concienzudos estudios en la materia me permiten asegurar que el hombre que se encuentra en ese estado no sufre ; poco importa que el puñetazo le haya vaciado un ojo, o le haya destrozado la mandíbula, o que por paralización de las válvulas cardíacas el interfecto llegue al estado comatoso: el espíritu, ausente, recibirá las más agradables impresiones. La placidez más absoluta inundará su ser. Al recibir el golpe, el boxeador contempla una iluminación fantástica, cuyo origen no se puede explicar. Miles de luminarias alumbran su espíritu con un fulgor tenue, apacible ; los meridionales llaman a esto ver las estrellas, y no andan descaminados, pues es como el parpadeo de los astros en una bella noche de verano. Después las tinieblas, la sensación inefable de la nada, una especie de caos dulce, en el que no existen tranvías, ni rascacielos, ni siquiera la propia personalidad del knock-outado, que se diluye en sombras. Luego, un rumor como de oleaje lejano, cánticos graves, doblar de campanas armonioso e inaprensible. El boxeador pierde toda noción del tiempo y del espacio, se le ausenta la condición más enojosa de nuestro carácter: la memoria. Al despertar, asegura, y hay que creerle, que ha oído campanadas y no sabe dónde. Es inútil que en aquel momento se le presente la factura del sastre o la cuenta del restaurante. Viene de un cielo ideal, y asegurará sonriendo que no ha comido nunca y que nunca ha llevado otro traje que el parco indumento del ring. El boxeador knock-outado es el hombre perfectamente feliz.»

Ilustración: Gallica.

moreau-boxeur

Luc-Albert Moreau – Le Boxeur (192?)

Es interesante observar como a través de las críticas de una novela publicada hace más de un siglo, salen a relucir temas sociales que siguen de actualidad en 2020. « Petit » Louis boxeur (1918) es una novela escrita por Charles-Henry Hirsch (1870-1948), prolífico novelista de las primeras décadas del siglo XX, hoy caído en el olvido. Cuenta la historia de un joven de familia humilde, hijo de una frutera, cuyos éxitos en el ring le convierten en un hombre famoso y rico. A punto de poner en peligro su carrera a causa de una mujer de vida ligera, se da cuenta de que un momento de felicidad fugaz con una mujer no puede, no debe arruinar meses de entrenamiento y se entrega en cuerpo y alma al boxeo. Si el autor ofrece un alegato a favor del deporte profesional en general, la crítica de la época cuestionó esta postura de manera bastante virulenta: ¿hasta qué punto el deporte profesional, basado en intereses lucrativos, permite desarrollar las virtudes morales y educativas que se le atribuyen? En cambio, coinciden en que la descripción del mundo del boxeo, con todos los personajes que gravitan alrededor de los luchadores, es muy documentada y verosímil. Esta novela, que no hemos encontrado digitalizada en formato de libro, se publicó por entregas en el diario Le Journal entre el 5 de abril y el 21 de mayo de 1918.

Ilustración: Internet Archive.

Wrestlers_by_Abraham_Jacob_Bogdanove

Abraham Jacob Bogdanove – Luchadores (S. XX)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Evocamos en el capítulo dedicado al béisbol a la figura de Harry Charles Witwer (1890-1929), donde ya comentamos que este prolífico escritor es recordado por sus numerosos cuentos y novelas sobre béisbol y boxeo. Difíciles de leer hoy en día por el uso del argot en boga en los años 1920, las novelas de boxeo de Witwer parecen más dirigidas a un público juvenil, con sus aventuras melodramáticas protagonizadas por simpáticos matones y boxeadores:

  • Leather_Pushers

    H.C. Witwer – The Leather Pushers (1920)

     

    Kid Scanlan (1920) es la historia, narrada por su manager, de un joven peso wélter contratado en Hollywood. Cada capítulo se puede leer de forma independiente.

  • The Leather Pushers (1921) y su secuela Fighting Blood (1923), son conjuntos de relatos independientes protagonizados por un personaje recurrente, un joven peso pesado, y narrados por su entrenador. Estos relatos se publicaron en la revista Collier’s Weekly antes de ser reunidos en dos volúmenes y de ser adaptados al cine, en 1922, con, un año antes de interpretar The Abysmal Brute de Jack London, Reginald Denny en el papel principal.
  • Bill Grimm’s Progress (1926), sobre las aventuras de un taxista de Nueva York reconvertido en boxeador en Hollywood.

Ilustración: Internet Archive.

También encontramos boxeadores en los cuentos ambientados en Hollywood del volumen Roughly Speaking (1926) y podemos leer la traducción de uno de sus cuentos, King Leary (El Rey Leary, 1924) en la revista argentina Caras y Caretas.

Blaise Putois, boxeur (Blaise Putois, boxeador) es una novela de amor y humor publicada en 1924 por el escritor y periodista Jacques Mortane (1883-1939) e ilustrada por el pintor y caricaturista Albert Guillaume (1873-1942). Dotado de un real talento, el boxeador Blaise Putois pone en peligro su carrera por dejarse llevar por placeres fáciles. Una mujer de carácter toma las riendas del corazón y de la carrera de Blaise, y gracias a ella, logra vencer el campeón de Francia… antes de descubrir que el interés de su prometida era vengar el honor de su hermana, seducida por el campeón… No hemos podido localizar esta novela en formato digital, pero volveremos, en un próximo capítulo, a hablar de Jacques Mortane y podremos leer otras obras suyas…

hemon-battling-malone

Edición húngara de Battling Malone, pugiliste

Descripción de la vida de los colonos del Canadá francés, la novela Maria Chapdelaine (audiolibro en francés, 1913) consagró de manera póstuma al escritor francés Louis Hémon (1880-1913), que murió de manera trágica a los 32 años, atropellado por una locomotora en el norte del Ontario. Amante de los deportes, Hémon fue un personaje inquieto, que entró en la administración colonial con la esperanza de ser destinado a un país de Extremo Oriente, renunció a la carrera diplomática al conocer que le enviarían a Argelia en vez de Oriente y marchó a Londres, donde trabajaba como comercial para una famosa marca de pinturas. Es en Londres donde su afición por los deportes le descubrió su vocación literaria, al ganar, con uno de sus cuentos, un concurso organizado por el diario francés Le Vélo. En 1904 se convierte en corresponsal de este diario, con el que colabora periódicamente enviando crónicas y cuentos. Entre 1904 y 1911, año de su viaje sin retorno a Canadá en busca de una vida más interesante, Louis Hémon publicó numerosos textos en la prensa, algunos de los cuales tratan sobre deportes – como aficionado o profesional – que podemos descubrir en el volumen Champions, records et défaites (Campeones, records y derrotas), e intentó sin éxito publicar varias novelas. La publicación francesa en 1922 de Maria Chapdelaine despertó el interés de los editores por la obra de Hémon y se publicaron entonces estas primeras novelas. Escrita en Londres en 1909 pero publicada en 1925, Battling Malone, pugiliste, es la historia del ascenso fulgurante de Pat Malone, joven boxeador descubierto en los bajos fondos de Londres por un gentleman aficionado al boxeo. Esta novela tuvo mucho éxito y fue traducida a varios idiomas en la década de 1920.

Ilustración: Universidad de Montréal.

Ernst Oppler – Combate de boxeo (1920)

Ernst Oppler – Combate de boxeo (1920)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Le Boxeur (El Temible Boxeador, 1925) es un corto cuento humorístico publicado en la prensa por el periodista Marcel Laurent (pseudónimo de Laurent-Eugène Mayer, 1879-1928). Cuenta los enredos en los que se mete un simple viajante cuando pretende hacer creer a los vecinos de su pueblo que es el temible boxeador Leforgeux…

ketty-boxeur

Ketty Boxeur (1927)

Una curiosidad es la opereta Ketty Boxeur (Ketty Boxeador, 1927), de Luc-Morier, Pierre Varenne (1892-1961) y Gaston Gabaroche (1884-1961): no tanto por el hecho de que un boxeador sea el protagonista principal de una opereta, sino porque el boxeador es en realidad… una mujer. Para salvar a su padre de la ruina, después de perder sus últimos dólares apostando por un boxeador, y para evitar un rico matrimonio con un anciano, la joven americana Ketty, un poco masculina en sus modales, sugiere una curiosa apuesta. Vivirá un año en París disfrazada de hombre: si alguien la descubre, se casará con el anciano. Sino, el anciano le abonará una importante cantidad de dinero y renunciará a sus pretensiones. Haciéndose pasar por un boxeador, Ketty llega a París y causa estragos en los corazones de las parisinas…

Ilustración: Encyclopédie multimédia de la comédie musicale théâtrale en France.

