¿Locos o genios? Los científicos en la literatura

¿Locos o genios? Los científicos en la literatura

Carl Spitzweg – Los Magos (1860-1865)

Ilustración : Zeno.

Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la Luz

Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la Luz

Después de pasar todo el año 2014 en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, con motivo del centenario de este mortífero conflicto, Tesoros Digitales vuelve a temas menos trágicos y más variados.

Este año 2015, se conmemoran varios acontecimientos y avances científicos relacionados con la óptica y la luz : los estudios sobre óptica de Ibn Al-Haytham (1015), los trabajos de Fresnel que llevaron a descubrir que la luz es una onda (1815), la teoría electromagnética de la propagación de la luz propuesta por Maxwell (1865), la teoría del efecto fotoeléctrico de Einstein (1865) y el descubrimiento de la radiación de fondo de microondas por Penzias y Wilson (1965). Para celebrar tantos eventos, la UNESCO ha decretado que 2015 sería el Año Internacional de la Luz y de las Tecnologías basadas en la Luz, con el fin de sensibilizar al mundo sobre la manera en que las tecnologías basadas en la luz pueden contribuir al desarrollo sostenible además de ofrecer soluciones para grandes desafíos mundiales en temas de energía, de educación, de agricultura y de salud.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Más allá de los aspectos científicos, nos llama la atención las trayectorias de estos hombres que dedicaron todos sus esfuerzos persiguiendo un improbable resultado científico con el fin de mejorar nuestra existencia, a menudo en detrimento de la suya propia: Ibn Al-Haytham, Augustin Fresnel, James Clerk Maxwell, Albert Einstein, Arno Allan Penzias y Robert Woodrow Wilson, a los que podríamos añadir figuras como las de Alessandro Volta, Nikola Tesla, Thomas Edison, por quedarnos en el ámbito eléctrico, y cuántos otros de todas las ramas del conocimiento…

Thomas Edison

Thomas Edison

De esta figura, la del científico entregado a su investigación, a la del científico loco inmortalizado por la literatura, el cómic o el cine, sólo hay un paso. Un paso que, de hecho, saltaron escritores y guionistas al recrear, o reinventar, las vidas de estos científicos famosos en sus obras. La vida de Nikola Tesla, por ejemplo, fue novelada por Jean Echenoz en Relámpagos. Albert Einstein es el tío travieso del personaje protagonizado por Meg Ryan en la comedia romántica Fórmula para amar (I.Q., 1994) de Fred Schepisi o, lo veremos más adelante en este trabajo, Thomas Edison fue uno de los protagonistas de Auguste Villiers de L’Isle-Adam en su novela de anticipación L’Ève future.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Reales o ficticios, despistados y simpáticos o despiadados y peligrosos, aventureros o gurús, locos o geniales, biólogos o químicos, físicos o psicólogos, los científicos han sido, sobre todo desde el siglo XIX, los protagonistas de obras narrativas muy variadas. Cuentos, novelas y cómics fantásticos, de ciencia-ficción, o al contrario ultra-realistas o humorísticos, han tenido a científicos como protagonistas principales. Es lo que les proponemos descubrir en esta nueva entrega de Tesoros Digitales: ¿Locos o genios? Los científicos en la literatura.

Despistados e inofensivos

Carl Spitzweg – El Cazador de mariposas (1840)

Carl Spitzweg – El Cazador de mariposas (1840)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Quizás la palabra «inofensivos» del título de esta sección no sea demasiado adecuada. En efecto, por muy despistados y aparentemente pacíficos que sean los científicos que vamos a presentar, su despiste, o su obsesión enfermiza por su investigación les lleva a menudo, a ellos y a los que les rodean, a situaciones complicadas, cuando no peligrosas… Quizás un término más apropiado sea «sin malas intenciones».

Honoré de Balzac – La Recherche de l'absolu, edición ilustrada americana (1901)

Honoré de Balzac – La Recherche de l’absolu, edición ilustrada americana (1901)

Sin malas intenciones, bien al contrario, es nuestro primer protagonista, Balthasar Claës, un rico burgués de las Flandes francesas. Antiguo alumno del químico Lavoisier, lleva una existencia acomodada y feliz entre su esposa y sus dos hijos. Un día recibe la visita de un matemático polaco, convertido en soldado para ganarse la vida, que le cuenta el estado de sus propias investigaciones para descubrir el principio de la materia. Esta visita despierta el interés por la ciencia del rico flamenco : se pone a comprar costosos productos químicos y se entrega por completo a la fiebre de la investigación, encerrándose en su laboratorio con un criado para ayudarle, y descuidando por completo a su familia, a la que conduce a la ruina… Honoré de Balzac (1799-1850) describe con meticulosidad, además de ofrecer un retrato de la sociedad flamenca a principios del siglo XIX, la decadencia moral y social de este hombre obsesionado por La Busca del absoluto (La Recherche de l’absolu, audiolibro en francés). Publicada por primera vez en 1834, esta novela fue reescrita en varias ocasiones por su autor, para formar parte, finalmente, de los Estudios filosóficos de su Comédie humaine (La Comedia humana).

Ilustración: Internet Archive.

Honoré de Balzac – La Recherche de l'absolu, ilustración de Adrien Moreau, Xavier Le Sueur y Charles-Théodore Deblois (1899).

Honoré de Balzac – La Recherche de l’absolu, ilustración de Adrien Moreau, Xavier Le Sueur y Charles-Théodore Deblois (1899).

«Este amasijo de matraces, retortas, metales, cristalizaciones con colores fantásticos, muestras colgadas de la pared, o echadas encima de los hornos, estaba dominado por la figura de Balthazar Claës que, sin chaqueta, los brazos desnudos como los de un obrero, enseñaba un pecho cubierto de pelo blanco como su pelo. Sus ojos, de una fijeza horrible, no dejaban de vigilar una máquina neumática. El recipiente de esta máquina estaba coronado por una lente formada por cristales dobles y convexos cuyo interior estaba rellenado de alcohol y que reunían los rayos del sol que en ese momento entraban por uno de los compartimentos de la cristalera del desván. El recipiente, del cual la bandeja estaba aislada, se comunicaba con los hilos de una inmensa pila de Volta. Lemulquinier, ocupado de mover la bandeja de esta máquina que se articulaba en un eje móvil con el fin de mantener siempre la lente en una dirección perpendicular a los rayos del sol, se levantó, la cara negra de polvo, y dijo: «¡Ah! ¡Señorita, no se acerque!»»

Ilustración : Internet Archive.

Honoré de Balzac - Une rue de Paris et son habitant, ilustración de François Courboin (1899)

Honoré de Balzac – Une rue de Paris et son habitant, ilustración de François Courboin (1899)

También imaginado por Balzac, el profesor Marmus, «ancianito regordete, provisto de un abdomen flotante y prominente y que le compromete a muchos sacrificios, ya que le obliga a llevar pantalones excesivamente anchos, para no ser molestado en sus movimientos» es un científico despistado y preocupado exclusivamente de aplastar las tesis de un rival. Este simpático ancianito es el protagonista de unas páginas que se publicaron como nouvelle bajo el título Une rue de Paris et son habitant (Una calle de París y su habitante, audiolibro en francés, 1848) pero que en realidad era el inicio de una novela que el autor empezó varias veces y nunca acabó.

Ilustración: Project Gutenberg.

Armand Silvestre – Le Lunium (1888)

Armand Silvestre – Le Lunium (1888)

Le Lunium (El Lunio, audiolibro en francés, 1888) es un metal «infinitamente más valioso que el oro y la plata, más duro, más incorruptible, más bonito para las monedas y la joyería» que ha descubierto el eminente investigador ruso Yvan Peterson y que, aunque poco frecuente en la Tierra, abunda en la Luna y en otros planetas ; de ahí su nombre… El profesor Peterson convoca una asamblea de potenciales inversores para presentarles su trabajo. Pero el profesor Peterson tiene una esposa, más bien guapa, y bastante infiel… Y lo que van a poder observar los asistentes de la asamblea no será precisamente la Luna… Este cuento lleno de humor sobre un científico despistado víctima de una esposa poco honrada forma parte del volumen Fabliaux gaillards (Fábulas verdes, 1888) del novelista, poeta, cuentista, libretista y crítico de arte francés Armand Silvestre (1837-1901).

Ilustración: Gallica.

Christophe – L'Idée fixe du savant Cosinus (1893)

Christophe – L’Idée fixe du savant Cosinus (1893)

El profesor Cosinus es el protagonista de un cómic de 1893, L’Idée fixe du savant Cosinus (La Idea fija del profesor Cosinus), de uno de los precursores del género: Georges Colomb, más conocido bajo su pseudónimo de Christophe (1856-1945). Los lectores interesados por la obra de este dibujante cuyas obras entrarán en el Dominio Público el 1 de enero de 2016, podrán hojear nuestra entrega de Tesoros Digitales titulada De Trajano a Krazy Kat : 1800 años de precursores del cómic. Inspirado en varios matemáticos y físicos del siglo XIX, el profesor Cosinus es un personaje excesivamente despistado que tiene una obsesión : dar la vuelta al mundo para «civilizar a los negros». Para desplazarse inventa medios de transporte todos más extravagantes unos que otros y llegará a duras penas… ¡a las puertas de París!

Ilustración: Blog de Pierre Aulas.

Christophe – L’Idée fixe du savant Cosinus (1893)

Ilustración: Blog de Pierre Aulas.

Karel Matej Čapek-Chod

Karel Matej Čapek-Chod

Karel Matej Čapek-Chod (1860-1927) fue un periodista y escritor, representante del movimiento naturalista checo. Su relato La Promoción del Sr. Chalvey (texto y audiolibro en francés, 1913) pone en escena a un viejo profesor que ha consumido su vida inclinado sobre sus microscopios y no ha tenido ninguna vida cultural, y menos aún vida sensual. Es cuando le ascienden a profesor de la Universidad de Praga que por fin abre los ojos y decide recuperar el tiempo perdido. Pero es demasiado tarde…

Ilustración: Wikipedia.






Guías espirituales

Carl Spitzweg – En el jardín, El Filósofo (1850-1855)

Carl Spitzweg – En el jardín, El Filósofo (1850-1855)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Ciencia de los principios y las causas, la filosofía, cuando se lleva al extremo, ya no es sabiduría sino más bien locura devastadora de la que los propios filósofos suelen ser las primeras víctimas…

Aristófanes – Las Nubes, ilustración extraída de «Emblemata et aliquot nummis antiqui operis, cum emendatione et auctario copioso ipsius autoris» de Joannes Sambucus (1564)

Aristófanes – Las Nubes, ilustración extraída de «Emblemata et aliquot nummis antiqui operis, cum emendatione et auctario copioso ipsius autoris» de Joannes Sambucus (1564)

Icono filosófico por excelencia, Sócrates, que no ha dejado ningún escrito y sobre el que poco se sabe, ha gozado desde su muerte de una celebridad que ha traspasado los límites del ámbito puramente filosófico. Su figura, rodeada de leyendas, es el eje conductor de obras artísticas de diversa índole : obras de teatro o de poesía, óperas, pintura, escultura… La primera referencia literaria de Sócrates, así como la de un científico loco, se encuentra en la famosa comedia de Aristófanes (444-385 a.C.) titulada Νεφέλαι (Las Nubes, S. V a.C.). En esta obra, el conservador, y ferviente defensor de los valores religiosos, Aristófanes, ofrece una visión muy dura del filósofo al que presenta como un demagogo que se dedica a inculcar todo tipo de insensateces en las mentes de los jóvenes. Las Nubes se articula alrededor de las aventuras de dos personajes: Estrepsiades, un viejo campesino, y Fidipides, su hijo, joven insensato aficionado a los caballos y que acumula deudas (que debe pagar su padre)… El anciano decide mandar a su hijo a formarse en el Pensadero, la escuela en la que Sócrates y su amigo Querefonte enseñan las diversas disciplinas sofísticas, y especialmente el argumento justo y el argumento injusto, para que aprenda a hablar y a razonar y, de esta manera, quitarse de encima a los acreedores. Pero Fidipides se niega, convencido de que Sócrates y sus amigos son un grupo de locos. Estrepsiades decide asistir a la enseñanzas de Sócrates. Al llegar a Pensadero, Estrepsiades descubre al filósofo colgado en un cesto y observando el cielo. Le explica al campesino que no cree en los dioses sino en las Nubes, ya que son ellas las que hacen caer la lluvia y producen el trueno… Afirmación descabellada donde las haya…

Ilustración: Wikimedia Commons.

« Estrepsiades.- Ante todo, te ruego que me digas qué es lo que haces ahí.
Sócrates.- Camino por los aires y contemplo el Sol.
Estrepsiades.- Por tanto, ¿miras a los dioses desde tu cesto y no desde la tierra? Si no es que…
Sócrates.- Nunca podría investigar con acierto las cosas celestes si no suspendiese mi alma y mezclase mis pensamientos con el aire que se les parece. Si permaneciera en el suelo, para contemplar las regiones superiores, no podría descubrir nada porque la tierra atrae a sí los jugos del pensamiento: lo mismo exactamente que sucede con los berros.
Estrepsiades.- ¿Qué dices? ¿El pensamiento atrae la humedad de los berros? Pero, querido Sócrates, baja, para que me enseñes las cosas que he venido a aprender. »

Miguel de Cervantes – El Licenciado Vidriera (1866)

Miguel de Cervantes – El Licenciado Vidriera (1866)

El poder de atracción de charlatanes excéntricos sobre las multitudes constituye la trama de El Licenciado Vidriera, (audiolibro en español) una de las Novelas ejemplares (1613) de Miguel de Cervantes. Después de lograr una posición honrada como licenciado en leyes, Tomás, el protagonista, es víctima de los efectos de una pócima de amor que altera su razón : cree tener el cuerpo de vidrio y ser sumamente frágil. Sin embargo esta obsesión monomaniática contrasta con la sabiduría de sus juicios y se convierte pronto en un famoso oráculo al que acude todo el mundo. A través de la mirada del Licenciado Vidriera, como agudizada por esta lupa que constituye su supuesto cuerpo de vidrio, Cervantes aprovecha para fustigar la clase media española de su tiempo: todos, sean maestros o banqueros, sastres o pasteleros, acaban traicionando su oficio en busca de fama o de lucro. La alienación quizás no sea únicamente cosa del Licenciado… Al final, cuando Tomás recobra la razón sin perder una pizca de su sabiduría, su público, que acudía a él atraído sobre todo por las manifestaciones de su locura, acaba desinteresándose de sus enseñanzas. Disgustado por el hecho de ser famoso, sin clientes, Tomás se alista en el ejército y muere en una batalla… desconocida.

Ilustración: Internet Archive.

Miguel de Cervantes – El Licenciado Vidriera (1866)

Miguel de Cervantes – El Licenciado Vidriera (1866)

«Arrimóse un día con grandísimo tiento, porque no se quebrase, a la tienda de un librero, y díjole:
-Este oficio me contentara mucho si no fuera por una falta que tiene.
Preguntóle el librero se la dijese. Respondióle:
-Los melindres que hacen cuando compran un privilegio de un libro, y de la burla que hacen a su autor si acaso le imprime a su costa; pues, en lugar de mil y quinientos, imprimen tres mil libros, y, cuando el autor piensa que se venden los suyos, se despachan los ajenos.»

Ilustración: Internet Archive.

Erckmann-Chatrian – L'Illustre Docteur Mathéus, illustration de Théophile Schuler (18?).

Erckmann-Chatrian – L’Illustre Docteur Mathéus, illustration de Théophile Schuler (18?).

Mientras los anglófonos temblaban con los cuentos de Edgar Allan Poe y Ernst Theodor Amadeus Hoffmann provocaba escalofríos al otro lado del Rín, en Francia se publicaban pocas historias fantásticas. Por lo tanto, después de ser rechazado por varios periódicos, el relato L’Illustre Docteur Mathéus (El Ilustre Doctor Mathéus) de Erckmann-Chatrian trajo una ola refrescante en el mundo literario francés. Esta mezcla de Poe y Hoffmann, con ingredientes y telón de fondo franceses, conquistó al gran público y crítica, y lanzó a sus autores a la fama. En efecto, Erckmann-Chatrian es el pseudónimo de un dúo de escritores, Émile Erckmann (1822-1899) y Alexandre Chatrian (1826-1890), ambos nativos de Lorena, que conocieron mucho éxito en Francia en las décadas 1860-1870. Autores de cuentos y relatos fantásticos, y de novelas de inspiración regionalista y nacionalista, su fama llegó a su auge después de la guerra franco-prusiana de 1870, cuando Lorena pasó a ser ocupada por los prusianos y las obras del dúo plasmaron el deseo francés de revancha. El Doctor Mathéus es un buen médico de pueblo, que lleva una vida tranquila y regular cuidando tanto de sus enfermos como de su huerto. Podría haber llevado esta existencia llena de serenidad sin su pasión por la metafísica, y en particular por la palingenesia, o sea la ciencia filosófica que trata del renacimiento de los cuerpos después de la muerte. Autor de un tratado en dieciséis volúmenes sobre esta ciencia, el héroe de este relato siente un buen día la necesidad de ir por el mundo para predicar esta doctrina, fuente, según él, de felicidad para la humanidad… Si bien no logra hacer muchos discípulos, el buen doctor vivirá una multitud de aventuras más picarescas unas que otras, entre las cuales no dejará de realizar algún milagro…

Ilustración: Internet Archive.

El científico loco es una figura que el dúo loreno volverá a explorar en numerosas obras. Podemos nombrar Don Spiridion Doloso, el alquimista de Science et génie (Ciencia y genio, 1849), empeñado en robarle a Micaël, artista fracasado, el secreto de la representación de la vida; el boticario Hans Schnaps de La Lunette de Hans Schnaps (El Catalejo de Hans Schnaps, 1850), inventor de un catalejo único que permite cambiar de punto de vista y ser feliz, o el metafísico Wolfgang Scharf en Les Trois Âmes (Las Tres Almas, audiolibro en francés, 1859), obsesionado por descubrir el principio del alma…

Guy de Maupassant

Guy de Maupassant

Publicada en 1921, después de la muerte de su autor, la novela corta Le Docteur Héraclius Gloss (audiolibro en francés) fue escrita entre 1875 y 1877, por un joven Guy de Maupassant (1850-1893) de veinticinco años. Más conocido por sus cuentos llenos de realismo y de pesimismo sobre la condición humana, Maupassant nos sorprende aquí con la divertida y grotesca aventura de Héraclius Gloss, ingenuo, presuntuoso, buena persona y bibliófilo, y de toda una galería de personajes secundarios más pintorescos unos que otros, desde la criada y amante hasta el perro Pitágoras y un mono, ¡pasando por un lingüista! Después del hallazgo de un manuscrito de metempsicosis y convencido de que cada animal es la reencarnación pasajera de un hombre que cumple de esta manera el castigo por los pecados cometidos durante su vida humana, el buen doctor se pone en busca de la verdad absoluta, trastornando su vida y sus pequeños rituales cotidianos así como su equilibrio mental: acoge en su casa a un ejército de bichos de todos tipos, prohíbe matar insectos en su huerto, se lamenta al ver su gato matar ratones, y por supuesto renuncia a comer carne…

Ilustración: Gallica.

Evocamos en nuestra entrega de Tesoros Digitales dedicada a la evocación del mundo antiguo en la literatura occidental el volumen Vies imaginaires (Vidas imaginarias, audiolibro en francés, 1896), en el que Marcel Schwob (1867-1905), entremezclando hechos oficiales y anécdotas imaginadas, recreaba las biografías de diversos personajes, ilustres u olvidados, de la historia. Dos de ellos tienen su lugar en este nuevo trabajo sobre científicos locos. El primero de los dos, Cratès, cynique (Crates, cínico, audiolibro en francés), fue un filósofo cínico de la Antigüedad. Discípulo de Diógenes, este heredero de una gran fortuna que renunció a sus bienes, distribuyéndolos entre los habitantes de Tebas, para vivir en la miseria más absoluta en las calles de Atenas y dedicarse, junto con su mujer y sus discípulos, a aliviar los sufrimientos de los pobres. (El cinismo, recordémoslo, fue una escuela filosófica griega, que predicaba la humildad como movimiento de oposición a las clases dominantes.) Fiel a su fascinación por lo mórbido, Marcel Schwob no nos ahorra en esta breve biografía de Crates de Tebas ningún detalle de la degradación física del filósofo por culpa de su extrema miseria…

Marcel Schwob – Cratès, cynique, ilustración de Georges Barbier (1929)

Ilustración : Books-Graphics.

«La vida no fue generosa con él. A fuerza de exponer sus ojos al polvo acre del Ática, contrajo legañas. Una enfermedad desconocida de la piel lo cubrió de tumores. Se rascó con sus uñas, que no cortaba nunca, y observó que sacaba un doble provecho, puesto que al mismo tiempo que las usaba sentía alivio. Sus largos cabellos llegaron a parecerse a un fieltro tupido, y se las arregló de modo que lo protegieran de la lluvia y el sol.»

Hanns Heinz Ewers

Hanns Heinz Ewers

Escritor, director de cine, trotamundos alemán, Hanns Heinz Ewers (1871-1943) fue un personaje incómodo para la élite política e intelectual de la época. Arrestado e internado en un campo de internamiento en Estados Unidos en 1918 por hacer propaganda activa a favor de Alemania durante la Primera Guerra Mundial, simpatizante del nacionalsocialismo de los primeros tiempos, fue el objeto de represalias por parte de los mismos nazis a causa de su homosexualidad y de su falta de convicción en el antisemitismo. En 1934 sus obras fueron prohibidas en Alemania y sus propiedades confiscadas, pero logró que sus amistades de partido cancelaran la prohibición. Murió de tuberculosis en 1943. Escritor de éxito entre las dos guerras, su colaboración con el nazismo perjudicó su posteridad póstuma. Bertold Brecht le calificó de «pornógrafo de moda» y Heinrich Mann escribió que sus relatos eran «falsamente demoniacos e intencionalmente morbosos». Enmarcada en el género fantástico y de terror, su obra se compone de relatos y novelas macabros y eróticos. (Se puede leer unas traducciones de algunos relatos de Ewers en esta página.) Der Zauberlehrling (El Aprendiz de brujo, 1910), su primera novela, introduce el que va a ser su personaje fetiche, Frank Baum, de alguna manera su alter ego, como él escritor, historiador, filósofo y viajero. En El Aprendiz de Brujo, Frank Baum decide instalarse en un rincón perdido de los Alpes italianos para escribir un ensayo sobre el origen del Hombre y de las razas. En este lugar aislado de todo, El Americano, un autóctono emigrado a Estados Unidos que ha vuelto a su pueblo, reina como profeta sobre los adeptos de la secta que ha inventado. Baum, convencido de su propia superioridad intelectual, pretende demostrarla a todos poniendo a prueba al falso sacerdote… Incómodo panfleto sobre la religión y los milagros, el poder de la inteligencia sobre la inocencia, Der Zauberlehrling es también una profunda reflexión sobre el lugar que ocupa en el mundo un ateo muy culto, racionalista al extremo, y sus posibilidades de alcanzar la felicidad. Franz Baum volverá a protagonizar otras dos novelas: Alraune (1911), sobre la que volveremos más adelante, y Vampir. Ein verwilderter Roman in Fetzen und Farben (Vampiro. Novela a todo color y jirones, 1920). También de tono existencial y filosófico, Vampir nos representa a un Baum desencantado, que ni las drogas, ni la lujuria, le permiten alcanzar un parecido de felicidad. Pero lo que busca realmente no es ni la felicidad ni la paz, es la vida… y la vida es sangre… Una figura moderna de vampiro decadente, muy distinta de la de los habituales chupadores de sangre…

Ilustración: Signor Formica, magazine de entreguerras.

