London

London

La City de Londres hacia 1630, vista desde Southwark

« When a man is tired of London, he is tired of life ; for there is in London all that life can afford. » (« Cuando un hombre está cansado de Londres, está cansado de la vida, porque hay en Londres, todo lo que la vida puede aportar. ») (Samuel Johnson (1709-1784), en Life of Samuel Johnson (Vida de Samuel Johnson, 1791), de James Boswell).

No sabemos si Londres, que 2012, con los Juegos Olímpicos, el Jubileo de la Reina Isabel II y el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens, trae a las primeras planas de la actualidad, contiene efectivamente todo lo que la vida puede aportar, pero es cierto que la ciudad se presta y siempre se ha prestado a todas las evocaciones y a todos los géneros literarios : novelas y obras de teatro inglesas, impresiones de viajeros extranjeros, poemas, pero también novelas policíacas, picaresca y de terror… Se lo contaremos todo en esta novena entrega de Tesoros Digitalestitulada : London

Ilustración : Wikimedia Commons.

Londres descrita por sus habitantes

Claes Van Visscher – Panorama de Londres (1616)

Ilustración : Wikimedia Commons.

En la Edad Media, Londres, que había sido un importante asentamiento romano, era ya una ciudad considerable : los reyes de Inglaterra eran coronados en la Abadía de Westminster y vivían en el castillo de la Torre de Londres. No es de extrañar, por lo tanto, que existan numerosas referencias a la capital del reino en gestas medievales como la Leyenda Arturiana o las aventuras de Robin Hood

La Taberna Tabard’s inn en Southwark, nombrada en los « Cuentos de Canterbury » – Representación del siglo XIX

Los Cuentos de Canterbury (Canterbury Tales, S. XIV – audiolibro en inglés), de Geoffrey Chaucer, ponen en escena un grupo de peregrinos que se dirigen hacia la catedral de Canterbury y coinciden en una posada de Southwark, un barrio de Londres. Cada uno cuenta una historia a cambio de una comida gratis en la posada y este es el argumento para proponer una sucesión de cuentos, algunos de ellos en versos, que le permiten a Chaucer hacer un irónico retrato de la sociedad inglesa de la época, y sobre todo de la Iglesia.

Ilustración : Wikimedia Commons.

« En esta época la gente siente el ansia de peregrinar, y los piadosos viajeros desean visitar tierras y distantes santuarios en países extranjeros; especialmente desde los lugares más recónditos de los condados ingleses llegan a Canterbury para visitar al bienaventurado y santo mártir que les ayudó cuando estaban enfermos. Un día, por aquellas fechas del año, a la posada de « El Tabardo », de Southwark, en donde me alojaba dispuesto a emprender mi devota peregrinación a Canterbury, llegó al anochecer un grupo de 29 personas. Pertenecían a diversos estamentos, se habían reunido por casualidad, e iban de camino hacia Canterbury. Las habitaciones y establos eran cómodos y todos recibimos el cuidado más esmerado. En resumen, a la puesta del sol ya había conversado con todos ellos y me habían aceptado en el grupo. Acordamos levantarnos pronto para emprender el viaje como les voy a contar. » (Fuente de la traducción)

Ben Jonson – The Alchemist

Ben Jonson (1572-1637) fue un dramaturgo inglés, contemporáneo de Shakespeare. Sus obras más conocidas son Volpone (16307), The Alchemist (El Alquimista, 1612) y Bartholomew Fair (La Feria de San Bartolomé, 1631). Sus obras abundan en referencias literarias sobre la capital inglesa y en muchos casos (The Alchemist, Bartholomew Fair), la ciudad ocupa el papel principal de la obra.
La Feria de San Bartolomé, que constituye la tela de fondo de Bartholomew Fair, fue durante 7 siglos una de las ferias de verano más importantes de Londres. Feria comercial a la vez que de ocio y espectáculo, atraía a todas las clases sociales del país. La obra de Jonson, que transcurre en un solo día, ofrece una visión detallada del Londres de principios del siglo XVII y da una imagen muy realista de la fauna humana que frecuentaba la feria.
The Alchemist pone en escena una pareja de estafadores, uno de los cuales se hace pasar por alquimista. Los dos protagonistas, rodeados de una galería de personajes pintorescos, le sirven de excusa a Jonson para estigmatizar los defectos de la sociedad…

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

« Nuestro escenario está en Londres, porque queremos que se sepa que ningún país puede competir con el nuestro por su alegría y su buen humor, y que ningún clima produce tan abundante materia, en cuestiones de prostitutas, alcahuetes, impostores, cortesanos y de muchos otros personajes cuyas maneras, que decoramos hoy del nombre de humores, son el alimento del teatro y siempre han movido la rabia o la bilis de los escritores cómicos. Sin embargo, el poeta nunca tuvo por objetivo el de herir, sino el de mejorar los hombres, aunque el siglo en el que compone soporte con suficiente paciencia los vicios públicos como para volverlos incurables. » (Prólogo de The Alchemist).

William Shakespeare – The London Prodigal (Ed. facs. de la ed. de 1605)

La vida de William Shakespeare permanece sumida en el misterio. Se sabe que vivió muchos años en Londres por su actividad teatral, ya que actuó en sus propias obras. A pesar de haber vivido en esta ciudad, su obra no refleja demasiado interés por describirla. Más bien, destaca cierta atracción por la naturaleza y muchas de sus textos están ambientados fuera de Inglaterra : Verona en Romeo y Julieta, Dinamarca en Hamlet o Grecia en El Sueño de una noche de verano… Algunas de sus obras históricas basadas en la vida de los reyes de Inglaterra se ambientan, total o parcialmente, en Londres ; por ejemplo, en Enrique IV, parte I y parte II, muchas escenas se desarrollan en los bajos fondos de la ciudad…
The London Prodigal : a comedy (El Pródigo de Londres : una comedia, 1591-1604) es una comedia urbana ambientada en Londres sobre el tema del hijo pródigo. La página de título de la primera y única edición menciona a William Shakespeare como autor. Sin embargo, los especialistas no se ponen de acuerdo sobre la autoría de la obra y se clasifica en general en las obras apócrifas del famoso dramaturgo.

Ilustración : Archive.org.

The History of Whittington and his cat (Edición infantil de 1850)

Dick Whittington and his cat (Dick Whittington y su gato) es un cuento tradicional inglés que apareció escrito por primera vez en 1605, y en él se basaron numerosas adaptaciones teatrales. Cuenta las aventuras de un joven pobre que, gracias a las capacidades desratizadoras de su gato, se convirtió en un rico mercader y en el Lord-Alcalde de Londres. Lo curioso es que existió realmente un tal Richard Whittington, mercader próspero, filántropo londinense y Lord-Alcalde de Londres del siglo XV. Pero nadie sabe muy bien de dónde viene la leyenda del gato… Puede haber sido una adaptación local de una leyenda similar que circulaba por Europa… El caso es que cuando se reformo la cárcel de Newgate, según las últimas voluntades de Whittington, se esculpió un gato encima de cada portal…

Ilustración : Archive.org.

« Dick Whittington era un pobre huérfano, sus padres habían muerto cuando él era un niño. Oyendo que sus pequeños compañeros mencionaban Londres a menudo, quiso verla, esperando encontrarla recubierta de pavimento de oro… Una buena anciana, que había hecho amistad con él, le convenció de no ir ; Dick siguió su consejo, y vivió en el cottage de la anciana, hasta su muerte. Dick fue entonces echado por el mundo, sin un amigo, y, una vez más, pensó en ir a Londres… »

El Gran Incendio de Londres (representación de los años 1900-1917)

Samuel Pepys (1633-1703) fue un personaje estrechamente asociado a Londres. Este administrador naval y miembro del Parlamento, redactó durante muchos años un Diario, redescubierto en 1814, que constituye una fuente de primera mano sobre el periodo de la Restauración inglesa, y sobre grandes acontecimientos : la epidemia de peste en Londres (1664-1666), la segunda guerra anglo-holandesa (1665-1667) y el famoso gran incendio que devastó Londres en septiembre 1666.

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

« Caminé hacia la orilla del agua, y allí cogí un barco y crucé el puente, y allí vi un fuego lamentable. La casa de Poor Michell, ya ardía y el fuego corría tanto que en poco rato llegaba a Steeleyard, mientras estaba allí. Todo el mundo procuraba retirar sus pertenencias, y los arrojaban al río, o los llevaban en barcazas ; los pobres se quedaban en sus casas hasta que el fuego las alcanzaba, y entonces, corrían a los barcos, o subían un par de escalones en la orilla. Y entre otras cosas, las pobres palomas estaban poco dispuestas a dejar sus casas, pero revoloteaban cerca de las ventanas o los balcones, hasta que eran quemadas y se caían. »

Daniel Defoe – A Journal of the plague year (edición ilustrada de 1908)

La obra de Daniel Defoe constituye un valioso testimonio del desarrollo económico, social y cultural de la Inglaterra de principios del siglo XVIII. Londres ocupa un lugar privilegiado como telón de fondo de numerosas obras : en A journal of the plague year (Un diario del año de la epidemia, audiolibro en inglés, 1722), Defoe, inspirándose posiblemente en los diarios de su tío Henry Foe, ofrece una ficción sobre la epidemia de peste que devastó la ciudad en 1665 ; The Fortunes and Misfortunes of the Famous Moll Flanders (Fortunas y adversidades de la famosa Moll Flanders, audiolibro en inglés, 1722) relata las aventuras de una prostituta en los bajos fondos de Londres ; Roxana : The Fortunate Mistress (Lady Roxana, audiolibro en inglés, 1724), abandonada a la miseria en Londres por su marido, se convierte en una famosa cortesana que ejercerá su oficio entre París y Londres…

Ilustración : Archive.org.

« Esto nos alarmó a todos de nuevo, y terribles temores circulaban entre la gente, especialmente el hecho de que el tiempo estaba cambiando y volviéndose caluroso y que teníamos el verano al caer. Sin embargo, la semana siguiente, pareció que hubo aún algunas esperanzas, el número de muertos no pasaba de 388, ninguno de la epidemia, y cuatro de ellos murieron de la fiebre botonosa. Pero la semana siguiente, la epidemia volvió y el malestar se difundió en dos o tres parroquias, St Andrew’s, Holborn ; St Clement Danes, y, a la gran aflicción de la ciudad, uno murió dentro de los muros, en la parroquia de St Mary Woolchurch, es decir en Bearbinder Lane, cerca de Stocks Market, en total, había nueve afectados de la epidemia y seis de la fiebre botonosa. Se averiguó que aquel francés que murió en Bearbinder Lane era uno que, habiendo vivido en Long Acre, cerca de la casa infectada, se había mudado por miedo a la enfermedad, sin saber que estaba infectado ya. » (A journal of the plague year)

Daniel Defoe – The Fortunes and Misfortunes of the Famous Moll Flanders (edición ilustrada de 1908)

« La niña llevaba un pequeño collar de cuentas de oro, y yo le había echado el ojo al collar ; y en la oscuridad del callejón, me agaché, pretendiendo arreglar el zueco de la niña, que estaba suelto, y le quité el collar, y la niña no se dio cuenta. Aquí, digo, el diablo me propuso matar a la niña en el callejón oscuro, que no podría llorar, pero el pensarlo me asustó tanto que estaba a punto de caerme, pero me giré hacia la niña y le pedí que se fuese, que ése no era su camino a casa. La niña dijo que lo haría, y me fui por Bartholomew Close, y luego giré a otro pasaje que va por St. John Street, a continuación, crucé en Smithfield, bajé Chick Lane y en Field Lane hasta Holborn Bridge, cuando, mezclándose con la multitud de personas que pasan por allí, no era posible que fuese descubierta, y así emprendí mi segunda salida al mundo. » (Moll Flanders)

Ilustración : Archive.org.

John Gay – The Beggar’s opera

John Gay (1685-1732) fue un poeta y dramaturgo inglés. Entre sus obras más estrechamente relacionadas con Londres, podemos nombrar The Mohocks : a Tragi-Comical Farce (Los Mohocks : una farsa tragi-cómica,1712) que pone en escena los Mohocks, una de las peores bandas de malhechores que atemorizó Londres después de la Restauración, y The Beggar’s Opera (La Ópera del mendigo, 1728), una sátira en forma de ópera, puesta en música por Johann Christoph Pepusch, que denuncia la corrupción de la clase gobernante.

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

Thomas de Quincey

Confessions of an English Opium-Eater (Confesiones de un comedor de opio inglés, audiolibro en inglés, 1821) es un relato autobiográfico del ensayista y poeta Thomas de Quincey, en el que describe su adicción al láudano y sus efectos en su vida. Más allá del relato del nacimiento del la adicción, de los placeres y los sufrimientos provocados por la droga, Confessions o fan English Opium Eater es también el llanto de un hombre perdido que llora la mujer amada, misteriosamente desaparecida, y a la que no cesa de buscar en las calle de Londres…

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

« Entonces, Oxford Street, madrastra del corazón de piedra, tú que has escuchado los suspiros de los huérfanos y bebido las lágrimas de los niños, por fin me había liberado de ti ; por lo menos había llegado el momento en el que ya no pasearía por la angustia de tus interminables terrazas, nunca más soñaría y despertaría en la cautividad de las punzadas del hambre. »

La Iglesia del Temple (Templechurch)

Londres constituye la materia prima de los ensayos de Charles Lamb (1775-1834), Essays of Elia (Ensayos de Elia, publicados a lo largo del año 1820 y en 1825 en la revista The London Magazine, audiolibro en inglés). En estos exquisitos ensayos, Lamb evoca con una rara sensualidad y mucho humor los aspectos más sencillos de la vida cotidiana, una partida de naipes, el riesgo de prestar libros…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Nací, y pasé los siete primeros años de mi vida en Temple. Su iglesia, sus salas, sus jardines, su fuente, su río, casi diría – en estos años de juventud, ¿ qué era este rey de los ríos, sino una corriente que regaba nuestros lugares bonitos ? – que éstos son mis más antiguos recuerdos. […] De verdad, es el lugar más elegante de la metrópolis. ¡ Que transición para un hombre del campo que visita Londres por primera vez – el paso de las populosas calles Strand o Fleet, a través de avenidas inesperadas, a sus plazas magnificentes y amplias y sus verdes rincones clásicos ! »

Charles Dickens – Our mutual friend (1864, ilustración de Marcus Stone)

Si hay un novelista londinense de referencia, es, sin duda, Charles Dickens, cuyas descripciones de Londres brumoso, sucio, con las calles llenas de barrenderos y de carteristas, tuvieron una influencia preponderante sobre la percepción de la ciudad en la época victoriana. Nadie como él supo recrear el espectáculo visual, sonoro y también olfativo de la ciudad. La Londres victoriana era la ciudad más grande y más espectacular del mundo. En plena Revolución Industrial, conoció un desarrollo exponencial (de 1 millón de habitantes en 1800, pasaría a casi 5 millones en 1880.). Las consecuencias de este crecimiento son trágicas : Londres era presa de la miseria, y la violencia reinaba en las calles. Dickens, que vivió casi toda su vida en la capital, puso su capacidad de observación y su fama al servicio de los más desfavorecidos, denunciando en sus obras la miseria, las pésimas condiciones sociales, y evocando los delitos que se cometían« bajo la protección de las tinieblas »… La mayor parte de sus novelas están ambientadas completa o parcialmente en la capital inglesa : Oliver Twist (Oliver Twist en español, audiolibro en inglés, 1838), The Old Curiosity Shop (El Almacén de antigüedades, audiolibro en inglés, 1840), A Christmas Carol (Un cuento de Navidad, audiolibro en inglés, 843), David Copperfield (David Copperfield en español, audiolibro en inglés, 1850), Bleak House (Casa desolada, audiolibro en inglés, 1853), Little Dorrit (La Pequeña Dorrit, audiolibro en inglés, 1857), A Tale Of Two Cities (El Cuento de dos ciudades, audiolibro en inglés, 1859), Great Expectations (Grandes Experanzas, audiolibro en inglés, 1861), Our Mutual Friend (Nuestro amigo mutuo, audiolibro en inglés, 1865), y The Mystery of Edwin Drood (El Misterio de Edwin Drood, audiolibro en inglés, 1870)…

Ilustración : Wikimedia Commons.