Maurice Landay - L'amour n'est pas un match (1927)

Maurice Landay – L’amour n’est pas un match (1927)

Maurice Landay (1875-1931) no fue un escritor especialmente interesado por los temas deportivos. Este prolífico autor de folletines decimonónicos buscaba argumentos atractivos para vender sus libros y en esta óptica está escrita la novela L’amour n’est pas un match (El amor no es un partido, 1927), publicada en la colección Les Maîtres du roman populaire. La joven Suzy Fayette quiere ser boxeadora profesional y, a fuerza de voluntad y de entrenamientos, logra alzarse a lo más alto y a competir contra hombres. Pero con diecinueve años y demasiado ingenua, Suzy se enamora de un hombre sin imaginar que este individuo perverso sólo busca una aventura con una mujer «descarrilada», una mujer que ha perdido el sentido de la feminidad maternal… Más allá del argumento algo escandaloso y obviamente sensacionalista para la época – una mujer con un físico andrógino que pelea con hombres en un ring -, esta novela no deja de ser un interesante testimonio sobre las ansias de independencia y de libertad de las mujeres en los años que siguieron la primera guerra mundial.

Ilustración: Le-Livre.fr.

Mujer y boxeo (principios de S. XX)

Mujer y boxeo (principios de S. XX)

Ilustración: Wikimedia Commons.

José Jackson Veyán - ¡A ver si es verdad!, ilustración de Robledano (1927)

José Jackson Veyán – ¡A ver si es verdad!, ilustración de Robledano (1927)

«Sé que ante el triunfo te creces,
y eso me molesta tanto,
que el título no mereces.
¡Fuí padre veintidós veces,
y campeones no aguanto!

Setenta y cinco he cumplido
al entrar la primavera,
á Dios gracias, y he vivido
luchando á brazo partido
con el hambre pajolera.

Y aunque tengo más alientos
que tú, no juzgo oportuno
decirlo en estos momentos.
¡Tú luchas sólo con uno,
y un pobre autor con doscientos!

Yo vivo constantemente
en pelea con la gente
y el miserable puchero.
¡No vas á ser más valiente
que el sastre ni que el tendero!

Gozas gran celebridad
de fuerza y agilidad ;
mas no me causas pavor.
¡Vamos á ver la verdad,
famoso boxeador!

Que el premio tan deseado
sé que al fin conquistará,
y que será proclamado
campeón de peso pesado
del mundo ; pero eso, ¡quiá!

Ni con sus puños de acero,
ni con su fama me aterra,
y demostrárselo quiero,
y ya sabe que le espero
tranquilo por esta tierra.

Sin que disculpas me dé,
mándeme de buena fe
los padrinos que destina,
y si manda una madrina,
mejor la recibiré.

De la cabeza á los pies,
mi cuerpo músculo es,
y bueno será recuerde
que mi género es inglés ;
un género que no pierde.

No me causa algún apuro
su fama, y preveo el fin,
y si viene, yo te juro
que al primer rund, de seguro,
lo lanzo fuera del ring.»

¡A ver si es verdad! (Carta de desafío al famoso campeón de boxeo Paulino Uzcudun, 1927) de José Jackson Veyán (1852-1935)

Ilustración: Hemeroteca Digital, Biblioteca Nacional de España.

Como la novela futbolística ¡Soy del Racing! (1923) de Fernando Mora, K-O, la novela del boxeo (1929) fue publicada en la colección La Novela de Hoy (nº 361, 13 abril 1929). El autor de esta novela sobre el ambiente social del boxeo en Madrid fue el escritor y periodista Antonio de Hoyos y Vinent (1884-1940), una de las figuras destacadas del decadentismo en España. Esperemos que su entrada en el Dominio Público en 1921 propicie la digitalización de sus obras y el redescubrimiento de este autor. 

Creador del personaje de Conan el bárbaro y de la fantasía heroica, Robert Ervin Howard (1906-1936) es, con J.R.R. Tolkien y H.P. Lovecraft, uno de los padres de la ciencia-ficción moderna. No obstante, fue un prolífico escritor que no se limitó a un sólo género: escribió novelas policíacas, de aventuras, y el éxito le llegó en 1929 con una serie de historias de boxeo protagonizada por Sailor Steve Costigan, tripulante de la marina mercante y campeón de boxeo. Estas historias, escritas en tono humorístico, se publicaron en revistas como Fight Stories y Action Stories a lo largo de la década de 1930:

Ilustración: Internet Archive.

howard-apparition

Robert E. Howard – The Apparition in the Prize Ring (1929)

El éxito de las aventuras de Steve Costigan hizo que en 1931, las ediciones Street & Smith le ofreciera a Howard abandonar Fight Stories y Action Stories para publicar sus historias de boxeo en la revista que editaban ellos, Sport Story Magazine. Howard no aceptó la oferta pero creó un nuevo personaje y una nueva serie de relatos de boxeo para esta otra editorial. El personaje recurrente es un boxeador llamado Kid Allison y protagonizó diez aventuras, de las cuales Sport Story Magazine sólo publicó tres: College Socks (1931), The Good Knight (1931) y The Man with the Mystery Mitts (1931). Además de estas series, Robert E. Howard publicó numerosas historias sueltas de boxeo, entre las que podemos citar Cupid vs. Pollux (1927), The Apparition in the Prize Ring (1929), Crowd Horror (1929), The Iron Man (1930), Alleys of Darkness (1934), Iron-jaw (1936). En realidad, el corpus pugilístico de este fecundo autor es mucho más importante, pero numerosas historias fueron publicadas de manera póstuma y no pertenecen al dominio público.

Ilustración: Internet Archive.

Les Coulisses de la boxe (Las Bambalinas del boxeo, 1931) es un libro del escritor y periodista Louis Léon Martin (1883-1944). Este prolífico novelista olvidado hoy en día ofrece aquí una crónica del boxeo de su tiempo en la que describe la cruda realidad de los que aspiran a convertirse en campeones, con sus esperanzas y sus decepciones, la rivalidad entre los numerosos aspirantes, etc…

Alfred Menguy – Gueules aplaties (1933)

Alfred Menguy – Gueules aplaties (1933)

Gueules aplaties, ou gloire et décadence d’un boxeur (Caras aplastadas, o Gloria y decadencia de un boxeador, 1933) es una novela curiosa que quizás merecería ser redescubierta. Publicada por entregas en el diario L’Humanité, emblemática publicación del Partido Comunista francés, entre el 22 de diciembre de 1932 y el 25 de enero de 1933 antes de ser publicada en volumen, se aleja de las success stories y otros clásicos del género para abordar problemáticas más ancladas en la realidad con un enfoque turbador para la época: la desmitificación del héroe, sea boxeador… o soldado. El título hace resonancia con otras caras destrozadas, los «gueules cassées», estos veteranos que volvieron desfigurados y traumatizados de la Primera Guerra Mundial. Y como los soldados en sus trincheras, el protagonista de la novela vive permanentemente con el miedo, no tanto el miedo de los golpes, sino el miedo a perderlo todo, los esfuerzos de años de preparación, el bienestar económico, etc. Por otro lado, esta novela evoca diversos aspectos del «deporte obrero», movimiento nacido a finales del siglo XIX pero que conoció su auge en los años 1930 y que fue un vector de emancipación y dignificación de las clases más humildes.  Cuando una severa derrota le cierra las puertas de América, la carrera de Jack Marsac empieza un doloroso e ineluctable declive provocado por su fragilidad psicológica… Sobre el autor de este alegato contra la crueldad y las quimeras del boxeo profesional, Alfred Menguy, no existen datos biográficos, y sólo se conocen de él algunos artículos sobre deportes publicados en la revista progresista Regards. Se cree incluso que «Alfred Menguy» es un pseudónimo para disimular la identidad de un texto potencialmente polémico.

Ilustración: eBay.

Willy_Jaeckel_-_Boxkampf._Wandbild_c._1927

Willy Jaeckel – Combate de boxeo (ca. 1927)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Para ampliar la lectura: biografías, manuales y obras de referencia…

Léon Ville – La Lutte et les Lutteurs : traité pratique, fotografía de Nadar (1891)

Léon Ville – La Lutte et les Lutteurs : traité pratique, fotografía de Nadar (1891)

Lucha

Ilustración: Gallica.