Alfred Jarry en 1898

Alfred Jarry en 1898

Al revés de las obras previamente reseñadas, en las que la ciencia inspira la ficción, con Gestes et opinions du docteur Faustroll, pataphysicien (Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, 1898, pero publicada por primera vez en 1911), novela póstuma de Alfred Jarry (1873-1907), entramos en una dimensión diametralmente opuesta, ya que de esta novela nació una «ciencia» nueva, que todavía hoy en día cuenta con sus adeptos y sus colegios por todo el mundo: la patafísica. Inspirador de los surrealistas y precursor del teatro contemporáneo, Alfred Jarry, también autor de la serie de obras articulada alrededor del personaje de Ubu Rey, supo poner en escena, a través de un efecto cómico mordaz, los rasgos más grotescos de la personalidad humana, al mismo tiempo que procuró llevar una vida acorde a los principios enunciados por su protagonista, el Doctor Faustroll: sacrificó respetabilidad y comodidad para vivir en una cabaña, en compañía de sus tres amigos, su bicicleta, la absenta y una pistola. Científico, erudito, nacido con 63 años, edad que mantendrá a lo largo de su vida, el Doctor Faustroll, desahuciado, inicia un viaje «desde París hasta París, por el mar» que lo llevará a la muerte. Proyectado en la «ethernidad», comunica mediante cartas telepáticas con el físico británico Lord Kelvin (que existió de verdad) y le dicta numerosas reglas sobre el espacio, el tiempo, el sol… La patafísica, ciencia paródica defendida por el Doctor Faustroll, es, etimológicamente, «aquello que se encuentra «alrededor» de lo que está «después» de la física» y consiste en el estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones… Entienda quien pueda… Estos conceptos tan extraños fueron el punto de partida de un grupo de intelectuales de finales de los años 1940, quienes, para burlarse de los colegios y academias literarios y artísticos, crearon en 1948 el Colegio de Patafísica, «sociedad de investigaciones sabias e inútiles». Entre estos artistas figuran nombres famosos como los de Raymond Queneau, Boris Vian, Eugène Ionesco, Jean Genet o Jacques Prévert… y este colegio fue el punto de partida de un famoso movimiento literario del S. XX : el OuLiPo

Ilustración : Les Amis d’Alfred Jarry.

«Dios es por definición inextendido, pero se nos permite, para la claridad de nuestro enunciado, suponerle un número cualquiera, más alto que cero, con dimensiones, aunque no tenga ninguna, a condición de que estas dimensiones desaparezcan en los dos miembros de nuestras identidades. Nos satisfaremos con dos dimensiones, de manera que se pueda representar fácilmente en una hoja de papel, las figuras de geometría plana. Simbólicamente, se representa a Dios como un triangulo, pero las tres personas no deben ser consideradas como las puntas ni como las aristas. Son las tres alturas de otro triangulo equilátero circunscrito al tradicional.»

Raymond Roussel

Raymond Roussel

Creador de una obra extraña y perturbadora, Raymond Roussel (1877-1933) no logró en vida el éxito que tanto anhelaba. Sus obras, despreciadas e incomprendidas por sus contemporáneos, no fueron reconocidas hasta muchos años después de su publicación, cuando las redescubrieron los surrealistas; André Breton, Jean Cocteau o Paul Éluard, entre otros, fueron fervientes defensores de los herméticos textos de Roussel. Su escritura innovadora, imaginaria, se basa en un dominio del lenguaje que le permite al autor jugar con las palabras: homónimos, parónimos, recursividad, rimas, e incluso el lenguaje de las aves, son recursos frecuentemente usados en sus obras. Martial Canterel, científico e inventor, es el protagonista central de la novela Locus Solus (1914). Este título enigmático que significa, en latín, «Lugar único», «Lugar solitario», hace referencia a la casa y el parque en el que el científico ha invitado a un grupo de personas a visitar sus creaciones. Este sorprendente parque de atracciones ofrece un recorrido por construcciones extravagantes, que combinan mecanismos y automatismos, energía solar y materias primas… humanas (desde un mosaico compuesto por dientes de diferentes colores hasta unas vitrinas que contienen muertos conservados en un producto llamado la resurrectina…!). Si las descripciones de los inventos de Canterel pueden resultar perturbadoras, y si nos puede parecer que la novela no tiene más trama que una sucesión de descripciones cada vez más locas, nos sirve no obstante para recordar que Roussel, además de precursor de los surrealistas, fue el inventor de diversos aparatos de uso común hoy en día: la autocaravana, una máquina de leer, la utilización del vacío (que llegó a patentar) e incluso desarrolló la formulación de un método de jaque mate en el ajedrez…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Aventureros y viajeros

Carl Spitzweg – El Naturalista en el Trópico (ca. 1835)

Carl Spitzweg – El Naturalista en el Trópico (ca. 1835)

Ilustración : Zeno.

Viajes de estudio, expediciones a lugares remotos de la Tierra… o del sistema solar, las ocasiones no faltan a los científicos de novelas para, además de entregarse a sus investigaciones, dar a conocer los aspectos más desagradables de sus personalidades…

Jules Verne – Cinq Semaines en ballon, ilustración de Édouard Riou (1867)

Jules Verne – Cinq Semaines en ballon, ilustración de Édouard Riou (1867)

Los personajes locos y las situaciones extrañas no faltan en los relatos llenos de humor del periodista, novelista, poeta, dramaturgo y libretista Joseph Méry (1797-1866). La Pêche au lion (La Pesca del león, audiolibro en francés, 1834), fantasía aérea alocada, ofrece todas estas características. Un buen inglés aficionado a los jeroglíficos y su esposa, acompañados de un eminente pero poco decoroso egiptólogo italiano, embarcan a bordo de la estrecha cesta de un globo aerostático atada a un dromedario para cruzar el desierto de Egipto. Como cualquiera sabe, ése es el mejor modo de viajar por las dunas de arena sin tener que sufrir las incomodidades de una travesía terrestre. Pero, entre la presencia de un león hambriento que se comerá al dromedario y acabará arrastrando a la cesta, y la conducta del impresentable descifrador de jeroglíficos que se empeña en enamorarse y apropiarse de la esposa del digno británico, este crucero aéreo por el desierto no va a ser demasiado descansado… Observemos de paso que el ingenioso medio de locomoción ideado por Méry es injustamente ridiculizado por los protagonistas de Cinq Semaines en ballon (Cinco Semanas en globo, 1863) de Jules Verne, que preferirán ser arrastrados por… ¡un elefante!

Ilustración: Internet Archive.

Rodolphe Töpffer - Voyages et aventures du Docteur Festus (1840)

Rodolphe Töpffer – Voyages et aventures du Docteur Festus (1840)

Docteur Festus es, junto con Monsieur Cryptogame, Monsieur Jabot, Monsieur Crépin o Monsieur Vieux Bois, uno de los personajes emblemáticos creados por el suizo Rodolphe Töpffer (1799-1846), al que se le considera padre de la historieta moderna (ver nuestros Tesoros Digitales sobre precursores del cómic). Humanista, letrado, conocedor de 21 idiomas, el Docteur Festus decide emprender un gran viaje para perfeccionar su formación descubriendo las cosas que sólo conoce por leerlas en los libros. Subido a su mula, vivirá (¡y provocará!) una sucesión de aventuras rocambolescas, científicas, absurdas y alocadas que le sirven de pretexto a su autor para ofrecer su visión satírica de la sociedad, la política, el ejército o el mundo científico de su tiempo. La historia editorial del Docteur Festus fue casi tan accidentada como las aventuras del simpático erudito. En 1829, Töpffer dibuja una primera versión que circula entre sus conocidos. Después de recibir comentarios alentadores de Goethe, Töpffer decide reescribir su historia en forma de novela. Pero las reacciones asustadas de sus amigos al leer su sátira le llevan a abandonar completamente el proyecto. Habrá que esperar hasta 1840 para que se animara a volverlo a sacar de sus cajones, debido al éxito que estaba encontrando en Francia por otras obras. Decide entonces proponer una doble publicación de las aventuras del Doctor Festus : una versión dibujada, titulada Le Docteur Festus (El Doctor Festus) y una versión novelada, Voyages et aventures du Docteur Festus (Viajes y aventuras del Doctor Festus).

Ilustración: Gallica.

Rodolphe Töpffer – Le Docteur Festus (1840)

Ilustración: Gallica.

Arnould Galopin – Le Docteur Oméga, ilustración de E. Bouard (1906)

Arnould Galopin – Le Docteur Oméga, ilustración de E. Bouard (1906)

Autor prolífico, ganador del gran premio de la Academia francesa en 1918 por un conjunto de relatos sobre la marina mercante durante la Gran Guerra (ver Tesoros Digitales dedicados a la narrativa de la Primera Guerra Mundial), Arnould Galopin (1863-1934) es sobre todo recordado como autor de novelas, juveniles o no, de aventuras y ciencia-ficción. En este marco se inscribe Le Docteur Oméga (El Doctor Omega, audiolibro en francés, 1906), novela de aventuras extraordinarias ambientada en Marte. El narrador de esta novela, uno de los primeros ejemplos de aventuras marcianas de la literatura francesa, simpático violinista que acaba de adquirir una casa en el campo, ve su tranquila existencia trastornada al conocer a su vecino, siniestro científico, tan sabio como loco, para el que sólo cuenta su ciencia, con el que inicia una amistad. El Docteur Oméga le cuenta que ha inventado un material revolucionario, que llama la repulsita, que tiene unas propiedades inversas de la atracción terrestre. Untando un vehículo espacial con este material, se podría fácilmente alejarse de la Tierra y viajar por las estrellas… Así es como el violinista cartesiano y el Docteur Oméga, acompañados de Fred, el servidor, coloso tosco pero lleno de sentido común popular que aportará el toque de humor necesario a tantas desventuras, embarcan a bordo del Cosmos, vehículo interplanetario que también puede servir de obús, submarino o automóvil, rumbo a Marte. Más novela de aventuras que novela de ciencia-ficción, Le Docteur Oméga es la narración llena de peripecias, sustos y catástrofes, de este viaje por el planeta rojo, y de los descubrimientos hechos por el extraño trío de astronautas. En 1908, Arnould Galopin retomará la trama de esta novela para una nueva saga de aventuras titulada Les Chercheurs d’inconnu, aventures fantastiques d’un jeune Parisien (Los Buscadores de lo desconocido, aventuras fantásticas de un joven parisino), en la que rebautiza a su científico con el nombre de Cosinus, y cambia el personaje del violinista por el de Fanfan, joven parisino, más apropiado para un público juvenil…

Ilustración: Gallica.

Arnould Galopin – Le Docteur Oméga, ilustración de E. Bouard (1906)

Arnould Galopin – Le Docteur Oméga, ilustración de E. Bouard (1906)

«Efectivamente, un monstruo horrible… una especie de hombre fabuloso nos miraba fijamente con sus ojos redondos sin párpados… enormes y brillantes. Se había agarrado a los tornillos del proyectil y resistía victoriosamente al remolino provocado por la estela de nuestro vehículo. Se arrastró hasta la parte delantera del obús ayudándose de sus manos y sus pies, palmeados como los de un cormorán. Pudimos observar aquel extraño visitante. Era un hombre… pero un hombre horrendo, de un aspecto repelente, cien veces más feo que aquellos demonios extraños esculpidos en las fachadas de nuestras viejas catedrales… Su cara, de un azul oscuro casi morado, recordaba vagamente la de un babuino hamadryas… su frente era lisa y huidiza, su nariz ancha y plana. En lugar de orejas, tenía dos huecos sanguinolentos parecidos a las agallas de un pez… Su ancha y hendida boca estaba armada de una cuádruple fila de colmillos puntiagudos que se apretaban o se alejaban según el monstruo abría o cerraba la mandíbula. Sin embargo, el color de aquel extraño vertebrado no era uniforme y el color de su cuerpo contrastaba ligeramente con el de su cabeza. Su pelo y su vientre estaban recubiertos de escamas verdes… En cuanto a sus manos y sus pies, era de un rojo vivo que se volvía más oscuro en las extremidades…»

Ilustración: Gallica.

The Lost World, cartel de la película de 1925

The Lost World, cartel de la película de 1925

Creado por Arthur Conan Doyle, pero menos conocido que su «hermano» Sherlock Holmes, el Profesor George Edward Challenger es sin duda el arquetipo del científico aventurero megalomaníaco. En las antípodas de Sherlock, dominante, prepotente, arrogante, dispuesto a ofender a cualquiera para demostrar la superioridad de sus ideas, sin conciencia social ni inhibición, este simpático personaje es no obstante capaz de lealtad, y su amor por su esposa no deja de ser enternecedor. The Lost World (El Mundo perdido, audiolibro en inglés, 1912), escenario de su primera aventura, es un valle aislado de América del Sur en el que el sabio investigador afirma haber encontrado dinosaurios vivos. Acompañado por un joven periodista, por otro profesor y por un cazador reputado, organiza una expedición a este valle con el fin de demostrarle a la comunidad científica la veracidad de sus aseveraciones… Inspirándose en el interés despertado por los descubrimientos de los primeros esqueletos de dinosaurios, Conan Doyle creó una novela de aventuras trepidante en la que su malhumorado protagonista puede dar libre curso a su carácter tormentoso. La figura del profesor Challenger se basó en un profesor de fisiología llamado William Rutherford, que fue profesor de Doyle cuando estudiaba medicina y fue retomada en otras dos novelas (The Poison Belt (La Cintura envenenada, audiolibro en inglés, 1913), en la que una nube envenenada sobrevuela la Tierra, The Land of mist (El País de las brumas, 1926), una historia de espiritismo), y dos relatos (When the world screamed (Cuando gritó la Tierra, 1928), en la que Challenger se empeñará en demostrar que la Tierra es un ser vivo, más concretamente una variedad de erizo de mar, y The Disintegration Machine (La Máquina de desintegrar, 1929), peligroso invento de un rival de Challenger…). The Lost World fue adaptada un sinfín de veces para el cine y la televisión, siendo la primera de ellas una película muda estrenada en 1925 y que no podemos perdernos por ser una de las primeras películas con efectos especiales destinados a darles vida a monstruos prehistóricos.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Arthur Conan Doyle – The Lost World (1912)

Arthur Conan Doyle – The Lost World (1912)

«Desde que se había reunido con nosotros, Challenger había dado instrucciones a toda la tropa y provocado el descontento de Summerlee; cuando, esta vez, pretendió obligar a su colega a que llevara encima un barómetro, Summerlee se enfadó.
– ¿Puedo preguntarle, señor, dijo aguantándose con dificultad, cuál es el título que le da derecho de dar estas órdenes?
Challenger, erizándose, lo miró con altanería.
– Profesor Summerlee, le contestó, las doy en mi título de jefe de la expedición
– Me veo obligado a decir, señor, que ese es un título discutible.
– ¿De verdad?
Y Challenger saludó con una ironía bochornosa.
– Quizás le agradaría definir mi situación.
– Su situación, señor, es la de un hombre cuya palabra estamos aquí para averiguar. Constituimos un comité de control para usted. Está usted caminando con sus jueces, señor.
– Por lo tanto, dijo Challenger, sentándose en el borde de un bote, le parecerá, eso espero, natural que les deje continuar su viaje, y que les siga a mi antojo. Si no voy a ser su jefe, no esperen que les lleve yo. »

Ilustración: Internet Archive.

Amos del mundo

Carl Spitzweg – El Alquimista (ca. 1860)

Carl Spitzweg – El Alquimista (ca. 1860)

 

Ilustración: Wikimedia Commons.

Alquimia, cibernética, guerra biológica… cuando se trata de fomentar revoluciones, conquistar el país vecino o el mundo, o entregarse a la más despiadada venganza, están permitidos todos los golpes y, tanto en la literatura como en la vida real, la ciencia es una herramienta poderosa para conseguir tales objetivos…

Alexandre Dumas – Joseph Balsamo, cartel publicitario de 1889

Alexandre Dumas – Joseph Balsamo, cartel publicitario de 1889

Mémoires d’un médecin (Memorias de un médico, audiolibro en francés, 1846-1852) es una monumental saga en la que, a lo largo de cuatro tomos, Alexandre Dumas (1802-1870) recrea un cuarto de siglo de la Historia de Francia, desde el final del reino de Luis XV, en 1770, hasta la Revolución francesa y el Terror, en 1794, entremezclando los destinos de personajes históricos y los de sus héroes de ficción. El primer tomo de la serie, publicado por entregas entre 1846 y 1849, fue escrito a cuatro manos por Dumas y Auguste Maquet (1813-1888) y se titula Joseph Balsamo (1846-1849), por el nombre de su protagonista central, transfiguración heroica de un personaje real, el Conde de Cagliostro (1743-1795), el famoso aventurero italiano. Carismático e inquietante, el Joseph Balsamo de Dumas pretende traer la felicidad a la humanidad derrumbando las monarquías del mundo para instaurar gobiernos basados en la soberanía popular. Brujo, magnetizador, dirige potentes sociedades secretas diseminadas cuyos miembros pertenecen a todas las capas sociales. Asistido por su maestro, el alquimista Althotas, anciano tan obsesionado por la búsqueda del elixir de juventud que llega incluso al crimen, Balsamo empieza su revolución secreta atacándo a los cimientos de la monarquía de Francia… Dos enigmáticos científicos, intrigas de corte, asesinatos, violaciones, eventos históricos, y peripecias trepidantes de todo tipo llenan esta novela, una de las más interesantes de la obra de Dumas, que será seguida por otros tres títulos no menos famosos y trepidantes, Le Collier de la Reine (El Collar de la Reina, 1849-1850), Ange Pitou (Tomo 1, Tomo 2, 1850-1851) y La Comtesse de Charny (La Condesa de Charny, 1852) en los que seguiremos las aventuras de diferentes personajes, siendo relegado Joseph Balsamo a un papel secundario oculto en la sombra, hasta los días revueltos del Terror…

Ilustración: Gallica.

Alexandre Dumas – Joseph Balsamo, ilustración de una edición americana de 1893

Alexandre Dumas – Joseph Balsamo, ilustración de una edición americana de 1893

«- Sí, ¡pero el elixir! El elixir no está elaborado aún; no recordarás eso, no estabas: era tu padre, tu padre, que era más fiel que tú; pero cuando cumplí mi última cincuentena, compuse el elixir con un mes de antelación. Me había retirado en el monte Ararat. Un judío me vendió, a cambio de su peso en plata, un niño cristiano que aún mamaba el pecho de su madre; lo sangré siguiendo el rito; cogí la últimas tres gotas de su sangre arterial, y en una hora, mi elixir, al que solo faltaba este ingrediente, fue compuesto; de esta manera mi regeneración de cincuentena se desarrolló maravillosamente bien; mi pelo y mis dientes cayeron durante las convulsiones que sucedieron la absorción de este bienaventurado elixir; pero volvieron a crecer, los dientes bastante mal, ya lo sé, porque descuidé de introducir el elixir en mi garganta mediante un conducto de oro. Pero mi pelo y mis uñas volvieron a crecer durante esta secunda juventud, y me puse a revivir como si tuviera quince años… Pero he vuelto a envejecer de nuevo, estoy llegando al vencimiento; si el elixir no está a punto, si no está encerrado dentro de esta botella, si no me encargo de esta obra con sumo cuidado, la ciencia de un siglo se verá aniquilada junto conmigo, y ¡este secreto admirable, sublime, que conozco, estará perdido para la humanidad, que por mí y a través de mí, alcanza la divinidad!»

Ilustración: Internet Archive.

Jules Verne – L'île mystérieuse, ilustración de Jules Férat (190?)

Jules Verne – L’île mystérieuse, ilustración de Jules Férat (190?)

Erudito, ingeniero genial, ávido de investigación científica, de justicia y de destrucción, el Capitán Nemo, protagonista central de las dos famosas novelas de Jules Verne, Vingt Mille Lieues sous les mers (Veinte Mil Leguas de viaje submarino, audiolibro en francés, audiolibro en español, 1869-1870) y L’Île mystérieuse (La Isla misteriosa, audiolibro en francés, 1875), es un personaje fascinante y ambiguo que ya forma parte del imaginario colectivo. Si sus adelantos y descubrimientos científicos despiertan la curiosidad de los invitados accidentales del Nautilus en Vingt Mille Lieues sous les mers, los ataques invisibles y letales que perpetra el submarino, a la vez herramienta científica y máquina de guerra, contra los barcos de una cierta «nación maldita», no deja de asustarles. La Isla misteriosa, escenario de la segunda entrega de las aventuras del enigmático Capitán y de su submarino, es una tierra desconocida en la que «naufraga» el globo con el que se escaparon de la ciudad de Richmond asediada por los sudistas un grupo de estadounidenses. Después de instalarse en la isla supuestamente desierta, los náufragos constatan unos fenómenos extraños y que una presencia invisible parece velar por su seguridad… Descubriremos que la isla es el refugio, y el terreno de nuevos experimentos científicos, de un Capitán Nemo retirado, ya mayor, que llegará a reconciliarse con la humanidad al observar la solidaridad y el compañerismo de los náufragos. Al sentir que le llegar la hora de su muerte, les desvela el secreto de su identidad… Dos novelas, como siempre con Verne, llenas de aventuras y peripecias, en las que, en contrapartida de la figura inquietante del famoso capitán del Nautilus, aparecen otros dos científicos, que por sus conocimientos aportan veracidad técnica a la trama y por su razón y su sentido común moderan la energía y el carácter impulsivo de sus compañeros de viaje: el profesor Aronnax en Veinte Mil Leguas de viaje submarino, experto en mineralogía, botánica y zoología, explica, con sus observaciones críticas y llenas de curiosidad, los hallazgos de Nemo; y Cyrus Smith, el ingeniero de La Isla misteriosa, capaz de hacer fuego sin cerillas ni piedras de sílex o de fabricar explosivos, es la cabeza pensante del grupo de náufragos.

Ilustración: Gallica.

Jules Verne – Vingt Mille Lieues sous les mers, ilustración de Alphonse de Neuville (1871)

Jules Verne – Vingt Mille Lieues sous les mers, ilustración de Alphonse de Neuville (1871)

«-Lo he dudado mucho. Nada me obligaba a concederles mi hospitalidad. Si debía separarme de ustedes, no tenía ningún interés en volver a verles. Me hubiera bastado situarles de nuevo en la plataforma de este navío que les sirvió de refugio, sumergirme y olvidar su existencia. ¿No era ése mi derecho?
-Tal vez sea ése el derecho de un salvaje -respondí-, pero no el de un hombre civilizado.
-Señor profesor -replicó vivamente el comandante-, yo no soy lo que usted llama un hombre civilizado. He roto por completo con toda la sociedad, por razones que yo sólo tengo el derecho de apreciar. No obedezco a sus reglas, y le conjuro a usted que no las invoque nunca ante mí.
Lo había dicho en un tono enérgico y cortante. Un destello de cólera y desdén se había encendido en los ojos del desconocido. Entreví en ese hombre un pasado formidable. No sólo se había puesto al margen de las leyes humanas, sino que se había hecho independiente, libre en la más rigurosa acepción de la palabra, fuera del alcance de la sociedad. ¿Quién osaría perseguirle hasta el fondo de los mares, puesto que en su superficie era capaz de sustraerse a todas las asechanzas que contra él se tendían? ¿Qué navío podía resistir al choque de su monitor submarino? ¿Qué coraza, por gruesa que fuese, podía soportar los golpes de su espolón? Nadie, entre los hombres, podía pedirle cuenta de sus actos. Dios, si es que creía en Él; su conciencia, si la tenía, eran los únicos jueces de los que podía depender.»