Charles Dickens – Oliver Twist (edición española de 1857)

« Este caballero que llevaba la cabellera empolvada y anteojos de oro parecía ser respetable ; vestía una casaca color verde botella con cuello de terciopelo negro y un pantalón blanco sosteniendo por debajo el sobaco un elegante bambú. Acababa de tomar un libro de la parada y estaba allí como en su casa leyendo tan tranquilamente lo mismo que si estuviera sentado en su sillón y es probable que se creía realmente en el porque era claro que absorbido como estaba en su lectura no veía ni la parada del librero, ni la calle, ni los dos muchachos, ni otra cosa en fin que el libro que recorría letra por letra volviendo la hoja cuando llegaba á lo último de la página empezando la primera línea de la siguiente y así consecutivamente con el mas vivo interés y el mayor afán. Cuales fueron la sorpresa y el horror de Oliverio cuando abriendo tantos ojos como le permitieron sus párpados vio al Camastrón sumergir su mano en la faltriquera del caballero y retirar de olla un pañuelo que pasó á Carlos y luego volver la esquina de la calle y correr á toda pierna. » (Oliver Twist)

Ilustración : Google Books.

Charles Dickens – Historia de dos ciudades (ilustración de Hablot K. Browne, 1894)

« El Banco Tellson era un lugar de viejísimo aspecto en el año mil setecientos ochenta. El local era muy pequeño, obscuro, feo e incómodo. Todo respiraba antigüedad, pero los socios de la casa estaban orgullosos de la pequeñez del local, de la obscuridad reinante, de su fealdad y hasta de su incomodidad. Y no solamente estaban orgullosos, sino que, muchas veces, hacían gala de todos estos inconvenientes, convencidos de que si la casa no los tuviera, seria menos respetable. Tellson no necesitaba grandes habitaciones, ni abundante luz, ni mayor embellecimiento. Otras casas de banca podían tener necesidad de tales ventajas, pero, a Dios gracias, a Tellson no le hacían ninguna falta. Cualquiera de los socios habría sido capaz de desheredar a su propio hijo que le propusiera la atrevida idea de reconstruir el establecimiento. Y así había sido como Tellson fue el triunfo de toda incomodidad. Después de abrir una puerta que se obstinaba en permanecer cerrada, aparecían dos escalones y el visitante se encontraba en una tiendecita provista de dos mesas, en donde los empleados más viejos examinaban minuciosamente el cheque que se les presentaba y la legitimidad de la firma, a la luz de las ventanitas, siempre cubiertas de barro por la parte exterior y provistas de rejas, que contribuían a impedir el paso de la luz escasa que consentía la proximidad y la sombra del Tribunal del Temple. Si los negocios del visitante le obligaban a entrevistarse con « La Casa », se le conducía a una especie de mazmorra situada en la parte posterior, en donde sentía tentaciones de emprender serias reflexiones acerca de la vida, hasta que la misma Casa se presentaba con las manos en los bolsillos, sin que el visitante fuese capaz de divisarla en los primeros momentos. » (Historia de dos ciudades)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Charles Dickens llevado al cine…

Oliver Twist (1933), disponible en Archive.org Great Expectations (1946), disponible en Black and White Movies

Ilustración : Wikipedia.

William Makepeace Thackeray – Vanity Fair

El segundo escritor más importante de la época victoriana, William Makepeace Thackeray publicó una de sus obras cumbre, Vanity Fair (La Feria de las vanidades, audiolibro en inglés) entre 1846 y 1847, en la revista londinense Punch. Esta sátira de la sociedad inglesa en general y londinense en particular tenía el objetivo de ser divertido e instructivo a la vez : en ella, Thackeray representa, a través de una galería de personajes, las debilidades del ser humano, la avaricia, la pereza, el esnobismo o la hipocresía, y el oportunismo… Sin embargo, al contrario de Dickens, no evoca lo sórdido y lo miserable, abogando, fiel al puritanismo de su moral católica, por la tolerancia, el amor al prójimo, el trabajo honrado…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Nuestro siglo iba a cumplir sus quince años… Por una radiante mañana de junio, un grande coche burgués se dirigía, con una velocidad de cuatro miles por hora, hacia la pesada reja del internado de jóvenes señoritas que llevaba miss Pinkerton, en Chiswick Mall. Dos caballos bien alimentados, con arneses relucientes, arrastraban el coche y los llevaba un cochero grueso, protegido por un sombrero de tres picos y una peluca. En el asiento, al lado del cochero, se encontraba un criado negro, que desplegó sus piernas cuando el coche se detuvo delante de la puerta de miss Pinkerton. Al ruido de la campana que sacudió, una docena por lo menos de jóvenes cabezas aparecieron en las estrechas ventanas del viejo y majestuoso señorío de ladrillos. Un observador atento hubiera incluso podido reconocer la nariz roja y fina de la buena miss Pinkerton, irguiéndose encima de una mata de geranios que decoraban la ventana del salón. »

George Gissing – The Odd Women (1893)

George Gissing (1857-1903) fue un novelista inglés. Publicó, a partir de 1880, un total de 23 novelas, que constituyen un retrato realista de los últimos años de la era victoriana y que transcurren casi exclusivamente en Londres. Entre ellas, destacan New Grub Street (La Nueva Grub Street, audiolibro en inglés, 1891), Born in Exile (Nacido en el exilio, 1892), The Odd Women (La Mujer extraña, audiolibro en inglés, 1893), In the Year of Jubilee (Los años de aniversario, audiolibro en inglés, 1894), y The Whirlpool (El Remolino, 1897), novelas vanguardistas para la época, que tratan del creciente comercialismo del mercado literario, del charlatanismo religioso o de la situación de las mujeres emancipadas…

Ilustración : Wikimedia Commons.

George & Weedom Grossmith – Diary of a Nobody (1892)

El característico humor británico no podía faltar aquí. Nos llega de las cuatro manos de los hermanos Grossmith, George y Weedon, que, además de escritores, eran actores de teatro y music-hall. The Diary of a Nobody (El Diario de un Don Nadie, audiolibro en inglés) se publicó primero por entregas en la revista Punch en 1888-1889, y en forma de libro en 1892. Se trata del diario de un tal Charles Pooter, empleado de oficina en la City de Londres, que acaba de mudarse con su esposa a una nueva casa del barrio de Upper Holloway. En él nos narran los pequeños acontecimientos de su vida cotidiana, el bricolaje, el jardín, una salida de domingo, una discusión con su mujer o los disgustos continuos que les da su hijo bohemio… El humor está presente en todo momento, de forma indirecta : sin llegar a ser pretencioso, Mr. Pooter es bastante orgulloso de sí mismo y las pequeñas humillaciones que se acumulan sobre su vida le ofenden profundamente, para la mayor diversión del lector. Más allá de la comedia, esta novela es un interesante documento sobre la vida cotidiana de los londinenses a finales de siglo XIX.

George & Weedon Grossmith – Diary of a Nobody (1892)

Ilustración : Authorama.

« Mi querida mujer Carrie y yo nos hemos mudado desde hace una semana en nuestra nueva casa, Los Laureles, Brickfield Terrace, Holloway – una bonita vivienda de seis habitaciones, sin sótano, con un salón delante. Tenemos delante de la casa un pequeño jardín ; y hay unos diez escalones para llegar a la puerta principal, que mantenemos cerrada con la cadena. Cummings, Gowing, y nuestros otros amigos íntimos entran por la puerta lateral, lo que le evita a la criada la molestia de ir hasta la puerta principal, distrayéndola de su propio trabajo. Tenemos un bonito jardín pequeño que baja hasta la vía del tren. Estábamos al principio bastante asustados por el ruido de los trenes, pero el dueño nos dijo que ya no lo notaríamos después de un momento, y nos cobró 2 libras para el alquiler. Probablemente tenía razón ; y aparte de la fisura en la parte trasera del muro del jardín, no hemos sufrido ninguna molestia. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

John Galsworthy – Awakening ; To let, edición ilustrada de 1922

El Premio Nobel de Literatura de 1932, John Galsworthy (1867-1933), novelista y dramaturgo, publicó entre 1906 y 1921 una serie de tres novelas y dos interludios titulada The Forsyte Saga (La Saga de los Forsyte). Se trata de la crónica de las vicisitudes de los miembros de una familia de clase media-alta londinense, a finales de la era Victoriana y durante la era Eduardiana, en la que se ofrece una visión crítica de la sociedad y de la burguesía de la época : su esnobismo, su actitud insular y sobre todo sus sofocantes códigos morales. La Saga se compone de los títulos siguientes : The Man of Property, (El Propietario, audiolibro en inglés, 1906), Indian Summer of a Forsyte : interlude, (El veranillo de San Miguel de un Forsyte : interludio, audiolibro en inlgés, 1918), In Chancery, (En la cancillería, audiolibro en inglés, 1920), Awakening : interlude (Despertar : interludio, 1920), To Let (Se alquila, audiolibro en inglés, 1921).

John Galsworthy – Indian Summer of a Forsyte ; In Chancery, edición ilustrada de 1922

Ilustración : Project Gutenberg.

« Sus residencias, ubicadas a intervalos fijos alrededor del parque, parecían centinelas, no sea que el hermoso corazón de esta Londres, al que sus deseos estaban orientados, pudiera escaparse de sus garras, y dejarles más bajo en sus propias opiniones. Old Jolyon estaba en Stanhope Place, Los James en Park Lane, Swithin en la gloria solitaria de habitaciones naranja y azules en Hyde Park Mansions – nunca se había casado – Los Soam en su nido en Knightsbridge ; los Roger en Prince’s Garden (Roger era el remarcable Forsyte que había concebido y desarrollado la noción de orientar a sus cuatro hijos hacia una nueva profesión. « Coleccionar las propiedades de casas, nada como eso, decía, nunca he hecho otra cosa »). Los Hayman de nuevo – Mrs Hayman era una de las hermanas casadas de los Forsyte – en una casa arriba en Campden Hill, de la forma de una jirafa, y tan alta que daba torticolis a sus observadores ; los Nicholas en Ladbroke Grove, una estancia espaciosa y un gran negocio ; y al final, pero no el último, los Timothy en la Bayswater Road, donde Ann, Y? Juley, y Hester, vivían bajo su protección. »

Ilustración : Project Gutenberg.

Virginia Woolf

Virginia Woolf (1882-1941) nació en Londres y la ciudad tuvo un importante papel en su obra. Una de sus novelas más importantes, Mrs Dalloway (1925), describe un día de la vida de Clarissa Dalloway, en la Londres de después de la Primera Guerra Mundial. Pero en vez de centrarse en un único protagonista, la novela es un fresco de Londres y de sus habitantes, al ritmo de las campanas del Big Ben, en el que se abordan temas muy modernos como las enfermedades mentales, el existencialismo, el feminismo y la homosexualidad…

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

« Después de haber vivido en Westminster – ¿ cuántos años llevaba ahora allí ?, más de veinte -, una siente, incluso en medio del tránsito, o al despertar en la noche, y de ello estaba Clarissa muy cierta, un especial silencio o una solemnidad, una indescriptible pausa, una suspensión (aunque esto quizá fuera debido a su corazón, afectado, según decían, por la gripe), antes de las campanadas del Big Ben. ¡ Ahora ! Ahora sonaba solemne. Primero un aviso, musical; luego la hora, irrevocable. Los círculos de plomo se disolvieron en el aire. Mientras cruzaba Victoria Street, pensó qué tontos somos. Sí, porque sólo Dios sabe por qué la amamos tanto, por que la vemos así, creándose, construyéndose alrededor de una, revolviéndose, renaciendo de nuevo en cada instante; pero las más horrendas harpías, las más miserables mujeres sentadas ante los portales (bebiendo su caída) hacen lo mismo; y tenía la absoluta certeza de que las leyes dictadas por el Parlamento de nada servían ante aquellas mujeres, debido a la misma razón: amaban la vida. En los ojos de la gente, en el ir y venir y el ajetreo ; en el griterío y el zumbido ; los carruajes, los automóviles, los autobuses, los camiones, los hombres-anuncio que arrastran los pies y se balancean ; las bandas de viento ; los organillos ; en el triunfo, en el campanilleo y en el alto y extraño canto de un avión en lo alto, estaba lo que ella amaba : la vida, Londres, este instante de junio. »

Arthur St. John Adcock – The Booklover’s London, edición de 1913 ilustrada por Frederick Adcock

Poeta, novelista, periodista y editor de la revista literaria mensual The Bookman, Arthur St. John Adcock (1864-1930) es sobretodo recordado por haber descubierto el poeta galés W. H. Davies. Entre sus obra destacan varios textos, autenticas declaraciones de amor de este amante de los libros a la Londres literaria. London Etchings (Grabados de Londres, 1904), The Booklover’s London (La Londres del amante de los libros, 1913) y London Memories (Memorias de Londres, 1931), entre otras obras, recorren Londres a través de reminiscencias históricas y literarias,

Ilustración : Archive.org.

« Cada hombre le encuentra un encanto diferente a Londres, y desgraciadamente, este descubrimiento le ciega a los que hayan podido descubrir otros hombres. « Veo que el londinense es también, como yo, un extraño en Londres, escribía Emerson en uno de sus diarios, tengo mucho que decir sobre este punto. » Es curiosa la complacencia con la que el visitante o nuevo residente asume que el misterio, el prodigio, la belleza, la fascinación de Londres, que le es nueva, nunca han sido descubiertos antes, y como el pobre Cockney no presta ningún interés a su ciudad nativa y no sabe nada sobre ella. En este mismo espíritu de sorpresa de su propio descubrimiento, un escritor (evidentemente, uno de esos recién llegados emocionados) apuntó en mi periódico el otro día que « el londinense medio no se preocupará de descubrir, en un día muy claro, que si mira hacia Bouverie Street, tendrá una vista de Crystal Palace, encima de Surrey. » » (The Booklover’s London).