Boxeo

Ilustración: Internet Archive.

ward-championship-boxing

Jem Ward – Championship of England and America between Thomas Sayers and John C. Heenan (1860)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Más lecturas (que no han entrado todavía en el Dominio Público)

  • musnik-mort-ring

    Henry Musnik – La Mort sur le ring (1938)

     

    Champion de boxe, comédie en un acte (1912), de Yves Mirande (1875-1957)

  • Impressions de foule (1918), de Colette (1873-1954)
  • Le Boxeur inconnu (El Boxeador desconocido, 1919), de Pierre Mac Orlan (1882-1970)
  • Sur le Ring (1921), de Jean-Joseph Renaud (1873-1953)
  • El Extraño Boxeador, o Los Misterios del ring (1925), de Pierre Henri Cami (1884-1958)
  • El Puñetazo científico, narración pugilística (1925) y
  • El Lapo vindicador: cuento para deportistas (1930), de Ernesto Polo (?-1956)
  • Trompé par un boxeur (1926), de Plébus (pseudónimo de Lucien Plébus, 1874-1955)
  • Le Lutteur (1927), de Ubald Paquin (1894-1962)
  • Fifty Grand (1927) y A Moveable Feast (París era una fiesta, 1964) de Ernest Hemingway (1899-1961)
  • Jubiabá (1935), de Jorge Amado (1912-2001)
  • There Ain’t No Justice (1937), de James Curtis (1907-1977)
  • El Boxeador y un ángel (1929), de Francisco Ayala (1906-2009)
  • Quinze Rounds (1930), de Henri Decoin (1890-1969)
  • Punching-Ball (1930), de René Lehmann (1893-1973)
  • The Duke steps out (1930) y The Duke comes back (1934), de Lucian Cary (1886-1971)  
  • Pour l’amour de Tiennet, boxeur (1930), de G.-L. Péricard
  • La Vie est un combat (1932), de Gene Tunney (1897-1978)
  • The Ghost in the Ring (1932), de Elliott O’Donnell (1872-1965)
  • Iron Man (1932), de William Riley Burnett (1899-1982)
  • Amours de boxeur (1933), de Pierre Adam (1883-1943)
  • Le Mystère Carnera (1934), de Léon Sée (1877-1960)
  • Le Boniment de Battling Siki (1934), de Herman Grégoire (1896-19?)
  • Quand les nègres n’ont plus peur (1935), de Richard Wright (1908-1960)
  • L’Ombre d’Al Brown y Lettre ouverte à Al Brown (1938), de Jean Cocteau (1889-1963)
  • La Mort sur le ring (1938), de Henry Musnik (1895-1957)
  • Le Pain et les Jeux (1945), de Alain Sergent (pseudónimo de André Mahé, 1908-1982)
  • Oogie Finds Love (1948), de Berkeley Livingston (1909-1975)
  • Hoiman and the Solar Circuit (1952), de Gordon Dewey

Ilustración: Gallica.

eakins-taking-the-count-1898

Thomas Eakins – Taking the count (1898)

Ilustración: Wikiart.

Natación, buceo, surf, piragüismo y vela: prácticas milenarias y deportes de moda
Eugène Le Poittevin - Bains de mer à Étretat (ca. 1866)

Eugène Le Poittevin – Bains de mer à Étretat (ca. 1866)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Edmond Paulin - Termas de Diocleciano (1880)

Edmond Paulin – Termas de Diocleciano (1880)

Nos ha sorprendido descubrir, mientras preparamos este dossier, que a pesar de que la narrativa en torno a los deportes acuáticos no es muy extensa, una disciplina concreta sí dio lugar a una multitud de publicaciones: la práctica del piragüismo turístico tuvo, en la segunda mitad del siglo XIX, tanto éxito que florecieron los relatos de viaje efectuados con este medio de transporte.

Ilustración: Images d’Art.

Como tantos otros deportes, la práctica de la natación es tan antigua como la humanidad, tal y como lo atestiguan las pinturas rupestres de la Cueva de los Nadadores en Egipto, los grandes baños de Mohenjo-daro en Pakistán (S. III a.C.), frescos como el de la Tumba del Nadador en la ciudad griega de Paestum (ca. 470 a.C.) o mosaicos romanos, como el que se encontró en la Casa de Menandro en Pompeya (S. I).

Pinturas rupestres de la Cueva de los Nadadores en Egipto

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Mosaico de la Casa de Menandro en Pompeya

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Fresco de la Tumba del Nadador de Paestum

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Los grandes baños de Mohenjo-daro (Pakistán)

 

 Ilustración: Wikimedia Commons.

Federico II de Hohenstaufen – Tratado de cetrería (S. XIII)

Ilustración: Gallica.

Les Nageurs (ca. 1810-1815)

Vimos en la primera entrega de estos Tesoros Digitales y deportivos que los primeros manuales de natación aparecieron en el siglo XVI. No obstante, el hecho de tener que desnudarse para meterse en el agua hizo que la natación fuese perdiendo popularidad a medida que las sociedades modernas se volvían más conservadoras. El siglo XIX fue el del auge de la natación como deporte, con la creación de las primeras piscinas cubiertas, primero en Inglaterra y luego en el resto de Europa y Estados Unidos, la prohibición británica de la natación desnuda (1860), la aparición de indumentaria que permitía nadar al mismo tiempo que aseguraba la más estricta decencia y la creación de escuelas de natación.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Thomas Eakins – Swimming (1895)

Ilustración: Wikimedia Commons.

 

Eugène Briffault – Une journée à l’école de natation, ilustración de Bertall (1845-1846)

A mitad del siglo XIX, todo deportista «en la onda» debe practicar la natación y así nos lo cuenta el periodista Eugène Briffault (1799-1854) en Paris dans l’eau (París en el agua, 1844) y en el capítulo Une journée à l’école de natation (Un día en la escuela de natación) en el volumen colectivo Le Diable à Paris : Paris et les parisiens : moeurs et coutumes, caractères et portraits des habitants de Paris, tableau complet de leur vie (El Diablo en París: París y los parisinos: costumbres, caracteres y retratos de los habitantes de París, cuadro completo de su vida, 1845-1846). Estos textos ofrecen una multitud de datos históricos sobre la práctica del baño y la natación en París – o sea… en el Sena – y el autor nos brinda anécdotas graciosas como el alquiler de calzoncillos en los establecimientos de baño (a los que se lo podían permitir ; los demás, es decir la mayoría, prescindían de aquel ornamento inútil) o la afición de ir a comer al establecimiento de baños, por el simple gusto de almorzar (casi) desnudo. También evoca los baños para las mujeres, obviamente separados de los masculinos, en los que actrices y mujeres de vida ligera iban a divertirse en el agua y… en la mesa!

Ilustración: Internet Archive.

Eugène Briffault – Une journée à l’école de natation, ilustración de Bertall (1845-1846)

Paris au bain (París en el baño) y Les Bains à quatre sous (Los Baños de cuatro duros) son dos artículos del periodista y dramaturgo Pierre Véron (1831-1900) publicados en el volumen Paris s’amuse (París se divierte, 1861). Especialista de los relatos humorísticos sobre las costumbres parisinas, el autor describe el ambiente y los protagonistas de aquellos establecimientos: la dificultad de olvidarse de ciertos movimientos que solemos efectuar cuando estamos vestidos, los «maître-nageurs», a la vez profesores de natación y socorristas vestidos como marineros, la afluencia masiva y popular… Publicado en 1867, Une pleine eau d’après nature (Una agua llena al natural) es un divertido sainete de Pierre Véron en el que asistimos al baño de un grupo de hombres, bajo la supervisión de su «maître-nageur»: un inglés que no sabe nadar, un bromista, un señor miedoso, un nadador serio…

  Ilustración: Internet Archive.

Gustave Caillebotte – El Nadador (1877)

Ilustración: Wikimedia Commons.

 

La piscina de Gymnastikhøjskolen en Ollerup (Dinamarca, 192?)

Con Der Schwimmer (El Nadador, 1901), dejamos de lado el costumbrismo humorístico para adentrarnos en una obra inspirada en las ideas individualistas extremas, basadas en la filosofía anarquista. El protagonista, Franz Felder, es un joven nadador con talento cuya carrera está siendo gestionada por un club. Molesto por la pérdida de su individualidad frente a los ideales patrióticos, Felder siente la necesidad de afirmar su ego y de imponer su interés personal frente a los del grupo. Pasa de un club a otro, sin nunca encontrar satisfacción, antes de elegir la competición como nadador libre. Rechazado por sus compañeros, acaba dándose cuenta del sacrificio que conllevan sus ansías de independencia. Inspirada por las teorías del filósofo del egoísmo Max Stirner (1806-1856), Des Schwimmer es obra del poeta, pensador y escritor anarcoindividualista alemán John Henry Mackay (1864-1933).

Ilustración: Europeana.

 

Constance Stewart-Richardson

Recordada por su carrera como bailarina clásica descalza, profesión inaudita para una mujer de la alta aristocracia británica, Constance Stewart-Richardson (1883-1932) fue mujer llamativa y extravagante, muy famosa en su tiempo por la aureola de escándalo que acompañaba sus acciones. Ganó a los diecisiete años, en 1899, el campeonato de natación Ladies’ Challenge Shield, organizado en la piscina de Londres, título que conservó dos años más. En sus frecuentes viajes a Estados Unidos, fue el centro de atención de todos por sus actividades deportivas: desde cazar caimanes hasta cabalgar vestida como un cow-boy en compañía de Buffalo Bill, o realizar un baile de espadas de los Highlands en la alta sociedad. Después de casarse en 1904 con un oficial del ejército, empezó a producirse como bailarina descalza y bailarina acuática. Sus espectáculos fueron ganando popularidad y pronto se convirtió en la estrella de las grandes salas de Europa y de Estados Unidos. Su carrera artística se prolongó hasta su segundo matrimonio, en 1921 (su primer marido murió en los primeros meses de la Primera Guerra Mundial), fecha a partir de la cual se desconocen detalles de su vida. Apasionada por la educación y la pedagogía, y defensora del esquema griego de una perfecta armonía entre la mente y el cuerpo, publicó en 1913 Dancing, beauty, and games (Danza, belleza y juegos), en el que desarrolla sus ideas educativas. En este volumen, dedica un amplío capítulo a la natación.