Ilustración: Gallica.

Eduardo Ladislao Holmberg

Eduardo Ladislao Holmberg

Médico y naturalista argentino, Eduardo Ladislao Holmberg (1852-1937) fue uno de los primeros científicos en catalogar la biodiversidad de su país, participando en diversas expediciones científicas antes de ser nombrado en 1888 director del Jardín Zoológico de Buenos Aires, actividad que compaginó con la docencia de la historia natural, la física y la química en la Escuela Normal de Profesores y en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Además de publicar varios textos sobre botánica, obras de referencia durante mucho tiempo en Argentina, por ser las primeras en clasificar la flora del país, Holmberg es el autor de diversas obras literarias: poesía, viajes, traducción (tradujo Los Papeles póstumos del club Pickwick, de Charles Dickens). Pero fue en el ámbito narrativo donde destacó sobre todo, ya que se le considera el padre de la ciencia-ficción argentina. Su novela El viaje maravilloso del señor Nic-Nac (1875), siguiendo el modelo de otros precursores de la ciencia-ficción (ver nuestros Tesoros Digitales dedicados a este tema), utiliza el viaje a Marte de su protagonista como pretexto para desarrollar una crítica social de su tiempo. El debate entre positivismo y espiritualismo, muy en boga por entonces, constituye la lema de Horacio Kalibang o los autómatas (1879), cuento ambientado en Alemania en la que Holmberg imagina a un fabricante de autómatas tan parecidos a sus modelos que estos últimos no son capaces de distinguirse de sus propias imitaciones. El objetivo de este personaje es distribuir sus muñecas por todo el mundo a fin de controlarlo… Un extraño objeto literario, entre cuento filosófico y cuento fantástico…

Ilustración: Academia Nacional de Ciencias de Argentina.

Arthur Conan Doyle – The Final Problem, ilustración de Sidney Paget (1893)

Arthur Conan Doyle – The Final Problem, ilustración de Sidney Paget (1893)

Aunque aparezca solamente en dos de las sesenta aventuras protagonizadas por Sherlock Holmes y en una obra de teatro adaptada por el actor William Gillette (Sherlock Holmes, texto en español, audiolibro en francés), el profesor Moriarty es recordado como uno de los super-villanos más villanos de la historia literaria. Esta popularidad inesperada se explica por las circunstancias de su nacimiento literario, ya que el personaje fue creado por Arthur Conan Doyle con el fin de matar a Sherlock Holmes. Cansado de escribir las aventuras del detective, que llevaba publicando desde más de diez años, Doyle publicó en 1891 The Final Problem (El Problema final, audiolibro en inglés), en el que Sherlock se enfrenta al profesor Moriarty, peligroso y cínico personaje que encabeza el crimen organizado londinense. Amenazados y perseguidos por el malvado científico, Sherlock y Watson empiezan un periplo por el continente, periplo que acabará en Suiza, en las cataratas del Reichenbach, en las que caen, enlazados, los dos enemigos, Sherlock y Moriarty. Todos conocemos lo que pasó después: los lectores de Conan Doyle, disgustados por la muerte de su héroe favorito, armaron tanto revuelo que el escritor se vio obligado, tres años después, a reanudar con la serie, resucitando a Sherlock Holmes y, más adelante,… a Moriarty que protagonizará, en 1914, The Valley of fear (El Valle del terror, audiolibro en inglés). Matemático genial, dotado de un cerebro de excepción, el profesor Moriarty podría haber tenido una carrera universitaria e investigadora magnífica si no hubiera sido animado por el espíritu del mal que le lleva a cometer exacciones de todo tipo y a reinar sobre el ejército de los malhechores de Londres, en la sombra, como una araña en el centro de su red… Definitivamente indisociable de la del genial detective, la figura del villano científico fue retomada por otros autores y en una infinidad de películas y adaptaciones televisivas basadas en las aventuras de Sherlock Holmes.

Ilustración: The Complete Sherlock Holmes.

Arthur Conan Doyle – The Final Problem, ilustración de Sidney Paget (1893)

Arthur Conan Doyle – The Final Problem, ilustración de Sidney Paget (1893)

«Todo eso es lo que el mundo sabe del profesor, pero ahora le voy a contar lo que yo mismo he descubierto. Usted sabe bien, Watson, que nadie conoce tan bien como yo el alto mundo de la criminalidad londinense. Por espacio de varios años he vivido con la constante sensación de que detrás de los malhechores existía algún poder, un poder de gran capacidad organizadora, que se cruza siempre en el camino de la justicia y que cubre con su escudo a los delincuentes. Una y otra vez, en casos de la más diversa variedad, falsificaciones, robos, asesinatos, he palpado la presencia de esa fuerza de la que le hablo, y he deducido la intervención de su mano en muchos de los crímenes que no llegaron a descubrirse y en los que no se me consultó personalmente. Me he esforzado durante años en rasgar el velo que envolvía ese poder. Hasta que llegó el momento en que pude agarrar mi hilo y lo seguí, y ese hilo me condujo, después de mil astutos rodeos, hasta el profesor Moriarty, el afamado matemático. Watson, ese hombre es el Napoleón del crimen. Es el organizador de la mitad de los delitos y de casi todo lo que no llega a descubrirse en esta gran ciudad. Ese hombre es un genio, un filósofo, un pensador abstracto. Posee un cerebro de primer orden. Permanece inmóvil en su sitio, igual que una araña tiende mil hilos radiales y él conoce perfectamente todos los estremecimientos de cada uno de ellos. Es muy poco lo que actúa personalmente. Se limita a proyectar. Pero sus agentes son numerosos y magníficamente organizados. En cuanto hay un crimen que cometer, un documento que sustraer, una casa que saquear, un hombre a quien quitar de en medio, se notifica al profesor lo que ocurre, se organiza el hecho y se lleva a cabo. Existe la posibilidad de que el agente sea apresado. En ese caso hay siempre dinero dispuesto para ofrecer como garantía de su libertad provisional o para su defensa. Pero el poder central que se sirve de ese agente no cae nunca en manos de la justicia, y ni siquiera llega a sospecharse su existencia. He aquí la organización de cuya realidad me aseguré mediante deducciones, Watson, y a cuyo descubrimiento público y destrucción he dedicado todas mis energías.»

Ilustración: The Complete Sherlock Holmes.

Albert Robida – La Vie électrique «El Sahara devuelto a la agricultura por el cambio climático»

Albert Robida – La Vie électrique, «El Sahara devuelto a la agricultura por el cambio climático»

París, años 1950. Inventor genial y riquísimo, Philox Lorris es el equivalente francés de Thomas Edison y ha dedicado su vida a la electricidad, además de ser el protagonista central de la novela La Vie électrique (La Vida eléctrica, audiolibro en francés) publicada por Albert Robida (1848-1926) en 1892. El problema de Lorris es que su hijo no quiere casarse con la mujer que le ha elegido y está enamorado de una joven que le desagrada. Más allá de las desventuras sentimentales, La Vie électrique es una novela de anticipación apasionante en la que Robida, polifacético artista que acumulaba talentos como dibujante, caricaturista, grabador, periodista y novelista, imagina un siglo XX esclavizado por la tecnología y la electricidad. Su capacidad de visionario no deja de deslumbrar, tanto sobre aspectos técnicos, pues llega a idear el telefonóscopio, antepasado de Skype, o la fonoclichoteca, especie de biblioteca digital de audiolibros de temáticas diversas…, como sobre aspectos sociales, imaginando la igualdad de género y un feminismo llevado a sus extremos (¡según el autor!) con la feminización de las palabras del diccionario… Si la electricidad es descrita como «la Gran Esclava» puesta al servicio de los hombres para mejorar su existencia, también tiene su contrapartida: la contaminación en unas ciudades sin árboles, invadidas por cables eléctricos, el infierno de las condiciones de trabajo en las fábricas, la desaparición de la cocina familiar, sustituida por una alimentación industrial llevada a casa por medio de canalizaciones, el cambio climático… y, sobre todo, unos hombres ignorantes y desamparados, incapaces de asimilar la complicada civilización en la que evolucionan, con los riesgos que eso supone para su intimidad y su salud, siempre puestas en peligro por la inteligencia artificial…

Ilustración: Internet Archive.

Raymond McDonald - The Mad Scientist: a tale of the future (1908)

Raymond McDonald – The Mad Scientist: a tale of the future (1908)

Raymond McDonald es el pseúdonimo colectivo bajo el cual el canadiense Raymond Alfred Léger (1884-1934) y el estadounidense Edward Richard McDonald (1873-?) publicaron su única novela The Mad Scientist: a tale of the future (El Científico loco: un cuento del futuro, 1908). Aunque, lo estamos leyendo dese el inicio de este trabajo, los científicos locos no faltaron en la literatura anterior a esta novela, hay que reconocerle al dúo Raymond McDonald la paternidad del término «científico loco» y la creación de este subgénero de la narrativa de ciencia-ficción. A través de una trama que no desvela claramente la postura política de sus autores, vemos cómo el científico loco que da título a la novela, de convicciones socialistas, se enfrenta al gobierno y a los dirigentes de las empresas de Estados Unidos. ¿Son las acciones del protagonista realmente una amenaza para la sociedad capitalista? Quizás el lector tenga que decidir por sí mismo… (Desgraciadamente, no hemos podido localizar ningún ejemplar accesible libre y gratuitamente en línea).

Ilustración: The Encyclopedia of Science Fiction.

Jules Perrin – Le Monde sur le monde, ilustración de Henri Lanos (1910)

Jules Perrin – Le Monde sur le monde, ilustración de Henri Lanos (1910)

Autor de novelas policíacas, fantásticas y de ciencia-ficción, Jules Laurent Perrin (1863-1943?) ha caído en un olvido inmerecido. Quizás la razón fue que la mayor parte de sus obras fueron publicadas por entregas en revistas de la primera década del siglo XX, sin llegar a ser nunca, salvo alguna escasa excepción, editadas en volumen. Estas obras son muy difíciles de encontrar hoy en día, lo cual contribuye a mantenerlas en la sombra a pesar de su originalidad indudable y del carácter visionario de sus ideas. Le Monde sur le monde (El Mundo sobre el mundo), publicada en 1910-1911 por la revista Nos loisirs (Nuestro ocio) es una novela futurista en la que un multimillonario, asistido de dos científicos poco escrupulosos, manda construir una ciudad de hierro de una altura vertiginosa, más alta que París, llena de innovaciones tecnológicas y de armas peligrosas (por ejemplo, un sistema que permite pulverizar a distancia gases asfixiantes, o, la joya de la corona de los inventos, un mecanismo para desencadenar tifones). Los conflictos entre la población del vecindario, amenazada por estas armas, y víctima de las consecuencias climáticas de esta obra (la falta de agua, la sombra proyectada por semejante construcción, la contaminación), y el megalómano millonario no tardarán en producirse y en convertirse en una guerra tremendamente mortífera… Menos futurista, pero no menos fantástica, L’Hallucination de Monsieur Forbe (La Alucinación del Señor Forbe, Parte 1, Parte 2, Parte 3, Parte 4) fue publicada en 1908 por la revista Je sais tout (Lo sé todo) y posteriormente en forma de volumen bajo el título La Terreur en images (El Terror en imágenes). Esta novela está protagonizada por un anciano profesor, víctima y testigo de fenómenos telepáticos que anuncian que van a producirse todo tipo de acontecimientos: desde un asesinato en su barrio, hasta unos fuegos artificiales en Estados Unidos… Estos fenómenos llevan a los científicos a diseñar una línea de transferencia de imágenes de alta velocidad entre Estados Unidos y el continente europeo, lo cual trastornará profundamente la vida de los hombres y será el origen de un conflicto bélico entre Estados Unidos y Alemania. Ambas novelas fueron publicadas acompañadas de las impactantes ilustraciones de Henri Lanos (18?-19?), pintor e ilustrador que, en repetidas ocasiones, puso su talento al servicio de precursores de la ciencia-ficción.

Ilustración: Merveilleux Scientifique.

Edgar Wallace – The Green Rust (1919)

Edgar Wallace – The Green Rust (1919)

Richard Horacio Edgar Freeman (1875-1932) fue un periodista, guionista, director de cine y novelista que publicaba bajo el pseudónimo de Edgar Wallace. Durante cerca de treinta años, redactó sus novelas dictándolas a un dictáfono y encargando a sus secretarias de la posterior mecanografía. De esta manera podía «escribir» una novela en pocos días, lo cual explica su prolífica obra: entre 1905 y su muerte llegó a publicar cerca de 170 novelas policíacas, de aventuras e incluso de ciencia-ficción. The Green Rust (El Óxido verde, audiolibro en inglés, 1919) es su vigésima novela y se ambienta en la época en la que fue redactada: los tiempos que siguieron la Primera Guerra Mundial. El millonario y moribundo John Millinborn es encontrado muerto, apuñalado, en su lecho de muerte. ¿Por qué? ¿Tiene algo que ver su testamento redactado a favor exclusivo de su sobrina? ¿En qué consiste la conspiración del Óxido verde? Muchas incógnitas en esta trepidante intriga en la que Wallace imagina a un malvado químico alemán que urde una terrible venganza contra los Aliados victoriosos de la Gran Guerra…

«Algunos trabajadores llenaban unos tubos pequeños con el contenido de unos cuencos. Estos tubos eran sorprendentemente frágiles y Beale vio cómo por lo menos tres de ellos estallaron en las manos de los que los llenaban. Cada banco llevaba un centenar de tubos, quizás más, y un soplete encendido, para derretir la cera. El trabajo se hacía de forma mecánica en un silencio casi general. (Notó que los pasamontañas cubrían las cabezas de los químicos de manera que no aparecía el menor vestigio de su cabello.) A veces, uno de ellos abandonaba su puesto y desaparecía por una puerta a la otra punta de la sala. Parecía evidente que los vapores de los que se protegían no eran nocivos ya que algunos de ellos se quitaban la máscara cuando abandonaban su banco.»

Ilustración: Lady Bluestocking.

Karel Čapek

Karel Čapek

Karel Čapek (no confundir con Karel Čapek Chod, evocado más arriba) es uno de los autores checoslovacos más importantes del siglo XX. Bajo nuestras latitudes, es sobre todo conocido por ser el autor de la obra de teatro de ciencia-ficción R.U.R., distopía industrial en la que por primera vez se hace uso de la palabra «robot» (ver nuestros Tesoros Digitales sobre los precursores de la ciencia-ficción). Ambientada en los años 1940, Továrna na absolutno (La Fábrica de absoluto, texto en inglés, 1922), tiene como protagonista al ingeniero checo Marek, inventor de una máquina revolucionaria, que llama «Carburador», capaz de fragmentar los átomos sin generar residuos con el fin de producir energía de manera barata. Con esta máquina, comercializada por todo el mundo, se puede iluminar una ciudad entera con un solo trocito de carbón. El problema es que, al consumar completamente la materia, el Carburador libera el «absoluto», la esencia divina. Cualquier persona puesta en contacto con la revolucionaria máquina se vuelve creyente y quiere contribuir a hacer el bien: los criminales más endurecidos se confiesan, los ricos regalan sus bienes a los pobres… Podría ser un primer paso hacia un mundo mejor, sin los efectos colaterales catastróficos de este descubrimiento sobre la sociedad: por una parte, en el ámbito económico, el abaratamiento de la energía lleva a una sobreabundancia de los productos industriales, que conducirá a una grave crisis financiera y un periodo de hambruna; por otra parte, la propagación del absoluto provoca ataques de religiosidad y de misticismo entre los ciudadanos, además de enfrentar a los fieles de las distintas religiones que pretenden atribuir la esencia divina liberada a su propio Dios. Estalla una guerra sin precedentes… Mezcla de fantasía y de realidad cotidiana, de ironía desencantada y de ternura cariñosa, Továrna na absolutno es una obra poco conocida que merecería ser leída hoy en día, a la luz del contexto económico y ecológico actual…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Thomas Degeorge – La Muerte de Arquímedes (1815)

Thomas Degeorge – La Muerte de Arquímedes (1815)

Años más tarde, en el cuento corto Smrt Archimédova (La Muerte de Arquímedes, texto y audiolibro en francés, 1938), Čapek reinventa las circunstancias de la muerte del famoso matemático griego. Según la historia, ¡o la leyenda!, Arquímedes fue asesinado durante el sitio de Siracusa por un soldado romano que había entrado a robar y fue increpado por el matemático, concentrado sobre unas construcciones geométricas, que le gritó «No molestes mis círculos». En realidad, según Čapek, Arquímedes no era un científico despistado, sino un soldado encargado de construir máquinas de guerra para defender la ciudad. Y el soldado no era un ladrón borracho, sino un oficial erudito y ambicioso que venía a visitar a Arquímedes para convencerle de poner su ciencia al servicio de Roma para conquistar el mundo…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Arnould Galopin

Arnould Galopin

A diferencia de Le Docteur Oméga, que hemos evocado más arriba, Le Bacille (El Bacilo, audiolibro en francés, 1928), también de Arnould Galopin, no se publicó por entregas sino directamente en forma de libro. El protagonista de esta novela, Martial Procas, es un eminente especialista de biología microbiana. Muy guapo, sus conferencias universitarias atraen la élite intelectual de París y, sobre todo, a las parisinas. Pero al científico sólo le interesan sus trabajos y no se fija en el coqueteo de sus admiradoras. Hasta que un día su mirada se cruza con la de una americana tan guapa como aventurera e… infiel. A las pocas semanas de casarse con ella, al descubrir que su esposa, aburrida, ha ido a buscar compañía cerca de otros hombres, Procas es víctima de una grave crisis de cianosis que tiene como consecuencia el dejarle la piel completamente azul, color del que nunca podrá deshacerse… Empieza entonces para el eminente científico convertido en monstruo un largo calvario de rechazo social, de soledad, de odio y de burlas continuas. Cuando un grupo de descerebrados matan a su perro, el único ser que le brinda apoyo, Procas decide vengarse. Se encierra en su laboratorio y se entrega en cuerpo y alma a la experimentación con el fin de desarrollar un bacilo sumamente mortífero. Una vez a punto su Bacillus murinus, echa el contenido de un frasco en el depósito de agua potable de su barrio… Una novela popular con tintes de fábula corrosiva sobre los comportamientos gregarios en la que prefiguran ideas sobre la guerra biológica…

Ilustración: Roman d’aventures.

Microfotografía del bacilo del cólera, tarjetas publicitarias (S. XX)

Microfotografía del bacilo del cólera, tarjetas publicitarias (S. XX)

«Reinstaló su laboratorio y su puso de nuevo a trabajar, pero esta vez ya no era para dotar a la humanidad de un descubrimiento. Era para sembrar la muerte entre sus semejantes. Y sería la médula extraída de su perro la que contendría el veneno. Se acordaba de que, en unos trabajos anteriores, había hecho cantidad de experimentos de cultivos de microbios en medios que contenían sustancias extraídas de la médula y del encéfalo de los perros. Incluso había extraído una materia a la que llamaba «medulosa» y que, si se añadía en dosis mínimas a los medios nutritivos, tenía la propiedad de aumentar considerablemente la virulencia de los microbios patógenos. Pero tenía que seleccionar entre éstos el que mejor podría dar la muerte. Recordaba todas las enfermedades infecciosas que había estudiado antaño, consultaba tratados de bacteriología, pero no encontraba nada. Por unas razones que comprenderemos pronto, quería propagar el microbio en el agua. El virus de la peste bubónica, en el que pensó un tiempo, es sin duda un virus de los más activos, pero recientes experimentos han demostrado que el agua tiene un papel muy secundario en su propagación. Para suscitar una epidemia, había que encontrar un veneno nuevo, formidable. ¿Dónde buscar este germen desconocido, este pequeño ser invisible que, de manera disimulada, penetra en las entrañas y mata con más certeza que una bala de revólver?»

Ilustración: New York Public Library Digital Gallery.

Karin Boye

Karin Boye

Obra imprescindible del género distópico, Kallocain (Kallocaína, texto en inglés, 1940) de la autora sueca Karin Boye (1900-1941) se inspira en los textos precursores Nosotros (1920) de Ievgueni Zamiatine y Brave New World (El Mejor de los mundos, 1932) de Aldous Huxley y, a su vez, le sirvió de principal fuente de inspiración a George Orwell para su obra maestra 1984 (1948). La Kallocaína que le da su título a la novela, es una droga diseñada por el químico Leo Kall que tiene la propiedad de poner a los que la consumen en un estado de confianza tal que no pueden decir otra cosa que la verdad. Lleno de buenas intenciones, Kall imagina que su descubrimiento permitirá librar al mundo de criminales y traidores. Pero en la sociedad totalitaria en la que vive Kall, la confianza es un sentimiento totalmente inexistente: los apartamentos están equipados de micrófonos y de cámaras, las asistentas domésticas deben informar de lo que observan en las casas en las que trabajan, y todo el mundo teme que su pareja o sus hijos le denuncien a la menor sospecha… Kall, al contrario del protagonista de Orwell, es leal a su gobierno y no tiene dudas sobre la validez del sistema político en el que vive. De hecho parece más preocupado de saber si su mujer le engaña con su jefe… Pone los beneficios de su invento al servicio de su país, esperando con ello lograr un avance en su carrera profesional… Simpatizante de la ideología socialista de principios de siglo, Karin Boyle volvió desencantada de un viaje a la URSS en 1928. Las observaciones de este viaje y, sin duda, el auge del nazismo, fueron el punto de partida de Kallocain, que, sin embargo, no deja de tener resonancias muy actuales en nuestros tiempos de telecomunicaciones globales, de vigilancia de la vida privada, de transparencia, y de confianza en nuestros gobiernos…

Ilustración: Wikimedia Commons.

«- Un descubrimiento extraordinario», observé pensativamente. «¿Cómo llegó a hacerlo?»
– Me apoyé en descubrimientos anteriores», contesté. «Un fármaco de efectos similares se pudo conseguir durante cerca de cinco años, pero los efectos secundarios eran tan tóxicos que casi todas las personas que fueron utilizadas como cobayas acabaron en el manicomio, incluso después de una única prueba. El descubridor destrozó de esta manera a tanto material humano que le dieron una buena amonestación y tuvo que interrumpir los experimentos. Ahora he logrado neutralizar los efectos tóxicos. Tengo que confesar que estaba bastante ansioso de saber cómo funcionaría en la práctica…
Y, rápidamente, como de pasada, añadí: «Espero que mi descubrimiento se llame Kallocaína, por mi apellido.»
– Claro, claro, dijo Rissen, casi indiferente. «¿Sospecha usted la gran importancia que puede tener?»
– Por supuesto que lo sospecho. «Cuando la necesidad es mayor, la ayuda está más cercana», como se suele decir. Sabrá que los tribunales están inundados de falsas pruebas. Pocas veces ya se juzga un caso sin que haya testimonios directamente opuestos, y obviamente sin que se deba a un error o una negligencia. Nadie sabe lo que ha causado esta avalancha de perjurios, pero son un hecho.»