Más lecturas :

  • Memoirs of a London doll, written by herself (Memorias de una muñeca de Londres, 1852) de Richard Hengist Horne (1802-1884), un libro infantil que relata las aventuras de una muñeca y de sus sucesivas pequeñas dueñas, de condiciones sociales distintas, a lo largo de un año, en Londres.
  • Augustus Mayhew – Paved with gold, edición de 1866, ilustrada por H. K. Browne

    Picturesque sketches of London, past and present (Escenas pintorescas de Londres, pasado y presente, 1852) de Thomas Miller (1807-1874), una descripción histórica e ilustrada de Londres.

Ilustración : Archive.org.

  • Esther Waters (1894, audiolibro en inglés) de George Moore (1852-1933), una de las numerosas novelas victorianas sobre el destino de una « fallen woman », una mujer que queda embarazada y es abandonada por su amante.
  • Sons ans lovers (Hijos y amantes, audiolibro en inglés, 1913), la tercera novela de D. H. Lawrence (1885-1930, novelista, poeta, ensayista inglés más conocido por su polémica novela El Amante de Lady Chatterley.), una novela de inspiración autobiográfica en la que Lawrence relata la vida de una mujer mal casada a un minero alcohólico, y de sus dos hijos…




Londres descrita por sus visitantes

Nathaniel Buck, Samuel Buck – Vista de la Torre de Londres (1737)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Voltaire – Lettres écrites de Londres sur les Anglois (1735)

En 1726, después de un altercado con un arrogante joven, retoño de una de las más ilustres familias de la aristocracia francesa, Voltaire se ve obligado a exiliarse y elije Londres como lugar de destierro. El todavía joven filósofo (tiene entonces 32 años) queda muy impresionado por la sociedad inglesa : el ambiente de libertad que reina en esta sociedad, la supremacía comercial son algunos de los aspectos que le impactan. Pronto dominará el idioma con bastante soltura como para empezar a redactar directamente en inglés sus Letters Concerning the English Nation (que se publicarán en francés como Lettres philosophiques, Cartas filosóficas (audiolibro en francés)). Esta obra, en la que el filósofo celebra su país de acogida y critica su propia patria, se publicó en Londres en 1733 y obtuvo un gran éxito en público inglés. Publicadas el año siguiente en Francia, no fueron demasiado del agrado de los gobernantes, quienes ordenaron que se quemaran estas cartas y volvieron a condenar a Voltaire a un nuevo exilio (había podido regresar a Francia en 1728, después de casi tres años de exilio inglés).

Ilustración : Wikimedia Commons.

« El comercio, que ha enriquecido a los ciudadanos de Inglaterra, ha contribuido a hacer de ellos hombres libres, y esta libertad ha permitido a su vez expandir el comercio ; de ahí se ha formado la grandeza del Estado. Es el comercio que ha establecido poco a poco las fuerzas navales por las que los ingleses son los amos de los mares. Disponen ahora de cerca de doscientos navíos de guerra. La posteridad descubrirá quizás con sorpresa que una pequeña isla, que posee a penas un poco de plomo, de estaño, de arcilla y de lana basta, se volvió, gracias a su comercio, bastante potente para enviar, en 1723, tres flotas a la vez a las tres puntas del mundo : una delante de Gibraltar, conquistada y conservada, otra a Porto-Bello, para quitarle al Rey de España el gozo de los tesoros de las Indias, y la tercera en el mar Báltico, para impedirles a los del Norte que se pelearan. »

Montesquieu

Otro filósofo de la Ilustración estuvo en Londres casi por la misma época que Voltaire. Se trata de Montesquieu, quien, en 1728 emprendió un gran viaje a través de Europa que lo llevará a permanecer en Londres durante casi un año (en 1730). Como Voltaire, queda impactado por el viento de libertad que sopla sobre la sociedad inglesa. Sin embargo, su opinión sobre Londres no es demasiado tierna : « No hay nada tan feo como las calles de Londres. » O « París es una hermosa ciudad en la que hay cosas feas, Londres, una ciudad fea, en la que hay cosas muy hermosas ». A su regreso, en 1732, publicará un pequeño relato de su viaje Notes sur l’Angleterre (Observaciones sobre Inglaterra).

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

« No hay nada tan feo como las calles de Londres ; son muy sucias ; el mantenimiento de los adoquines es tan malo que es casi imposible circular con una carroza, y hay que hacer testamento antes de subir a un carruaje, que son coches altos como un teatro, en los que el cochero está más alto todavía, quedando su asiento a la altura del segundo piso. Estos carruajes se hunden en los agujeros de la calle y se producen unos golpes que hacen perder la cabeza. »

Sarah Fielding – The Adventures of David Simple (1744)

Sarah Fielding (1710-1768) fue una escritora y feminista canadiense, hermana del también escritor Henry Fielding (Tom Jones, …). Vivió en Londres muchos años y se dedicó a elaborar un retrato preciso de la sociedad londinense de mediados del siglo XVIII, al mismo tiempo que introducía provocativas ideas feministas y críticas al imperialismo. Adventures of David Simple (Aventuras de David Simple) se publicó de forma anónima en 1744 y obtuvo rápidamente mucho éxito. Se trata de una novela sentimental en la que el protagonista busca la verdadera amistad en Londres y Westminster y acaba encontrando la felicidad en el matrimonio, llevando una vida bucólica, lejos de la corrupción de la ciudad.

Ilustración : Wikimedia Commons.

« – Sólo necesita, añadió Criton, un traje limpio, una peluca bien espolvoreada, y un libro de Whist. Con esto, le invitarán a más tertulias de las que usted quiera.
– Pero Señor, dijo David, ¿ qué quiere usted decir con eso de un libro de Whist ? Es un juego al que he jugado a menudo para pasar el tiempo durante las veladas de invierno, pero no me parece que sea necesario tener un libro para aprenderlo.
– Hombre, Señor, respondió Criton, no podría decir que este libro sea de alguna utilidad! Lo único que sé es que está de moda el poseer uno y que es una de las condiciones imprescindibles para ser admitido a las tertulias de hoy en día. Es cierto que he visto a ciertas personas, sobre todo señoras, que entendían bastante bien el juego y que lo juegan muy mal desde que se les ocurrió leer este libro. »

François-René de Chateaubriand

En 1793, huyendo de los excesos de la Revolución Francesa (varios miembros de su familia fueron guillotinados), François-René de Chateaubriand se exila a Londres. Después de unos meses de condiciones de vida precarias, logra salir adelante dando clases particulares de francés. El futuro autor romántico se quedará siete años exiliado en la capital inglesa y, más adelante, conservará una relación privilegiada, ya que volverá en 1822 como embajador de Francia. Sus Mémoires d’outre-tombe (Memorias de ultra-tumba, 1848) evocan esta época…

Ilustración : Joconde.

« Dirigía mis pasos hacia Kensington, o Westminster. Me gustaba Kensington, erraba en su parte solitaria, mientras que la parte que tocaba Hyde Park se llenaba de una multitud brillante. El contraste de mi indigencia y de la riqueza, de mi abandono y de la multitud, me resultaba agradable. […] En Westminster, otro pasatiempo : en este laberinto de tumbas, pensaba a la mía, a punto de abrirse. El busto de un hombre desconocido como yo nunca tendría su lugar entre tantas efigies ilustres ! »

Una de las páginas del Diario de Leandro Fernández de Moratín

Un viaje de cinco años por Europa trajo a Londres al poeta y dramaturgo español Leandro Fernández de Moratín en 1792. El escritor, retomando la costumbre de su padre Nicolás, escribió durante casi treinta años un Diario, redactado en lenguaje en clave : no sólo utilizaba palabras de cinco idiomas diferentes, latín, español, francés, inglés e italiano, sino que, para más INRI, abreviaba las palabras, hasta reducirlas a dos o tres letras, a menudo consonantes. A pesar de la dificultad de descifrar sus anotaciones, el Diario de Moratín es una fantástica fuente de información sobre la sociedad de su época. De la estancia de Moratín en Londres descubrimos detalles de la vida cotidiana londinense : sus restaurantes de moda, los distintos establecimientos culturales (el Museum Britanicum, el teatro de Covent Garden, único aceptable, el Templo de Flora, «risible spectacle», el Royal Circus donde se daba « ¡ una pantomima pestilente ! ») e incluso hay un comentario indicando que durante el verano de 1793, se bañaban en el Támesis… También descubrimos que el escritor fue el encargado de componer los estatutos del Club Hispanus, un club de españoles en Londres, organizado según el modelo de los clubs ingleses y cuya finalidad era, a través de reuniones semanales, comer, beber y discutir, y vemos la actividad de esta « peña » española londinense, a lo largo de varios meses…

Ilustración : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Washington Irving – The Art of Book-making, ilustración de Herrick (1863)

Washington Irving – The Art of Book-making, ilustración de Herrick (1863)

Emigrado a Inglaterra en 1815 para velar sobre los intereses de los negocios de su familia puestos en peligro por la guerra anglo-estadounidense de 1812, Washington Irving (1783-1859) no volvió a Estados Unidos hasta 1832. Publicados entre 1819 y 1820, los cuentos y ensayos que componen el volumen titulado The Sketch Book of Geoffrey Crayon, Gent. No.1 (El Libro de los bocetos, audiolibro en inglés) fueron escritos durante aquellos años de expatriación europea. Si cuentos como The Spectre Bridegroom (La Novia del espectro) o The Legend of Sleepy Hollow (La Leyenda de Sleepy Hollow) se convirtieron en clásicos del género fantástico, inmortalizados por sus adaptaciones cinematográficas, el Libro de los bocetos de Irving contiene toda una serie de artículos en los que, mezclando humor y fantasía, da a conocer aspectos de la sociedad y la cultura inglesa. Títulos como Westminster Abbey (La Abadía de Westminster) – visita contemplativa del emblemático monumento – o Stratford-on-Avon – tributo a la obra y la vida de Shakespeare -, destacan entre los más conocidos de este volumen. Una visita a las salas de lectura de la Biblioteca Británica, albergada entonces en las dependencias del Museo Británico, es la ocasión para el americano de imaginar una divertida fantasía : los venerables escritores cuyos retratos cuelgan de las paredes de las salas de lectura salen de sus marcos para ahuyentar a los lectores sin escrúpulos que plagian el contenido de sus obras… Es el argumento The Art of Book-making (El Arte de hacer libros).

Ilustración: Internet Archive.

Washington Irving – The Art of Book-making, ilustración de Hoppin (1863).

Washington Irving – The Art of Book-making, ilustración de Hoppin (1863).

«Estaba, en perezosos días de verano, vagando a través de los grandes salones del Museo Británico, con la apatía que uno tiende a pasear alrededor de semejantes edificios en los días calurosos, a veces miraba los minerales en una vitrina, otras estudiaba los jeroglíficos en una momia egipcia, y a veces, con el mismo éxito que con los jeroglíficos, trataba de entender las pinturas alegóricas de los techos altos. Mientras me ocupaba de estas actividades ociosas, llamó mi atención una puerta al final del corredor. Estaba cerrada, pero de vez en cuando se abría y algún personaje, generalmente vestido de negro, caminaba por los salones sin fijarse en los objetos que lo rodeaban y luego volvía. Esto llamó mi curiosidad y decidí aproximarme. La puerta cedió con la facilidad con que se abren los portones de los castillos encantados para franquear paso a algún caballero aventurero.»

Ilustración: Internet Archive.

Heinrich Heine

A partir de 1826, el poeta alemán Heinrich Heine (1797-1856) empieza a publicar una serie de volúmenes titulados Reisebilder (Imágenes de viajes) en los que plasma sus recuerdos de viajes a través de Europa : poemas, correspondencia, impresiones… Su estancia en Londres fue para el poeta una experiencia estresante : el ajetreo de la City no conviene a su romanticismo. En Nachträge zu den Reisebildern (Suplementos de Imágenes de viajes), publicado en 1831, escribe No envien un poeta a Londres, en el que opta por la derrisión :

Ilustración : Wikimedia Commons.

« Envíe a un filósofo a Londres, pero por Dios, ¡ no envíe a un poeta ! […] Esta seriedad implacable, de la que todo lleva la huella, esta colosal uniformidad, este inmenso movimiento mecánico, este aspecto triste de la alegría misma, esta Londres exagerada aplasta la imaginación y desgarra el corazón ; y si, por casualidad, desea enviar a un poeta alemán, un soñador, que se detiene delante de cualquier aparición, quizás delante de una mendiga harapienta o delante de una elegante orfebrería, ¡ Oh ! Entonces, será una experiencia muy dañina para él : lo atropellarán por todos lados, e incluso lo tirarán al suelo con un amable goddam. ¡ Goddam ! ¡ Los malditos empujones ! Observé pronto que este pueblo tiene mucho que hacer. »

Stendhal – Souvenirs d’egotisme, edición de 1928, ilustrada por Gaston Louis Roux

En 1832, cuando ocupa un puesto de cónsul de Francia en Civitavecchia, Stendhal empieza a escribir Souvenirs d’egotisme (Recuerdos de egotismo), obra autobiográfica que dejó sin acabar y no se llegó a publicar antes de 1892, cincuenta años después de la muerte del escritor. En estas memorias, Stendhal evoca su estancia en Londres en 1821 y la seducción que ejercieron sobre él la manera de vivir y de ser de los ingleses.

Ilustración : Larousse.