Ilustración: Internet Archive.

Jack London – In Yeddo Bay, ilustración de George Varian (1903)

Los cuentos de Jack London (1876-1916) nos ofrecen interesantes figuras de nadadores. En una de sus primeras historias, A Night’s Swim in Yeddo Bay (Un baño nocturno en la bahía de Yeddo, 1895), London relata la aventura de un marinero americano bloqueado en el puerto japonés: le han robado el bolso con su dinero y no puede pagar una barca para regresar a su barco… Publicado en 1910 en el Saturday Evening Post antes de formar parte del volumen The Night-Born (1912), el cuento Under the Deck Awnings (Bajo los toldos de cubierta) es una cruel historia ambientada en el puerto de Colombo. Unos viajeros se distraen en la cubierta de un barco tirando monedas al agua para que un grupo de pequeños mendigos buceen a recogerlas. El juego toma una vertiente peligrosa cuando la joven y hermosa Miss Caruthers, adulada de todos los hombres de a bordo, propone a los niños un nuevo desafío… En Shin-Bones (Tibias, 1916), también titulada como In the Cave of the Death (En la cueva de los muertos), un príncipe hawaiano educado en Oxford cuenta cómo la aventura que protagonizó en su adolescencia en busca de los huesos de sus antepasados en una cueva submarina fue iniciática para él y contribuyó a forjar su personalidad, a la vez moderna y respetuosa de sus ritos religiosos.

Ilustración: Internet Archive.

Jack London – Under the Deck Awnings, ilustración de H.S. Potter (1910)

«En especial, la entusiasmaba su forma de saltar. Ya saben que al saltar de pie desde cierta altura resulta muy difícil mantener el cuerpo en perpendicular mientras se está en el aire. El cuerpo masculino tiene el centro de gravedad alto y tiende a volcar. Pero aquellos críos empleaban un método que ella, según dijo, desconocía y quería aprender. Saltando desde los pescantes de la cubierta de botes, caían con los rostros y los hombros inclinados hacia delante y, en el último momento, se enderezaban y entraban en el agua perfectamente erguidos.
Daba gusto verlos. No lo hacían tan bien cuando se tiraban de cabeza, aunque había uno que dominaba la técnica, como dominaba cualquier otra acrobacia. Seguramente se la habría enseñado algún blanco, porque realizaba un salto del ángel perfecto, de los más bonitos que he visto. Ya saben que al tirarse de cabeza desde gran altura el problema reside en penetrar el agua en un ángulo perfecto. Fallar el ángulo implica, como mínimo, una lesión de espalda que puede ser de por vida. También ha supuesto la muerte de algún que otro inepto. Pero aquel chico sabía hacerlo. Saltó veinte metros desde las jarcias con los brazos en la posición perfecta, la cabeza echada hacia atrás, casi volando como un pájaro, ascendiendo y avanzando para luego empezar a caer, con el cuerpo tan horizontal que, si golpease la superficie del agua en esa posición, se partiría en dos al instante. Pero justo antes de sumergirse, dejó caer la cabeza hacia delante, extendió los brazos, ligeramente arqueados, por delante de la cabeza, curvó el cuerpo con elegancia hacia abajo y entró en el agua tal y como debía hacerlo.» (Bajo los toldos de cubierta)

Ilustración: HathiTrust.

Inicialmente titulada Man of Mine (Hombre mío, 1917), el cuento The Kanaka Surf no es, como podríamos esperar, una historia de surfistas, sino de nadadores. La palabra surf del título hace referencia aquí a las olas que vienen a romper en la costa de un océano, y el kanaka surf es el oleaje macho, en el cual ningún nadador se atrevería (en oposición al wahine surf, el oleaje hembra, reservado a los atletas confirmados). Pero es con el kanaka surf con el que Lee Barton y su esposa Ida, una pareja de jóvenes deportistas y enamorados nacidos en Waikiki, prefieren medir sus fuerzas. Otro hombre, enamorado de Ida, turbará la serenidad de su relación e introducirá la duda en el espíritu de Lee… Jack London inicia y termina este cuento con dos descripciones de sus protagonistas en medio del «kanaka surf», dos escenas angustiantes, no recomendadas para los lectores que prefieren hacer pie…

Jack London – The Kanaka Surf, ilustración de Lejaren A. Hiller (1917)

««Era un día de aguas peligrosas en Waikiki. La resaca vahiné ya parecía bastante violenta para buenos nadadores. Pero, más adelante, en el oleaje macho o kanaka, nadie se aventuraba. No era que los jóvenes especialistas, de los cuales una veintena paseaba por la playa, hubieran dudado en meterse sin miedo ; pero sabían que las olas estruendosas y monstruosas hubieran volcado sus canoas y ahogado sus tablas de surf. La mayoría de ellos se sentían capaces de nadar, porque el hombre puede pasar entre los escollos donde las canoas y las tablas se estrellarían ; pero dominar la cresta de las olas, alzarse por encima de la espuma, aguantar de pie en el aire, y, con alas en los talones, alcanzar la orilla galopando, tal era el deporte que les interesaba y los traía de Honolulu a Waikiki.
El capitán del bote número 9, miembro fundador del Club náutico, varias veces campeón en concursos de natación de larga distancia, no había visto la salida de los Barton: les distinguió detrás de la última fila de bañistas agarrados a la cuerda de límite. A partir de entonces, desde su posición elevada en la veranda del Club, ya nos los perdió de vista. Cuando vio que iban más allá del trampolín de acero, en el cual entrenaban algunos de los saltadores más temerarios, refunfuñó entre sus dientes, irritado: «¡Malditos malahinis!»
Malahini significa recién llegado, novato ; no podían ser otra cosas que extranjeros para aventurarse en la corriente del canal más allá del trampolín, pensaba el capitán del nº9 ; de ahí su mal humor.»

Ilustración: HathiTrust.

Ambientado entre Estados Unidos y Francia, The Swimmers (Los Nadadores, 1929) es un relato de Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) en el que el autor de El Gran Gatsby (1925) establece una comparación entre Europa y Estados Unidos, a través de temas como la expatriación, el matrimonio y el dinero. Muy afectado por la infidelidad recurrente de su esposa francesa, el americano Henry Marston busca refugio en la natación, disciplina que ha descubierto gracias a una joven americana conocida en la playa de San Juan de Luz…

Armand Vallée – Un marivaudage entre deux vagues (192?)

«Cuando los problemas se convertían en insuperables, ineludibles, Henry se entregaba al ejercicio. En aquellos tres años nadar había sido una especie de refugio, y a él volvía como otros vuelven a la música o a la bebida. Había un punto en el que automáticamente dejaba de pensar y se iba una semana a la costa de Virginia para que el agua le aclarara las ideas. Lejos de donde rompen las olas podía contemplar la línea verde y marrón de la antigua colonia con la agradable indiferencia de una marsopa. La carga de su lamentable matrimonio se aligeraba con los confiados vaivenes de su cuerpo entre el oleaje y entonces creía moverse en un ensueño infantil. A veces nadaban con él añorados compañeros de su juventud; a veces le parecía seguir, con sus dos hijos, el camino luminoso que lleva a la luna. Los americanos, le gustaba decir, deberían haber nacido con aletas, y quizá las tuvieran: quizá el dinero era una modalidad de aleta. En Inglaterra la propiedad engendraba un fuerte sentido de la tierra, pero los americanos, inquietos, de raíces poco profundas, necesitaban aletas y alas. Incluso se extendía por Estados Unidos la idea recurrente de una enseñanza que prescindiera de la Historia y del pasado: la educación sería una especie de equipamiento para una aventura aérea, aliviada del peso muerto de la herencia y la tradición.»

Ilustración: Gallica.

« Quelques nageurs, une vingtaine,
Traversaient la Seine
À la nage,
Et les poissons sur leur passage, –
Dans la Seine il y a, bien plus que n’imaginent
Communément les pêcheurs à la ligne,
Des poissons, oui, il y en a,
Il y en a des tas, des tas, –
C’étaient précisément ceux-là
Qui, tout le long, faisant la haie,
Se moquaient,
Des efforts des nageurs à gagner l’autre quai;
Car il faut qu’on le sache bien,
Si les poissons ne disent rien,
Croyez qu’ils n’en pensent pas moins.
Donc, se clignant de l’oeil, se poussant des nageoires
– Quoi! pensaient-ils, est-ce besoin
De tant d’histoires,
Et de témoins,
Et d’entraînement, et de soins?
La Seine à traverser, est-ce la mer à boire?
Tous les jours nous la traversons. –
Ainsi, pleins d’ironie, ont pensé les poissons.