Traficantes y fabricantes de vida

Carl Spitzweg – El Naturalista (1875-1880)

Carl Spitzweg – El Naturalista (1875-1880)

Ilustración : Wikimedia Commons.

La creación de un ser humano perfecto o la resurrección de los muertos son problemas que probablemente se plantean desde que la humanidad existe y a los que, por lo menos en el caso de la resurrección, no se ha encontrado todavía una solución. Los autores literarios llevan siglos imaginando estas soluciones, dejándolas en manos de científicos de todos tipos: generosos y humanitarios o, al contrario, ávidos de poder y de prestigio personal. En las obras más antiguas, los seres humanos artificiales se crean por intervención de la magia o de fuerzas sobrenaturales. Pero poco a poco, con los avances de la medicina, los novelistas se han atrevido a imaginar que la ciencia permitiría un día trasplantar órganos, sean orgánicos o mecánicos, o manipular la vida gracias a la genética, y plantearon guiones que pudieron parecer descabellados y revolucionarios en su tiempo, pero que hoy nos resultan deliciosamente anticuados.

Johann Georg Faust

Johann Georg Faust

En nuestros Tesoros Digitales dedicados a los precursores de la ciencia-ficción, ya evocamos la aparición de los androides en la literatura, y comentamos que este concepto derivaba de la obsesión de los alquimistas medievales de crear «homúnculos», esas versiones en miniatura de un ser humano. La más famosa de todas es la criatura del mito de Fausto. Este mito toma sus raíces en la vida de Johann Georg Faust (1480-1540), alquimista, astrólogo y mago alemán. Sospechoso de practicar magia negra, se le suponen afirmaciones sobre un pacto que habría hecho con el diablo y su leyenda está bordada de hechos sobrenaturales. Hasta su muerte, sobrevenida por la explosión de productos químicos durante algún experimento en su habitación en una posada, forma parte del mito. Se publicó en 1587 una biografía anónima, bajo el título Historia von Johann Fausten. Esta biografía le inspiró al dramaturgo inglés Christopher Marlowe (1564-1593) su obra The Tragical History of Doctor Faustus (La Trágica Historia del Doctor Fausto, 1592, publicada en 1604), en la que describe a un hombre, doctor en teología, que en su búsqueda del conocimiento decide vender su alma al Diablo para conseguir los favores de uno de sus siervos, el demonio Mefistófeles. Había nacido un mito, y diversos autores se acercaron a esta figura con biografías u obras dramáticas.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Johann Wolfgang von Goethe – Faust, ilustración de Harry Clarle (190?)

Johann Wolfgang von Goethe – Faust, ilustración de Harry Clarle (190?)

Pero fue sin duda con Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) que la historia de Faust iba a alcanzar su dimensión universal. Goethe trabajó sobre este tema durante muchos años y estos estudios desembocaron en dos obras, comúnmente tituladas Faust: der tragödie erster teil (Fausto: primera parte de la tragedia, 1808) y Faust: der tragödie zweiter teil (Fausto: segunda parte de la tragedia, 1832). La primera, más directamente inspirada en la biografía del Fausto real, es la más conocida y se centra en el alma del protagonista que Goethe describe como un ser turbado por la pasión, que puede llevar a oscurecer la mente del hombre. La segunda parte de Fausto, continuación de la primera, a pesar de ser totalmente diferente por el estilo y los temas tratados, describe a un protagonista menos sumiso a la pasión y aborda problemas políticos y sociales. En el segundo acto de este Faust II, Wagner, el asistente de Fausto, crea un homúnculo, sublimación del entendimiento humano en busca de un cuerpo físico, contrapunto de la obsesión de Fausto por arrojar su cuerpo físico y convertirse en espíritu puro. En esta parábola sobre el conocimiento científico, la religión, la pasión y la seducción, la independencia y el amor, Goethe sitúa la ciencia y el poder en el contexto de una metafísica moralmente interesada.

Ilustración: Internet Archive.

Johann Wolfgang von Goethe – Faust II, grabado alemán del siglo XIX

Johann Wolfgang von Goethe – Faust II, grabado alemán del siglo XIX

«Wagner, junto al hornillo.- Un fuerte campanillazo hace retemblar las paredes ennegrecidas por el hollín; no podía durar por mucho tiempo la incertidumbre acerca de un resultado tan solemne. Ya empiezan a disiparse las sombras, ya comienza a relucir algo en el fondo de la redoma, que parece un carbón viviente, o mejor, un carbunclo magnífico del que brotan mil brillantes colores en medio de la oscuridad. Aparece una luz pura y blanquecina, ¡ojalá que esta vez no se extinga – Dios mío, ¡ que estruendo en la puerta!
Mefistófeles, entrando.- Salud, pues vengo como amigo.
Wagner, con ansiedad.- Salud al que se presenta tan oportunamente. (En voz baja) Procurad retener la palabra y hasta el aliento: próxima está a cumplirse la grande obra.
Mefistófeles, en voz más baja.- ¿ De que se trata?
Wagner, en el mismo tono.- Va a formarse un hombre.
Mefistófeles.- ¿Un hombre? ¿ Luego tenéis una tierna pareja encerrada en vuestra chimenea?
Wagner.- ¡ Dios me preserve de ello! El antiguo modo de engendrar es reconocido por nosotros como una mera broma. El tierno punto de donde brotaba la vida, la grata fuerza que se exhalaba de su interior, que recibía y trasmitía, destinada a formarse de sí misma, a alimentarse primero de sustancias próximas, y luego de sustancias extrañas, ha perdido ya desde ahora toda su importancia, toda su dignidad. Si el animal encuentra aun en ello el placer, el hombre, dotado de nobles cualidades, debe tener un origen más noble y puro. ( Volviéndose hacia el hornillo.) ¡ Ved como esto ya brilla! – Preciso es convenir que si con la mezcla de cien materias distintas, – porque todo depende de la mezcla, – logramos componer fácilmente la materia humana, encerrarla en un alambique, cohobarla y destilarla debidamente, es innegable que podrá la obra consumarse en secreto. ( Volviéndose de nuevo hacia la lumbre) La masa o el conjunto se agita ya más luminoso, y es a cada instante mi convicción más profunda. Tratamos de hacer con madurez un experimento acerca de los hasta aquí llamados misterios de la naturaleza, y de operar por medio de la cristalización, lo que ella antes hacia.»

Ilustración : Wikimedia Commons.

Jonathan Swift – Gulliver's Travels, ilustración de Arthur Rackham (1899)

Jonathan Swift – Gulliver’s Travels, ilustración de Arthur Rackham (1899)

Aunque las adaptaciones cinematográficas y televisivas edulcoradas del siglo XX (no se pierdan la primera de todas, dirigida por Georges Méliès en 1902, una de las primeras películas en color de la historia) nos pueden llevar a pensar que se trata de una novela juvenil, en realidad Gulliver’s Travels (Los Viajes de Gulliver, audiolibro en inglés) es una mordaz sátira social, no precisamente apta para niños. Escrita en 1721, probablemente a consecuencia del crack bursátil de 1720 conocido como «burbuja de los mares del Sur» (de hecho los cambios de tamaño relativo de Gulliver podrían haber sido inspirados por los altibajos bruscos de la riqueza debidos a la especulación), publicada en 1726 en una edición censurada, vio la luz en su forma completa en 1735. Su autor, el ensayista, satirista y panfletista irlandés Jonathan Swift (1667-1745), anticipándose a los ideales de la Ilustración, imagina las aventuras fantásticas de un cirujano de la Marina náufrago para mezclar crítica y razón, locura y panfleto, literatura fantástica y ciencia-ficción… Todos conocemos, gracias al cine, las vivencias de Gulliver en Lilliput, esta isla poblada de hombres muy pequeños, y en Brobdingnag, el país de los gigantes.

Ilustración: Internet Archive.

Jonathan Swift – Gulliver's Travels, ilustración de Arthur Rackham (1899), los «Struldbrugs»

Jonathan Swift – Gulliver’s Travels, ilustración de Arthur Rackham (1899), los «Struldbrugs»

Menos conocida es la tercera parte, con las aventuras en Laputa, Balnibarbi, Glubbdubdrib, Luggnagg o al país de los Houyhnhnms. Los habitantes de la isla flotante de Laputa, obsesionados por las matemáticas, la física y la astronomía, se pasan el tiempo en cálculos y conjeturas, sin llegar a ser capaces de usarlas de manera práctica. Lo único que parece eficaz en ese país es su método de tirar piedras a las ciudades rebeldes situadas por debajo de Laputa… En Balnibarbi, Gulliver descubre que los fondos públicos de dedican exclusivamente a la investigación científica, contribuyendo al empobrecimiento del pueblo. Los científicos, entregados a la ciencia especulativa, han perdido todo sentido común e investigan los temas más absurdos, como crear comida a partir de materias fecales o capturar los rayos del sol en los pepinos. Un invento, no obstante, no nos resulta tan descabellado hoy en día: la máquina que permite generar escritos de manera aleatoria que prefigura nuestros ordenadores modernos… Una parte de la población de Glubbdubdrib, los Struldbrugs, es inmortal, pero su inmortalidad no la preserva del envejecimiento, de la degradación física y mental, y del rechazo por parte del resto de la sociedad, llevándolos a añorar la muerte. En Luggnagg, Gulliver conoce a unos brujos que le permiten hablar con personalidades históricas de todas las épocas que le revelarán verdades ocultas de la Historia, ciencia que resultará ser un tejido de mentiras y de errores. El último viaje de Gulliver es en el país de los Houyhnhnms, hermosos caballos llenos de inteligencia y de razón que dominan a unos animales repelentes y despreciables que resultan ser, para gran disgusto de nuestro héroe… humanos. Después de atacar las instituciones políticas y sociales en las dos primeras partes, Swift cuestiona, en el resto de la novela, temas de ámbito más filosófico, como la divinización de la Ciencia por encima de la Razón, los beneficios del progreso científico o la superioridad del hombre sobre el reino animal…

Ilustración: Internet Archive.

Jonathan Swift – Gulliver's Travels, ilustración de Arthur Rackham (1899), Dos sabios

Jonathan Swift – Gulliver’s Travels, ilustración de Arthur Rackham (1899), Dos sabios

«Vi un astrónomo que se había echado sobre sí la tarea de colocar un reloj de sol sobre la veleta mayor de la Casa Ayuntamiento, ajustando los movimientos anuales y diurnos de la Tierra y el Sol de modo que se correspondiesen y coincidieran con los cambios accidentales del viento. Visité muchas habitaciones más; pero no he de molestar al lector con todas las rarezas que vi, en gracia a la brevedad. Hasta entonces había visto tan sólo uno de los lados de la Academia, pues el otro estaba asignado a los propagadores del estudio especulativo, de quienes diré algo cuando haya dado a conocer a otro ilustre personaje, llamado entre ellos el artista universal. Éste nos dijo que durante treinta años había dedicado sus pensamientos al progreso de la vida humana. Tenía dos grandes aposentos llenos de maravillosas rarezas y cincuenta hombres trabajando. Unos condensaban aire para convertirlo en una sustancia tangible dura, extrayendo el nitro y colando las partículas acuosas o fluidas; otros ablandaban mármol para almohadas y acericos; otros petrificaban los cascos a un caballo vivo para impedir que se despease. El mismo artista en persona hallábase ocupado a la sazón en dos grandes proyectos: el primero, sembrar en arena los hollejos del grano, donde afirmaba estar contenida la verdadera virtud seminal, como demostró con varios experimentos que yo no fui bastante inteligente para comprender. Era el otro impedir, por medio de una cierta composición de gomas minerales y vegetales, aplicada externamente, que les creciera la lana a dos corderitos, y esperaba, en un plazo de tiempo razonable, propagar la raza de corderos desnudos por todo el reino.»

Ilustración: Internet Archive.

Ernst Theodor Amadeus Hoffmann – Der Sandmann, ilustración de Jules David para la edición francesa de 1853

Ernst Theodor Amadeus Hoffmann – Der Sandmann, ilustración de Jules David para la edición francesa de 1853

El mesmerismo, o doctrina del «magnetismo animal» es el lema conductor de Der Magnetiseur (El Magnetizador, 1814-1815), del maestro del género fantástico romántico alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822). Durante una velada fría de otoño, el anciano barón conversa con sus hijos Ottmar y Maria y un amigo pintor sobre hipnosis, magnetismo y sueños. Evocan la figura de Alban, adulado por el joven Ottmar, pero severamente criticado por el barón, que considera charlatanismo su método basado en las curas magnéticas. Más tarde, cuando Maria se pone de repente misteriosamente enferma y aparece el inquietante Alban, remite entre sus manos la salud de la joven. Pero Alban no está aquí para curar a Maria, sino para mantenerla subyugada, bajo su voluntad, gracias a la hipnosis mesmérica… La alquimia, un autómata dotado de vida, un trauma infantil, constituyen las claves de uno de los cuentos más famosos de Hoffmann, Der Sandmann (El Hombre de arena, audiolibro en alemán, 1817). Nathanael, el protagonista, arrastra un trauma desde su infancia: cree que el abogado Coppelius, amigo y compañero de experimentos alquímicos de su padre, es responsable de la muerte de éste y lo identifica al Hombre de arena, ese personaje de la cultura anglosajona, que visita cada noche el dormitorio de la gente mientras duerme para esparcirle arena mágica en los ojos. Ya adulto, Nathanael revive esta pesadilla al creer reconocer a Coppelius en la persona de Coppola, un óptico ambulante italiano. Le compra un catalejo de bolsillo con el cual descubre y espía a Olympia, la hija de su profesor de física Spalanzani, de la que se enamora locamente. Pero Olympia es un autómata al que Spalanzani, más alquimista que físico, ha dado la vida, asistido en eso por Coppelius. ¿Se volverá loco Nathanael o será capaz, con la ayuda de sus amigos, de volver a sentarse en la realidad?

Ilustración: Gallica.

«El Hombre de Arena de la niñera se asoció en tu imaginación infantil al viejo Coppelius quien, sin que te dieras cuenta, permaneció en ti como un fantasma de tus primeros años. Sus entrevistas nocturnas con tu padre no tenían otro objeto que realizar experimentos de alquimia, cosa que afligía a tu madre, pues posiblemente costara mucho dinero; y aquella ocupación, además de llenar a su esposo de una engañosa esperanza de sabiduría, le apartaba del cuidado de su familia. Tu padre sin duda causó su muerte por imprudencia suya, y Coppelius no es culpable. ¿Creerías que ayer pregunté a un viejo vecino boticario si los experimentos químicos podían causar explosiones mortales? Asintió describiéndome largamente a su manera cómo se hacían tales cosas, citándome gran número de palabras extrañas que no he podido retener en mi memoria. Ahora vas a enfadarte con tu Clara; dices: «en su frío espíritu no entra ni un solo rayo misterioso de los que tantas veces abrazan al hombre con sus alas invisibles; ella percibe tan sólo la superficie coloreada del mundo y se alegra como un niño a la vista de frutas cuya dorada cáscara esconde un mortal veneno.»

Mary Shelley - Frankenstein, or The Modern Prometheus, ilustración de Theodor von Holst (1831)

Mary Shelley – Frankenstein, or The Modern Prometheus, ilustración de Theodor von Holst (1831)

Última gran novela gótica, obra maestra del género de terror, precursora de la ciencia-ficción… ya se ha dicho de todo para definir Frankenstein, or The Modern Prometheus (Frankenstein, o El Prometeo moderno, audiolibro en inglés, audiolibro en español, 1818), de Mary Shelley (1797-1851) y es cierto que esta novela marcó un hito en la historia de la literatura. Pero más allá de la intriga fantástica, esta novela plantea temas filosóficos y éticos relacionados con la ciencia. Desafiando, a la manera de Prometeo, las leyes de la naturaleza, Victor Frankenstein ha concebido, de manera artificial y poco ortodoxa desde el punto de vista científico, una criatura dotada de vida, pero, ante la monstruosidad y la fealdad de su creación, la rechaza y la abandona a su suerte, provocando en ella un sentimiento de rebelión y de odio que la llevará al crimen… ¿Loco? ¿Irresponsable? El Victor Frankenstein de la novela original, a diferencia del protagonista de muchas adaptaciones posteriores, es más bien un hombre devorado por la curiosidad científica y la ambición, incapaz de asumir las consecuencias desastrosas de sus actos. Entraron numerosos componentes psicológicos y sentimentales en la génesis de Frankenstein, or The Modern Prometheus: la muerte sucesiva de sus tres hijos, a los que la autora soñaba con poder resucitar, el ambiente de suicidio y autodestrucción que reinaba en su grupo de amigos, la fe en el subconsciente y la interpretación de los sueños… Sin embargo, la novela no está desprovista de rigor científico, con frecuentes referencias a los trabajos de Humphry Davy (química), Erasmus Darwin (botánica) o Luigi Galvani (física). De hecho, Shelley, en su prefacio, insiste sobre el aspecto de veracidad que pueda tener la obra, sin recurrir a los artificios de los cuentos de espectros o de magia. De la fascinación de la autora por la naturaleza y su potencial mal conocido, nace su fe en la electricidad y sus posibilidades: en particular su convicción de que el galvanismo, esta teoría de Luigi Galvani según la cual el cerebro de los animales produce electricidad que es transferida por los nervios, acumulada en los músculos y disparada para producir el movimiento de los miembros, podría permitir reanimar un cuerpo muerto…

Ilustración: Internet Archive.

Mary Shelley - Frankenstein, or The Modern Prometheus, ilustración de la edición americana de 1922

Mary Shelley – Frankenstein, or The Modern Prometheus, ilustración de la edición americana de 1922

«Uno de los fenómenos que más me atraían era el de la estructura del cuerpo humano y la de cualquier ser vivo. A menudo me preguntaba de dónde vendría el principio de la vida. Era una pregunta osada, ya que siempre se ha considerado un misterio. Sin embargo, ¡cuántas cosas estamos a punto de descubrir si la cobardía y la dejadez no entorpecieran nuestra curiosidad! Reflexionaba mucho sobre todo ello, y había decidido dedicarme preferentemente a aquellas ramas de la filosofía natural vinculadas a la fisiología. De no haberme visto animado por un entusiasmo casi sobrehumano, esta clase de estudios me hubieran resultado tediosos y casi intolerables. Para examinar los orígenes de la vida debemos primero conocer la muerte. Me familiaricé con la anatomía, pero esto no era suficiente. Tuve también que observar la descomposición natural y la corrupción del cuerpo humano. Al educarme, mi padre se había esforzado para que no me atemorizaran los horrores sobrenaturales. No recuerdo haber temblado ante relatos de supersticiones o temido la aparición de espíritus. La oscuridad no me afectaba la imaginación, y los cementerios no eran para mí otra cosa que el lugar donde yacían los cuerpos desprovistos de vida, que tras poseer fuerza y belleza ahora eran pasto de los gusanos. Ahora me veía obligado a investigar el curso y el proceso de esta descomposición y a pasar días y noches en osarios y panteones. Los objetos que más repugnan a la delicadeza de los sentimientos humanos atraían toda mi atención. Vi cómo se marchitaba y acababa por perderse la belleza; cómo la corrupción de la muerte reemplazaba la mejilla encendida; cómo los prodigios del ojo y del cerebro eran la herencia del gusano. Me detuve a examinar v analizar todas las minucias que componen el origen, demostradas en la transformación de lo vivo en lo muerto y de lo muerto en lo vivo. De pronto, una luz surgió de entre estas tinieblas; una luz tan brillante y asombrosa, y a la vez tan sencilla, que, si bien me cegaba con las perspectivas que abría, me sorprendió que fuera yo, de entre todos los genios que habían dedicado sus esfuerzos a la misma ciencia, el destinado a descubrir tan extraordinario secreto.» (Traducción en español)

Ilustración: Wikimedia Commons.

Andreas Vesalius - De humani corporis fabrica, 1543

Andreas Vesalius – De humani corporis fabrica, 1543

Andries van Wesel, más conocido en España como Andrés Vesalio (1514-1564), fue un médico y anatomista nativo del Ducado de Brabante, situado entre Bélgica y los Países Bajos. Médico imperial en la corte de Carlos V, es el autor de uno de los libros más influyentes sobre anatomía humana, De humani corporis fabrica (Sobre la estructura del cuerpo humano). Basando sus estudios anatómicos en la observación directa, practicando disecciones y autopsias de cuerpos humanos, pudo detectar numerosos errores anatómicos en la obra de Galeno, médico griego del siglo I d.C., cuyos trabajos constituyeron la base de la medicina y la anatomía de toda la época medieval. Vesalio demostró en particular que su ilustre predecesor griego había diseccionado monos, y extrapolado sus observaciones al caso humano… A pesar de ser reconocido hoy en día como el fundador de la anatomía moderna, fue precisamente la modernidad de sus investigaciones lo que le valió a Vesalio muchas críticas, en particular por parte de los seguidores de las teorías de Galeno. Su muerte a consecuencia de un naufragio durante el viaje de regreso de una peregrinación a Tierra Santa fue el origen de una leyenda negra que, a pesar de ser desmentida por sus biógrafos, todavía planea sobre la figura de Vesalio. Uno de sus detractores propagó el cuento de que era el propio rey Felipe II el que había agraciado a Vesalio de una condena a la hoguera por la Inquisición, debida a presuntas prácticas dudosas, imponiéndole, a cambio, esta peregrinación a Tierra Santa: según la leyenda, se le acusaba a Vesalio de, al hacer una autopsia de una aristócrata española, haber percibido que su corazón latía aún…

Petrus Borel – Don Andrea Vésalius, l’anatomiste, ilustración de André Hofer (1922)

Petrus Borel – Don Andrea Vésalius, l’anatomiste, ilustración de André Hofer (1922)

Ilustración: Les Bibliothèques Virtuelles Humanistes (Université de Tours).

Inspirándose en estas supuestas prácticas dudosas de disección, el autor francés Petrus Borel (1809-1859) retoma la figura de Vesalio en su cuento Don Andrea Vésalius, l’anatomiste (Andreas Vesalius, el anatomista, audiolibro en francés), tercera historia de un volumen lleno de violencia, pasión y locura titulado Champavert, contes immoraux (Champavert, cuentos inmorales, 1833). Borel, cuya biografía tampoco está desprovista de peripecias (ver nuestros Tesoros Digitales sobre España imaginada), imagina a un Vesalio anciano, objeto del odio de los madrileños por sus labores de disección de cadáveres, recién casado con una mujer mucho más joven que le es infiel desde el mismo día de la boda y con una multitud de amantes… La venganza y la crueldad de Vésalius no tendrán límites…

Ilustración: Internet Archive.

Un jovencísimo Gustave Flaubert

Un jovencísimo Gustave Flaubert

Marcado por la influencia de Goethe, Hoffmann, Hugo y Byron, el joven Gustave Flaubert (1821-1880) inspirado por lo romántico y lo sobrenatural, imaginó en 1836 a un extraño alquimista, el espíritu de Satán, que tiene como objetivo la perdición de todos los seres poseedores de una alma. Provoca que una joven se enamore de él, languidezca y se suicide, permaneciendo insensible en todo momento… Es la trama de Rêve d’enfer (Sueño de infierno, audiolibro en francés), cuento de juventud del autor de Madame Bovary.

Ilustración: Internet Archive.