« Londres me impactó mucho por los paseos a orillas del Támesis, hacia Little Chelsea. Había unas casitas cubiertas con rosales que fueron para mí la verdadera elegía. […] La casualidad me llevó a Tavistock Hotel, en Covent Garden. Es el hotel de la gente adinerada de provincias que viene a Londres. [… En el restaurante del hotel] uno podía comer todo lo que quisiera y tanto como quisiera por diez chelines. Nos hacían beefsteaks al infinito, o colocaban delante de uno una pieza de ternera asada de cuarenta libras con un cuchillo muy afilado. Después llegaba el té, para cocer todas estas carnes. Este salón se abría con arcos a la plaza de Covent Garden. Todas las mañanas veía a una treintena de ingleses, caminando con gravedad, y muchos con cara de pena. No había ni la afectación, ni la fatuidad francesas y ruidosas. »

Théophile Gautier, retratado por Nadar

Théophile Gautier (1811-1872), escritor de novelas como Le Roman de la momie (La Novela de la momia, 1858) o Le Capitaine Fracasse (El Capitán Fracasse, 1863), fue un gran viajero. Visitó España, Argelia, Italia, Grecia, Turquía, Rusia o Egipto. Cada viaje le inspiró una obra : novela, teatro, relato de viaje o artículo de prensa. En 1842 publica en la Revue des Deux Mondes (Revista de los Dos Mundos), un artículo en el que relata Une journée à Londres (Una jornada en Londres, audiolibro en inglés) : descripción de lugares emblemáticos, impresiones sobre la forma de vestir de los ingleses o el aspecto de las calles y los edificios o consideraciones gastronómicas, el artículo es una auténtica guía turística condensada…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« ¿ Pero cuál es tu opinión sobre la cocina de Londres ? Me preguntarás ; ¿ qué beben ? ¿ qué comen ? […] La pregunta es grave, tan grave por lo menos que la cuestión de Oriente. Los ingleses presumen de poseer ellos solos el secreto de una comida sana, sustancial y abundante. Esta comida se compone principalmente de sopa de tortuga, de beeksteack, de rump-steack, de verduras hervidas, de jamón de ternera, de tartas de ruibarbo, y otros tantos platos primitivos. Es cierto que todas estas comidas son perfectamente naturales y cocidas sin ninguna salsa, pero no se comen de la manera en la que se sirven. El aliño se hace en la misma mesa, y cada uno se lo gradúa a su gusto. Hay de seis a ocho pequeños cuencos en una bandeja de plata, que contienen mantequilla de anchoa, pimienta de Cayena, Harvey-sauce, y no sé qué ingredientes hindúes, de esos que provocan ampollas en el paladar, y eso convierte estos platos tan simplemente preparados en unos manjares más violentos que los estofados más sublimados. […] El porter, la vieja ale (cerveza) de Escocia, que me gusta mucho, no se parece en nada a nuestras cervezas de Francia, tampoco a las de Bélgica, tan superiores a las nuestras. […] En cuanto al vino que se bebe en Inglaterra, el Claret, el jerez y el oporto, es ron, más o menos disfrazado. […] Para el postre, con el queso de Chester y las galletas secas, sacan apio fuerte, limpiamente servido en una copa de cristal. Las naranjas, que vienen de Portugal, son excelentes y no valen casi nada. Es la única cosa barata en Londres. »

Theodor Fontane – Ein sommer in London (1854)

Theodor Fontane (1819-1898), uno de los padres de la novela realista alemana, autor de la universalmente conocida Effi Briest, debutó como periodista, corresponsal de dos diarios prusianos en Inglaterra. Se inspirará en sus estancias en Londres, y en el estilo de vida de los ingleses para escribir varios libros, entre los cuales, el más conocido será Ein Sommer in London (Un verano en Londres, audiolibro en alemán, 1854).

Ilustración : Archive.org.

El colombiano José María Samper (1828-1888) fue un humanista, escritor, periodista y político. En 1862 publica Viajes de un colombiano en Europa (tomo 1, tomo 2), en el que destaca el entusiasmo que experimenta al descubrir diversos aspectos del progreso en la vieja Europa en general, y en Londres en particular : el ferrocarril o los « centenares de imprentas y otros establecimientos destinados a la publicidad del pensamiento ». Aunque deslumbrado por el progreso, el sentimiento de libertad que reina en la ciudad, Samper no deja de visitar los bajos fondos de Londres, y describe, con abundancia de detalle, los patios y sótanos en los que se amontonan « mendigos y bandidos, prostitutas y muchachos hambrientos, criaturas condenadas a la más espantosa degeneración […] como un sarcasmo animado que desmiente la civilización sofística de los barrios vecinos ».

José María Samper

« París tiene apenas la mitad de la grandeza positiva de Lóndres, y sinembargo, para estimar en todo su valor la capital francesa se requiere mas tiempo que para conocer á Lóndres perfectamente. ¿ Por qué ? — La razón es obvia : Londres no es absolutamente otra cosa que la metrópoli de la industria y del comercio del mundo, – es decir, el reflejo colosal de una de las grandes faces de la civilizacion ; mientras que París es la metrópoli de la civilizacion en todas sus manifestaciones ; – es una fisonomía compleja y de mil colores. En Londres todo se reduce al movimiento de la riqueza material, con raras excepciones. En París no solo se ve la riqueza en acción, – sino que tambien se encuentran reunidos todos los tesoros del arte, de la ciencia y de cuanto hay de espiritual y delicado en el refinamiento de la humanidad. Si la gran capital británica tiene espléndidos jardines y museos, famosos templos, palacios y puentes, parques magníficos, bancos opulentos y multitud de monumentos dignos de atención (generalmente nuevos), los lugares donde esa sociedad debe ser estudiada preferentemente para comprender su condición moral, social y económica, son : la prensa, las calles y el Támesis. Es allí donde Londres se revela con toda su evidencia, al través de su ruido ensordecedor, á los ojos del viajero que observa y medita sin preocupacion. Si los monumentos públicos acreditan la fuerza y el orgullo del pueblo inglés, las calles de Lóndres y las orillas del Támesis revelan conjuntamente las debilidades y los vicios profundos como las cualidades de esa sociedad, y la prensa su vida política y económica. »

Ilustración : Wikipedia.

Fiódor Dostoyevski

Fiódor Dostoyevski

En verano de 1862, el escritor ruso Fiódor Dostoyevski (1821-1881) emprende un viaje de dos meses y medio por Europa occidental. Recorre en tren Alemania y Francia, cruza a Inglaterra antes de volver hacia el sur de Francia, Italia, Suiza y de nuevo Alemania en su regreso a Rusia. Es su primer viaje al extranjero, y lo inicia con mucha ilusión. Pero pronto sus ilusiones van a esfumarse y convertirse en una inmensa decepción provocada por la mecánica monotonía de la cultura del viejo continente y la organización deshumanizada de las sociedades occidentales, regentadas por el capitalismo, la modernización, el materialismo y la religión. Sus apuntes de viaje, Зимние заметки о летних впечатлениях (Notas de invierno sobre impresiones de verano, extractos en inglés) se publicarán el año siguiente en la revista Вре́мя (El Tiempo) que dirigía su hermano. En Londres, el ruso escribe:

«El pueblo siempre es el pueblo. Pero aquí todo es tan colosal, tan asombroso, que tienes la impresión de alcanzar lo que hasta ahora solo habías podido imaginar. Aquí ya no ves un pueblo, sino una sistemática, sumisa e inducida falta de consciencia.»

Ilustración: Wikimedia Commons.

Gustave Doré - London, a pilgrimage (1872)

Gustave Doré – London, a pilgrimage (1872)

En 1869, Gustave Doré (1832-1883) es un ilustrador consagrado, no sólo en Francia, sino en otros países, particularmente en Gran Bretaña, donde sus libros tuvieron muy buena acogida, lo cual le lleva a viajar a menudo a Londres, que descubre de la mano de su amigo, el periodista del Daily News, Blanchard Jerrold (1826-1884). De estas visitas nacerá un proyecto de libro a cuatro manos sobre la Londres contemporánea, testimonio del desarrollo industrial en una capital en la que la demografía ha crecido de manera exponencial en menos de un siglo: Jerrold pondría los textos y Doré las ilustraciones. Acompañados de dos hombres encargados de los datos topográficos, a veces escoltados por la policía cuando visitaban los bajos fondos del East End, los dos amigos recorrieron la ciudad, tomando notas y esbozos. Así vio la luz, en 1872, London, a pilgrimage (Londres, una peregrinación), fascinante descripción gráfica de una capital en la que la más extrema pobreza se codea con la riqueza más deslumbrante que el artista supo contrastar utilizando dos estilos gráficos muy diferentes: un trazo ligero y luminoso, quizás un poco insípido, retrata lo cotidiano de las clases opulentas, mientras que la miseria de los barrios populares, las calles populosas, saturadas de gente, vehículos y anuncios, bañadas en la oscuridad de la contaminación o la sombra de los edificios, es representada con unos grabados oscuros y potentes. Los lectores ingleses se quedaron con estas últimas imágenes y se indignaron de la visión siniestra, muy «francesa», que aquel galo pretendía dar de su capital. La edición inglesa de London, a pilgrimage no tuvo el éxito esperado. En cuando a la edición francesa, publicada cuatro años más tarde sustituyendo, por razones editoriales, los textos de Jerrold por los de un autor francés, provocaría una ruptura de muchos años entre los dos amigos…

Ilustración: Gallica.

Gustave Doré - London, a pilgrimage (1872)

Gustave Doré – London, a pilgrimage (1872)

Ilustración: Gallica.

Gustave Doré - London, a pilgrimage (1872)

Gustave Doré – London, a pilgrimage (1872)

Ilustración: Gallica.

Gustave Doré - London, a pilgrimage (1872)

Gustave Doré – London, a pilgrimage (1872)

Ilustración: Gallica.

Gustave Doré - London, a pilgrimage (1872)

Gustave Doré – London, a pilgrimage (1872)

Ilustración: Gallica.

Gustave Doré – London, a pilgrimage (1872)

Ilustración: Gallica.

Gustave Doré - London, a pilgrimage (1872)

Gustave Doré – London, a pilgrimage (1872)

Ilustración: Gallica.

Las Luces de Londres, grabado de 1883

En 1872, Londres fue el refugio de dos amantes malditos : Paul Verlaine y Arthur Rimbaud. La relación tumultuosa y escandalosa de los dos poetas les lleva a una vida errante entre Inglaterra y Bélgica y se termina con el famoso disparo de Verlaine que herirá a Rimbaud en la muñeca. Después de cumplir su pena de dos años de cárcel en Bélgica, Verlaine volverá varias veces a Londres, solo, y trabajará como profesor de griego, latín, francés y dibujo. Varios poemas evocarán la ciudad y Un tour à Londres (Una vuelta en Londres, obra póstuma publicaba en 1913) nos muestra un Verlaine entusiasta, que regresa a Londres veinte años después de su triste escapada con Rimbaud y redescubre una ciudad que ahora le encanta.

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

« Soy goloso y tengo que confesar que mi principal sorpresa, cuando almorcé en Londres por primera vez después de veinte años, fue descubrir que algunos de los grandes restaurantes, antaño totalmente británicos, estaban ahora casi afrancesados. Pan como si hubiera sido emitido desde la calle Vivienne, y nada de esta masa, excelente para las rebanadas del breakfast y del five o’clock pero bastante mediocre para otras ocasiones. […] Yo que padezco de miopía por la noche, después de haber estado présbita durante todo el día, me gusta la luz. En lugar que la horrible iluminación de las calles en 1872, que hacía creer que había una huelga de los del gas, asistí a la iluminación eléctrica en los grandes barrios y a iluminación archi-parisina en los suburbios. »

Henry James

Henry James (1843-1916) fue un escritor estadounidense. Desde muy joven, viajó frecuentemente a Europa. En 1876, se instaló en Inglaterra en la que permanecerá casi siempre, hasta tal punto que en 1915, decepcionado por la pasividad de Estados Unidos frente a la Primera Guerra Mundial que hacía estragos en Europa, solicitó y consiguió la nacionalidad británica. Sus obras ponen a menudo en escena protagonistas de Europa, que representa una civilización feudal, refinada pero corrupta, frente a protagonistas de Estados Unidos, en los que la gente es más impulsiva, abierta y representan las virtudes de libertad y moralidad de la nueva sociedad americana. James explora estos conflictos de culturas y de personalidades, en relatos en los que las relaciones personales se ven impedidas por algún tipo de poder.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Algunas de sus principales obras ambientadas en Londres son :

  • The Princess Casamassima (La Princesa Casamassima, 1886), o como un encuadernador de libros se ve envuelto en un grupo de políticos radicales que planean un atentado terrorista. Novela inusual en el universo de James por abordar temas radicales y tener protagonistas pobres, tiene cierta influencia de Zola y de Dickens.
  • A London Life (Una vida en Londres, 1888), una joven Americana llega a casa de su hermana en Londres para asistir al fracaso del matrimonio y el divorcio de ésta última. El cuento destaca por el hecho de que ningún personaje resulta realmente simpático y por tratar de temas aún muy delicados en la época : la sexualidad y el divorcio.
  • What Maisie Knew (Lo que sabía Maisie, audiolibro en inglés, 1897), la vida de una mujer, hija de padres divorciados e irresponsables, desde su infancia hasta la madurez. James condena la actitud decadente y corrupta de la sociedad inglesa en la que los padres son capaces de desentenderse de sus responsabilidades hacia sus hijos.
  • In the Cage (En la jaula, audiolibro en inglés, 1898), una telegrafista se dedica a descodificar los telegramas criptados que envían y reciben sus clientes. Una novela poco conocida en la que James demostró su capacidad para pintar de manera simpática a una mujer de las clases trabajadoras.

Los Mármoles de Elgin que todavía se pueden ver en el British Museum

« Las diversiones que buscaba eran serias y le gustaban más las que demostraban la diferencia entre los intereses de Selina y los de Lionel. Se sentía muy divergente cuando intentaba cultivar su mente, y parte de esta cultura consistía en visitar las curiosidades, las antigüedades, los monumentos de Londres. Le encantaba la Abadía y el Museo Británico – había extendido sus investigaciones hasta la Torre. Leía las obras de Mr. John Timbs y tomaba notas sobre los viejos rincones de la historia que no habían sido destruidos todavía – las casas en las que los grandes hombres habían vivido y muerto. Organizó un recorrido general de inspección por las antiguas iglesias de la City y una peregrinación a los lugares singulares conmemorados por Dickens. […] Algunos aspectos de Londres la asustaban, pero había sitios, como el Rincón de los Poetas en la Abadía o la sala de los Mármoles de Elgin, en los que prefería estar sola que ir acompañada. » (A London life).

Ilustración : New York Public Library Digital Gallery.

Stéphane Mallarmé

El poeta francés Stéphane Mallarmé (1842-1898), con poco más de veinte años, se fue a vivir a Londres por amor, su novia, una joven institutriz alemana, tuvo que trasladarse a la capital inglesa por su trabajo. Allí se casaron y Mallarmé obtuvo el diploma que le permitiría ejercer como profesor de inglés en institutos, puesto que ocupará hasta su jubilación en 1893. Su dominio del idioma le permitió además traducir los poemas de Edgar Allan Poe y diversos textos de autores ingleses y americanos. Londres está presente en numerosos escritos de Mallarmé, en particular en su correspondencia de la época en la que vivía en esta ciudad, pero también en su poesía.

Ilustración : Bibliothèque Numérique INHA.