Abel Faivre – « C’est déjà bien mieux que l’année dernière » (18?)

 

Ilustración: Gallica.

Mais voici que le Dieu du Fleuve
A réuni ses humides sujets,
Et leur propose une autre épreuve :
– Vous jugez
Que, pour accomplir ce trajet,
Comme vous nager
Est commode?
Eh bien ! à votre tour, tâchez
Comme les hommes de marcher :
Poissons, il s’agit de longer
À pied le pont de la Concorde,
De le longer de bout en bout,
Dessus, s’entend, et non dessous,
À pied sec, des humains imitant la méthode.
– À pied ? –

Objectent les poissons vaguement inquiets :
À pied? Nous n’avons pas de pieds…-
Dans sa barbe (la barbe étant obligatoire
Pour les Fleuves toujours barbus),
Notre Fleuve sourit, et leur a répondu :
– Voire !
Vous n’avez pas de pieds ? L’homme a-t-il des nageoires ?
D’en avoir, pour nager, a-t-il donc attendu ? –
D’eau de mer ou d’eau douce, ou brochet ou barbue,
S’il arrive un jour qu’un poisson
Gagne un prix de natation,
Evidemment nous ne saurions
Y prêter grande attention.
C’est la difficulté vaincue
Qui nous émerveille d’abord :
Un homme dans le fleuve, un poisson dans la rue,
Et qu’on y voit battre un record,
Ça, oui, alors,
Ça, c’est du sport. »

 

Franc-Nohain (1873-1934), Le Nageur et les Poissons (El Nadador y los Peces, 1930)

 

A.E. Marty – Le Plongeon (1918)

Ilustración: Gallica.

Jules Verne – Vingt Mille Lieues sous les mers, ilustración de Alphonse de Neuville y Édouard Riou (1871)

El buceo como disciplina deportiva no parece haber retenido mucho interés literario. No obstante, existe una variedad de buceadores que surgió en literatura siglos antes de los sofisticados buzos imaginados en los relatos de aventuras de Aristide Roger (1841-1915) (Aventures extraordinaires de Trinitus. Voyage sous les flots, rédigé d’après le journal de bord de « l’Éclair », 1869), Jules Verne (1828-1905) (Vingt Mille Lieues sous les mers, 20000 Leguas de Viaje Submarino, audiolibro en francés y español, 1869-1870), Fortuné du Boisgobey (1821-1891) (Une affaire mystérieuse, audiolibro en francés, 1878), Enrique Bendito y Trujillo
(El Hijo del Capitán Nemo, 1898), el Coronel Ignotus (pseudónimo de José de Elola, 1859-1933) (Del océano a Venus, 1921) o Arthur Conan Doyle (1859-1930) (The Maracot Deep, El abismo de Maracot, 1927-1928).

Ilustración: Wikimedia Commons.

Alessandro Allori – Los Pescadores de perlas (ca. 1570)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Pescadores de perlas en la Isla Margarita (Venezuela, 1560)

Tradición secular en muchos lugares alrededor del mundo, el buceo en apnea era el único método posible para recoger las perlas escondidas en las cáscaras de los moluscos (además de otras joyas escondidas en los fondos marinos, como los corales, por ejemplo). Desde las ama japonesas hasta los pescadores del Golfo Pérsico con sus cánticos llamados fidjeri, pasando por los abusos cometidos por los colonos españoles en la costa caribeña de Venezuela en el siglo XVI o australianos para hacer prosperar la industria perlera en el siglo XIX, que recurrieron a la esclavitud de las poblaciones indígenas para conseguir buceadores.

  Ilustración: Wikimedia Commons.

Pescadores de perla (China, 1637)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Katsushika Hokusai – Sangi no Takamura, pescadoras de abulones (1835)

Obligados a bajar a grandes profundidades sin respirar, expuestos a los peligros ocultos debajo del agua, los buceadores han constituido una figura literaria cuyas proezas han sido loadas por poetas de la talla de Friedrich von Schiller o descritas por reporteros intrépidos como Albert Londres.

La figura de las ama viene evocada explícitamente en Man’yōshū (texto en inglés), recopilación de poesía japonesa realizada en el siglo VIII, pero que reúne textos más antiguos.

Ilustración: Wikimedia Commons.

L’Obstiné, ou Histoire de Kaskas (El Obstinado, o Historia de Kaskas) es un cuento en el estilo de Las Mil y una Noches, publicado en 1788 por el francés Jacques Cazotte (1719-1792) en su continuación de los famosos cuentos orientales y retomado en 1806 por el orientalista Armand-Pierre Caussin de Perceval (1795-1871) en una versión más cercana del original árabe (Histoire du marchand devenu malheureux (Historia del mercader que se volvió infeliz). En este cuento, un próspero mercader ve cómo la fortuna le deja de sonreír y empieza a vivir una sucesión de desgracias. En sus aventuras, conoce a un grupo de generosos buceadores de perlas que, en vez de ayudarle, le hunden involuntariamente en una nueva catástrofe.

Friedrich von Schiller – Der Taucher, edición inglesa ilustrada (1903)

«¿Quién de vosotros, nobles ó pecheros,
Será el valiente que se arroje osado
Á este hondo abismo? ¿Veis de oro acendrado
Esta ancha copa? En él á echarla voy.
¡Y la mar la engulló! ¡Valor y esfuerzo!
Bien sabéis cómo al brío correspondo.
De quien vaya á traérmela del fondo
¡Sea! Yo se la doy. —

Así prorrumpe el rey desde la cima
De una breña escarpada que alta avanza
En el mar de Caribdis, mientras lanza
La copa refulgente al fiero hervor
De aquellas ondas. Y otra vez exclama:
– Vuélvooslo á repetir : ¿Nadie á sí mismo
De sumergirse en el profundo abismo
Se siente con valor?»

Ilustración: Internet Archive

Ary Scheffer – Le Plongeur (S. XIX)

Estas dos estrofas marcan el inicio de Der Taucher (El Buzo), una balada compuesta en 1797 por Friedrich von Schiller (1759-1805). Este largo poema, que Franz Schubert adaptó en un lieder cuya interpretación dura cerca de 25 minutos, narra la trágica historia de un joven paje que se arroja a un peligroso abismo del océano para buscar una copa de oro prometida por el rey al que osara bucear a por ella. El paje vuelve a la superficie con la copa y relata su viaje entre las temerosas criaturas marinas. Pero el cruel rey tira de nuevo la copa y le promete la mano de su hija, además de hacerle caballero si vuelve con ella. El paje vuelve a saltar al agua pero nunca volverá…

 Ilustración: Paris Musées.

Franz Schubert – Der Taucher, interpretado por Dietrich Fischer-Dieskau y Karl Engel (1959)

Si el buzo de Schiller es sin duda el más conocido, la poesía del siglo XIX nos brinda varios homenajes líricos a estos valientes atletas:

They learn in suffering what they teach in song.
⁠Shelley.

Thou hast been where the rocks of coral grow,
Thou hast fought with eddying waves;-
Thy cheek is pale, and thy heart beats low,
Thou searcher of ocean’s caves!

Thou hast look’d on the gleaming wealth of old,
And wrecks where the brave have striven;
The deep is a strong and a fearful hold,
But thou its bar hast riven!

A wild and weary life is thine;
A wasting task and lone,
Though treasure-grots for thee may shine,
To all besides unknown!

A weary life! but a swift decay
Soon, soon shall set thee free;
Thou’rt passing fast from thy toils away,
Thou wrestler with the sea!

In thy dim eye, on thy hollow cheek,
Well are the death-signs read –
Go! for the pearl in its cavern seek,
Ere hope and power be fled!

And bright in beauty’s coronal
That glistening gem shall be;
A star to all in the festive hall-
But who will think on thee?

None! – as it gleams from the queen-like head,
Not one ‘midst throngs will say,
«A life hath been like a rain-drop shed,
For that pale quivering ray.«

Woe for the wealth thus dearly bought!
– And are not those like thee,
Who win for earth the gems of thought?
O wrestler with the sea!

Down to the gulfs of the soul they go,
Where the passion-fountains burn,
Gathering the jewels far below
From many a buried urn:

Wringing from lava-veins the fire,
That o’er bright words is pour’d;
Learning deep sounds, to make the lyre
A spirit in each chord.

But, oh! the price of bitter tears,
Paid for the lonely power
That throws at last, o’er desert years,
A darkly-glorious dower!

Like flower-seeds, by the wild wind spread,
So radiant thoughts are strew’d;
– The soul whence those high gifts are shed,
May faint in solitude!