Nathaniel Hawthorne – The Birth-Mark, ilustración de una edición americana de 1900

Nathaniel Hawthorne – The Birth-Mark, ilustración de una edición americana de 1900

Alegorías morales de inspiración puritana y de una densa complejidad psicológica, los cuentos de Nathaniel Hawthorne (1804-1864) se centran en general en la maldad y el pecado intrínsecos en la especie humana. En The Birth-Mark (La Marca de nacimiento, audiolibro en inglés, 1843) Hawthorne evoca el tema del científico peligroso con el destino de Aylmer, reputado científico y filósofo, que se obsesiona en una mancha que lleva su esposa en la cara hasta el punto de entregarse en cuerpo y alma a eliminarla… Las consecuencias serán terribles… La rivalidad entre ciencia y naturaleza, y la arrogancia del científico ansioso de controlar la naturaleza para alcanzar la perfección, son los argumentos de este cuento que desvela la verdadera esencia del amor. Publicado en 1844 en el volumen titulado Mosses from an old manse (Musgos de una antigua casa parroquial), el cuento Rappaccini’s Daughter (La Hija de Rappaccini, audiolibro en inglés) se ambienta en Padua, en un pasado indefinido. El doctor Giacomo Rappaccini es un viejo médico que investiga, aislado del mundo, sobre las plantas venenosas. Su hija Beatrice, una joven de una gran belleza, ha crecido rodeada de estas plantas mortíferas y se ha vuelto resistente a su veneno. Pero se ha convertido, a su vez, en un ser venenoso que mata, involuntariamente, a todo ser vivo que la toca o respira su aliento. Un estudiante en letras, Giovanni Guasconti, observa desde su cuarto vecino a la joven mientras cuida sus plantas y poco a poco una relación se establece entre los dos, a pesar de las advertencias del mentor de Giovanni… Inspirado en la tradición literaria de la India y con referencias a La Divina Comedia de Dante y al Paraíso perdido de John Milton, Rapuccini’s Daughter es uno de los cuentos más complejos de Hawthorne, en el que se aborda temas como los poderes benéficos o destructivos del progreso científico, la lucha entre el bien y el mal, el voyeurismo y la adoración, la forma en la que realidad y fantasía colaboran para forjar nuestras percepciones…

Ilustración: Internet Archive.

Nathaniel Hawthorne – Rappaccini's Daughter, ilustración de una edición americana de 1900

Nathaniel Hawthorne – Rappaccini’s Daughter, ilustración de una edición americana de 1900

«Mientras Giovanni permanecía en la ventana escuchó un crujido tras una pantalla de hojas y con ello se dio cuenta de que había una persona trabajando en el jardín. Ésta se dio pronto a ver, mostrando que no era un trabajador común, sino un hombre alto, demacrado, cetrino y de aspecto enfermizo, vestido con la túnica negra de un estudioso. Había traspasado la edad media de la vida, tenía el cabello cano, una barba rala y gris y un rostro singularmente marcado por el intelecto y el cultivo, pero que nunca, ni siquiera en sus días más juveniles, debió expresar excesiva calidez del corazón. Nada podía superar la intensidad con la que este jardinero científico examinaba cada mata que crecía en su camino: parecía como si estuviera contemplando su naturaleza más interior, haciendo observaciones respecto a su esencia creativa y descubriendo el motivo de que una hoja creciera de esta forma y otra de aquélla, y por qué aquellas flores diferían entre sí mismas en cuanto al tono y el perfume. Sin embargo, a pesar de esa comprensión profunda, no parecía existir intimidad entre él y aquellos seres vegetales. Por el contrario, evitaba tocar las plantas realmente, o inhalar directamente sus olores, con una precaución que impresionó desagradablemente a Giovanni; pues la conducta del hombre era la de aquél que camina entre influencias malignas, como animales salvajes, serpientes mortales o espíritus malvados, que si les concediera un solo momento de permiso descargarían sobre él alguna fatalidad terrible.»

Ilustración: Internet Archive.

Edgar Allan Poe - The System of Doctor Tarr and Professor Fether, ilustración de Harry Clarke (1919)

Edgar Allan Poe – The System of Doctor Tarr and Professor Fether, ilustración de Harry Clarke (1919)

La ciencia es un tema recurrente en la obra de Edgar Allan Poe (1809-1849), y la física, la metafísica, la astronomía, la medicina o las matemáticas constituyen el trasfondo de numerosos textos: ensayos (Maelzel’s Chess-Player (El jugador de ajedrez de Maelzel, audiolibro en inglés, 1836), Eureka, a prose poem (Eureka, un poema en prosa, 1848)), poesía (Sonnet to Science (Soneto a la Ciencia, 1829)), obra narrativa (A tale of the Ragged Mountains (Una aventura en las montañas Rocheuses, audiolibro en inglés, 1844), (Mesmeric Revelation (Revelación mesmérica, audiolibro en inglés, 1844), The Man that was used up (El Hombre usado, audiolibro en inglés, 1839), Three Sundays in a week (Tres Domingos en una semana, audiolibro en inglés, 1841)) e incluso bromas periodísticas (The Unparalleled Adventure of one Hans Pfaall (La Incomparable Aventura de un tal Hans Pfaall, audiolibro en inglés, 1835), The Balloon-Hoax (El Engaño del globo, audiolibro en inglés, 1844))… No es de extrañar, pues, que numerosos científicos de todo tipo habiten los relatos del maestro del terror. Dos obras dan un buen testimonio de los dos vertientes de su genio narrativo, el humor y el horror. The System of Doctor Tarr and Professor Fether (El sistema del Dr. Tarr y el profesor Fether, audiolibro en inglés, 1845) es un relato grotesco en el que Poe juega con la locura y la cordura de sus protagonistas. El narrador visita un manicomio en el sur de Francia, establecimiento reputado por el excelente trato, hecho de suavidad y libertad, reservado a los pacientes. Acogido por el Sr. Maillard, el impulsor de este novedoso sistema, le acompaña a una extraña cena en la que los participantes tienen una conducta por lo menos sorprendente…

Ilustración: Complex.

Edgar Allan Poe – The Facts in the case of M. Valdemar, ilustración de Harry Clarke (1919)

Edgar Allan Poe – The Facts in the case of M. Valdemar, ilustración de Harry Clarke (1919)

Inspirado en un suceso real de una operación realizada sobre un paciente en estado de «sueño magnético», The Facts in the case of M. Valdemar (La Verdad sobre el caso del señor Valdemar, audiolibro en inglés, 1845) fue publicado simultáneamente en dos periódicos, sin especificar que se trataba de un relato ficcional, y no dejó indiferentes a los lectores: si algunos intuyeron que se trataba de una broma, otros escribieron a la redacción para relatar hechos «reales» similares… Un científico desea experimentar el magnetismo sobre un hombre a punto de morir. Contacta con el Sr. Valdemar, condenado por una tuberculosis, y al que quedan unos pocos días. Asistido de un antiguo amigo, estudiante en medicina, el científico coloca al paciente en un estado de sueño mesmérico, en el que lo dejará durante siete meses, sin pulso, sin latidos de corazón, sin aliento, pálido. Al cabo de este tiempo, intenta despertar al Sr. Valdemar… Quizás inspirado por la enfermedad de su propia mujer, y su musa, que moriría de tuberculosis en 1847, Edgar Allan Poe entrega aquí una escalofriante historia en la que no nos ahorra detalles macabros sobre la agonía y la descomposición de los cadáveres…

Ilustración: Wikimedia Commons.

« -Valdemar…, ¿duerme usted? -pregunté.
No me contestó, pero noté que le temblaban los labios, por lo cual repetí varias veces la pregunta. A la tercera vez, todo su cuerpo se agitó con un ligero temblor; los párpados se levantaron lo bastante para mostrar una línea del blanco del ojo; moviéronse lentamente los labios, mientras en un susurro apenas audible brotaban de ellos estas palabras:
-Sí… ahora duermo. ¡No me despierte! ¡Déjeme morir así!
Palpé los miembros, encontrándolos tan rígidos como antes. Volví a interrogar al hipnotizado:
-¿Sigue sintiendo dolor en el pecho, Valdemar?
La respuesta tardó un momento y fue aún menos audible que la anterior:
-No sufro… Me estoy muriendo.»

Théophile Gautier, caricatura de Pierre-François-Eugène Giraud (1853-1870).

Théophile Gautier, caricatura de Pierre-François-Eugène Giraud (1853-1870).

Pasión romántica y fascinación por las ciencias importadas de lugares exóticos son las dos componentes claves de Avatar de Théophile Gautier (audiolibro en francés, 1811-1872). Esta novela publicada por entregas en 1856 cuenta la fantástica historia del joven Oscar de Saville. Tiene una extraña enfermedad que los médicos no saben diagnosticar y que lo mata lentamente: se muere de amor por Prascovie Labinska, hermosa condesa muy enamorada de su marido, Olaf Labinski. Oscar no ha contado su secreto a nadie, pero acaba revelándolo al Doctor Balthazar Cherbonneau. El médico, recién llegado de la India en la que ha estudiado las ciencias ocultas, y donde ha cultivado su fascinación por las experiencias al límite entre la vida y la muerte, le sugiere prestarse a un experimento que le permitirá ganarse el corazón de Prascovie: intercambiar su apariencia física con la del conde… La metempsicosis, tan de moda en la primera mitad del siglo XIX, es el tema de esta novela corta en la que Gautier, en vez de escribir una novela gótica, se divierte y nos divierte en un juego de situaciones burlescas llenas de humor y de poesía, orquestado por del doctor Cherbonneau, diabólico científico ávido de nuevos experimentos que desafían los límites de la ciencia a la vez que charlatán mal disimulado por el misterio oriental del que se rodea.

Ilustración: Gallica.

Fitz-James O'Brien – The Diamond Lens, ilustración de la revista Amazing Stories (1926)

Fitz-James O’Brien – The Diamond Lens, ilustración de la revista Amazing Stories (1926)

Nacido en Irlanda, Fitz-James O’Brien (1828-1862) emigró a Estados Unidos en 1852 donde empezó una carrera literaria, publicando en diversos periódicos y revistas. Sus relatos fantásticos se consideran como precursores de la ciencia-ficción moderna: es autor de la primera narración de rebelión de robots de la historia (The Wondersmith (El Forjador de milagros, 1859)), en el que unos juguetes poseídos por el diablo se convierten en autómatas y se rebelan contra su creador y, antes de Le Horla de Maupassant y del Hombre invisible de Wells, de una historia sobre un hombre invisible (What was it? A mystery (¿Qué era? Un misterio, audiolibro en inglés, 1859) . El protagonista de The Diamond Lens (La Lente de diamante, audiolibro en inglés, 1858), Linley, es un científico inventor de un poderoso microscopio. Este aparato le permite observar todo un mundo paradisíaco en miniatura dentro de una gota de agua, y sobre todo, a una hermosa joven, de la que se enamora perdidamente… La obsesión de Linley por la fabricación de su microscopio y luego por la joven microscópica le llevará a cometer actos criminales… Herido de gravedad durante la Guerra de Secesión en febrero de 1862, Fitz-James O’Brien murió de una infección por tétanos dos meses más tarde.

Ilustración : Internet Archive.

«Desde una época muy temprana de mi vida, todas mis inclinaciones fueron para las investigaciones microscópicas. Cuando no tenía más de diez años, un pariente lejano de nuestra familia, esperando asombrar mi falta de experiencia, me fabricó un microscopio sencillo perforando, en un disco de cobre, un pequeño agujero en el que una gota de agua pura se sostenía por atracción capilar. Es cierto que este aparato muy rudimentario, que aumentaba unas cincuenta veces, solo presentaba unas formas indistintas e imperfectas, pero ya eran lo bastante maravillosas como para elevar mi imaginación a un grado de excitación preternatural. Al verme tan interesado por aquel instrumento basto, mi primo me explicó todo lo que sabía sobre los principios del microscopio, me contó algunas de las maravillas que se habían podido realizar con él, y finalmente me prometió que me enviaría uno correctamente construido, nada más volviera a su ciudad. Conté los días, las horas, los minutos que separaron esta promesa de su partida. Entretanto, no me quedé inactivo. Aproveché con entusiasmo cualquier sustancia trasparente que se parecía, aunque remotamente, a una lente, y la utilicé en vanos intentos de fabricar aquel instrumento de cuya construcción entendía por aquel entonces vagamente la teoría. Todos los paneles de cristal que llevaban aquellos nudos achatados y esferoides que se conocen familiarmente como «ojos de buey» eran despiadadamente destrozados con la esperanza de obtener unas lentes de maravillosa potencia.»

Alexandre Dumas – Le Docteur mystérieux, ilustración de Horace Castelli (18??)

Alexandre Dumas – Le Docteur mystérieux, ilustración de Horace Castelli (18??)

El protagonista de las dos novelas Le Docteur mystérieux (El Doctor misterioso) y La Fille du marquis (La Hija del marqués) que componen la bilogía de Alexandre Dumas titulada Création et rédemption (Creación y redención, 1863) es un joven médico humanista. Apasionado por la investigación científica y esotérica, Jacques Mérey desprecia a los ricos y sólo quiere cuidar de los pobres y de los animales, llegando incluso a alguna curación milagrosa. Un día descubre en la cabaña de un pobre leñador, que cuida junto con su mujer, una cosita desarticulada y muda, una niña de 7 años, abandonada aquí por su padre que la tiene por «idiota», sin alma. El buen doctor acepta el desafío de despertar el alma de la niña y de salvarla de la miseria. Durante siete años, gracias a los cuidados de Jacques y, de paso, a una milagrosa descarga eléctrica durante una noche de tormenta, la pequeña Eva se irá convirtiendo en una joven hermosa, y dotada de múltiples talentos. Entre Jacques y Eva ha nacido un amor recíproco. Pero al ver a su hija tan transformada, el padre quiere recuperarla y se la lleva. Estamos en vísperas de la Revolución francesa y Jacques y Eva tendrán que pasar por muchas pruebas antes de poder reunirse… Una bella historia de amor llena de peripecias, con trasfondo histórico, y un personaje entrañable, este doctor misterioso, humanista, entregado a los más humildes pero opuesto a cualquier derrame de sangre, hasta el punto de votar en contra de la muerte del rey Luís XVI…

Ilustración: Gallica.

Jules Verne – Le Docteur Ox, ilustración de Lorenz Frølich (1874)

Jules Verne – Le Docteur Ox, ilustración de Lorenz Frølich (1874)

Simpática fantasía literaria llena de humor, la nouvelle Une fantaisie du Docteur Ox (Una fantasía del Doctor Ox, 1874) fue el objeto de una lectura pública antes siquiera de ser publicada. En 1872, Jules Verne, el ya famoso autor de Cinco Semanas en globo y De la Tierra a la Luna, se instala en Amiens, ciudad natal de su esposa que le servirá de telón de fondo para varias novelas y en la que está inhumado. Presionado por las altas esferas de la ciudad, Verne accede a realizar en el Ayuntamiento una lectura de su próxima obra, a punto de publicarse en la revista Le Musée des familles (El Museo de las familias). El año siguiente, el Journal d’Amiens retomó Une fantaisie du Docteur Ox, publicándola por entregas. En 1874, el editor mítico de Verne, Hetzel, publicó una recopilación de sus relatos, entre los cuales figura una reescritura de Une fantaisie du Docteur Ox. Esta versión, considerablemente censurada (por el propio autor o por el editor, no se sabe exactamente), ha perdido mucho humor, ironía e incluso erotismo respecto a la que se publicó en Le Musée des familles en 1872. No obstante, es la que se conoce y publica hoy en día, quedando la primera versión olvidada… En Quiquendone, un apacible pueblo imaginario de Bélgica, vive una gente sociable, hospitalaria, quizás un poco «espesa» en su lenguaje y su espíritu, gobernada por un burgomaestre convencido de que «el hombre que llega a la muerte sin haber decidido nunca nada está muy cerca de alcanzar la perfección». Pero vive también en el pueblo un científico loco, el Doctor Ox, el cual, asistido de su ayudante Ygène (Ox-Ygène = ox-igeno), propone instalar el alumbrado gratuito gracias al gas oxi-hídrico. Este gas tiene la propiedad de volver agresivo a todo el que lo inhala. Los tranquilos habitantes del pueblo, trastornados, organizan una expedición punitiva en contra del pueblo vecino para vengar un insulto tan imperdonable como ridículamente viejo de… siete siglos: una vaca del otro pueblo se había atrevido a comer la hierba del prado municipal de Quiquendone… Adaptado en opéra-bouffe en 1877, con música de Jacques Offenbach, este relato, además del tema del científico loco y peligroso, es una divertida sátira sobre el aburguesamiento de la sociedad…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Draner – El actor José Dupuis en el papel del Doctor Ox de la opéra-bouffe de Gille, Mortier, Offenbach (1877)

Ilustración: Gallica.

Henry James

Henry James

El Professor Fargo (1874), «médium infalible, mago, vidente, profeta y visionario», da espectáculos por todos los Estados Unidos, acompañado del Coronel Gifford, matemático de excepción, y por su hija de diecisiete años, sorda y muda. Ciencia pura vs. parapsicología, tal es el conflicto que opone a los dos hombres, el charlatán y el matemático, y les lleva a una peligrosa apuesta. Fargo pretende demostrar que su magnetismo animal puede influir sobre seres vivos, y es la propia hija del Coronel la que estará en juego. Triunfará el odioso magnetismo animal – más bien sexual – del charlatán que se llevará la joven inocente dejando al pobre padre y honrado científico volcado en la locura por la pérdida de su hija. Este relato escalofriante es obra del escritor británico de origen estadounidense Henry James (1843-1916), uno de los mayores exponentes del realismo literario en el siglo XIX.

Ilustración: Wikimedia Commons.

Edward Page Mitchell

Edward Page Mitchell

Edward Page Mitchell (1852-1927) fue un periodista americano, habitual colaborador del diario The Sun, en el que publicó una treintena de relatos. Reconocido como una de las figuras claves del desarrollo de la ciencia-ficción estadounidense, imaginó, antes que H.G. Wells, la historia de un hombre invisible (The Crystal Man (El Hombre de cristal, audiolibro en inglés, 1881)) y otra sobre una máquina para viajar en el tiempo (The Clock that went backward (El Reloj que volvía atrás, audiolibro en inglés, 1874)). La originalidad de los relatos fantásticos de Mitchell radica en su interés por las innovaciones tecnológicas de su tiempo, anticipándose de manera atrevida a progresos técnicos y sociales que no aparecerían hasta varias décadas más tarde: la calefacción por electricidad, la impresión de periódicos a domicilio, concentrados alimenticios en pastillas, el voto de las mujeres o los matrimonios interraciales… Numerosos científicos de todo tipo protagonizan los relatos de Edward Page Mitchell. El Profesor Dummkopf («Imbécil» en alemán) aparece en dos historias: en The Soul Spectroscope (El Espectroscopio de almas, audiolibro en inglés, 1875) se obsesiona por sacar fotos de olores, sonidos e incluso de personalidades, mientras que, víctima de un experimento fallido, se ve privado de su cuerpo en The Man without a body (El Hombre sin cuerpo, 1877) y su cabeza aislada y viva es confundida con la de una famoso asesino francés… Otro científico loco: en The Tachypomp (1874), el Profesor Surd reta a un joven estudiante para que diseñe un dispositivo capaz de alcanzar más velocidad que la luz… En cuanto al Doctor Rapperschwyll, protagonista de The Ablest Man in the world (El hombre más capaz del mundo, 1879), se trata del primer cibernético de la historia literaria: sustituye el cerebro de un hombre disminuido psíquico por un mecanismo mecánico inspirado en los de relojería y en los trabajos de Charles Babbage, el precursor de la informática. La criatura se convierte en el consejero más influyente del zar y planea la conquista de Europa y del mundo… The Professor’s Experiment (El Experimento del profesor, 1880) es una operación de cirugía destinada a convertir a un materialista en un hombre de ideales, con el fin de facilitarle las cosas a la hora de conseguir la mano de la hija de un pastor…

Ilustración: The Autodidact Project.

«Suponga que cojo a un hombre y, que, quitándole el cerebro que contiene todos los errores y fallos de sus antepasados desde los orígenes de la raza, pueda remover todas las fuentes de debilidad en su carrera futura. Suponga que, en lugar de un intelecto falible como el que le he quitado, lo doto de una inteligencia artificial que opera con la certeza de las leyes universales. Suponga que lanzo este ser superior, que razona verdaderamente, en medio del ajetreo de sus inferiores, que razonan falsamente, y espere el inevitable resultado con la tranquilidad de un filósofo.» (The Ablest Man in the world)

Un sillón de dentista (1885)

Un sillón de dentista (1885)

Humor negro y horror son los dos componentes principales de los doce cuentos que constituyen el volumen titulado Les Morts bizarres (Los Muertos extraños, 1877) del poeta, novelista y dramaturgo Jean Richepin (1849-1926). Turbulento, insolente y excéntrico, Richepin destaca por su imponente truculencia verbal reconocible en estos cuentos protagonizados por perdedores, personajes mediocres, miserables: ladrones, asesinos, artistas fracasados, o científicos locos que tienen en común que van a morir al cabo de unas pocas páginas. Le Disséqué (El Disecado) es un estudiante en medicina que diseca su propio cuerpo para poder observar un cerebro (¡el suyo!) mientras piensa y así demostrar sus teorías materialistas. La Machine à métaphysique (La Máquina de metafísica) es un aparato inventado por un científico loco para alcanzar el absoluto. Según sus teorías, en una excitación nerviosa existe un momento muy breve en el que, como un relámpago o una descarga eléctrica, se llega a este estado extremo. La idea es aniquilar todos los sentidos para dejar libre curso al absoluto, y provocar una excitación nerviosa, por ejemplo un dolor, prolongada para tener tiempo de observar el fenómeno. Y… ¿qué dolor va a ser más propicio a una excitación nerviosa sino… el dolor de muelas? … Almas (¡y dientes!) sensibles, abstenerse…

Ilustración: BIU Santé.