« Ayer encontré mi pipa mientras soñaba de una larga velada de trabajo, de hermoso trabajo de invierno. Tirados los cigarrillos con todas las alegrías infantiles del verano en el pasado que iluminan las hojas azules de sol, las muselinas y recuperado mi grave pipa por un hombre serio que quiere fumar mucho rato sin molestarse, para trabajar mejor : pero no me esperaba la sorpresa que preparada esta abandonada, apenas eche la primera calada que olvide los libros que tenía que hacer, maravillado, ablandado, respiré el pasado invierno que volvía. No había tocado la fiel amiga desde que había vuelto a Francia, y toda Londres, Londres tal y como la viví entera para mí solo, hace un año, apareció ; primero las queridas nieblas que envuelven nuestros cerebros y tienen, allá, su propio olor, cuando penetran por la ventana. Mi tabaco olía a una habitación oscura con muebles de cuero salpicados por el polvo del carbón sobre los cuales se revolvía el delgado gato negro ; los grandes fuegos y la criada de brazos rojos vertiendo el carbón, y el ruido del carbón cayendo desde el cubo de hojalata hacia la certa de hierro, por la mañana – mientras el cartero daba el doble golpe solemne, que me hacía vivir ¡ Volví a ver por la ventana esos árboles enfermos del parque desierto – ví el mar, tantas veces cruzado aquel invierno, con escalofríos en la cubierta del barco de vapor mojada de niebla y ennegrecida de humo – con mi pobre querida errante, con ropa de viajera, un largo vestido triste, del color del polvo de las carreteras, un abrigo que se pegaba húmedo a sus hombros fríos, uno de esos sombreros de paja sin pluma y casi sin cintas, que las señoras ricas tiran cuando llegan, de lo desgarrados que quedan por el aire del mar y que las pobres queridas reparan para muchas temporadas aún. Alrededor de su cuello se enrollaba el terrible pañuelo que se agita para despedirse para siempre. »

Federico Rahola – Los Ingleses vistos por un latino : impresiones de viaje (1905)

El economista y político catalán Federico Rahola y Trémols (1858-1919), después de un viaje en Inglaterra, publicó hacia 1905 Los ingleses vistos por un latino : impresiones de viaje. Más que un relato de viaje, se trata de una veintena de artículos de opinión sobre temas tan variados como El alcohol en Inglaterra, Los hombres sándwich, La gracia inglesa o La niebla.

Ilustración : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

« Noviembre, llamado con razón mes de las nieblas, es en Inglaterra el mes terrible por excelencia. Recuerdo que á sus comienzos y asustado con la aparición de las primeras nieblas, escapé de Londres á todo correr ; en verdad que, si no tomo tan oportunamente el tren, hubiese concluido por pegarme un tiro. Es imposible formarse idea de lo que significa un día de niebla en aquella inmensa metrópoli ; y eso que sólo vi lo que podríamos llamar un defectuoso ensayo general. ¡ Qué niebla, Señor ! Es tan densa, sucia y negra, que lo envuelve y oculta todo, mancha cuanto toca, y no da paso al más tenue rayo de luz. En vano se encienden los faroles; en el centro de la densa y negra masa oscila, cual raquítica luciérnaga perdida en la inmensidad de la noche, el resplandor de la lámpara eléctrica ; inútilmente los cocheros se valen de antorchas para abrirse paso : la llama de la tea queda ofuscada en aquel antro sin salida; sólo las bocinas y el ruido que producen las ruedas y las repetidas voces de alarma, pueden salvar al infeliz transeúnte extraviado en medio de aquella atmósfera de humo de pez. » (La niebla)

Hombres sándwich en Londres, en el siglo XIX, ilustración de George Scharf

« Nuestro siglo, aquejado de ardorosa fiebre industrial, ha hecho del saberse anunciar un verdadero arte, y en su afán de no perdonar medio alguno para perfeccionarlo, ha abusado de todo lo imaginable, llegando á prescindir por completo del respeto que debemos á la personalidad humana. Todos conocen el nombre irrisorio que de la multitud han recibido esos infelices prisioneros entre dos cartones, que anuncian á la gente los prodigios de un bazar, la proximidad de un meeting ó las representaciones de un teatro. Objeto de todas las sonrisas y blanco de todas las miradas, sufriendo la lluvia y resistiendo la niebla, vejados en todas sus acciones y movimientos, miserables esclavos del anuncio, se deslizan por las sucias calles de Londres, sin hablar ni sonreír, anunciando comidas, mientras denuncian el hambre con su rostro demacrado y pregonando la venta de trajes hechos, en tanto que los suyos se rinden á su propia pesadumbre. » (Los hombres sándwich)

Ilustración : Wikipedia.

Más lecturas :

  • Jules Verne – Le Tour du monde en quatre-vingts jours, edición ilustrada por Alphonse de Neuville y Léon Benett, 1872

    Le tour du monde en quatre-vingts jours (La Vuelta al mundo en ochenta días, audiolibro en francés, 1872) de Jules Verne : no es necesario presentar a Phileas Fogg, el gentleman inglés más flemático y excéntrico, ni a su atrevida apuesta con los otros miembros del Reform Club, elegante club londinense… Jules Verne viajó a Inglaterra y Escocia en 1859 y trajo abundantes notas que le servirán para sus novelas ambientadas en estos países. La primera de ellas, Voyage à reculons en Angleterre et en Écosse (Viaje a contrapelo por Inglaterra y Escocia), directamente inspirada de las andanzas del propio Verne, fue rechazada por su editor en 1862. El manuscrito se perdió para volver a aparecer casi un siglo más tarde en el Archivo Municipal de Nantes, la ciudad natal del escritor, y la novela pudo ver la luz en 1989 (y por lo tanto no forma parte todavía del dominio público).

Ilustración : Wikimedia Commons.

  • Jules Vallès (1832-1885) fue un escritor, periodista y político francés de extrema izquierda. Autor de una trilogía de novelas de inspiración autobiográfica (L’Enfant, Le Bachelier, L’Insurgé (El Niño, El Bachiller y El Insurrecto, 1879-1886)), fue condenado a muerte por haber participado a la Comuna de Paris. Logró escapar y encontró un refugio en Londres, en la que permanecerá durante 12 años, trabajando como corresponsal de prensa. En 1876, el periódico L’Événement publica una crónica semanal de Vallès, titulada La Rue à Londres (La Calle en Londres), artículos que el autor reunirá en un volumen publicado en 1884. La Rue à Londres no pretende ser una guía turística, sino una descripción de la Londres de las clases bajas, en esta época de comienzos del reino de la reina Victoria. Bastante nostálgico de su país, Vallès no duda en criticar el modo de vida de los ingleses, pero no queda insensible delante de la miseria de las calles londinenses.
  • Sara Jeannette Duncan – An American girl in London, edición ilustrada por F. H. Townsend, 1891

    An American girl in London (Una Americana en Londres, 1891) de Sara Jeannette Duncan, una comedia en la que la escritora canadiense pone en escena una viajera americana en Londres e imagina las situaciones divertidas ocasionadas por el choque de culturas. Cousin Cindirella, a Canadian girl in London (Prima Cindirella, una canadiense en Londres, 1908) retoma la idea pero en tono más serio, más en el espíritu de la novelas de Henry James.

Ilustración : Archive.org.









Londres descrita por los poetas

Antonio Stom – La llegada del embajador de Alvise II Mocenigo en Londres en 1702

Ilustración : Wikimedia Commons.

Obviamente, la lista de poemas dedicados a Londres es infinita. Proponemos aquí una selección. Se puede encontrar una lista bastante exhaustiva en la web Poetry Atlas.

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John Gay (1685-1732) – Walking the Streets of London

« Through winter streets to steer your course aright,
How to walk clean by day and safe by night ;
How jostling crowds with prudence to decline,
When to assert the wall and when resign,
I sing: thou, Trivia, goddess, aid my song,
Through spacious streets conduct thy bard along ;
By thee transported, I securely stray
Where winding alleys lead the doubtful way ;
The silent court and opening square explore,
And long perplexing lanes untrod before.
To pave thy realm, and smooth the broken ways,
Earth from her womb a flinty tribute pays :
For thee the sturdy pavior thumps the ground,
Whilst every stroke his labouring lungs resound ;
For thee the scavenger bids kennels glide
Within their bounds, and heaps of dirt subside.
My youthful bosom burns with thirst of fame.
From the great theme to build a glorious name ;
To tread in paths to ancient bards unknown,
And bind my temples with a civic crown :
But more my country’s love demands my lays ;
My country’s be the profit, mine the praise !
When the black youth at chosen stands rejoice,
And “Clean your shoes!” resounds from every voice ;
When late their miry sides stage-coaches show,
And their stiff horses through the town move slow ;
When all the Mall in leafy ruin lies,
And damsels first renew their oyster-cries, —
Then let the prudent walker shoes provide,
Not of the Spanish or Morocco hide :

Canaletto – Westminster Bridge en el día del Lord Mayor (1746)

The wooden heel may raise the dancer’s bound,
And with the scalloped top his step be crowned ;
Let firm, well-hammered soles protect thy feet
Through freezing snows and rains and soaking sleet.
Should the big last extend the shoe too wide,
Each stone will wrench the unwary step aside ;
The sudden turn may stretch the swelling vein,
Thy cracking joint unhinge or ankle sprain ;
And, when too short the modish shoes are worn,
You’ll judge the seasons by your shooting
Nor should it prove thy less important care,
To choose a proper coat for winter’s wear.
Now in thy trunk thy d’Oily habit fold,
The silken drugget ill can fence the cold ;
The frieze’s spongy nap is soaked with rain.
And showers soon drench the camblet’s cockled grain
True Witney broadcloth, with its shag unshorn,
Unpierced is in the lasting tempest worn :
Be this the horseman’s fence, for who would wear
Amid the town the spoils of Russia’s bear ?
Within the roquelaure’s clasp thy hands are pent,
Hands that, stretched forth, invading harms prevent.
Let the looped bavaroy the fop embrace,
Or his deep cloak bespattered o’er with lace.
That garment best the winter’s rage defends.
Whose ample form without one plait depends ;
By various names in various counties known,
Yet held in all the true surtout alone :
Be thine of kersey firm, though small the cost,
Then brave unwet the rain, unchilled the frost.

If the strong cane support thy walking hand,
Chairmen no longer shall the wall command :
Even sturdy carmen shall thy nod obey,
And rattling coaches stop to make thee way :
This shall direct thy cautious tread aright,
Though not one glaring lamp enliven night.
Let beaux their canes, with amber tipt, produce ;
Be theirs for empty show, but thine for use.
In gilded chariots while they loll at ease,
And lazily insure a life’s disease;
While softer chairs the tawdry load convey
To court, to White’s assemblies, or the play,—
Rosy-complexioned Health thy steps attends,
And exercise thy lasting youth defends.
Imprudent men Heaven’s choicest gifts profane ;
Thus some beneath their arm support the cane ;
The dirty point oft checks the careless pace,
And miry spots the clean cravat disgrace.
O, may I never such misfortune meet !
May no such vicious walkers crowd the street !
May Providence o’ershade me with her wings,
While the bold Muse experienced danger sings ! »

Ilustración : Wikimedia Commons.

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Robert Leighton (1822-1869) – Poet’s Corner

« O world, what have your poets while they live
But sorrow and the finger of the scorner ?
And, dead, the highest honour you can give
Is burial in a corner.

Not so, my poets of the popular school
Disprove that mean, yet prevalent conception.
Once in an age that may be ; but the rule
Is proved by the exception.

And so, good World, the poet still remains
To all your benefices a poor foreigner ;
Considered well rewarded if he gains
At last rest in a corner.

Here in Westminster’s sanctuary, where
Some two-three kings usurp one half the Abbey,
Whole generations of the poets share
This nook so dim and shabby.

So when we come to see Westminster’s lions,
The needy vergers of the Abbey wait us ;
And while we pay to see the royal scions,
We see the poets gratis.

Some in corporeal presence crowd the nook,
While others, who in body are not near it,
Are here as in the pages of a book, —
Present only in spirit.

White-bearded Chaucer’s here, an honoured guest,
His sword of cutting humour in its scabbard;
And, sooth, he did not find such quiet rest
In Southwark at the Tabard !

Here’s Michael Drayton in his laurelled tomb,
And Shakespeare over all the host commanding ;
And raie Ben Jonson, who got scanty room,
And so was buried standing.

Spenser is here from faerie land, his eyne
Filled with the glamour of some dreamy notion,
Admired the more that half his « Faerie Queen »
Was lost in middle ocean.

Here’s Prior, who was popular no doubt ;
And Guy, with face and cowl round as a saucer ;
And Dryden, who, some think, should be put out
Because he murdered Chaucer.

And Milton, after all his civil shocks,
Is here with look of sweet, yet strong decision, —
John Milton, with the soft poetic locks
And supernatural vision.

Beaumont of the firm of B. and F. is here;
And Cowley, metaphysical and lyric ;
And Addison, the elegant and clear ;
And Butler, all satiric.
Gray, of the famous Elegy, who found
His churchyard in the country rather lonely,
Lies with the rest in this more classic ground,
Although in spirit only.

And Goldsmith at the Temple leaves his bones,
Comes here with tender heart and rugged feature,
And mingles through this wilderness of stones
His milky human nature.

And here is he that wrote the Seasons four ;
And so is Johnson, who discovered « Winter »,
And Garrick, too, who had poetic lore
Enough to bid him enter.

And Southey, who for bread wrote many a tome, —
Of prose and verse a progeny plethoric, —
And he that sung the lays of ancient Rome, —
Macaulay, the historic.

Campbell is here in body as in soul, —
He for a national song eclipsed by no land ;
And in whose grave the patriotic Pole
Sprinkled the earth of Poland.

Of other famous names we find the trace,
And think of many from their non-appearance ;
Byron, for one, who was denied a place
Through priestly interference.

Now most upon their own true genius stand ;
A few, perhaps, on little else than quackery ;
But all in all, they are a glorious band
From Chaucer down to Thackeray. »

Herbert Railton – Poets’ Corner (1894)

Ilustración : Wikimedia Commons.

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William Blake (1757-1827) – London (Songs of experience, audiolibro en inglés, 1794)

« I wander thro’ each charter’d street,
Near where the charter’d Thames does flow,
And mark in every face I meet
Marks of weakness, marks of woe.

In every cry of every Man,
In every Infant’s cry of fear,
In every voice, in every ban,
The mind-forg’d manacles I hear.

How the Chimney-sweeper’s cry
Every black’ning Church appalls ;
And the hapless Soldier’s sigh
Runs in blood down Palace walls.

But most thro’ midnight streets I hear
How the youthful Harlot’s curse
Blasts the new born Infant’s tear,
And blights with plagues the Marriage hearse. »

William Blake – London

Ilustración : Wikisource.

♦♦♦

Clemente Althaus (1835-1881) – A Londres (1857)

James Abbot McNeill Whistler – Nocturno en azul y dorado (1872-1875)

« En vano, altiva Londres, a porfía
te enriqueces, te ensanchas y te pueblas,
si en una nueva atmósfera sombría
te envuelve el humo y tus eternas nieblas ;
si no difiere lo que llamas día
de las nocturnas lóbregas tinieblas,
o, como triste pasajera tarde,
entre dos noches dilatadas arde.
¿ Qué vale tu grandeza y poderío
y la corona azul del océano,
Si tiembla en ti junto al hogar el Frío
tendiendo al fuego la aterida mano,
si en tus vastos palacios el Hastío,
roído el pecho de tenaz gusano,
gime y suspira y sin cesar bosteza,
sin que el sueño le rinda la cabeza.
Tú no conoces esa indefinida
dulce tristeza, soñadora y vaga,
encanto y poesía de la vida
que en otro clima el corazón halaga ;
sólo conoces el Esplín suicida
que todo bien con su veneno estraga
y que o corta la vida o la convierte
en una lenta prolongada muerte. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

♦♦♦

W. S. Gilbert (1836-1911) – Peter The Wag (The Bab Ballads, audiolibro en inglés, 1865-1869)

« Policeman PETER forth I drag
From his obscure retreat:
He was a merry genial wag,
Who loved a mad conceit.
If he were asked the time of day,
By country bumpkins green,
He not unfrequently would say,
« A quarter past thirteen.»