And who will think, when the strain is sung,
Till a thousand hearts are stirr’d,
What life-drops, from the minstrel wrung,
Have gush’d with every word?

None, none! – his treasures live like thine,
He strives and dies like thee;
– Thou, that hast been to the pearl’s dark shrine,
O wrestler with the sea!

Felicia Hemans (1793-1835) – The Diver  (1830)
Où va ce plongeur sublime,
Intrépide en son travail ?
Il va ravir à l’abîme
Ses perles et son corail.

Où va cet oiseau qui passe
Dans le grand firmament clair ?
Je veux plonger dans l’espace
Comme on plonge dans la mer !

Où va l’étoile, ô mon âme,
Qui file ainsi qu’un éclair ?
Je veux plonger dans la flamme
Comme on plonge dans la mer !

Océan, père des mondes,
Rempli d’astres et de jour,
Comme on plonge dans tes ondes
Je veux plonger dans l’amour !

Jean Aicard (1848-1921) – Le Plongeur (1867)

 

Pescadores de perlas (1883)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Plus un gouffre est profond, un pic inaccessible,
Plus il semble, imprégné d’un charme irrésistible,
Stimuler des humains l’ambitieux effort.
Emmailloté qu’il est dans la nuit de son sort,
L’homme se pousse au jour, et yeut faire le libre.
Il s’en va des soleils ordonner l’équilibre :
Il descend sous la terre usurper ses métaux :
Sous l’Océan qui gronde exportant ses travaux,
Il va lui disputer son humide richesse :
Ici, plus haut, partout, transportant sa faiblesse,
De sa vaste impuissance il sillonne les cieux.
Sur lui-même à la fin il reporte les yeux,
Et du monde visible assignant les barrières,
Va du monde moral méditer les frontières.
Peut-être, et je l’ignore, a-t-il su discerner
Quelques points de l’énigme, où nous semblons tourner ;
Mais qu’importe au bonheur un si vide problême !
Qu’il plonge dans les cieux, sous la terre, en lui-même,
L’homme est-il plus heureux ? Le triste voyageur
N’en a su ramener encor que son malheur.
Pourquoi sonder le gouffre, avant d’y disparaître ?
Ignorer c’est dormir, et souffrir c’est connaître.

Matelot sous-marin, navigateur caché,
Qui reviens, un instant, de l’abîme arraché,
Respirer au soleil l’air vivant de la terre,
Dis-nous de l’Océan quelque profond mystère…
Hélas ! pauvre plongeur, pourquoi loin des humains,
Te percer sous les mers d’audacieux chemins ?
Qu’en as-tu rapporté ? des yeux sombres et ternes.
Ephémère habitant des humides cavernes,
Ton front jeune et vermeil a pâli loin du jour :
Ton cœur, comme au départ, ne bat plus plus au retour.
On dit qu’au fond des flots, couchés âges par âges,
On peut voir les trésors qu’amassent les naufrages,
Et pour y parvenir, tu n’as pas hésité
A porter dans le gouffre un pied inusité.
Quel rêve d’Arabie égale en opulence
Ces états sablonneux, où règne le silence !
Tu vas quelque minute y régner à ton tour.
Pauvre roi d’un moment, exilé dans ta cour,
Un rayon de soleil vaut mieux que ta couronne.
Quel métier que ta vie aride et monotone !
Dans ta tombe orageuse, agité par le sort,
Que tu dois envier une immobile mort !

Esclave du trépas, avant que d’y descendre,
Qu’on lit bien sur ton front la fatigue d’attendre !
Et que le temps pour toi se traîne avec lenteur !
Tu seras bientôt libre, intrépide lutteur,
Bientôt. Déjà ta joue est creuse et décharnée,
Ta lèvre blanche et morne, et ta tête inclinée
Semble chercher à terre, où tu reposeras.
Encor quelques efforts, et puis tu dormiras :
Courage ! Va ravir, quand tu le peux encore,
La perle opalisée où se mire l’aurore.
Travaille, épuise-toi, ton salaire est certain,
Ta gloire aussi. Peut-être en un joyeux festin,
Quelque noble sauteuse, au sortir du théâtre,
Fera de ton trésor ce qu’en fit Cléopâtre.

Non, l’avarice humaine aujourd’hui compte mieux,
On ne s’invente plus de vins si précieux.
Va donc, du lit des mers explorant la merveille,
Cueillir dans ses forêts la perle qui sommeille.
Une femme bientôt à des tresses de fleurs
De sa moire de nacre unira les couleurs,
Et chacun dans les bals admirera l’étoile
Qui de ses longs cheveux entr’ouvrira le voile.
Tout le monde ! Mais qui’s’occupera de toi ?.
Personne : et quand la belle, en ouvrant son tournoi,
Semblera, comme un astre embelli par ta peine,
Balancer les rayons de sa tête de reine,
Pensera-t-elle à toi, qui ne la verras pas !
Et qui, dans cette foule interdite à tes pas,
Qui, s’il songe à ta mort, se souviendra de dire
Que tu ne valais pas la perle qu’il admire ?
Oh ! malheur au joyau, si chèrement porté,
Qu’une existence d’homme achète à la beauté,
Et pour qui l’Océan s’amuse d’une vie,
Comme les aquilons d’une goutte de pluie !
Mais tu n’es pas le seul, indigent conquérant,
Qu’on voie aller, si loin d’un monde indiffèrent,
Récolter des trésors payés par l’agonie.
N’est-il pas comme toi, celui dont le génie
Plonge, pour nous instruire au fond des passions,
Ou qui, dans les tombeaux des vieilles nations,
Poursuivant à grands frais quelque heureuse richesse,
En revient amuser notre avare paresse ?
N’est-il pas comme toi, le poète ignoré,
Qui, dans sa sphère à part végétant inspiré,
D’une cour sans sujets monarque solitaire,
Sème, sans en jouir, ses perles sur la terre.
Il consume sa vie à son propre flambeau :
Sa clarté ne lui sert qu’à mieux voir son tombeau.

Ses chants aux cœurs blessés apporte le dictame :
Quels regards, quand il souffre, interrogent son âme ?
Aucun. Si dans ses vers, tout mouillés de ses pleurs,
Il attiédit en nous nos foyers de douleurs,
Ou ramène l’espoir, en en traçant l’image,
Jette-t-on sur sa vie une larme d’hommage ?
Jamais. Quand jusqu’à nous s’exhalent ces soupirs,
Qui flattant nos ennuis, ou berçant nos plaisirs,
Semblent faire voler, sur des ailes de fla’mmg,
La prière d’un ange, amoureux d’une femme,
Nous aspirons de loin ce souffle harmonieux,
Qui passe sur nos maux comme un parfum des cieux ;
Mais qui songe de nous, en savourant ces charmes,
Ce qu’un poète doit payer à Dieu de larmes
Pour obtenir de lui le pouvoir d’attendrir,
D’enchanter des oisifs, qui le laissent mourir !

Las ! oui, quand de ces chants l’humaine providence
Daigne avec nos chagrins entrer en confidence,
Quand ces vers radieux, de l’avenir chéris,
D’un rayon de bonheur dorent nos fronts flétris,
Réchauffent nos vertus, font rougir l’inconstance,
Ou prêtent à l’amour leur brûlante assistance,
Nous ne songeons pas plus au cœur qui les pleura,
Qu’à la rose qui tombe aux champs qu’elle enivra,
Et fait de ses parfums un legs à nos parures.
Peut-être tous ses vers sont autant de blessures,
Et sa vie, avec eux, goutte à goutte a coulé :
Chacun de ses accords est un cri désolé,
Peut-être !… Qui de nous s’en informe ? Personne.
Plus beaux que les joyaux dont un roi se couronne,
Il livre, comme toi, lutteur de l’Océan,
Ses trésors au hasard, ses douleurs au néant,
Et descendus, tous deux, chacun dans vos abîmes,
Sur l’autel des ingrats, vous remontez… victimes.

Jules Le Fèvre-Deumier (1797-1857) – Le Plongeur (1886-1887)
El mar su esfera dilata
Del sol al primer reflejo,
Y su extensión se retrata
Como una sierpe do plata
En el cristal de su espejo.

Con arte y audacia suma
Vá un pescador sonriente,
A explorar entre la espuma,
La luz, la sombra y la bruma
De la opalina corriente.

Salta en sublime momento
Del borde de su balandra.
Y con las alas del viento
Corta el líquido elemento
El peso de su escafandra.

Por la inmensidad bravia
Desciende para admirar,
Con asombro y alegría
¡La radiante orfrebería
Que guarda en su seno el mar!

Sus riquezas naturales,
Baja el buzo á recogerlas,
Y encuentra entre peñascales
Los palacios de corales
Y las columnas de perlas.

Pececillos saltadores
Que brillan como los astros,
Conchas con bellas labores,
Holoturias, algas, flores,
Nácar, rocas y alabastros.