Sir Ronald Ross

Sir Ronald Ross

Nacido en la India, Sir Ronald Ross fue un médico e investigador británico. Descubridor del proceso de transmisión de la malaria, sus trabajos le valieron en 1902 el premio Nobel de Medicina, por primera vez otorgado a un británico y a un científico nacido fuera de Europa. Además de su excelencia en el ámbito médico, Sir Ross fue un polímata cumplido, llegando a destacar en matemáticas, y, escritor prolífico y aclamado, fue el autor de varias novelas, canciones y sobre todo, numerosos poemas relacionados con los eventos importantes de su vida y sus reflexiones filosóficas y científicas. The Vivisector vivisected (El Disecador disecado, 1882) es un cuento satírico con toques de gótico y de ciencia-ficción en el que un anatomista descubre que el cuerpo que ha robado para disecarlo no es otro que el de su propio hermano, recientemente fallecido. Con la ayuda de un compañero, imagina implantarle al cadáver un corazón artificial para reanimarle… La reacción del interesado resucitado no será la esperada…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Robert Knox

Robert Knox

El anatomista, zoólogo y médico escocés Robert Knox (1791-1862) fue uno de los profesores de anatomía más popular de Gran Bretaña, donde introdujo la teoría de la anatomía trascendental y es considerado como el padre del poligenismo. No obstante, no se le recuerda tanto por sus trabajos científicos sino por su implicación en un macabro suceso que escandalizó la sociedad edimburguesa de 1828. En las primeras décadas del siglo XIX, la medicina era una disciplina cada vez más estudiada, por lo que empezó a crecer la demanda de cadáveres para las clases de disección. La única fuente legal de cuerpos para estas clases era entonces la justicia, que destinaba los cuerpos de los condenados a muerte al estudio científico. Pero coincidiendo en Reino Unido con una nueva ley menos sangrienta que reducía los delitos punibles de muerte, empezó a haber una seria penuria de cadáveres en las aulas de disección, lo cual propició toda una serie de actividades criminales con el fin de conseguir cadáveres: desde el robo de muertos en los cementerios, hasta incluso el asesinato. A esta última actividad se entregaron los criminales Burke y Hare, asistidos por sus mujeres, llegando a asesinar a dieciocho personas en las calles de Edimburgo para revender los cuerpos… al doctor Knox. A pesar del escándalo, el anatomista no fue perseguido por la justicia: Burke, unos de sus proveedores, declaró que el profesor no conocía la procedencia de los cadáveres, pero empezó a sufrir represalias por parte del mundo universitario. A la muerte de su mujer, se trasladó a vivir a Londres, pero no logró trabajar en la universidad. Ejerció un tiempo como periodista especializado en temas de medicina, escribió varios libros, entre los cuales está The Races of men (Las Razas del hombre, 1850), en el que expone sus teorías sobre el poligenismo, y finalmente, en 1856, fue contratado por el Free Cancer Hospital, en el que trabajaría hasta su muerte, sobrevenida en 1862. Entre tanto, en 1832, una nueva ley, llamada Anatomy Act, había puesto fin al tráfico de cadáveres, flexibilizando el acceso a los cuerpos no reclamados, a los de los presos muertos en la cárcel y permitiendo los donativos de cuerpos…

Ilustración: University of Edinburgh.

Robert Louis Stevenson – The Body Snatcher, en Pall Mall Christmas Extra (1884)

Robert Louis Stevenson – The Body Snatcher, en Pall Mall Christmas Extra (1884)

Tan siniestro suceso, que dejó profundas huellas en el imaginario y la cultura británica, no iba a dejar indiferentes a los artistas de todas las disciplinas. Obviamente, haciéndose eco de la opinión popular, los artistas satíricos de prensa de la época se ensañaron con el famoso doctor y sus proveedores de cadáveres. Pero sobre todo, esta historia fue el punto de partida de dos relatos muy diferentes escritos con doce años de intervalo. The Body Snatcher (El Ladrón de cadáveres, audiolibro en inglés, 1884) es un relato de terror publicado por el escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894). Pone en escena a dos estudiantes en medicina, MacFarlane y Fettes, encargados de recibir los cuerpos destinados a las clases de disección del doctor K…, supuestamente robados en los cementerios. Fettes empieza a sospechar que todos estos cuerpos no han sido robados, sino que se tratan de los cadáveres de personas asesinadas con el único propósito de disecarlas. Por otro lado, la conducta de su compañero MacFarlane le lleva a pensar que está implicado en aquel asunto turbio…

Ilustración: University of South Carolina.

«Debido a este empleo, el cuidado del anfiteatro y del aula recaía de manera particular sobre los hombros de Fettes. Era responsable de la limpieza de los locales y del comportamiento de los otros estudiantes y también constituía parte de su deber proporcionar, recibir y dividir los diferentes cadáveres. Con vistas a esta última ocupación, en aquella época asunto muy delicado, Mr. K hizo que se alojase primero en el mismo callejón y más adelante en el mismo edificio donde estaban instaladas las salas de disección. Allí, después de una noche de turbulentos placeres, con la mano todavía temblorosa y la vista nublada, tenía que abandonar la cama en la oscuridad de las horas que preceden a los amaneceres invernales, para entenderse con los sucios y desesperados traficantes que abastecían las mesas. Tenía que abrir la puerta a aquellos hombres que después han alcanzado tan terrible reputación en todo el país. Tenía que recoger su trágico cargamento, pagarles el sórdido precio convenido y quedarse solo, al marcharse los otros, con aquellos desagradables despojos de humanidad. Terminada tal escena, Fettes volvía a adormilarse por espacio de una o dos horas para reparar así los abusos de la noche y refrescarse un tanto para los trabajos del día siguiente.»

Marcel Schwob – MM. Burke et Hare, ilustración de Georges Barbier (1929)

Marcel Schwob – MM. Burke et Hare, ilustración de Georges Barbier (1929)

Ilustración: Books-Graphics.

Marcel Schwob – MM. Burke et Hare, ilustración de Georges Barbier (1929)

Marcel Schwob – MM. Burke et Hare, ilustración de Georges Barbier (1929)

Las Vies imaginaires (Vidas imaginarias, 1896) de Marcel Schwob se cierran con una historia que puede verse como un homenaje al que le transmitió la vocación por escribir: Robert Louis Stevenson. En efecto, la lectura de La Isla del Tesoro impactó tanto al joven Schwob que toda su corta vida consideró al escocés como a un maestro, hasta el punto de entablar una correspondencia con él e incluso de emprender, estando delicado de salud, un largo viaje a las Islas Samoa, con el fin de visitar la tumba de Stevenson y rendirle un último homenaje, a defecto de no haberle podido conocer personalmente en vida. MM. Burke et Hare (Los Señores Burke y Hare, audiolibro en francés), último relato de Vies imaginaires, se centra en las figuras de los dos criminales que proveían al Doctor Knox en cadáveres «frescos». Fiel a su gusto por lo mórbido, y en un estilo lleno de poesía, el francés imagina el guión desarrollado por los dos delincuentes para atraer a sus víctimas y asesinarlas «limpiamente» con el fin de ofrecer al anatomista una mercancía en perfecto estado…

Ilustración: Books-Graphics.

«Era norma que el señor Burke no recibiera más de una persona por vez: nunca la misma. Característica suya era invitar, al caer la noche, a un transeúnte desconocido. Vagaba por las calles para examinar los rostros que suscitaban su curiosidad. A veces escogía al azar. Se dirigía al extraño con toda la cortesía que habría puesto Harún-al-Raschid. El extraño subía los seis pisos del caserón del señor Hare. Le cedían el canapé y le ofrecían whisky de Escocia. El señor Burke lo interrogaba acerca de los sucesos más sorprendentes de su existencia. ¡Qué insaciable oyente era el señor Burke! Al despuntar el día, siempre el señor Hare interrumpía el relato. La forma de interrupción del señor Hare era invariablemente la misma, y muy imperativa. Tenía el señor Hare, a fin de interrumpir el relato, la costumbre de ubicarse detrás del canapé y aplicar ambas manos sobre la boca del narrador. En ese mismo momento, el señor Burke se sentaba sobre el pecho de éste. Ambos, en esa posición, soñaban inmóviles con el final de la historia que jamás oían. De esta manera, los señores Burke y Hare concluyeron un gran número de historias que el mundo no conocerá.»

Jules Lermina

Jules Lermina

Maison tranquille (Casa tranquila, audiolibro en francés, 1885) es una inquietante y misteriosa casa, de la que los vecinos se mantienen alejados y en la que viven dos científicos que, si no tienen malas intenciones, no dejan de ser peligrosos con sus experimentos sobre nutrición… El autor de este cuento, Jules Lermina (1839-1915) fue un prolífico y popular autor de novelas de aventura, policíacas o de ciencia-ficción, pero también de obras de historia política: simpatizante del socialismo, lo cual le valió varias estancias en la cárcel, fue colaborador habitual de Le Libertaire (El Libertario), longevo periódico anarquista (1858-2011). En 1890, Lermina publica un agobiante cuento, L’Elixir de vie, conte magique (El Elixir de vida, cuento mágico, audiolibro en francés), en el que vuelve a evocar la figura del científico, sino loco, sí al menos inquietante. Alrededor de una niña que se muere inexplicablemente pululan dos personajes: un joven médico, impotente frente a lo inexplicable , y un anciano, Monsieur Vincent, que posee el secreto de un elixir de vida: la vitalidad de los niños…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Dr. Jekyll and Mr. Hyde, cartel de la película de 1920

Dr. Jekyll and Mr. Hyde, cartel de la película de 1920

Clásico universal del género de terror, el cuento Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde (El Extraño Caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, audiolibro en inglés, 1886) es una de las obras de Robert Louis Stevenson que más éxito tuvo, llegando a ser adaptada al teatro un año después de su publicación, y objeto de un sinfín de versiones cinematográficas y televisuales (podemos ver en Internet Archive la película muda rodada en 1913 por Herbert Brenon and Carl Laemmle y la versión, muda también, de 1920, de John S. Robertson con John Barrymore). No obstante, esta obra sobre el trastorno de personalidad múltiple y la puesta en cuestión de los límites sociales podría no haber visto nunca la luz: en efecto, Stevenson destruyó un primer manuscrito, escrito bajo la influencia de un sueño, antes de reescribir el cuento en pocos días, a pesar (¿o a causa?) de estar enfermo y en cama. El doctor Jekyll, filántropo obsesionado por alguna inclinación por el mal que tiene, imagina una droga que le permita separar su buena personalidad de la mala. Pero poco a poco, la mala personalidad va cobrando fuerza, llegando a dominar el lado filantrópico del doctor Jekyll, convirtiéndose en un monstruoso personaje, el señor Hyde, capaz de cometer los más atroces crímenes… Alegoría religiosa, fábula, novela policíaca, literatura de doppelgänger, cuento diabólico escocés o novela gótica, El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde deslumbra por su inquietante atmósfera en las laberínticas y neblinosas calles de Londres…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Robert Louis Stevenson - Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, ilustración de Charles Raymond Macaulay (1904)

Robert Louis Stevenson – Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, ilustración de Charles Raymond Macaulay (1904)

«- Señor, contesté, haciendo creer en una calma y tranquilidad que estaba lejos de tener, habláis con enigmas, y no os sorprenderá el que escuche vuestras palabras sin darles mucho crédito ; pero he ido demasiado lejos al prestar esos servicios inexplicables, para detenerme antes de haber visto el final.
– Bien está . replicó el desconocido. Lanyón, recordáis vuestros juramentos ; lo que va a acontecer se halla colocado bajo el sagrado secreto de nuestra profesión. Y ahora, vos, que desde largo tiempo estáis encadenado a las concepciones más estrechas y más materiales, vos que habéis negado la virtud de la medicina trascendental, vos que habéis hecho burla de vuestros superiores, ¡mirad!
Llevó el vaso a los labios y bebió su contenido de un solo trago. A esto siguió un grito ; bamboleó, tropezó, cogió la mesa para apoyarse, y continuó sus movimientos, con los ojos extraviados e inyectados en sangre, la boca abierta y espumosa ; y mientras yo miraba, se producía un cambio, según mi imaginación; íbase hinchando, su rostro se volvió negro de repente y las líneas fisonómicas parecieron fundirse y modificarse, y un instante después, me puse en pie, retrocedí hasta la pared, con un brazo extendido hacia adelante como para defenderme contra aquel milagro, y con mi espíritu anonadado por el terror :
– ¡Oh, Dios!, exclamé aterrorizado ; ¡Oh, Dios!, dije varias veces ; ¡pues allí, delante de mi vista, pálido, tembloroso, medio desfallecido, palpando con las manos como un hombre que acaba de resucitar, estaba Enrique Jekyll!
Sobre lo que me dijo durante la hora siguiente, me es imposible reconcentrar suficientemente el espíritu como para escribirlo. Vi lo que vi, oí lo que oí, y mi alma iba enfermando; y hoy que aquella visión se borra de mis ojos, me pregunto a mí mismo si creo en ella, y no puedo contestar. Mi vida está resentida hasta en los cimientos ; un terror mortal se apodera de mí continuamente, noche y día; comprendo que mis días están contados y que es preciso morir; y lo que es más, moriré incrédulo.»

Ilustración: Internet Archive.

Auguste Villiers de l'Isle-Adam

Auguste Villiers de l’Isle-Adam

Heredero de unos aristócratas bretones arruinados, Auguste Villiers de l’Isle-Adam (1838-1889) no cumplió exactamente con las expectativas de su familia, molesta por su temprana vocación literaria, su vida disoluta, sus malas frecuentaciones (entre las que se contaba Stéphane Mallarmé, amigo de toda la vida, Charles Baudelaire o Leconte de Lisle), y tuvo una vida novelesca en la que destacan una promesa incumplida de matrimonio con una hija de Théophile Gautier (la familia de Villiers se opuso a este compromiso con una joven que no pertenecía a la nobleza), el mando de un batallón durante la guerra franco-prusiana, simpatías por la Comuna, una candidatura en las elecciones municipales de 1881, algunos hijos ilegítimos con distintas mujeres y, sobre todo, numerosas obras de poesía, teatro y narrativa, que si tardaron en traerle el reconocimiento que merecía, son, hoy en día, considerados unos clásicos de los movimientos simbolista y decadentista. Numerosos científicos locos nacieron bajo su pluma dando lugar a cuentos, fantásticos o satíricos, pero siempre crueles, reunidos bajo los títulos de Contes cruels (Cuentos crueles, 1883) y Nouveaux Contes cruels (Nuevos Cuentos crueles, 1888): L’Affichage céleste (La Visualizacón celeste, un científico imagina como utilizar la inmensidad del cielo a fines publicitarios), La Machine à gloire (La Máquina de gloria, un científico imagina cómo generar artificialmente un éxito teatral), L’Appareil pour l’analyse chimique du dernier soupir (El Aparato para el análisis químico del último aliento, un científico diseña una máquina que permite entrenarse a la muerte de un familiar para ahorrarse un costoso duelo cuando llega el momento), Le Traitement du docteur Tristan (El Tratamiento del doctor Tristan, que consiste en curarnos de las voces que oímos en nuestro interior para sustituirlas por sentido común).

Ilustración: Gallica.

Alfred Velpeau

Alfred Velpeau

Publicado por separado en 1883, Le Secret de l’échafaud (El Secreto del cadalso, audiolibro en francés, 1883) retoma el tema de La Verdad sobre el caso del señor Valdemar de Edgar Allan Poe, partiendo de un suceso real que causó mucho revuelo por los años 1860. Edmond-Désiré Couty de la Pommerais, médico especializado en homeopatía, envenenó a su suegra y a su amante para cobrar sus seguros de vida. Descubierto gracias a la investigación de un médico forense, fue condenado a muerte y guillotinado en 1864. Cuenta una leyenda urbana, y es el argumento del escalofriante cuento, que mientras Couty de la Pommerais esperaba el resultado de su juicio, le visitó el anatomista y cirujano Alfred Velpeau (que también existió realmente) para proponerle rehabilitarse socialmente prestándose a un último experimento científico: le pide, con el fin de averiguar la duración de la vitalidad y de la sensibilidad post-mortem, que guiñe tres veces el ojo derecho… ¡después de haber sido decapitado! Más allá de sus detalles macabros, Le Secret de l’échafaud fue la aportación personal de Villiers al debate de moda por los años 1880 sobre los sufrimientos ocasionados a los condenamos a muerte en el momento de la ejecución y después…

Ilustración: Wikimedia Commons.

La muñeca-fonógrafo (vestida y mecanismo) inventada por Thomas Edison (1890)

La muñeca-fonógrafo (vestida y mecanismo) inventada por Thomas Edison (1890)

L’Ève future (La Eva futura, 1886), novela publicada por entregas en 1885-1886 antes de aparecer como libro en 1886, es considerada una de las obras fundadoras de la ciencia-ficción, y en ella aparece por primera vez el concepto de «andreide» para definir una criatura artificial diseñada a la imagen de un ser humano. El protagonista de esta novela, Lord Ewald, se enamora de una mujer muy guapa, pero emocionalmente e intelectualmente vacía. Desesperado por no poder vivir con ella ni sin ella, Ewald le escribe a su amigo, el famoso científico Thomas Edison, que está a punto de suicidarse. Edison, para salvar a su amigo, imagina construir una réplica de la prometida, que tuviera su aspecto, pero dotada de inteligencia y de sentimientos… L’Ève future le habría sido inspirada a Villiers por un trágico suceso: un joven lord inglés, hombre de una gran belleza y de mirada llena de tristeza y desesperación, al que Villiers había conocido en una recepción, fue encontrado muerto en su domicilio, acostado al lado de un maniquí de cera que tenía los rasgos de una joven londinense que había sido su novia. Se rumoreó que este suicidio y su puesta en escena eran la consecuencia de un drama pasional: el joven, obsesionado por la belleza de su novia, no podía soportar su alma, su espíritu, y esta obsesión le había llevado a la locura… Pero la anécdota continúa: en otra recepción en la que se cotilleaba sobre esta muerte, un ingeniero americano afirmó que su maestro, Edison, habría sido capaz, gracias a la electricidad, de dotar de vida, de alma y de amor al maniquí de cera… Si toda la asamblea se divirtió mucho ante tales extravagancias, Villiers quedó en silencio… Años más tarde, en 1889, durante un viaje a París, Thomas Edison, que estaba a punto de lanzar al mercado su muñeca-fonógrafo, tuvo la ocasión de leer la novela en la que aparece como protagonista principal y exclamó, entusiasta: «¡Este escritor es más fuerte que yo; yo sólo invento, él crea!» El inventor quiso entonces conocer al escritor, pero el encuentro no fue posible, pues estaba Villiers ya muy enfermo del cáncer que le llevaría a la tumba pocos meses después…

Ilustración: Gallica.

«El talle de la Andreida, cuando se cubra de carne flexible y resistente, tendrá el doblez gracioso, la ondulación firme, lo inexpresable del garbo, que tan seductores son en una simple mujer. La disposición de los muelles de alambre es tan favorable que si bien la mantienen derecha con la esbeltez del pobo, también le permiten hacer cuantos movimientos laterales son propios de su modelo. Todas las desigualdades de los alambres están minuciosamente calculadas: cada hilo está sometido a la corriente central, que según las ondulaciones del torso viviente dependerá de las inflexiones personales que le dicte el cilindro-motor.» (Traducción de Mauricio Bacarisse, La Fontana literaria, 1972)

Das Moto-Baby, cartel de un espectáculo (1910)

Ilustración: Europeana, Circus Museum.

Para acabar este largo capítulo dedicado a los profesores locos imaginados por Villiers de l’Isle Adam, no podemos olvidar el doctor Hallidonhill, el protagonista de L’Héroïsme du docteur Hallidonhill (El Heroísmo del doctor Hallidonhill, 1888). Este médico recibe a sus pacientes enfermos de los pulmones y les hace un diagnóstico en escasos segundos. Un día le visita un enfermo descarnado, moribundo, y primero se niega a curarlo. Pero al enterarse de que es rico, le recomienda una cura en Niza, comiendo únicamente berros. A los seis meses, cuando vuelve el enfermo, sano, hecho un hombre lleno de vitalidad, para agradecerle la atención, el doctor Hallidonhill le mata para extraerle los pulmones y estudiar el poder de los berros… Al ser la libertad del doctor más útil a la Ciencia que su encarcelamiento, no será condenado, y Villiers concluye que «el amor exclusivo de la humanidad futura, incluso despreciando el individuo presente, es, hoy en día, el único móvil que permita disculpar los magnánimos exagerados de la Ciencia».

Louis Boussenard - Les Secrets de Monsieur Synthèse, ilustración de Charles Clérice (1892)

Louis Boussenard – Les Secrets de Monsieur Synthèse, ilustración de Charles Clérice (1892)

El Sr. Synthèse, protagonista de Les Secrets de Monsieur Synthèse (Los Secretos del Señor Síntesis, 1888) es un viejo científico que tiene un ambicioso proyecto: se trata de crear, acelerando en su laboratorio el proceso de la evolución de las especies desde sus orígenes, un ser humano completamente nuevo y libre de las taras que ha ido acumulando a lo largo de sus siglos de existencia. A punto de alcanzar su objetivo, fracasará por poco a causa de la hostilidad de los hombres… El año siguiente, en 1889, el Sr. Synthèse repetirá aventuras en un relato publicado por entregas: después de pasar Dix mille ans dans un bloc de glace (Diez Mil Años en un bloque de hielo) el científico despierta en un futuro lejano y tiene la oportunidad de comprobar sus propias hipótesis sobre la evolución… Completamente olvidado hoy en día, el autor de estas dos novelas fue no obstante un autor muy popular en las décadas que precedieron a la Primera Guerra Mundial, y su recuerdo perdura todavía en Rusia, donde todas sus obras fueron traducidas y aún hoy son leídas. Después de cursar estudios de medicina, Louis-Henri Boussenard (1847-1910) decidió vivir su sueño de juventud de ser aventurero y embarcó hacia las colonias gracias a una misión científica encargada por el gobierno francés. Su segunda vocación era la escritura, especialmente la escritura de novelas de aventura, y sus propios viajes constituyeron una inagotable fuente de inspiración para las más de cuarenta novelas, destinadas en su mayoría a un público juvenil, que publicó entre 1879 y su muerte. Fiel contribuidor de la revista destinada a los niños Le Journal des voyages (El Periódico de los viajes), Boussenard es un heredero directo de Jules Verne, por el estilo de sus obras, pero desmarcándose del maestro por una voluntad de precisión geográfica y de exactitud científica.

Ilustración: Gallica.

Jules Verne - Le Château des Carpathes, ilustración de Léon Benett (1893).

Jules Verne – Le Château des Carpathes, ilustración de Léon Benett (1893).

Cinco años antes de Bram Stoker, Jules Verne imaginó una novela gótica ambientada en Transilvania, con un personaje maldito, un lugar inquietante objeto del odio y del temor de los habitantes del pueblo vecino, pero en la que todo el misterio acaba explicándose gracias a la ciencia y la tecnología. Cuando empieza a salir humo de una de las chimeneas del Château des Carpathes (El Castillo de los Cárpatos, audiolibro en francés, 1892), castillo medio en ruinas que los vecinos creían abandonado, y que los atrevidos que se acercan son testigos de extraños fenómenos, el terror se apodera de las mentes. El joven conde Franz de Télek, de paso por la zona, al enterarse de quién es su dueño, decide introducirse en el castillo para elucidar el misterio. Años atrás, el conde y el barón Rodolphe de Gortz estuvieron enamorados de la misma mujer, una cantante italiana, la Stilla. Prometida a de Télek, la Stilla era el objeto de una fascinación obsesiva por parte de de Gortz, quién no podía quitarle los ojos de encima cuando estaba en escena. Su fulgurante y enigmática muerte durante una representación fue la causa de un odio recíproco entre los dos hombres, pues cada uno acusaba al otro de la muerte de la mujer deseada. Durante su exploración del castillo, Franz de Télek ve y oye cantar a la Stilla, su añorada prometida… ¿Fantasma? No… gracias a los conocimientos de su empleado, el inventor maldito Orfanik, Rodolphe de Gortz había logrado, mediante unos artilugios que nos recuerdan hoy en día a los hologramas, recrear la presencia de la Stilla y satisfacer así su amor obsesivo…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Marcel Schwob

Marcel Schwob

La voz y su recreación artificial también constituyen el argumento de La Machine à parler (La Máquina parlante, audiolibro en francés, 1892) de Marcel Schwob. Pero el científico que protagoniza este corto cuento no es un adepto de los logros fonográficos de Edison, que no hacen otra cosa que reproducir una voz grabada anteriormente. Después de años de estudios disecando gargantas, ha creado una inquietante máquina, una garganta gigante, capaz de hablar por sí sola y de expresar el pensamiento de su inventor. Pero cuando el extraño profesor quiere apropiarse la frase biblíca «En el principio era el verbo» y hacerle decir a su invento «Yo he creado el verbo», proclamando de esta manera su superioridad sobre Dios, la máquina se atasca y se autodestruye al mismo tiempo que el profesor pierde definitivamente la voz… ¿Avería mecánica o fallo teológico?