If ever you by word of mouth
Inquired of MISTER FORTH
The way to somewhere in the South,
He always sent you North.
With little boys his beat along
He loved to stop and play ;
He loved to send old ladies wrong,
And teach their feet to stray.

He would in frolic moments, when
Such mischief bent upon,
Take Bishops up as betting men—
Bid Ministers move on.
Then all the worthy boys he knew
He regularly licked,
And always collared people who
Had had their pockets picked.

He was not naturally bad,
Or viciously inclined,
But from his early youth he had
A waggish turn of mind.
The Men of London grimly scowled
With indignation wild ;
The Men of London gruffly growled,
But PETER calmly smiled.

Against this minion of the Crown
The swelling murmurs grew –
From Camberwell to Kentish Town –
From Rotherhithe to Kew.
Still humoured he his wagsome turn,
And fed in various ways
The coward rage that dared to burn,
But did not dare to blaze.

Still, Retribution has her day,
Although her flight is slow :
One day that Crusher lost his way
Near Poland Street, Soho.
The haughty boy, too proud to ask,
To find his way resolved,
And in the tangle of his task
Got more and more involved.

W.S. Gilbert – The Bab Ballads (1898)

The Men of London, overjoyed,
Came there to jeer their foe,
And flocking crowds completely cloyed
The mazes of Soho.
The news on telegraphic wires
Sped swiftly o’er the lea,
Excursion trains from distant shires
Brought myriads to see.

For weeks he trod his self-made beats
Through Newport- Gerrard- Bear-
Greek- Rupert- Frith- Dean- Poland- Streets,
And into Golden Square.
But all, alas! in vain, for when
He tried to learn the way
Of little boys or grown-up men,
They none of them would say.

Their eyes would flash—their teeth would grind—
Their lips would tightly curl—
They’d say, « Thy way thyself must find,
Thou misdirecting churl ! »
And, similarly, also, when
He tried a foreign friend;
Italians answered, « Il balen » —
The French, « No comprehend. »

The Russ would say with gleaming eye
« Sevastopol ! » and groan.
The Greek said, Τυπτω, τυπτομαι,
Τυπτω, τυπτειν, τυπτων. »
To wander thus for many a year
That Crusher never ceased —
The Men of London dropped a tear,
Their anger was appeased.

At length exploring gangs were sent
To find poor FORTH’S remains —
A handsome grant by Parliament
Was voted for their pains.
To seek the poor policeman out
Bold spirits volunteered,
And when they swore they’d solve the doubt,
The Men of London cheered.

And in a yard, dark, dank, and drear,
They found him, on the floor —
It leads from Richmond Buildings — near
The Royalty stage-door.
With brandy cold and brandy hot
They plied him, starved and wet,
And made him sergeant on the spot —
The Men of London’s pet ! »

Ilustración : Wikipedia.

♦♦♦

Arthur Rimbaud (1854-1891) – Les Ponts (Illuminations, audiolibro en francés, 1873-1875)

William H. Bartlett – Vista general de Londres

« Des ciels gris de cristal. Un bizarre dessin de ponts, ceux-ci droits, ceux-là bombés, d’autres descendant ou obliquant en angles sur les premiers, et ces figures se renouvelant dans les autres circuits éclairés du canal, mais tous tellement longs et légers que les rives, chargées de dômes s’abaissent et s’amoindrissent. Quelques-uns de ces ponts sont encore chargés de masures. D’autres soutiennent des mâts, des signaux, de frêles parapets. Des accords mineurs se croisent, et filent, des cordes montent des berges. On distingue une veste rouge, peut-être d’autres costumes et des instruments de musique. Sont-ce des airs populaires, des bouts de concerts seigneuriaux, des restants d’hymnes publics ? L’eau est grise et bleue, large comme un bras de mer. — Un rayon blanc, tombant du haut du ciel, anéantit cette comédie. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

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Paul Verlaine (1844-1896) – Sonnet boiteux (Jadis et Naguère, 1884)

« Ah ! vraiment c’est triste, ah ! vraiment ça finit trop mal.
Il n’est pas permis d’être à ce point infortuné.
Ah ! vraiment c’est trop la mort du naïf animal
Qui voit tout son sang couler sous son regard fané.

Londres fume et crie. Ô quelle ville de la Bible !
Le gaz flambe et nage et les enseignes sont vermeilles.
Et les maisons dans leur ratatinement terrible
Épouvantent comme un sénat de petites vieilles.

Tout l’affreux passé saute, piaule, miaule et glapit
Dans le brouillard rose et jaune et sale des sohos
Avec des indeeds et des all rights et des hâos.

Non vraiment c’est trop un martyre sans espérance,
Non vraiment cela finit trop mal, vraiment c’est triste :
Ô le feu du ciel sur cette ville de la Bible ! »

William Witsen – Coches en Londres (1908)

Ilustración : Wikimedia Commons.

♦♦♦

Émile Verhaeren (1855-1916) – Londres (Les Soirs, 1887)

J. M. W. Turner – El Viejo Puente de Londres (1796-1797)

« Et ce Londres de fonte et de bronze, mon âme,
Où des plaques de fer claquent sous des hangars,
Où des voiles s’en vont, sans Notre-Dame
Pour étoile, s’en vont, là-bas, vers les hasards.

Gares de suie et de fumée, où du gaz pleure
Ses spleens d’argent lointain vers des chemins d’éclair,
Où des bêtes d’ennui bâillent à l’heure
Dolente immensément, qui tinte à Westminster.

Et ces quais infinis de lanternes fatales,
Parques dont les fuseaux plongent aux profondeurs,
Et ces marins noyés, sous des pétales
De fleurs de boue où la flamme met des lueurs.

Et ces châles et ces gestes de femmes soûles,
Et ces alcools en lettres d’or jusques au toit,
Et tout à coup la mort parmi ces foules,
O mon âme du soir, ce Londres noir qui traîne en toi ! »

Ilustración : Wikimedia Commons.

♦♦♦

Amy Levy (1861-1889) – London in July

« What ails my senses thus to cheat ?
What is it ails the place,
That all the people in the street
Should wear one woman’s face ?

The London trees are dusty-brown
Beneath the summer sky ;
My love, she dwells in London town,
Nor leaves it in July.

O various and intricate maze,
Wide waste of square and street ;
Where, missing through unnumbered days,
We twain at last may meet !

And who cries out on crowd and mart ?
Who prates of stream and sea ?
The summer in the city’s heart —
That is enough for me. »

Camille Pissarro – Hyde Park (1890)

Ilustración : Wikimedia Commons.

♦♦♦

Katherine Mansfield (1888-1923) – Spring Wind in London

James Abbott McNeill Whistler – Gris y dorado, nieve en Chelsea (1876)

« I Blow across the stagnant world,
I blow across the sea,
For me, the sailor’s flag unfurled,
For me, the uprooted tree.
My challenge to the world is hurled ;
The world must bow to me.

I drive the clouds across the sky,
I huddle them like sheep ;
Merciless shepherd-dog am I
And shepherd-watch I keep.
If in the quiet vales they lie
I blow them up the steep.

Lo! In the tree-tops do I hide,
In every living thing ;
On the moon’s yellow wings I glide,
On the wild rose I swing ;
On the sea-horse’s back I ride,
And what then do I bring ?

And when a little child is ill
I pause, and with my hand
I wave the window curtain’s frill
That he may understand
Outside the wind is blowing still ;
…It is a pleasant land.

O stranger in a foreign place,
See what I bring to you.
This rain – is tears upon your face ;
I tell you – tell you true
I came from that forgotten place
Where once the wattle grew, –

All the wild sweetness of the flower
Tangled against the wall.
It was that magic, silent hour….
The branches grew so tall
They twined themselves into a bower.
The sun shown… and the fall. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

♦♦♦

Slack-DavisLondon (1890)

Andres Zorn – Impresiones de Londres

« O the roar of the streets !
O the throbbing of that mighty heart !
Loud with life’s throbbings, leaping with mighty life,
Strong heart of the world — London !

O the rush of hurrying feet !
From sunrise to sundown they cease not, —
Hurrying whither? and whither? and whither?
Earnest face and pale brow, tliey cease not ;
Like the whirl of a mighty wind,
Like the storm- wave hurrying on,
Is thine ocean’s unrest, O London !

Resound the roll of wheels
And beat of hoofs on the stony ways;
Behold the lordly dwellings !
In splendid array they rise, and splendor clothes them
within ;
For lordly are the dwellers and proud,
With pride of lineage and pride of race and pride of
wealth, —
And thou liftest thy lofty head — London !

O the roar of the streets !
O the throbbings of that mighty heart !
Is it well with thee ? — is it well ?
Lo ! the squalid ways and the alleys of sin !
Is it well with thee, mighty heart?
Lo ! the lustreless eyes, the feeble gait !
And the demon Want stalks gaunt and grim :
Is it well, heart of wealth, is it well ?
And misery lurks in noisome abodes ;
Rags and shame clothe the creatures of God,
While heavenward the countless spires point.
Is it well ? Must such things be ?
To the ground ! to the ground ! low down in the dust !
Bow heart and head, proud London !

« Outcast ! outcast I »
And pitiless Night points finger of scorn ;
« Outcast ! outcast ! »
And the cruel rain-storm beats relentless ;
Outcast ! once fair in God’s image — but now ! —
Hungry-eyed, fever-cheeked, flaunting rags, —
See them shuddering, arm linked in arm.
Crouching in shadows of Night,
Trembling with the dark horror of Night.
God’s pity ! (xod’s pity ! God’s pity !
For Murder lurks in silent ambush,
Soft-footed Murder steps beside ;
Swift and sure, unheard, unseen,
Strikes the dreadful knife, —
Falls the pitiless knife ;
Comes rest to the driven soul.
Comes oblivion to despair.
And silence over the narrow way,
Save the night-guard’s tramp, tramp, tramp, —
And black Night hides all !

Is it well, strong heart of the world ?
Hath God averted his face ?
Is it well, O heart of wealth, that thy countless thousands pine?
Is the roar of thy streets the voice of doom ?
Cleanse thee ! cleanse thee from the sin !
Remember Babylon ! »

Ilustración : Wikimedia Commons.

♦♦♦

Oscar Wilde (1854-1900) – Impression du matin (1890)

« The Thames nocturne of blue and gold
Changed to a Harmony in grey:
A barge with ochre-coloured hay
Dropt from the wharf : and chill and cold.

The yellow fog came creeping down
The bridges, till the houses’ walls
Seemed changed to shadows and St. Paul’s
Loomed like a bubble o’er the town.

Then suddenly arose the clang
Of waking life; the streets were stirred
With country waggons : and a bird
Flew to the glistening roofs and sang.

But one pale woman all alone,
The daylight kissing her wan hair,
Loitered beneath the gas lamps’ flare,
With lips of flame and heart of stone. »

Myles Birket Foster – Kew Bridge, visto desde Strand on the Green (1899)

Ilustración : Wikimedia Commons.

♦♦♦

James Elroy Flecker (1884-1915) – Ballad of the Londoner (1915-1916)

James Abbott McNeill Whistler – Nocturno en azul y plata

« Evening falls on the smoky walls,
And the railings drip with rain,
And I will cross the old river
To see my girl again.

The great and solemn-gliding tram,
Love’s still-mysterious car,
Has many a light of gold and white,
And a single dark red star.

I know a garden in a street
Which no one ever knew;
I know a rose beyond the Thames,
Where flowers are pale and few. »

Ilustración : Wikimedia Commons.

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Ernest George – Fleet Street (1886)

Más lecturas :

  • George Gordon Byron (1788-1824) – Don Juan (1824)

Ilustración : Wikimedia Commons.






Londres de intriga : asesinos, detectives y espías

Arthur E. Grimshaw – The Strand (1899)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Victor Hugo – L'Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)

Victor Hugo – L’Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)

Gran fresco histórico, político, filosófico y poético de la aristocracia británica de los siglos XVII y XVIII, L’Homme qui rit (El Hombre que ríe – a veces publicado con el título demasiado explícito de De orden del rey -, audiolibro en francés, 1869) es sin duda la novela más desconocida de Victor Hugo (1802-1885). Quizás se deba a que esta novela, su penúltima, publicada en cuatro volúmenes, no encontró el éxito esperado de público y quedó relegada en la sombra, eclipsada por best-sellers como Los Miserables o Notre-Dame de Paris. Es cierto que las largas digresiones del autor sobre la genealogía aristocrática de sus protagonistas o sus comentarios detallados sobre algunas leyes de Inglaterra pueden resultar algo hermético para el lector. No obstante, la narración de los destinos entrelazados de los diversos personajes, el misterio que planea sobre ellos y que se elucidará en la cárcel de Southwark en Londres, la hermosa historia de amor platónico que encontrará su desenlace en el Támesis, hacen de L’Homme qui rit una novela entrañable, y sus personajes, perdidos en el remolino de las calles de Londres, no se olvidarán fácilmente. Ursus es un vagabundo que recorre las carreteras de Inglaterra en compañía de Homo, un lobo domesticado. Sus pasos se cruzan con los de Gwynplaine, niño que acaba de ser abandonado en una playa desierta por un grupo de «Comprachicos», y de Dea, recién nacida recogida por Gwynplaine en los brazos de su madre moribunda. Ursus acoge a los niños en su roulotte y los adopta como si fueran sus propios hijos, a pesar de la deformidad de la cara de Gwynplaine, víctima de una salvaje operación para volverle irreconocible, y de la ceguera de Dea. Deformidad y discapacidad que, con los años, Ursus ha sabido aprovechar sabiamente montando una obra de teatro titulada Caos vencido que les permite ganarse la vida y les conduce al patio de un albergue en los suburbios de Londres. Y es en este patio que el éxito de Caos vencido, alegoría de la lucha por la democracia y resumen condensado de la novela, atraerá unos espectadores muy diferentes de los habituales habitantes de los bajos fondos de Londres que van a acelerar el destino de Gwynplaine, Dea, Ursus y Homo… L’Homme qui rit fue adaptada varias veces para el cine, el teatro, la comedia musical o el cómic; en la primera adaptación, película muda rodada por Paul Leni en 1928 y que podemos ver en Internet Archive), la cara mutilada de Gwynplaine sirvió de inspiración a los dibujantes Jerry Robinson y Bob Kane para el personaje del Joker en los cómics de Batman

Ilustración: Internet Archive.