Al empezar su jornada
Del fondo entre sus arenas
Choca en una piedra aislada
Y tiñe el agua azulada
Con púrpura de sus venas.

En su trabajo abstraído
Vá arrancando incrustaciones.
De pronto lanza un quejido…
¡Que sufre el mortal herido
Las postreras convulsiones!

Sigue infeliz su carrera
Mas sin sangre desfallece,
Y al subir á la ribera…
Pensando en su compañera
En su escafandra perece.

Y mientras él queda inerte,
Da á luz su esposa querida
Por sarcasmo de la suerte,
¡Un hijo que halla la vida
Cuando su madre la muerte!

Rafael Abellán (1863-1933) – El Buzo (1893)

Antonio Tempesta – La Pêche aux perles aux Indes (S. XVII)

 

Ilustración: Images d’art.

Kanzo Makame, the diver, sturdy and small Japanee,
Seeker of pearls and of pearl-shell down in the depths of the sea,
Trudged o’er the bed of the ocean, searching industriously.

Over the pearl-grounds the lugger drifted – a little white speck:
Joe Nagasaki, the « tender », holding the life-line on deck,
Talked through the rope to the diver, knew when to drift or to check.

Kanzo was king of his lugger, master and diver in one,
Diving wherever it pleased him, taking instructions from none;
Hither and thither he wandered, steering by stars and by sun.

Fearless he was beyond credence, looking at death eye to eye:
This was his formula always, « All man go dead by and by –
S’posing time come no can help it – s’pose time no come, then no die. »

Dived in the depths of the Darnleys, down twenty fathom and five;
Down where by law, and by reason, men are forbidden to dive;
Down in a pressure so awful that only the strongest survive:

Sweated four men at the air pumps, fast as the handles could go,
Forcing the air down that reached him heated and tainted, and slow –
Kanzo Makame the diver stayed seven minutes below;

Came up on deck like a dead man, paralysed body and brain;
Suffered, while blood was returning, infinite tortures of pain:
Sailed once again to the Darnleys – laughed and descended again!

* * * * *

Scarce grew the shell in the shallows, rarely a patch could they touch;
Always the take was so little, always the labour so much;
Always they thought of the Islands held by the lumbering Dutch –

Islands where shell was in plenty lying in passage and bay,
Islands where divers could gather hundreds of shell in a day.
But the lumbering Dutch in their gunboats they hunted the divers away.

Joe Nagasaki, the « tender », finding the profits grow small,
Said, « Let us go to the Islands, try for a number one haul!
If we get caught, go to prison – let them take lugger and all!»

Kanzo Makame, the diver – knowing full well what it meant –
Fatalist, gambler, and stoic, smiled a broad smile of content,
Flattened in mainsail and foresail, and off to the Islands they went.
Close to the headlands they drifted, picking up shell by the ton,
Piled up on deck were the oysters, opening wide in the sun,
When, from the lee of the headland, boomed the report of a gun.

Then if the diver was sighted, pearl-shell and lugger must go –
Joe Nagasaki decided (quick was the word and the blow),
Cut both the pipe and the life-line, leaving the diver below!

Kanzo Makame, the diver, failing to quite understand,
Pulled the « haul up » on the life-line, found it was slack in his hand;
Then, like a little brown stoic, lay down and died on the sand.

Joe Nagasaki, the « tender », smiling a sanctified smile,
Headed her straight for the gunboat-throwing out shells all the while –
Then went aboard and reported, « No makee dive in three mile!

«Dress no have got and no helmet – diver go shore on the spree;
Plenty wind come and break rudder – lugger get blown out to sea:
Take me to Japanee Consul, he help a poor Japanee!»

* * * * *

So the Dutch let him go; but they watched him, as off from the Islands he ran,
Doubting him much – but what would you? You have to be sure of your man
Ere you wake up that nest-ful of hornets – the little brown men of Japan.

Down in the ooze and the coral, down where earth’s wonders are spread,
Helmeted, ghastly, and swollen, Kanzo Makame lies dead.
Joe Nagasaki, his « tender », is owner and diver instead.

Wearer of pearls in your necklace, comfort yourself if you can.
These are the risks of the pearling – these are the ways of Japan;
« Plenty more Japanee diver plenty more little brown man! »

Banjo Paterson (1864-1941) – The Pearl Diver (1902)

 

Yamaguchiya Tobei – Abalone Divers off the Coast of Ise (ca. 1830)

Ilustración: Wikimedia Commons.

No ignoráis lo que es un buzo:
un nombre experto y audaz,
que deja la playa en donde
la luz y la dicha están,
y despreciando el peligro
de que un tiburón voraz,
comedor de carne humana,
lo despedace quizá,
o de que una manta hambrienta,
plegando su delantal,
chupe hasta la última gota
de su sangre sin piedad,
o de que entre rocas preso,
por falta de aire y no más,
le sirva el salobre golfo
de lápida funeral,
en busca de hermosas perlas,
se lanza al fondo del mar.

Desciende el buzo al abismo
de lóbrega obscuridad,
y entre el bosque de madréporas,
y los huertos de coral,
y la espesura de esponjas,
y el fleco de algas que va
navegando entre las aguas
como ligero cendal,
alarga el seguro brazo
hacia una concha sin par,
que es tal vez el cofre hermoso,
el estuche natural
de la perla de más brillo,
más tamaño y más beldad,
y contento del hallazgo
que lo ha llenado de afán,
lo aprieta con mano trémula,
y destrozando el cristal
de las sosegadas olas,
sale del fondo del mar.

Si la sonrosada concha,
por feliz casualidad,
guarda en su hueco una perla
de perfección ideal,
el buzo que la ha sacado
de las ondas, a pesar
de la peligrosa manta
y del tiburón voraz,
puede obtener oro en cambio
o adquirir la libertad,
y en una regia corona,
o en un suntuoso collar,
lucir la nítida perla
de esplendidez imperial,
que es del oriente más puro
y de hechizo singular,
por ser acaso una lágrima,
cristalización quizás
de la gota más salobre
de los abismos del mar.
Pues como el experto buzo
que el piélago escruta audaz,
yo exploré mi pecho ansioso,
y en la densa obscuridad,
entre las salobres dudas
y los bancos de pesar,
en el hueco más oculto,
colocada en la mitad
de la entraña infatigable
que palpita pertinaz,
como en una concha rara
y asombrosa, que en lugar
de ser sonrosada es roja,
encontré para mi mal
una perla más brillante
que las perlas de Ceilán,
más bermosa que las perlas
pescadas en Panamá,
un ferviente amor que es vuestro,
vuestro sólo y nada más;
pero si porque bay razones
de extraña fatalidad,
ni yo os lo puedo ofrecer,
ni vos lo podéis guardar,
que vuelva al fondo del pecho
el vivo y oculto afán
para no aparecer nunca,
para no surgir jamás;
que la perla transparente,
de perfección ideal,
ni luzca en regia corona,
ni brille en grueso collar,
sino que se hunda y se entierre
donde no la miréis más,
entre cadenas de rocas
y dédalos de coral,
que se esconda para siempre,
que vuelva al fondo del mar.

Efrén Rebolledo (1877-1929) – Que vuelva al fondo del mar (1929)

 

Pescadores de perlas en Ceylan (1887)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Georges Bizet – Les Pêcheurs de perles, escenografía de la Scala de Milano dibujada por Antonio Bonamore (1886)

No podemos dejar de mencionar, en esta evocación de los pescadores de perlas poéticos y artísticos, la ópera de juventud de Georges Bizet (1838-1875) Les Pêcheurs de perles (Los Pescadores de perlas, 1863), obra ambientada en Ceylán en la que dos pescadores de perlas hacen peligrar su voto de amistad eterna por el amor de una misma mujer… La crítica fue unánime sobre la flojera del libreto de Eugène Cormon (1810-1903) y Michel Carré (1821-1871) pero se reconoció a posteriori al autor de Carmen que su composición auguraba un talento prometedor.

Ilustración: Gallica.

Robert Michael Ballantyne – Under the Waves: Diving in Deep Waters (1887)

El escocés Robert Michael Ballantyne (1825-1894) fue el prolífico autor de más de cien novelas juveniles, entre las cuales destaca The Coral Island: A Tale of the Pacific Ocean (La Isla de Coral: un cuento del Océano Pacíficoaudiolibro en inglés, 1857), robinsonada protagonizada por dos jóvenes náufragos en una isla desierta, que fue parodiada por William Golding en El Señor de las moscas (1954) y que le inspiró a Robert Louis Stevenson su Isla del tesoro (1881-1882). Under the Waves: Diving in Deep Waters (Debajo de las olas: buceando en aguas profundas, 1876) es otra novela de aventuras juveniles, pero, más allá de los ingredientes habituales del género – naufragios, piratas, tesoros, amor… – el argumento central es el buceo en aguas profundas, su práctica y sus peligros…

Ilustración: Internet Archive.