Ilustración: Le Blog de Marcel Schwob.

Arthur Conan Doyle – The Parasite, ilustración de Howard Pyle (1895)

Arthur Conan Doyle – The Parasite, ilustración de Howard Pyle (1895)

Entusiasta adepto de las ciencias ocultas y del espiritismo, Sir Arthur Conan Doyle publica en 1894 la novela corta titulada The Parasite (El Parásito, audiolibro en inglés) en la que aborda el conflicto entre razón y poderes sobrenaturales. A Austin Gilroy, joven profesor de fisiología, los fenómenos ocultistas lo dejan lleno de escepticismo. Hasta que un día le presentan a Helen Penclosa, mujer madura con una pierna paralizada y que afirma tener poderes psíquicos. Después de apoderarse de la voluntad de Agatha, la prometida de Gilroy, le hacer cometer actos extraños, aunque sin consecuencias graves, que convence al joven profesor de sus poderes y lo lleva a visitar con frecuencia a la médium para estudiar este fenómeno, e incluso prestarse a algún experimento de sugestión mental. Pero la Sta Penclosa acaba enamorándose de Gilroy…

Ilustración: Internet Archive.

Bram Stoker – Dracula, edición de 1928

Bram Stoker – Dracula, edición de 1928

Dracula (Drácula, audiolibro en inglés, 1897) de Bram Stoker (1847-1912), clásico de la literatura de terror, además de desarrollar temas propios del psicoanálisis (la relación entre deseo sexual y muerte, la puesta en cuestión de los límites sociales), ofrece la descripción de una confrontación entre dos mundos, la Inglaterra de finales del siglo XIX, con sus avances tecnológicos y sociales, y la Transilvania del conde Drácula, en la que reinan el pasado y las antiguas tradiciones. Modernidad y progreso científico frente a terror y superstición. Razón frente a locura. Esta confrontación se extiende al conflicto entre los dos personajes principales, ambos científicos, opuestos en numerosos aspectos; en particular difieren en su concepción la ciencia: utilizarla para servir a sus propios intereses o ponerla al servicio de la humanidad. Cuando era mortal, antes de convertirse en el vampiro que han inmortalizado las adaptaciones cinematográficas y televisivas (entre las que debemos destacar Nosferatu, el vampiro, obra maestra muda de Friedrich Wilhelm Murnau (1922)), Drácula era un hombre de excepción: hombre de estado, guerrero, alquimista, de una inteligencia y una cultura excepcionales. Pero su sed de conocimiento, alimentada por una fabulosa biblioteca, y que conservará después de su muerte física, no tiene otro objetivo que el de vencer y dominar, para su propio provecho. En cuanto al doctor Abraham Van Helsing, el rival de Drácula y cazador de vampiros, es uno de los mayores eruditos de su época, a la vez filósofo y metafísico. Abierto a todas las ramas del saber, incluso a las que aún no se explican científicamente, como el vampirismo, Van Helsing está movido por su voluntad de poner sus conocimientos al servicio de la humanidad y su lucha contra los vampiros tiene por origen su deseo de salvar el mundo. A las supersticiones y a las facultades sobrenaturales de los vampiros (la telepatía, la generación de vampiros por las mordeduras, los crucifijos, las ristras de ajo, el agua bendita, la estaca clavada en el corazón…), Stoker (por el intermediario de Van Helsing) opone las ciencias puras y sociales más en boga en este fin de siglo: la criminología, el hipnosis, las teorías sobre degeneración social, las transfusiones de sangre, la comunicación, el psicoanálisis…

Ilustración: Dracula, between hero and vampire.

Bram Stoker – Dracula, ilustración de la edición estadounidense de 1897

Bram Stoker – Dracula, ilustración de la edición estadounidense de 1897

«La gran caja estaba en el mismo lugar, recostada contra la pared, pero la tapa había sido puesta, con los clavos listos en su lugar para ser metidos aunque todavía no se había hecho esto. Yo sabía que tenía que llegar al cuerpo para buscar la llave, de tal manera que levanté la tapa y la recliné contra la pared; y entonces vi algo que llenó mi alma de terror. Ahí yacía el conde, pero mirándose tan joven como si hubiese sido rejuvenecido, pues su pelo blanco y sus bigotes habían cambiado a un gris oscuro; las mejillas estaban más llenas, y la blanca piel parecía un rojo rubí debajo de ellas; la boca estaba más roja que nunca; sobre sus labios había gotas de sangre fresca que caían en hilillos desde las esquinas de su boca y corrían sobre su barbilla y su cuello. Hasta sus ojos, profundos y centelleantes, parecían estar hundidos en medio de la carne hinchada, pues los párpados y las bolsas debajo de ellos estaban abotagados. Parecía como si la horrorosa criatura simplemente estuviese saciada con sangre. Yacía como una horripilante sanguijuela, exhausta por el hartazgo. Temblé al inclinarme para tocarlo, y cada sentido en mí se rebeló al contacto; pero tenía que hurgar en sus bolsillos, o estaba perdido. La noche siguiente podía ver mi propio cuerpo servir de banquete de una manera similar para aquellas horrorosas tres. Caí sobre el cuerpo, pero no pude encontrar señales de la llave. Entonces me detuve y miré al conde. Había una sonrisa burlona en su rostro hinchado que pareció volverme loco. Aquél era el ser al que yo estaba ayudando a trasladarse a Londres, donde, quizá, en los siglos venideros podría saciar su sed de sangre entre sus prolíficos millones, y crear un nuevo y siempre más amplio círculo de semi-demonios para que se cebaran entre los indefensos. El mero hecho de pensar aquello me volvía loco. Sentí un terrible deseo de salvar al mundo de semejante monstruo.»

Ilustración: Internet Archive.

Alfred Jarry – Le Surmâle (1902)

Alfred Jarry – Le Surmâle (1902)

Curiosamente, ninguno de los científicos locos de nuestra ya larga galería de retratos se ha atrevido a tratar el tema de la mejora artificial del rendimiento sexual. Hemos leído sobre objetivos políticos, filosóficos, pasionales, e incluso sexistas, pero es el profesor William Elson, químico famoso, protagonista de Le Surmâle (El Supermacho) quién, en 1902, imagina, después de una animada sobremesa sobre amor y sexo, una sustancia, llamada perpetual-motion food (alimento de moción perpetua), que permite la regeneración de los músculos durante el esfuerzo, y por lo tanto multiplicar al infinito el rendimiento muscular… de todo tipo de músculo. Para probar la eficacia de esta droga, se convoca una carrera ciclista entre París e Irkutsk en Rusia. Casi todos los corredores mueren en el intento, pero el objetivo es cumplido por una misteriosa sombra, que no ha absorbido el perpetual-motion food. Para más inri, se encuentran, por todo el recorrido, cadáveres de mujeres a las que se les ha hecho el amor de manera salvaje. Es el supermacho que todos buscan. Cuando logran identificar su identidad, le ponen a prueba para medir cuántas veces seguidas puede realizar el acto sexual. El resultado superará todas las expectativas: ¡89 veces! En su última novela, mezclando provocación, situaciones grotescas, e insinuaciones algo atrevidas, Alfred Jarry aborda a su manera temas filosóficos sobre erotismo: la relación entre acto sexual y muerte, o la eterna controversia sobre si el deseo sexual nace del amor o al revés…

Ilustración: Gallica.

Gustav Meyrink

Gustav Meyrink

Muy influenciado por las ciencias ocultas de las que era un adepto, el escritor austriaco Gustav Meyrink (1868-1932) fue uno de los autores más representativos de la literatura fantástica en lengua alemana. Hoy en día es sobre todo recordado por sus dos novelas Der Golem (El Golem, 1915) y Walpurgisnacht (La Noche de Walpurgis, 1917) ambientadas en Praga, ciudad en la que ha vivido durante muchos años y que describe no como telón de fondo, sino como protagonista principal. Empezó su carrera literaria en la primera década del siglo XX, publicando relatos en el semanal alemán Simplicissimus. Satíricos, grotescos o fantásticos, estos relatos gozaron de mucho éxito entre los lectores y fueron pronto el objeto de publicaciones en volumen. Varios relatos de los inicios de Meyrink tratan el tema del científico loco en un estilo realista que convierte el horror en algo natural y rutinario. Das Präparat (La Preparación, 1903) cuenta cómo dos hombres descubren que el cuerpo de un amigo desaparecido es mantenido en vida de manera artificial, disecado, con la tráquea, los bronquios y los pulmones envueltos en un pañuelo de seda, y las venas bombeando la sangre desde unos vasos altos: es la preparación creada por un profesor persa para diseñar un autómata. El Dr. Lederer (1903) inventa un dispositivo que permite proyectar imágenes en el cielo, pero su invento provocará que una mujer embarazada de a luz a un niño con la cara de un hombre cuyo retrato se proyectó durante la noche del nacimiento. El narrador de Die Pflanzen des Doktor Cindirella (Las Plantas del doctor Cindirella, texto en francés, audiolibro en alemán, 1905) explica que al traer una pequeña estatua egipcia encontrada en una excavación de Tebas y que reproduce un antiguo jeroglífico egipcio, se ve presa de extrañas alucinaciones. Es en este estado que penetra en la casa del Doctor Cindirella donde presenciará unos escalofriantes fenómenos…

Ilustración: Wikimedia Commons.

«No se movía nada; suspiré de alivio. Con precaución para no apagar la llama, recorrí las paredes con mi lámpara. Por todos lados, el mismo enrejado, en que se entrelazaban, como podía averiguarlo ahora, vaso sanguíneos y venas en los que latía la sangre. En medio de aquel enredo, relucían innumerables y siniestras prunelas que dilataban sus terroríficas tuberosidades de moras silvestres para seguirme con la mirada mientras pasaba delante de ellas. Ojos de todos los tamaños, de todos los colores, desde el agua cristalina hasta el iris azulado de un caballo muerto, la cabeza girada hacia el cielo. Algunos tenían el aspecto negro y arrugado de belladonas secas. Las venas más gruesas hundían sus raíces en unos vasos llenos de sangre, de las que sacaban, no se sabe cómo, su savia.» (Las Plantas del Doctor Cindirella).

Ramón Acín Aquilué – Retrato de Silvio Kossti

Ramón Acín Aquilué – Retrato de Silvio Kossti

Discípulo de Joaquín Costa, Manuel Bescós Almudévar (1866-1928) fue un escritor, político y abogado español. Firmemente anticlerical y ateo, a la vez que muy crítico con el socialismo y el republicanismo, fue alcalde de Huesca durante cuatro meses, durante el invierno 1923-1924. En 1909 autoedita y bajo el pseudónimo de Silvio Kossti, que utilizaría para firmar sus obras literarias, un volumen titulado Las Tardes del sanatorio. Escrito durante su convalecencia después de una delicada operación quirúrgica. En este conjunto de historias de géneros muy diferentes (desde poemas, dramatizaciones hasta chistes e historietas subidas de tono) vinculados entre sí, Kossti defiende su ateísmo y postula por una filosofía científica apoyada en las teorías de los investigadores de fin de siglo XIX, encabezados por Darwin. El primer cuento, El Pitecanthropos, está protagonizado por Cornelius Korner, un antropólogo alemán que ansía demostrar de manera definitiva e inequívoca las teorías del padre de la evolución de las especies. Para llegar a sus fines, decide hipnotizar a su bella mujer criolla para que se quede embarazada de un orangután… Convirtiendo su honor como marido en un sacrificio a la ciencia, espera alzarse al estatuto de héroe. Esta fábula llena de lubricidad, por no decir pornografía, desarrolla ideas que hoy en día no se considerarían como políticamente correctas: el control del cuerpo de la mujer por el hombre, la jerarquía social, sexual y racial que coloca al científico, masculino, civilizado y racional, por encima de su mujer, su criado negro y el orangután, los tres supuestamente salvajes e irracionales. Zoofilia, adulterio, evolución… no es de extrañar que esta obra le valiera a su autor la severa reprobación de los obispos de Huesca, Jaca y Zaragoza, que amenazaron de excomunión a cualquiera que leyera la obra, así como cualquier artículo escrito por Bescós publicado en la prensa local…

Ilustración: RED.es (Red Digital de Colecciones de museos de España).

El Sr. Gabriel Lippmann en su laboratorio del Instituto (1908)

El Sr. Gabriel Lippmann en su laboratorio del Instituto (1908)

Las historias narradas por Maurice Level (1875-1926) en Les Portes de l’enfer (Las Puertas del infierno, audiolibro en francés, 1910) se podrían definir como historias de terror cotidianas. En la imaginación de Level, no hay monstruos llenos de tentáculos, ni fantasmas con cadenas. El terror radica en la psicología humana que es capaz de convertir situaciones muy normales en escenarios espeluznantes… Un savant (Un científico) nos presenta a un médico, investigador de excepción entregado a sus trabajos para vencer el cáncer y al cuidado de sus pacientes. En su lecho de muerte, va a hacer una terrible revelación a sus amigos y alumnos…

Ilustración : Gallica.

Cartel de la película Alraune (1928)

Cartel de la película Alraune (1928)

Según las leyenda medieval, la mandrágora es una planta que crece al pie de la horca, nacida de la tierra fecundada por el semen de los ahorcados. El cínico doctor Jacob Ten Brinken, con la ayuda de su sobrino Frank Baum, decide crear una mandrágora humana. Para llevar a cabo esta operación, Ten Brinken insemina a una prostituta con semen recogido de un condenado a muerte en el mismo momento de su ejecución. De esta unión, nace Alraune, niña de un extraño encanto andrógino, que, al crecer, se revelará tan maligna como lúbrica. Tiene la particularidad, como la mandrágora medieval, de traer riqueza y muerte y nadie puede resistir a su poder de seducción… Pero al enamorarse de Frank, Alraune se pondrá en peligro a sí misma… Erótica, romántica, gótica de haber sido escrita un siglo antes, Alraune. Die Geschichte eines lebenden Wesens (Mandrágora, texto en inglés, 1911), que tuvo un fenomenal éxito en Alemania desde su publicación, pero fue censurada en otros países, es una hermosa historia sobre Amor y Muerte y la segunda entrega de la trilogía dedicada por Hanns Heinz Ewers a su allter ego Frank Baum… Alraune fue adaptada para el cine en varias ocasiones, la primera de ellas en 1918. Se puede ver aquí la versión de 1928, película alemana muda dirigida por Henrik Galeen y con Brigitte Helm en el papel de la mandrágora humana. El científico loco es una figura recurrente en la obra de Hanns Heinz Ewers, como, por ejemplo, en el cuento Die Topharbraut (La Novia del Tophar, 1913), protagonizado por un embalsamador obsesivo que secuestra a la novia del narrador para matarla, embalsamarla y momificarla según los métodos de los antiguos egipcios, y simular así un sensacional descubrimiento arqueológico.

Ilustración: Wikipedia.

Gustave Le Rouge - Le Mystérieux Docteur Cornélius (1912)

Gustave Le Rouge – Le Mystérieux Docteur Cornélius (1912)

Publicada por entregas en 1912, Le Mystérieux Docteur Cornélius (Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, El Misterioso Doctor Cornélius) es sin duda la obra maestra, y la más conocida hoy en día (gracias en parte a la exitosa serie de televisión de los años 1980), del polifacético y prolífico Gustave Le Rouge (1867-1938). Seguidor de Jules Verne, fue el autor de cerca de 200 obras, entre las que destacan sus populares novelas de aventuras, que a menudo contenían elementos fantásticos y de ciencia-ficción. El misterioso Doctor Cornélius Kramm es un malvado científico americano, «escultor de carne humana», inventor de la «carnoplastia», técnica que permite a cualquiera usurpar la apariencia de otra persona, con la cual espera poder llevar a cabo sus ambiciones de poder y de riqueza. Pero no cuenta con el buen doctor francés Prosper Bondonnat, cuyas investigaciones no tienen otro objeto que aportar su piedra al «edificio radiante de la modernidad». Peripecias, intriga policíaca, amor, lugares enigmáticos y misteriosos, todos los ingredientes de una gran novela de aventuras que causará impresión entre los surrealistas y será el objeto de un homenaje titulado Kodak (Documentaire) (Kodak (Documental), 1924), serie de instantáneas poéticas, preciosas evocaciones de los lugares visitados en la novela, por el viajero escritor, Blaise Cendrars… Amigo de Le Rouge, Cendrars quiso demostrarle que era un poeta él también y compuso los poemas a base de collage, cortando y reorganizando fragmentos de la novela. Esta mistificación literaria no fue descubierta hasta los años 1970.

Ilustración: Ebooksgratuits.

Gustave Le Rouge - Le Mystérieux Docteur Cornélius (1912)

Gustave Le Rouge – Le Mystérieux Docteur Cornélius (1912)

«- Veamos, entre usted y yo, ¿tiene usted interés en conservar su fisionomía actual?
– ¿Mi fisionomía?
– Sí. Me refiero al color de su pelo, la expresión de su cara, el color de su piel. En una palabra, todo lo que constituye su personalidad física.
– No tengo ningún interés; por lo que veo, quiere teñirme, maquillarme, irreconocible-
El Doctor Cornélius se encogió de hombros.
– Teñirse, maquillarse, ¡vaya broma!
Y añadió con una voz sorda:
– No se trata de eso. Se producirá en usted un cambio tan radical, tan profundo, que será realmente otro hombre.
– ¡Imposible!
– Es muy posible; es cierto que la experiencia es atrevida, pero no conlleva ningún peligro serio. Fritz, mi hermano, le explicó el otro día algunos de los medios que empleo para alcanzar mis objetivos, y pudo usted constatar que son muy ingeniosos y extremadamente sencillos.
– Pero ¿por qué esta transformación completa? Murmuró Baruch Jorgell, el corazón encogido por una vaga inquietud. ¿No serían suficientes algunos retoques?
– ¡No, ningún retoque! Veo que tengo que completar mi pensamiento. Una noche, como hoy por ejemplo, usted se duerme en la piel de Baruch Jorgell, conocido criminal, buscado por la policía del mundo entero, y cuando se despierta, se ha convertido, gracias a la magia de la Ciencia, en uno de los más brillantes caballeros de la aristocracia, de los Quinientos, hijo feliz de un padre millonario.»

Ilustración: Ebooksgratuits.

Edgar Wallace - The Man Who Hated Earthworms, ilustración de Antoine Verpilleux (1921)

Edgar Wallace – The Man Who Hated Earthworms, ilustración de Antoine Verpilleux (1921)

En 1905, el escritor inglés Edgar Wallace había publicado una novela titulada Four Just Men (Quatro Justicieros), protagonizada por cuatro caballeros británicos, jóvenes, ricos e incorruptibles, entregados a la causa de la Justicia. Jueces, jurados y verdugos, conseguían eliminar a los delincuentes de todo tipo: ladrones, asesinos, violadores, e incluso políticos corruptos… Esta novela conoció un fenomenal éxito y es una de las cien mejores novelas policíacas de todos los tiempos, según la británica Crime Writers’ Association. Los cuatro justicieros fueron los protagonistas de seis títulos, publicados entre 1905 y 1929. The Law of the Four Just Men (La Ley de los Quatro Justicieros, 1921), cuarta entrega de la serie, se compone de diez relatos independientes, casos resueltos por dos de los cuatro justicieros (uno murió en un episodio anterior, y otro se retiró…). The Man who hated earthworms (El hombre que odiaba las lombrices) es uno de estos relatos, eco-thriller antes de hora, en la que la fobia del protagonista, un biólogo loco que odia las lombrices de tierra, pone en peligro, por exterminarlos, la ecología y la supervivencia de la Tierra…

Edgar Wallace - The Man Who Hated Earthworms, ilustración de Antoine Verpilleux (1921)

Edgar Wallace – The Man Who Hated Earthworms, ilustración de Antoine Verpilleux (1921)

Ilustración: Freeread.

«Según mi teoría, continuó el doctor, más tranquilo ahora, secándose la frente con su pañuelo, todas las criaturas vivas están llamadas por orden, por ciclo y especie, a dominar la tierra. ¡Dentro de un millón de años, puede que el hombre, encogido, haya alcanzado el grosor de una hormiga y que la lombriz, por su inteligencia superior, su astucia y su ferocidad, haya alcanzado la predominancia en la tierra! Mi opinión siempre ha sido esa, prosiguió, sin provocar ningún comentario por parte de Léon o Mandred. Siempre pienso en ello, todos los días, y sueño con eso por la noche. He dedicado mi vida a la aniquilación de esta amenaza.»

Ilustración: Freeread.

Cubierta de la revista Weird Tales de 1942

Cubierta de la revista Weird Tales de 1942

Publicado por entregas en 1922, el relato Herbert West: Reanimador (Herbert West: Reanimator, audiolibro en inglés, 1922) fue escrito en una época en la que su autor, Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) tenía problemas financieros y se vio obligado a prestarse al juego de terminar cada capítulo con una situación de suspense, con el fin de «enganchar» a los lectores, práctica que no correspondía en absoluto a su forma de trabajar. Herbert West es un médico, obsesionado por la muerte y la resurrección. Es el inventor de un reactivo que permite reanimar a los muertos. Brillante, narcisista, amoral, desprecia tanto la vida como la muerte y no tiene ningún escrúpulo a la hora de suministrarse de cadáveres lo más frescos posibles para seguir con sus experimentos. Desde la lectura de los obituarios en el diario hasta los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, pasando por una epidemia de tifus, Herbert West, acompañado de su amigo y cómplice, el narrador de la novela, irá resucitando muertos, a pesar de la voluntad de los «interesados» que buscarán vengarse del doctor loco… Si este relato se aleja un poco de los mundos fantásticos y terroríficos de Lovecraft, en él aparece no obstante por primera vez la Universidad de Miskatonic, que los admiradores del mito de Cthulhu bien conocen. Por otro lado, este relato fue el primero en ofrecer una descripción del zombie, cuerpo muerto reanimado gracias a un procedimiento científico, como un ser violento, taciturno e incontrolable, características que el cine, empezando por el clásico del género, la inmortal Night of the living dead (Noche de los muertos vivientes, 1968), de George A. Romero, adoptaría como propias…

Ilustración: Wikimedia Commons.

«No me atrevo a hablar de sus métodos durante los cinco años siguientes. Seguí a su lado por puro miedo, y presencié escenas que la lengua humana no podría repetir. Gradualmente, llegué a darme cuenta de que el propio Herbert West era más horrible que todo lo que hacía… fue entonces cuando comprendí claramente que su celo científico por prolongar la vida, en otro tiempo normal, había degenerado sutilmente en una curiosidad meramente morbosa y macabra y en una secreta complacencia en la visión de los cadáveres. Su interés se convirtió en perversa afición por lo repugnante y lo diabólicamente anormal; se recreaba con tranquilidad en monstruosidades artificiales ante las que cualquier persona en su sano juicio caería desvanecida de repugnancia y de horror; detrás de su pálido intelectualismo, se convirtió en un exigente Baudelaire del experimento físico, en un lánguido Heliogábalo de las tumbas. Afrontaba imperturbable los peligros y cometía crímenes con impasibilidad.»