Victor Hugo – L'Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)

Victor Hugo – L’Homme qui rit, ilustración de Georges Antoine Rochegrosse (1869)

«No necesitaba aquella callejuela que fuesen las doce de la noche para estar desierta, pero si de día inspiraba tristeza, por la noche infundía miedo. Nadie se aventuraba en ella pasada cierta hora; no parecía sino que era de temer que las dos tapias se acercasen una a otra, y que si ocurría el capricho a la cárcel y al cementerio de darse un abrazo, quedase uno cogido y aplastado en el apretón: ¡efectos nocturnos! Por instinto la gente de Southwark evitaba, como ya hemos dicho, aquella calle entre la cárcel y el cementerio, que antiguamente se cerraba por la noche con una cadena de hierro; precaución inútil, pues la mejor cadena para interceptar aquella calle era el miedo que inspiraba.
En ella penetró Ursus resueltamente.
¿Qué idea se llevaba? ninguna.
Iba a aquella calle a tomar informes. ¿Llamaría a la puerta de la cárcel? Seguramente, no; tan espantoso e inútil arbitrio no se le pasó siquiera por la imaginación. Tratar de introducirse allí para pedir alguna noticia, hubiera sido locura : las cárceles no se abren ni para el que quiere salir; sus goznes no giran más que sobre la ley. Ursus lo sabía. ¿Qué iba, pues, a hacer en aquella calle? A ver. ¿Ver qué? Nada: no sabe uno lo que puede suceder; todo es posible… Esto se decía sin duda a sí mismo. Volver a hallarse frente a la puerta por donde había desaparecido Gwynplaine , ya era algo; a veces la pared más negra y cerrada dice algo y de entre las piedras sale una luz : examinar los accidentes de un hecho y todo lo que le envuelve suele ser útil. Todos tenemos el instinto de no dejar entre el hecho que nos interesa, más que la menor distancia posible ; por eso Ursus había vuelto a la callejuela donde estaba la entrada baja de la cárcel.
En el momento en que entró en la callejuela oyó una campanada y luego otra.
—¡Calla! esclamó. ¿Serán ya las doce?»

Ilustración: Internet Archive.

Sir Arthur Conan Doyle

Aunque el género no haya nacido en Londres, se considera la capital inglesa como la cuna de la novela policíaca, gracias a Sherlock Holmes. El más famoso de los detectives nació de la pluma de un médico aburrido de esperar a que vengan pacientes a su gabinete : Arthur Conan Doyle. Sherlock Holmes (obras en español, audiolibros en inglés) apareció por vez primera en 1887, en la novela A Study in scarlet (Estudio en escarlata). Su excentricidad, su fabulosa memoria, su capacidad de deducción, la pareja de investigadores que forma con el no menos célebre Doctor Watson, le convirtieron en el arquetipo de detective privado (eclipsando a sus predecesores literarios creados por Edgar Allan Poe o Émile Gaboriau) y le otorgaron rápidamente un éxito público internacional, que se fue consolidando a lo largo de los años, de 4 novelas y 56 relatos, y que perdura todavía hoy gracias a las innumerables adaptaciones cinematográficas y televisivas… Sherlock vive en la dirección ficticia del 221B de Baker Street en Londres (la calle sí existe pero no era – en época de Conan Doyle – tan larga como para llegar al número 221) y la capital es el escenario principal, por no decir el protagonista principal, de sus investigaciones.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Arthur Conan Doyle – A Study in scarlet (1886)

« Nos vimos al día siguiente, según lo acordado, para inspeccionar las habitaciones del 221B de Baker Street a las que se había hecho alusión durante nuestro encuentro. Consistían en dos confortables dormitorios y una única sala de estar, alegre y ventilada, con dos amplios ventanales por los que entraba la luz. Tan conveniente en todos los aspectos nos pareció el apartamento y tan moderado su precio, una vez dividido entre los dos, que el trato se cerró de inmediato y, sin más dilaciones, tomamos posesión de la vivienda. Esa misma tarde procedí a mudar mis pertenencias del hotel a la casa, y a la otra mañana Sherlock Holmes hizo lo correspondiente con las suyas, presentándose con un equipaje compuesto de maletas y múltiples cajas. Durante uno o dos días nos entregamos a la tarea de desembalar las cosas y colocarlas lo mejor posible. Salvado semejante trámite, fue ya cuestión de hacerse al paisaje circundante e ir echando raíces nuevas. » (Estudio en escarlata).

Ilustración : The Complete Sherlock Holmes.

Arthur Conan Doyle – A Scandal in Bohemia (1891)

« Eran las seis y cuarto cuando salimos de Baker Street, y faltaban todavía diez minutos para la hora señalada cuando llegamos a Serpentine Avenue. Estaba ya oscurecido, y se procedía a encender los faroles del alumbrado, nos paseamos de arriba para abajo por delante del Pabellón Briony esperando a su ocupante. La casa era tal y como yo me la había figurado por la concisa descripción que de ella había hecho Sherlock Holmes, pero el lugar parecía menos recogido de lo que yo me imaginé. Para tratarse de una calle pequeña de un barrio tranquilo, resultaba notablemente animada. Había en una esquina un grupo de hombres mal vestidos que fumaban y se reían, dos soldados de la guardia flirteando con una niñera, un afilador con su rueda y varios jóvenes bien trajeados que se paseaban tranquilamente con el cigarro en la boca. » (Escándalo en Bohemia).

Ilustración : The Complete Sherlock Holmes.

A Study in scarlet (1933)

Las aventuras de Sherlock Holmes fueron llevadas al cine una multitud de veces. Las adaptaciones más antiguas ya forman parte del dominio público en Estados Unidos y pueden verse en Archive.org. Por ejemplo, A Study in scarlet, dirigida por Edwin L. Marin, en 1933…

Ilustración : Archive.org.

George William MacArthur Reynolds – The Mysteries of London (1844)

A la vista del fabuloso éxito de Les Mystères de Paris (Los Misterios de Paris) de Eugène Sue, novela publicada por entregas entre 1842 y 1843, los ingleses encargaron a George William MacArthur Reynolds (1814-1879), autor olvidado hoy pero más leído en su tiempo que Dickens o Thackeray, un remake de la novela francesa, ambientada en Londres. The Mysteries of London (audiolibro en inglés) se publicó por entregas a partir de 1844 y su éxito fue tal que llegaban a venderse hasta 40000 fascículos cada semana. Esta obra fundadora del género de los misterios urbanos victorianos, con toques de gótico, tenía por objetivo resaltar las consecuencias de la revolución industrial : la pobreza, la criminalidad y la violencia.

Ilustración : The Dictionary of the Victorian London.

« Nuestra narración empieza a principios de Julio de 1831. La noche era oscura y tormentosa. El sol había bajado detrás de montones grandes de nubes sombrías y púrpuras que, después de perder el color dorado con el que permanecieron teñidas durante un momento, se volvieron oscuras y amenazantes. Las partes azules del cielo que aquí y allá habían aparecido antes del crepúsculo, se cubrían ahora rápidamente de esas nubes tenebrosas que son los escondrijos de la tormenta, y que parecían enrollarse sobre ellas mismas en masas densas y compactas, antes de que comenzaran la guerra elemental. […] Este baldaquín de nubes oscuras y amenazantes se formaba encima de Londres, y un calor sofocante, que ningún soplo de viento venía a aligerar o mitigar, invadió las calles de la gran metrópolis. Todo presagiaba una terrible tormenta. »

Paul Féval – Les Mystères de Londres (1880)

Al mismo tiempo, el francés Paul Féval (1816-1887), que todavía era un joven escritor desconocido, retomaba la idea y publicaba, bajo el pseudónimo de Sir Francis Trolopp, su propio fresco por entregas de los bajos fondos londinenses. Les Mystères de Londres ostenta la misma voluntad de pintar las condiciones de vida de las clases inferiores sometidas a un poder oculto. Esta novela de crimen y venganza lanzó su autor a la fama, colocándolo en un pie de igualdad con grandes como Dumas o Sue, y convirtiéndolo en uno de los precursores de la novela policíaca.

Ilustración : Archive.org.

« Una noche de noviembre, una noche de domingo, el buen capitán Paddy O’Chrane estaba sentado delante de un enorme vaso de grog en la sala de la taberna de Crown’s Arms. Como hay en Londres medio centenar de tabernas que llevan un rótulo con las Armas de la Corona, no creemos que sea inútil especificar que el establecimiento del que hablamos abre sus cuatro ventanas, decoradas de cortinas rojas, y su puerta precedida de cinco escalones, en Water Street, en el barrio de la Torre. En cuanto al capitán Paddy, era un irlandés de seis pies de largo por seis pulgadas de diámetro… »

Joseph Conrad – The Secret Agent (1907)

The Secret Agent (El Agente secreto, audiolibro en inglés, 1907) es una de las últimas novelas del escritor británico Joseph Conrad (1857-1924). Esta novela política, que aborda los temas del anarquismo y del terrorismo, se desarrolla íntegramente en Londres. Premonitoria de los movimientos terroristas del siglo XX, The Secret Agent es considerada actualmente como una de las mejores novelas de Conrad, que, en 1907, escribía a un amigo : « Acabo de terminar una novela en la que no hay ni una gota de agua, salvo la lluvia, lo que es muy natural ya que todo transcurre en Londres » (Recordemos para entender el contexto de esta frase que Conrad escribió numerosos relatos y novelas marítimos…) La novela está inspirada en un suceso real : en 1894, el anarquista francés Martial Bourdin, dirigiéndose al Real Observatorio de Greenwich para colocar allí una bomba, fue gravemente herido en la explosión prematura de sus productos químicos y murió poco después.

Ilustración : Wikipedia.

Sabotage (1936)

« A través de la verja del parque, esas miradas contemplaban hombres y mujeres cabalgando en el Row, parejas marchando en un medio galope armonioso, otros paseando tranquilos, grupos de ociosos, de tres o cuatro personas, solitarios jinetes de aspecto insociable y solitarias mujeres seguidas a distancia por un sirviente de sombrero, adornado con una escarapela, y un cinturón de cuero por encima del saco ajustado. Circulaban carruajes, en su mayoría berlinas de dos caballos, y alguna victoria aquí y allá, tapizados por dentro con la piel de algún animal salvaje y un rostro de mujer y un sombrero emergiendo por encima de la capota plegada. Un peculiar sol londinense contra el que no se puede decir nada, excepto que tiene brillos sangrientos, glorificaba toda la escena a través de su cara insolente, colgada de una mediana elevación, por encima del Hyde Park Corner, llena de un aire de puntual y benigna vigilancia. »

Ilustración : Wikipedia.

La primera adaptación cinematográfica de The Secret Agent fue rodada en 1936 por Alfred Hitchcock, y fue distribuída bajo los títulos de Sabotage (Sabotaje) o The Woman alone (La Mujer sola) . (Hitchcock rodó el mismo año otra película que tituló The Secret Agent, pero está basada en un relato de Somerset Maugham). Como esta película forma parte del dominio público en Estados Unidos, la podemos ver en Archive.org

Londres de terror : fantasmas y monstruos

James Abbott McNeill Whistler – Trafalgar Square bajo la nieve (1876)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Edgar Allan Poe – The Man of the crowd, edición ilustrada por Harry Clarke (1923)

Las oscuras calles de la Londres de principios del siglo XIX debieron sin duda inspirar a Edgar Allan Poe (con 17 años, el americano se trasladó con su familia a Londres donde estuvieron viviendo hasta su regreso a Estados Unidos en 1820) para su inquietante relato publicado en 1840 en diversos periódicos, The Man of the crowd (El Hombre de la multitud). En este cuento, el narrador siente curiosidad por un misterioso anciano al que se pone a seguir durante dos días de deambulaciones erráticas por las calles de Londres, observando que el hombre parece muy incómodo cuando hay menos gente en la multitud de las calles… ¿ Un terrible criminal ? ¿ Un hombre que no quiere estar solo ? ¿ La cara oculta del propio narrador ? Pueden ser varias las explicaciones de este cuento que describe con minuciosidad las calles de la capital inglesa y en el que, como en Los crímenes de la calle Morgue (1841) y El misterio de Marie Rogêt, Poe pone el dedo sobre el ambiente deshumanizado y criminal de las grandes metrópolis del siglo XIX.

Ilustración : Wikipedia.

« Era el barrio más insalubre de Londres, en el que cada cosa lleva la horrible huella de la más deplorable pobreza y del vicio incurable. A la luz accidental de una oscura farola, se percibían casas de madera, altas, antiguas, agusanadas, amenazando ruina, y en tan numerosas y caprichosas direcciones que apenas se podía adivinar entre ellas la apariencia de un pasaje. Los adoquines estaban dispersos aleatoriamente, empujando fuera de su emplazamiento por el césped victorioso. Una horrible suciedad se estancaba en los arroyos obstruidos. Toda la atmósfera desbordaba de desolación. Sin embargo, a medida que avanzábamos, los ruidos de la vida humana se despertaron claramente y gradualmente, y por fin, grandes grupos de hombres, los más infames entre la turba de Londres, se asomaron, oscilando aquí y allá. El viejo hombre sintió de nuevo latir su mente, como una lámpara cerca de su agonía. »

Robert Louis Stevenson – The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, edición ilustrada por Charles Raymond Macauley (1904)

Robert Louis Stevenson no era londinense, sinon escocés. Sin embargo, su relato The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde (El Extraño Caso del doctor Jekyll y del señor Hyde, audiolibro en inglés, 1886) es una de las máximas referencias en el paisaje literario de Londres. El relato, que todos conocemos gracias a las múltiples adaptaciones cinematográficas, puede leerse como un cuento de terror basado en una intriga muy trabajada, pero hay que notar que aborda temas del psicoanálisis como el desdoblamiento de personalidad o el inconsciente. La historia empieza en uno de los barrios más populosos de Londres y todo contribuye a hacer de la ciudad un lugar de miedo : « los laberintos de la ciudad iluminada », « los rugidos sordos de Londres »…

Ilustración : Wikimedia Commons.

Dr. Jekyll and Mr. Hyde (1920)

« Sucedió que sus pasos los condujeron durante uno de estos vagabundeos, a una calle de un barrio muy poblado de Londres. Era una calle estrecha y, los domingos, lo que se dice tranquila, pero animada por comercios y tráfico durante la semana. Sus habitantes ganaban bastante, por lo que parecía, y, rivalizando con la esperanza de que les fuera mejor, dedicaban sus excedentes al adorno, coqueta muestra de prosperidad : los comercios de las dos aceras tenían aire de invitación, como una doble fila de sonrientes vendedores. Por lo que incluso el domingo, cuando velaba sus más floridas gracias, la calle brillaba, en contraste con sus adyacentes escuálidas, como un fuego en el bosque; y con sus contraventanas recién pintadas, sus bronces relucientes, su aire alegre y limpio atraía y seducía inmediatamente la vista del paseante. A dos puertas de una esquina, viniendo del oeste, la línea de casas se interrumpía por la entrada de un amplio patio ; y, justo al lado de esta entrada, un pesado, siniestro edificio sobresalía a la calle su frontón triangular. Aunque fuera de dos pisos, este edificio no tenía ventanas : sólo la puerta de entrada, algo más abajo del nivel de la calle, y una fachada ciega de revoque descolorido. Todo el edificio, por otra parte, tenía las señales de un prolongado y sórdido abandono. »

Ilustración : Wikipedia.