Poco hemos podido averiguar sobre la novela Dutch the Diver; Or, A Man’s Mistake (Dutch el buzo, o La falta de un hombre, 1833). Debe tratarse de una novela juvenil de aventuras, género predilecto de su autor, el inglés George Manville Fenn (1831-1909), y el buceo parece ocupar bastante protagonismo. También parece que la novela fue adaptada para el teatro por un dramaturgo llamado Basil Henry. Lo que sí sabemos es que cuando se publicó la novela en el periódico londinense Daily Post, el propietario del diario organizó una espectacular campaña de propaganda: un faetón desfilaba por las calles, conducido por dos hombres muy elegantes, y, en el asiento trasero, un buzo en escafandra, con varios metros de tubo… Cuenta la prensa de la época que no se trataba de un figurante, sino de un buzo profesional…

Louis Becke – Edward Barry (South Sea pearler), 1914

Tanto Edward Barry (South Sea pearler) (Edward Barry (Pescador de perlas del Mar del Sur), 1900) del australiano Louis Becke (pseudónimo de George Lewis Becke, 1855-1913) como The Pearl Fishers (Los Pescadores de perlas, 1915) del irlandés Henry De Vere Stacpoole (1863-1951) son novelas de aventuras en las que la pesca de las perlas es uno de los ingredientes principales. A menudo comparado a Herman Melville o Robert Louis Stevenson, Louis Becke cuenta en Edward Barry la historia de un joven tripulante de un barco de pesca de perlas en los mares del Sur cuyo capitán es un asesino dispuesto a cometer más crímenes… The Pearl Fishers también se ambienta en el Pacífico Sur y está protagonizada por dos náufragos y una joven indígena en una laguna desierta. Pronto descubren que la laguna es fértil en ostras y que pueden sacarle un buen rendimiento pescando sus perlas… Amor, intriga, aventura, son los ingredientes de estas dos novelas trepidantes escritas por dos autores que conocían bien el Pacífico Sur por haberlo recorrido, el primero como tripulante de diversas embarcaciones en su juventud, el segundo por haber sido médico naval. Henry De Vere Stacpoole es sobre todo recordado por su novela de aventuras exóticas y sentimentales The Blue Lagon (La Laguna azul, 1908), adaptadas numerosas veces al cine.

Ilustración: Internet Archive.

Frank Reid – Toilers Of The Reef (1925)

Publicado en 1925, Toilers Of The Reef (Trabajadores del coral) es un relato juvenil de Frank Reid (pseudónimo de Alexander Vindex Vennard, 1884-1947), periodista y escritor australiano. A través de las aventuras de dos primos, descubrimos cómo trabajaban los pescadores de perlas australianos en la Gran Barrera de Coral en la segunda década del siglo XX.

Ilustración: Internet Archive.

Albert Londres – Pêcheurs de perles (1931)

Publicado en 1931 después de un viaje en Oriente Medio, Pêcheurs de perles (Pescadores de perlas) es un escalofriante reportaje del periodista Albert Londres (1884-1932). El autor de Les Forçats de la route (1924, ver Tesoros Digitales y deportivos dedicados al ciclismo) embarcó junto con los pescadores de perlas del Mar Rojo, del Golfo de Aden y del Golfo Pérsico para descubrir de primera mano las duras condiciones de vida de estos hombres. Encadenados por deudas acumuladas en varias generaciones y que nunca logran saldar, están condenados a bucear una y otra vez en busca de aquellas perlas tan ansiadas por las elegantes occidentales, hasta quedarse ciegos y sordos con treinta años, cuando no pierden la vida en accidentes o de agotamiento… Sin sensiblería, Londres describe los mecanismos de explotación de los buceadores, además de ofrecer un fascinante y documentado retrato de la zona.

Ilustración: Gallica.

Eugen von Ransonnet-Villez – Escena submarina (1867)

Ilustración: Biodiversity Heritage Library.

Cerramos este capítulo sobre el buceo con unas biografías y memorias de buceadores, curiosidades bibliográficas que no dejarán de sorprendernos:

Ilustración: Biodiversity Heritage Library.

  • Life And Adventures Of Frances Namon Sorcho: The Only Woman Deep Sea Diver in the World (Vida y Aventuras de Frances Namon Sorcho: la única buceadora en aguas profundas del mundo) es un curioso documento de 24 páginas publicado en el año 1900. Entre folleto propagandístico y resumen biográfico, el capitán Louis Sorcho presenta los méritos de su esposa, Frances Namon Sorcho, con la que se dedica a explorar los fondos del mar en busca de restos de naufragios y… de tesoros de todo tipo.

Frances Namon y Louis Sorcho con sus escafandras (1900)

Ilustración: Internet Archive.

  • William Beebe – Beneath tropic seas; a record of diving among the coral reefs of Haiti (1928)

     

    William Beebe (1877-1962) fue un naturalista, ornitólogo, biólogo marino y explorador estadounidense. Su interés por los fondos marinos le llevó a practicar inmersiones en alta mar, primero con escafandra y, a partir de 1930, a bordo de la primera batisfera, que diseñó junto con su compañero Otis Barton. Autor de numerosos relatos de sus expediciones y exploraciones, Beebe describió sus aventuras submarinas en volúmenes como Beneath tropic seas; a record of diving among the coral reefs of Haiti (Debajo de los mares tropicales; un relato de buceo entre los arrecifes de coral de Haití, 1928) o Half mile down (Media milla hacia abajo, 1934)

Ilustración: Internet Archive.

Charles W. Bartlett – Hawaii, The Surf Rider (1921)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Francis Allyn Olmsted – Habitantes de las islas Sandwitch practicando el surf (1841)

El arte de deslizarse sobre la superficie del agua, con tablas de madera o con flotadores, es, sin lugar a duda, una práctica milenaria de diversos lugares del mundo, desde África a Australia, pasando por Perú y, por supuesto Polinesia. Pero hubo que esperar al siglo XVIII para que exploradores europeos relataran esta tradición que observaron en Tahití y Hawái y a finales del siglo XIX para que el hombre blanco lo convirtiera en una nueva disciplina deportiva… y literaria.

Ilustración: Wikimedia Commons.

James Gay Sawkins – Escena de baño, Lahaina, Maui (1855)

«Al regresar al barco, vimos a los indios divertirse o hacer ejercicio de una manera verdaderamente sorprendente. Fue en un lugar donde la costa no estaba protegida por un arrecife como suele ser el caso, por lo que llegaba a la orilla un oleaje alto, uno de los más peligrosos que haya visto: ningún barco europeo podría haber desembarcado y creo que ningún europeo que se hubiera metido en el mar podría haber sobrevivido, dado que la orilla estaba cubierta de guijarros y de grandes piedras. En medio de estas olas nadaban diez o doce indios que, cada vez que rompía una ola cerca de ellos, se metían debajo de ella con infinita facilidad y se alzaban por el otro lado; pero su mayor diversión venía de la popa de una vieja canoa,. Nadaron empujándola hasta la brecha más externa, luego uno o dos entraron en ella y, dejándose llevar por borde espumoso de la ola rompiente, se precipitaron con una velocidad increíble. A veces llegaban casi a la tierra pero generalmente la ola rompía sobre ellos antes de que estuvieran a mitad de camino, en cuyo caso aparecían rápidamente al otro lado con la canoa en sus manos, la remolcaban de nuevo y volvían a empezar. Estuvimos observando esta maravillosa escena durante media hora, durante la cual ninguno de los actores intentó volver a tierra: todos parecían sumamente entretenidos con su extraña diversión.» (The Endeavour Journal of Sir Joseph Banks (1743-1820) – Journal from 25 August 1768-12 July 1771)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Mark Twain – Roughing it (1875)

El maestro del humor estadounidense, Mark Twain (1835-1910), viajó a las islas Sandwitch en 1866 como reportero del periódico Sacramento Union. Reunidos en el volumen Roughing it (audiolibro en inglés, 1875) junto con otros recuerdos de sus viajes, los relatos de sus andanzas en Hawái nos brindan una interesante descripción de la práctica del surf y, cómo no, el hilarante relato de su propia experiencia en las olas encima de una tabla…

Ilustración: Internet Archive.

Mark Twain – Roughing it (1875)

«Intenté surfear una vez, pero fue un fracaso. Conseguí colocar correctamente el tablero en el momento adecuado ; pero perdí el contacto con la tabla, que alcanzó la orilla en tres cuartos de segundo, sin ninguna carga, mientras que yo, en el mismo tiempo, fui a golpear el fondo, con un par de barriles de agua por dentro. Nadie más que los nativos jamás dominarán el arte de surfear correctamente.»

Ilustración: Internet Archive.

D. Howard Hitchcock – Canoe Surfing, Waikiki (S. XIX-XX)

Ilustración: Wikimedia Commons.