Aleksandr Beliáyev – La Cabeza del Profesor Dowell

Aleksandr Beliáyev – La Cabeza del Profesor Dowell

En 1925, el escritor Aleksandr Beliáyev (1884-1942), unos de los maestros de la ciencia-ficción rusa, publica Голова Профессора Доуэля (La Cabeza del Profesor Dowell), en la que aparece una de las pocas protagonistas femeninas de esta extensa presentación de científicos: Marie Laurane, joven médico, es contratada por el Profesor Kern para asistirle en sus experimentos médicos. Muy grande es su asombro cuando descubre que va a tener que cuidar de una cabeza sin cuerpo, que el Profesor Kern ha reanimado. Es la cabeza del Profesor Dowell, que fue el jefe de Kern y ahora se ve reducido a ayudar intelectualmente a su antiguo asistente en su labor de descubrir cómo reanimar a los muertos. La cláusula de confidencialidad impuesta a la joven doctora le hace dudar de los métodos de Kern. Cuando logra hablar a solas con la cabeza del Profesor Dowell, descubre que Kern es un asesino… Más que un remake moderno de Frankenstein o una elucubración fantástica sobre científicos locos volcados en la reanimación de los muertos, Beliáyev ha querido plantear, a través de unos detalles científicos cuidadosamente estudiados y un análisis en profundidad de la psicología de los personajes, el impacto psicológico que tienen los experimentos científicos sobre los cobayas y sobre la joven médico. Por otro lado, a la luz de la historia soviética de aquella época (estamos a principios de la era de Stalin), se puede leer esta novela como una metáfora de la manipulación política de aquellos años negros: Kern es un manipulador en todos los sentidos, físico (disponiendo de la cabeza de sus cobayas) y mental (presionando a Marie), oculta la información, disuelve identidades, controla el destino de sus «pacientes»… Al mismo tiempo, esta figura es interesante desde el punto de vista literario, en comparación con los otros protagonistas aquí presentados, por su mediocridad: es un personaje sin genialidad, simplemente ávido de reconocimiento y gloria, sin verdadera pasión científica, y que no es capaz de llegar a ningún resultado válido sin la ayuda del Profesor Dowell.

Ilustración: Loveread.

Mijaíl Bulgákov

Mijaíl Bulgákov

Siguiendo con la Unión Soviética, durante los años 1920, entre las dos guerras mundiales, apareció una corriente literaria informal que originó la publicación de varias novelas protagonizadas por científicos. Pero en lugar de hacer hincapié en la(s) locura(s) de estos científicos, estas novelas tienen en común un héroe brillante pero lunático y solitario, que ve cómo su invento, potencialmente neutral, se le escapa por descuido o por estupidez en una sociedad demasiado ávida para pensar en las consecuencias. La más conocida de estas obras es sin duda Роковые яйца (Los Huevos fatídicos, texto en inglés, 1925) de Mijaíl Bulgákov (1891-1940). Prohibida en la URSS hasta 1988, esta novela entre terror, ciencia-ficción y sátira social, cuenta como el profesor Vladimir Ipatievich Pérsikov, zoólogo especialista en batracios que ha sacrificado vida y familia a la Ciencia, descubre por casualidad un rayo luminoso que tiene la peculiaridad de acelerar considerablemente la facultad de reproducción de los organismos. Probado sobre las ranas, el rayo permite obtener animales colosales, muy voraces y con un ciclo de reproducción acelerado. Al poco tiempo, una terrible epidemia diezma toda la población de gallinas de la URSS y el consumo de los huevos se prohíbe por ser peligrosos. La necesidad de alimentos y de demostrar que el país va bien lleva a las autoridades a utilizar el invento de Pérsikov para regenerar rápidamente las existencias avícolas. Obviamente nada funcionará según lo previsto y el caos amenazará adueñarse de Rusia…

Ilustración: Wikimedia Commons.

«Tenía cincuenta años. Con una espléndida cabeza calva, como un majadero, y mechones de pelo amarillento que salían por los lados. Su cara estaba frescamente afeitada, con un labio ligeramente hacia afuera que le daba un aire un poco arisco. Alto y de hombros redondos, tenía unos pequeños ojos brillantes y, en la nariz, unas diminutas gafas anticuadas de montura de plata. Hablaba con una voz áspera, alta, ronca, y una de sus idiosincrasias consistía en encorvar el dedo índice de la mano derecha y arrugar el entrecejo, mientras decía algo importante y de gran autoridad. Y como siempre hablaba con gran autoridad, ya que su sabiduría en su área era bastante fenomenal, el dedo encorvado apuntaba a menudo a las personas con las cuales hablaba el Profesor. Fuera de su área, o sea, zoología, embriología, anatomía, botánica y geografía, sin embargo, el Profesor Pérsikov no decía casi nada.
El Profesor Pérsikov no leía los periódicos ni tampoco iba al teatro. Su mujer se había marchado con un tenor de la Ópera de Zimin en 1913, dejándole una nota que decía:
«Tus ranas me dan un asco intolerable que me provoca escalofríos. Nunca seré feliz en la vida por culpa de ellas.»»

Aleksandr Beliáyev

Aleksandr Beliáyev

Volviendo a Aleksandr Beliáyev, imagina en 1928 un argumento similar al de Los Huevos fatídicos de Bulgákov con Вечный хлеб (El Pan eterno), novela que anticipa las barbaridades agroalimentarias que se cometen desde finales del siglo XX: a diferencia de la novela de Bulgákov, El Pan eterno se ambienta en un país europeo y capitalista. Un científico, que vive recluido del mundo en un pueblecito de pescadores, crea un alimento-milagro, una jalea que, si es poco apetitosa, no tiene mal sabor y sobre todo se sintetiza a partir del aire, con lo cual permitiría alimentar indefinidamente a los que la poseyeran. El buen profesor le regala un poco de su sustancia a un pobre hombre caído en desgracia y es el inicio de las complicaciones: corre la voz y roban la jalea para explotarla industrialmente. Pero la fórmula del maravilloso alimento no está muy a punto y la jalea empieza a desarrollarse de manera incontrolada, amenazando con sumergir el planeta bajo un océano de comida. Y, por supuesto, la locura de las multitudes acusará al pobre profesor de ser el responsable de esta situación…

Ilustración: Wikimedia Commons.

Ilf y Petrov

Ilf y Petrov

Iliá Ilf (Iliá Arnóldovich Fainzilberg, 1897.1937) y Yevgueni Petrov (Yevgueni Petróvich Katáev, 1903-1942) fueron dos escritores soviéticos de prosa que trabajaron a cuatro manos firmando sus obras conjuntas como Ilf y Petrov. Fueron muy populares en la URSS de los años 1920-1930 por sus novelas satíricas, entre las cuales figura Светлая личность (Brillante Personalidad, 1928), novela corta de tono satírico-fantástico: un pobre empleado se ve convertido en un hombre invisible por culpa de un investigador loco que pretendía hacer desaparecer sus pecas. A pesar de su «invalidez», el héroe de esta historia pretende seguir normalmente con su vida cotidiana y su trabajo. Pero no cuenta con sus conciudadanos, que se imaginan que está en todos lados, espiándolos como un justiciero – o más bien denunciador – oculto. Todos se ponen a desvelar su personalidad real, sus pequeños delitos o bajezas, en un acto de autocrítica voluntaria, para evitar ser denunciados a su pesar… Curiosamente, el periodo de invisibilidad del protagonista será denominado por el pueblo como… ¡«periodo de transparencia»!

Ilustración: Wikimedia Commons.

Más lecturas

Carl Spitzweg – Una visita (ca. 1850)

Carl Spitzweg – Una visita (ca. 1850)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Los autores que han tratado el tema del científico loco son, como hemos podido averiguar a lo largo de esta nueva entrega de Tesoros Digitales, innumerables. Hemos intentado abarcar un abanico lo más amplio posible, pero existen otros autores y otros títulos que, por diversas razones, no hemos podido o querido tratar de manera desarrollada aquí. Autores olvidados de la historia literaria, autores omitidos en las labores de digitalización emprendidas por las Bibliotecas Digitales existentes, o títulos demasiado inspirados por los grandes clásicos que acabamos de tratar en detalle: a continuación les propondremos una selección adicional de estos escritores que hemos tenido que dejar atrás.

Marie-Noémi Cadiot (Claude Vignon)

Marie-Noémi Cadiot (Claude Vignon)

The Mummy ! A tale of the twenty-second century (¡La Momia! Una historia del siglo XXII, 1827), de Jane Wells Webb de Loudon (1807-1858). Además de publicar manuales de jardinería que fueron populares en su tiempo, la inglesa Jane Wells Webb de Loudon fue escritora de novelas góticas, fantásticas y de horror. Es considerada precursora de la ciencia -ficción. Tomado prestados varios temas e ideas a Frankenstein, pero sin llegar a igualarla, The Mummy !, llena de diálogos y consideraciones filosóficas, es la historia de un científico loco que, en el siglo XXII, se empeña en reanimar una momia egipcia. Reconozcámosle a la autora cierta visión feminista y de futuro, así como la idea de que la tecnología iba a ocupar cada vez más protagonismo en los siglos siguientes…

Les morts se vengent (Los muertos se vengan, 1857), de Claude Vignon. Bajo este pseudónimo masculino, inspirado en un personaje de Honoré de Balzac del que fue discípula, firmó la escultora y feminista Marie-Noémi Cadiot (1828-1888) un puñado de relatos y novelas. Antes que Stevenson, Villiers o Lovecraft, Vignon imagina en este cuento que los muertos sometidos a una autopsia o a una disección todavía sienten dolor, sin poder expresarlo.

Ilustración: Wikimedia Commons.

La Possédée (La Poseída, 1863), de Henri Rivière (1827-1883). Rivière, además de escritor, fue oficial de la marina y participó en diversos conflictos armados y coloniales en el Tonkín. La Poseída es la pura e inmaterial Fédérica, pasionalmente enamorada de su marido, aunque de manera platónica. Una tentación física pasajera e ínfima hacia otro hombre, el diabólico D’Expili, la ha convertido en su esclava y la lleva a una doble vida inconsciente de esposa virtuosa y de mujer criminal.

The Monster Maker (The Surgeon’s experiment) (El Fabricante de monstruos (El Experimento del cirujano), 1887), de William Chambers Morrow (1854-1923). William Chambers Morrow fue un escritor estadounidense recordado sobre todo por sus cuentos de horror y suspense. The Monster Maker es un científico loco que decapita a un paciente que le había pedido que le ayudara a suicidarse, pero mantiene el cuerpo en vida…

Gustave Pig - La Femme artificielle (1887)

Gustave Pig – La Femme artificielle (1887)

La Femme artificielle (La Mujer artificial, 1887), de Gustave Pig. Nada se sabe sobre Gustave Pig, sino que este nombre debió de ser un pseudónimo. La Femme artifielle, producto obviamente derivado de L’Ève future de Villiers de l’Isle-Adam, publicado el año anterior, pretende que el espíritu de la mujer está lleno de inspiraciones diabólicas y que el hombre no busca en ella cualidades sino pura estética. Un constructor experto diseña una estatua femenina a la que sólo falta el aliento de vida, pero tan perfecta que puede perturbar la sensualidad de los hombres…

Ilustración: Gallica.

Some Experiments with a head (Algunos Experimentos con una cabeza, 1889), de Dick Donovan (1843-1934). Conocido bajo el pseudónimo de Dick Donovan, el británico James Edward Preston Muddock fue periodista además de un prolífico autor de historias de misterio y de horror. Sus relatos de detectives llegaron a ser en su tiempo tan populares como las aventuras de Sherlock Holmes. Seis años después del Secreto del cadalso de Villiers de l’Isle-Adam, Muddock cuenta una historia muy similar: Gaspard Thurreau ha desguazado a su mujer, amante e hijos y no tiene muchas esperanzas de escapar a la guillotina. Como, a pesar de todo, es un hombre servicial, accede a colaborar con el doctor Grassard y el narrador, un joven estudiante de medicina, en su investigación para saber si el cerebro permanece vivo un tiempo después de la muerte. Después de la ejecución, la cabeza es colocada en un recipiente lleno de cera blanda de manera a parar la hemorragia, e intenta contestar, moviendo los ojos, unas cuantas preguntas…

Dr. Materialismus (1890), de Frederic Jesup Stimson (1855–1943). Frederic Jesup Stimson fue abogado, profesor, diplomático, defensor del capitalismo, además de autor de siete novelas y cuatro volúmenes de cuentos. Ambientada en un colegio de una pequeña ciudad del Maine, Dr. Materialismus cuenta el enfrentamiento entre el narrador, racionalista, y el profesor que da su apellido al cuento, alemán, científico, socialista, que practica la hipnosis, el magnetismo, el mesmerismo y el misticismo. Materialismus pretende poder controlar y provocar las emociones de los hombres y para demostrarlo, además de impulsar diversos actos más o menos criminales, le roba a su contrincante la mujer de la que está enamorado…

Die Menschenfabrik (La Fábrica de hombres, 1890), de Oskar Panizza (1853-1921). El alemán Oskar Panizza ejerció como médico durante cuatro años pero se vio obligado a renunciar a su oficio por problemas de salud. Desde entonces (1884), se dedicó a la escritura, publicando poesía, ensayos y varios conjuntos de cuentos fantásticos en el estilo de Edgar Allan Poe. El narrador de Die Menschenfabrik llega a una extraña fábrica de autómatas y conoce al dueño de la misma, lanzándose a un debate sobre filosofía y psicología humana: ¿cómo podrán sobrevivir la libertad de pensamiento, expresión, creatividad a la existencia de hombres mecanizados?

Stephen Crane - The Monster (1899)

Stephen Crane – The Monster (1899)

The Monster (El Monstruo, 1898), de Stephen Crane (1871-1900). Escritor, poeta y periodista estadounidense, Stephen Crane murió de tuberculosis a la edad de 28 años. Fue autor de varias novelas y relatos, entre los que se encuentra The Monster, emocionante historia de exclusión racial y estética de Henry Johnson, cochero negro, y su amo, el doctor Trescott.

Ilustración: Internet Archive.

Débonnaire Milaine (1899), de Pol Demade. La carrera de médico del belga Pol Demade (1863-1936) no impidió que se convirtiera en un prolífico autor de novelas, relatos e incluso de ensayos de filosofía. Débonnaire Milaine es el dueño jubilado de una funeraria que un día se pone a reflexionar sobre la muerte y en particular sobre los gusanos… Su deseo de observar el proceso de descomposición de los cadáveres le llevará a una sucesión de actos macabros: coleccionar los gusanos, pasar una noche en una fosa recién ocupada y finalmente envenenar a su mujer y conservar el cuerpo en casa. Pero las moscas no se acercan a este cadáver lleno de veneno.

Le Docteur Lerne, sous-dieu (El Doctor Lerne, sub-dios, 1908), de Maurice Renard (1875-1939). Muy popular en su tiempo, Maurice Renard fue un escritor de novelas fantásticas y de ciencia-ficción. Admirado confeso de H.G. Wells, su contemporáneo, le dedicó su primera novela Le Docteur Lerne, sous-dieu, muy inspirada de La Isla del doctor Moreau (1896). Un siniestro castillo, un laberinto infranqueable, un invernadero lleno de seres monstruosos… ¿Quién es ese enigmático doctor Lerne, que oficia en este lugar tan peculiar? Un sub-dios, deseoso de remodelar la naturaleza a su antojo, y capaz de hacerlo practicando trasplantes, incluso sobre sí mismo en caso de necesidad, o más bien uno de esos científicos locos que se creen pioneros o prodigios y no son más que monstruos y asesinos… Su sobrino Nicolas, joven demasiado curioso, lo irá descubriendo en compañía del lector a través de mil peripecias. Metamorfosis artificial y trasplantes son los temas claves de un relato cautivador en el que Renard plantea el clásico dilema entre ética humana y progreso científico a toda costa.

Chéri-Bibi (Tomo 1, Tomo 2, Tomo 3, Tomo 4, 1913-1925), de Gaston Leroux (1868-1927). Popular autor de novelas policíacas con un toque fantástico, Gaston Leroux es sobre todo conocido por su serie de novelas protagonizadas por Joseph Rouletabille, joven reportero que se dedica a resolver enigmas gracias a su excepcional inteligencia deductiva. Chéri-Bibi es el título genérico de una serie de novelas publicadas por entregas en la prensa cotidiana en 1913, 1919 y 1925. En total más de trescientos episodios de las aventuras de Chéri-Bibi fueron publicados por el diario Le Matin (La Mañana). Chéri-Bibi es un convicto acusado de un crimen que no ha cometido y que, después de una cirugía estética, se cambia la cara por la del verdadero asesino. Le Canaque, el cirujano que realiza la operación, fue un antiguo profesor de cirugía condenado por asesinato y antropofagia, y es un genial precursor literario de la cirugía plástica.

Le Singe (El Mono, 1925), de Maurice Renard (1875-1939) y Albert-Jean (1892-1975). Escrita a cuatro manos por Maurice Renard, el autor de Le Doctor Lerne, y Albert-Jean, poeta, novelista y dramaturgo francés, Le Singe es una novela sobre la duplicación de identidad en la que aparece como protagonista secundario J.H. Rosny aîné, famoso escritor belga (1856-1940), uno de los fundadores de la ciencia-ficción moderna y autor de la no menos famosa Guerra del fuego y de la novela corta L’Énigme de Givreuse, clásico del género ambientado en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial (ver nuestros Tesoros Digitales dedicados a la Gran Guerra). Un joven científico siembra el desconcierto apareciendo al mismo tiempo en lugares distintos: ha descubierto un método para duplicarse a sí mismo…

Sobre Carl Spitzweg

Carl Spitzweg – El Cazador de mariposas, o El Botánico (1836-1837)

Carl Spitzweg – El Cazador de mariposas, o El Botánico (1836-1837)

Ilustración : Zeno.

Carl Spitzweg, retratado por Franf Hangstaengl

Carl Spitzweg, retratado por Franf Hangstaengl

Carl Spitzweg (1808-1885), el protagonista artístico de esta nueva entrega de Tesoros Digitales, fue un pintor alemán, uno de los máximos representantes del periodo Biedermeier, movimiento artístico y literario en pleno auge en el imperio austríaco a principios de la primera mitad del siglo XIX. Científico de formación – estudió farmacia, botánica y química en la universidad de Munich y llegó a instalarse como farmacéutico – Spitzweg demostró muy temprano tener talento como dibujante, pero fue hacia los años 1830 que, con sus estudios terminados, logró retomar el lápiz, como distracción durante una convalecencia prolongada. Además de paisajista y de dibujante humorístico de prensa, se ha convertido en el retratista de la pequeña burguesía con sus escenas de género detallistas y llenas de una tierna ironía. El Geólogo, El Alquimista, El Botánico, El Naturalista o El Filósofo son unos cuadros muy representativos de su particular estilo: un personaje solitario del que apenas distinguimos los rasgos, sumido en una absoluta concentración, ocupa el centro de un escenario, un laboratorio, un jardín o la naturaleza, repleto de detalles que nos adentran en la escena de un vistazo. Por las figuras evocadas, y por la formación científica del artista, estas obras nos parecieron especialmente adecuadas para ilustrar los diferentes perfiles de científicos locos presentados en este trabajo.

Ilustración : Wikimedia Commons.

Conclusión

Carl Spitzweg – El Geólogo (ca. 1860)

Carl Spitzweg – El Geólogo (ca. 1860)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Los lectores asiduos de ciencia-ficción y de literatura fantástica habrán echado en falta en este trabajo unas cuantas obras imprescindibles del género. Les citamos para dentro de un siglo, cuando estas obras hayan entrado en el Dominio Público, y les presentaremos la continuación de este trabajo en la que evocaremos títulos y personajes como: Mickhaïl Ossipoff, el inventor ruso de Aventures extraordinaires d’un savant russe (Georges Le Faure, 1889); Profesor Gregg, el protagonista de The Novel of the black seal (Arthur Machen, 1895); Doctor Moreau (H.G. Wells, 1896); Griffin, el Hombre invisible (H.G. Wells, 1897); el creador del nuevo Frankenstein en The New Frankenstein (Ernest Edward Kellet, 1899); el doctor Raymond, cirujano de The Great God Pan (Arthur Machen, 1901); Silvestre Paradox, el inventor imaginado por Pío Baroja (1901); el profesor Wolmar de L’Homme qui peut tout ou Le Miracle du professeur Wolmar (Guy de Teramond , 1910); el villano orientral Fu Manchu (Sax Rohmer, 1912); Doctor Mabuse, que inspirará las famosas películas de Fritz Lang (Norbert Jacque, 1921); el detective ocultista Jules de Grandin (Seabury Quinn, 1925-1951); Ras Thavas, el científico marciano y loco de The Master Mind of Mars (Edgar Rice Burroughs, 1927); los protagonistas de Brave New World (Aldous Huxley, 1931); el personaje de cómic Professeur Nimbus (André Daix, 1934-199?); el inventor de La Machine à lire les pensées (André Maurois, 1937); el doctor Morel, inventor creado por Bioy Casares (1940); el Profesor Tornasol, que acompaña a Tintín en numerosas aventuras (Hergé, 1944); Doctor No (Ian Flemming, 1958); Corcoran, Decantor, Zazul, Diagoras, Vliperdius, Dońda, Professor Farragus… todos científicos, unos más locos que otros del mundo fantástico de Stanislaw Lem (1921-2006); Los Físicos de Friedrich Dürrenmatt (1962)… ¡y muchos otros!

¡Les deseamos un feliz verano en compañía de un buen e-reader repleto de todas las obras que les acabamos de presentar!

Referencias

Carl Spitzweg – El Amante de los cactus (1875-1880)

Carl Spitzweg – El Amante de los cactus (1875-1880)

Ilustración : Wikimedia Commons.

Las obras e ilustraciones presentadas en este trabajo proceden de los fondos digitales de : Europeana, Gallica, Wikisource, Wikipedia, Internet Archive, New York Public Library Digital Gallery, Zeno, Wikimedia Commons, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Project Gutenberg, Projekt Gutenberg DE, Project Gutenberg AU, Project Gutenberg CA, Littérature audio.com, Google books, Librivox, Ebooksgratuits, El Espejo gótico, Chroniques de Pierre Aulas, Book-Graphics.fr, Signor Formica, Les Amis d’Alfred Jarry, Bibliothèque Municipale de Lisieux, Classic Litterature, Aaxon, Academia Nacional de Ciencias de Argentina, Diogenes Club, Sherlock-Holmes.es, The Complete Sherlock Holmes, SF-Encyclopedia, Merveilleux Scientifique, Finite Site, Roman d’aventures, University of Wisconsin Digital Collections, Les Bibliothèques Virtuelles Humanistes (Université de Tours), Sam Houston State University, Ciudad Seva, Forgotten Futures, The Autodidact Project, BIU Santé, University of Edinburgh, Gaslight, University of South Carolina, Circus Museum, Letras-Poesía-Psicoanálisis, Le Blog de Marcel Schwob, Junta de Andalucía, Dracula, between hero and vampire, Red Digital de Colecciones de Museos de España, Freeread, Lib.ru, Loveread, ilf-petrov.ru, Sinfonica caótica. Agradecemos a todas estas instituciones su compromiso con la difusión de nuestro patrimonio cultural.

Ilustración (El Artista del proyecto, Paseo en globo): Zeno.

Ilustración (Arte y ciencia): Wikimedia Commons.

Dossier elaborado por Christine Sétrin, con la colaboración de Ángel Pozo. Biblioteca Municipal de Vila-real. Julio 2015.


Este trabajo está bajo una licencia de Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported.

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