The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde fue adaptada para el teatro en 1887 y a partir de 1908, empezaron a realizarse películas basadas en la novela. Sólo en el año 1920, se llevó al cine tres veces : una de las adaptaciones es alemana y las otras dos estadounidenses, la primera y más conocida es una película muda protagonizada por John Barrymore y dirigida por John S. Robertson y la podemos ver en Archive.org

Oscar Wilde – The Picture of Dorian Gray (1890)

Oscar Wilde admiraba The Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde y es muy probable que se inspirase de la misma idea del desdoblamiento de personalidad para escribir su novela cumbre : The Picture of Dorian Gray (El Retrato de Dorian Gray, audiolibro en inglés, 1890). Esta famosa novela de terror, inspirada también en el mito de Fausto, tiene como protagonista a un joven que desea permanecer siempre joven, como en el retrato que le acaban de pintar. Cuando se cumple su deseo, Dorian se entrega en cuerpo y alma a una vida de excesos, de perversión y de libertinaje, hasta que se da cuenta de que el retrato va cambiando, envejeciendo y volviéndose cada vez más feo, a medida que va cometiendo nuevos actos perversos. Ambientada entre París y Londres, la novela nos lleva por los bajos fondos de Londres, en sus fumaderos de opio…

Ilustración : Wikipedia.

« Empezó a caer una lluvia fría, y los faroles desdibujados no lanzaban ya, entre la niebla, más que un resplandor descolorido. Era el momento en que cerraban los establecimientos públicos, y hombres y mujeres todavía reunidos delante de sus puertas empezaban a desperdigarse. Del interior de algunas de las tabernas brotaban aún horribles carcajadas. En otras, los borrachos discutían y gritaban. Casi tumbado en el coche de punto, el sombrero calado sobre la frente, Dorian Gray contemplaba con indiferencia la sórdida abyección de la gran ciudad, y de cuando en cuando se repetía las palabras que lord Henry le había dicho el día que se conocieron : « Curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos por medio del alma ». Sí, ése era el secreto. Dorian Gray lo había probado con frecuencia y se disponía a volver a hacerlo. Había fumaderos de opio donde se podía comprar el olvido, antros espantables donde se podía destruir el recuerdo de los antiguos pecados con el frenesí de los recién cometidos. La luna, cerca del horizonte, parecía un cráneo amarillo. De cuando en cuando una enorme nube deforme extendía un largo brazo y la ocultaba por completo. Los faroles de gas se fueron distanciando, y las calles se hicieron más estrechas y sombrías. »

Jack the Ripper, en « Illustrated Police News » (1889)

En 1888, varias prostitutas del barrio de Whitechapel aparecieron asesinadas de manera brutal, con cortes en la garganta, el abdomen y las partes genitales. Se atribuyeron los crímenes a un misterioso asesino en serie, apodado Jack the Ripper (Jack el destripador), del que nunca se llegó a conocer la verdadera identidad. Hoy en día, el enigma permanece sin resolver…

Ilustración : Wikimedia Commons.

Esta cadena de sucesos sembró el terror en Londres a tal punto que el personaje de Jack the Ripper constituyó una fuente de inspiración literaria y cinematográfica aún no agotada. Por ejemplo, el relato gótico de John Francis Brewer The Curse Upon Mitre Square (La Maldición de Mitre Square, 1888) parte del asesinato de una de las víctimas reales de Jack… Hasta Alfred Hitchcock se inspiró de la figura del mítico asesino en su quinta película, un filme mudo de 1927, titulado The Lodger : A Story of the London Fog y que podemos ver desde Archive.org

El Cementerio de Highgate, en la colina de Hampstead, se creó en 1839 y se convirtió rápidamente en un lugar de moda : las tumbas están esparcidas entre grandes árboles y una vegetación lujuriante, y está adornado de figuras góticas y victorianas. Pronto se le otorgaron manifestaciones sobrenaturales y se organizaron ceremonias ocultas en él…

Bram Stoker – Dracula (1897)

No es de extrañar, pues, que el escritor irlandés Bram Stoker (1847-1912) ubicara parte de su famosísima novela Dracula (Drácula, audiolibro en inglés, 1897) en Londres (la novela transcurre parte en Transilvania, parte en Londres), y concretamente en el cementerio y en Hampstead Hill. Tomando su nombre de un sanguinario guerrero de la Valaquia del siglo XV, el Conde Drácula de Stoker marcó la historia de la literatura gótica y de vampiros por la dualidad de su personalidad. Es cierto que es un vampiro peligroso y que hay que deshacerse de él como sea, pero por otro lado, también es un ser humano maldito, rechazado de Dios y nos inspira hasta cierta piedad… El éxito internacional de Drácula fue inmediato y sigue vigente hoy en día. Sus adaptaciones cinematográficas han sido múltiples, la primera de ellas fue el también famosísimo filme mudo Nosferatu (1922) del director alemán F.W. Murnau, auténtica maravilla del expresionismo cinematográfico alemán que podemos ver en Archive.org.

Ilustración : Archive.org.

Nosferatu (F.W. Murnau, 1922)

Nosferatu (F.W. Murnau, 1922)

« Gaceta de Westminster, 25 de septiembre

Un misterio de Hampstead

La vecindad de Hampstead está de momento siendo acosada por una serie de sucesos que parecen correr en líneas paralelas con aquellos que fueron conocidos por los escritores de titulares como « El horror de Kensington », o « La Asesina del Puñal », o « La Mujer de Negro ». Durante los últimos dos o tres días han acontecido varios casos de pequeños niños que vagabundean de su hogar o se olvidan de regresar de su juego en el Brezal. En todos estos casos los niños han sido demasiado pequeños como para poder dar adecuadamente una explicación inteligible de lo sucedido, pero el consenso de sus culpas es que han estado con la « dama fanfarrona ». Siempre ha sido tarde por la noche cuando se ha notado su ausencia, y en dos ocasiones los niños no han sido encontrados sino hasta temprano a la mañana siguiente. En el vecindario se supone generalmente que, como el primer niño perdido dio como su razón de haberse ausentado que una « dama fanfarrona » le había pedido que se fuera con ella a dar un paseo, los otros han recogido la frase y la han usado en su debida ocasión. Esto es tanto más natural cuanto el juego favorito de los pequeñuelos es actualmente atraerse unos a otros mediante engaños. Un corresponsal nos escribe que ver a los chiquilines pretendiendo ser la « dama fanfarrona », es verdaderamente divertido. »

Ilustración : Wikipedia.

Gilbert Keith Chesterton

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) fue un escritor, periodista y poeta inglés, unos de los más importantes de principios del siglo XX. Más conocido por su serie de intrigas policíacas protagonizadas por el Padre Brown, católico y apologista del catolicismo, Chesterton publicó en 1908 una novela titulada The Man who was Thursday : a nightmare (El Hombre que fue Jueves : una pesadilla, audiolibro en inglés). Sátira política, relato de espionaje o fábula metafísica, The Man who was Thursday es una de las obras más destacadas de Chesterton. El protagonista de la novela, Gabriel Syme, policía y poeta, es introducido por un amigo en una sociedad anarquista secreta, dirigida por un comité de siete hombres, apodados con los nombres de los siete días de la semana. Gabriel llega a conocer los seis primeros, pero Domingo permanece en la sombra. Lanzándose en la búsqueda de Domingo, el policía va, poco a poco, a descubrir una cruel maquinación y su investigación le ocasionará unas cuantas carreras locas (¡ hasta hay una en la que participa un elefante !) por Francia y Londres.

Ilustración : National Portrait Gallery.

Gilbert K. Chesterton – The Man who was Thursday : a nightmare (1908)

« Sin darse cuenta de lo que hacía, sin volver la vista, lanzóse por una de las callejuelas que desembocan en Fleet Street como liebre en la madriguera. Pensaba vagamente que si este incomprensible y valetudinario Juan de las Viñas se había propuesto perseguirlo, pronto le perdería de vista en aquel laberinto de callecitas, y estuvo entrando y saliendo por aquel enredijo que más que de vías públicas parecía de hendiduras y rendijas ; y cuando había completado veinte ángulos alternantes y dibujado un inconcebible polígono, se detuvo a escuchar. Nadie le seguía, no se oía ruido alguno. Verdad es que el espesor de la nieve apagaba el ruido de las pisadas. Al pasar por Red Lion Court, advirtió un sitio donde algún enérgico transeúnte había aplastado la nieve, dejando al descubierto las piedras húmedas y lucientes por un espacio de veinte metros. No le llamó la atención y se metió por otra calleja del laberinto. Pero habiéndose detenido a escuchar de nuevo unos cien pasos más allá, sintió que también su corazón se paraba, porque del sitio donde habían quedado las piedras desnudadas le llegó claramente el ruido de la muleta metálica y los pies del cojo infernal. El cielo obscurecido de nubes sumergía a Londres en una oscuridad y una opresión excesivas para la hora que era. A uno y otro lado de Syme, corrían unos muros lisos, sin fisonomía ; no había ventanas ni agujeros ; sintió un nuevo impulso de escapar de aquella colmena de casas y salir otra vez a las avenidas iluminadas. Pero, antes de ganar la arteria principal, todavía anduvo un rato de aquí para allá. El resultado es que salió a la calle abierta mucho más lejos de lo que se figuraba, por la desierta anchura de Ludgate Circus, de donde se veía la catedral de San Pablo como asentada en los cielos. Admiróse de encontrar el sitio tan desierto, como si la peste hubiera barrido la población. Pronto cayó en la cuenta de que aquella soledad era explicable, primero porque la nevada era todavía intensísima, y además porque era domingo. Cuando la palabra « domingo » cruzó su mente, se mordió los labios. Ya para él aquella palabra era un retruécano infernal. »

Ilustración : Open Library.

Un ejemplar de la revista « Weird Tales » de 1942, en la que se publicaron numerosos relatos de H. P. Lovecraft

El maestro absoluto del relato fantástico y de horror cósmico, Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) pasó casi toda su vida en Providence (Estados Unidos), su ciudad natal. Pocos de sus escritos se ambientan en lugares concretos : su dimensión cósmica les permite ir más allá de los viajes terrestres y abordar temas como viajes en el tiempo o la existencia de otras dimensiones. The Descendant (El Descendiente, 1926) es uno de los pocos relatos de Lovecraft ambientados en Londres. Esta obra, que permaneció inacabada, pretende poner en evidencia la riqueza cultural (terrorífica, por supuesto) de la vieja Europa, frente al Nuevo Mundo, y es la expresión de la sed desesperada de Lovecraft por descubrir otras leyes que las que gobiernan, invariables y estrechas, la naturaleza y por abrirse las puertas de civilizaciones olvidadas y futuras y acceder a otras dimensiones… Sus protagonistas son figuras típicas del universo de Lovecraft : Lord Northam, barón heredero no sólo de un linaje que remonta a la época romana sino de una maldición que ha pesado sobre todas estas generaciones sucesivas, un brujo y William, un joven que se quemará al querer jugar con el fuego…

Ilustración : Wikimedia Commons.

« En Londres hay un hombre que grita cuando tañen las campanas de la iglesia. Vive solo con su gato listado en Gray’s Inn, y la gente le considera un loco inofensivo. Su habitación está llena de libros insulsos y pueriles, y hora tras hora trata de abstraerse en sus débiles páginas. Todo lo que quiere en esta vida es no pensar. Por alguna razón, el pensar le resulta espantoso, y huye como de la peste de cuanto pueda excitar la imaginación. Es muy flaco, y gris, y está lleno de arrugas ; pero hay quien afirma que no es tan viejo como aparenta. El miedo ha clavado en él sus garras espantosas, y el menor ruido le hace sobresaltarse con los ojos muy abiertos y la frente perlada de sudor. Los amigos y compañeros le rehúyen porque no quiere contestar a sus preguntas. Los que le conocieron en otro tiempo como erudito y esteta dicen que da lástima verle ahora. Ha dejado de frecuentarles hace años, y nadie sabe con seguridad si ha abandonado el país, o meramente ha desaparecido en algún callejón oscuro. Hace ya una década que se instaló en Gray’s Inn, y no ha querido decir de dónde había venido, hasta la noche en que el joven Williams compró el Necronomicon. »

Más lecturas :

Conclusión

Dylan Gill – Big Ben (2009)

Como lo hemos hecho en ocasiones anteriores, cerramos estos Tesoros Digitales dedicados a Londres abriéndonos a nuevos horizontes de lectura. La literatura de los siglos XX y XXI relacionada con Londres es tan extensa que nos bastará, a modo de conclusión, con enumerar algunos de los autores que, durante las últimas décadas, han hecho de Londres un protagonista más de sus obras y obtendremos una visión completa de la capital inglesa a lo largo de su historia y de los géneros literarios : Pío Baroja (La Ciudad de la niebla, 1909), P.G. Wodehouse (Jeeves stories, a partir de 1919), Aldous Huxley (Brave New World, 1932), George Orwell (1984, 1949), Agatha Christie (Crooked House, 1949), Graham Greene (The End of the affair, 1951), Iris Murdoch (A Severed Head, 1961), Muriel Spark (The Girls of Slender Means, 1963), Doris Lessing (The Four-Gated City, 1969), Hanif Kureishi (The Buddha of Suburbia, 1987), Salman Rushdie (The Satanic Verses, 1989), Julian Barnes (Metroland, 1997), Helen Fielding (Bridget Jones’ Diary, 1997), J. K. Rowling (Harry Potter, a partir de 1997), Zadie Smith (White Teeth, 2001), Nick Hornby (A Long Way Down, 2005), Ian McEwan (Saturday, 2005)…

Ilustración : Wikimedia Commons.

¡ Que tengan un buen verano y felices lecturas !


Referencias

Ilustración : Wikimedia Commons.

Dossier elaborado por Christine Sétrin, con la colaboración de Ángel Pozo. Biblioteca Municipal de Vila-real. Julio 2012.


Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

4 pensamientos sobre “London”

  1. cruz bb dijo:

    gracias por tanta informacion ,dificil elegir, a ver que se puede hacer.

  2. Gracia dijo:

    Muchas gracias por toda la información, todavía no he podido leerla pero he echado un vistazo y me encantan “los santos”

    • Hola Gracia🙂,
      Nos alegramos de que le resulte interesante este trabajo.
      Le deseamos unas felices lecturas veraniegas y londinenses (¡ como no😉 !)… y un magnífico verano.
      Hasta pronto,
      Ch.

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